A medida que bajas la ladera de la Acrópolis empieza a perfilarse el edificio de cristal que contiene todo lo que le falta a la Acrópolis. Es el Museo de la Acrópolis, y bien merece una visita.
El Museo de la Acrópolis exhibe tesoros procedentes de la colina de los templos, haciendo hincapié en la Acrópolis tal como era en el siglo V a.C., apoteosis del arte griego. Las capas superpuestas de la historia salen a la luz; los suelos de cristal descubren ruinas subterráneas, y la propia Acrópolis se hace visible a través de los grandes ventanales.
Como era la hora de comer cuando bajé de la Acrópolis y había empezado a llover, decidí ir a comer primero a uno de los numerosos restaurantes griegos de la zona y visitar la Acrópolis después. Compré la entrada por internet mientras me encontraba en la fila y entonces entré y ante mí se expandió la inmensidad del arte griego.
Antes de la inauguración de este museo en 2009, el anterior Museo de la Acrópolis era un pequeño edificio en mitad de la colina sagrada, que albergaba piezas y piezas superpuestas unas sobre otras. El edificio era pequeño porque el espacio entre los templos también era muy reducido. Además, debía ser más bajo que el Partenón para no eclipsarlo.
Tal vez el evento más importante de la Acrópolis de Atenas después de su construcción y numerosas reconstrucciones en la época de Pericles fue su destrucción. Un barco veneciano, en plena guerra contra los otomanos -que controlaban Atenas-, acertó con un obús sobre el Partenón. Ya de por sí era terrible, pero que los otomanos usaran la ubicación como polvorín convirtió esto en un desastre que "desparramó" miles de trozos de los templos por toda la colina de la Acrópolis.
A mediados del siglo XIX se decidió construir un Museo de la Acrópolis para preservar y mostrar todos los restos, ¿y dónde colocar las piezas mejor que en la propia colina? Así se construyó un edificio de 800 m2, que se quedó pequeño para almacenar todo lo que se encontró en las primeras excavaciones arqueológicas de 1886.
La maravilla arquitectónica que acoge hoy al Museo de la Acrópolis se comenzó a gestar en los años 70 del siglo pasado. Fue el Primer Ministro Constantinos Karamanlis quien promovió la construcción de un nuevo edificio, incluso eligió el lugar donde se construiría.
El nuevo Museo de la Acrópolis abrió sus puertas el 20 de junio de 2009. Se construyó un edificio moderno que parece flotar sobre los restos que todavía se están excavando bajo él. Un museo sorprendente por dentro y por fuera. Tiene 25.000 m2. Se divide en tres partes diferenciadas: los restos de la ladera de la Acrópolis, el período arcaico y el Partenón.
En la galería de la entrada se encuentran los hallazgos procedentes de las laderas de la Acrópolis. La inclinación del suelo del museo en esta parte recuerda a la inclinación de la ladera de la Acrópolis. El cristal deja ver las ruinas bajo los cimientos del museo. Entre las piezas expuestas figuran ofrendas votivas y dos estatuas de arcilla de Niké.
La primera vez que escuché lo que era una crátera (κράτηρ) había empezado a estudiar Historia del Arte. Se trata de una vasija cerámica de gran capacidad destinada a contener una mezcla de agua y vino con la que se llenaban las copas; los antiguos raras veces bebían el vino puro. Se llevaba al lugar de la comida y se depositaba en el suelo o sobre una tarima. Y allí, a los lados de las estatuas de Niké había infinitas cráteras de fondo naranja arcilloso y con imágenes y figuras negras (o al revés), cráteras de verdad, de las que utilizaron los antiguos griegos.
Después de pasar el vestíbulo, que no sabía muy bien dónde mirar, subí a la primera planta, un verdadero bosque de estatuas, entre ellas unas extraordinarias koré (doncellas) del siglo VI: jóvenes con peplo y trenzas. La mayoría fueron recuperadas de un pozo de la Acrópolis, donde los atenienses las habían enterrado tras la batalla de Salamina. El joven que lleva un ternero (570 a.C.) es uno de los contados ejemplos de estatuas masculinas descubiertas.
La galería arcaica contiene también estatuillas de bronce e interesantes hallazgos de templos anteriores al Partenón, como las esculturas de frontones que representan a Heracles matando la Hidra de Lerna y una leona devorando un toro.
También aquí se exponen las cinco majestuosas cariátides originales, las columnas con forma de figura femenina que sustentaban el pórtico del Erecteión (la sexta está expuesta en el British Museum). El espacio donde se encuentran la cariátides permite observar cada detalle de los pliegues de sus túnicas, asombrarnos con la delicadeza de sus peinados... Es magnífico observarlas. Son imponentes.
En el atrio acristalado de la planta alta se exponen los frontones, metopas y el friso de 160 m del Partenón. Cuando se inauguró el museo en 2009, fue la primera vez en más de 200 años que se exponía la secuencia completa del friso, que representa la procesión de las Panateneas. Entre las doradas piezas originales se han insertado réplicas de las secciones que faltan: los polémicos mármoles del Partenón llevados a Gran Bretaña por Lord Elgin en 1801 (y que también se exponen en el British Museum).
En la parte alta nos paseamos por una reproducción a tamaño real del edificio del Partenón, aunque las columnas aquí son de acero, y tiene incluso la misma orientación que el original. El contacto de lo nuevo con lo viejo es posible gracias a las vistas a través de la fachada de cristal de la sala.














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