sábado, octubre 04, 2008

Duendes

Si hay personajes polimórficos y polisémicos ésos son, sin duda alguna, los duendes. Reales para muchos de nuestros antepasados, han sobrevivido a través del tiempo, estando presentes en cuentos y leyendas.
Bajo esta denominación existen muchos y diversos personajes, que tienen en común su pequeño tamaño, la longevidad y el hecho de alejarse habitualmente de la vista de los humanos y del ruido por ellos provocado, por lo que no es extraño que en ocasiones no resulte fácil diferenciarlos de fantasmas, trasgos, trolls, gnomos o enanos.
El duende en un personaje invisible o casi invisible, trasteador, tiene su primer ser en caserones inhabitados y lóbregos. Son engendrados y alimentados por el ambiente impuro de dichos lugares y se divierten quitando y poniendo platos, jugando a los bolos, tirando chinas... y prefieren a los niños antes que a los adultos. Muchos duendes aman a los caballos.
Sus vestimentas varían desde los ropajes rojos con capirotes del mismo color, hasta túnicas blancas, pasando por otros, como los hábitos de tipo capuchino.

Duendes domésticos
Aman la casa y a cuantos en ella viven, siempre que éstos se porten bien con ellos, pagando los favores con favores, y vengándose cruelmente por las molestias que les causan voluntariamente. Sus lugares predilectos son la cuadra –donde se entretienen con los animales-, el desván y la cocina, en la que les encanta jugar con la harina, los cacharros y los cedazos. Y si por la noche, al retirarse a la cama, la familia deja arropada la ceniza y algo de comida, serán duendes satisfechos y poco conflictivos.
Si han de elegir entre casa y familia, suelen decantarse por la vivienda. En ocasiones, sin embargo, se unen a alguien y no le abandonan mientras viva. Si viven en un edificio y les molesta la gente, suelen acercarse para comunicárselo y pedirles que no hagan tanto ruido.
En casi toda Europa, los duendes cuidan de la casa y procuran su bienestar, siempre y cuando no se contraríen sus deseos. Basta ausentarse dos o tres años de ella para que se aburran y se vayan a otra parte.
Los duendes domésticos ayudan a las personas en las tareas de la casa. Si los dueños, agradecidos, les regalan nuevas ropas, los duendes desaparecen para siempre.

Duende de los niños
Estos duendes cuidan de los niños y de los animales, les defienden y juegan con ellos. Se trata de duendecillos diminutos, que se deslizan con las plateadas motitas de polvo que causan los rayos de sol que atraviesan las habitaciones, vigilan el sueño de los infantes y les acompañan si están solos. Suelen verlos los más pequeños, aunque dejan de hacerlo al crecer o cuando algún adulto les dice que sólo se trata de motas de polvo. Son muchos los ratos que pasan niños y animales ensimismados mirando los rayos de luz, mientras tratan de coger a los duendes.
En Cantabria se les llama cuines y son muy ancianos, simpáticos, rechonchos, amables y pacíficos. Juegan con los críos y les defienden de quienes pretendan dañarlos, mientras les inculcan los principios del respeto al prójimo, la virtud y el orden.
En algunos lugares de Asturias, Extremadura y Castilla la Vieja, se le denomina Pijamón. En Murcia son muy inteligentes y pueden adoptar cualquier forma, aunque su preferida es la de ratones colorados, son amantes de la música, la lectura y de jugar con los niños.

Duende de las aguas
Se deslizan una y otra vez por los chorros que salen de los caños, con el peligro de caer dentro de los cántaros. Si el que coge agua se apercibe de ello y devuelve al duende a la fuente, es posible que le premie, bien con tesoros o bien con algún logro personal. Si no lo ven y se lo tragan al beber, empieza a saltar y a moverse dentro de la persona, dando lugar al dicho: “tiene el duende en el cuerpo”.

Enanuco del bígaro
Según diferentes leyendas, muestra personalidades diferentes.
Por un lado, es un personaje moralizante que toca el bígaro para llamar la atención de las gentes honradas, buenas y trabajadoras, a las que a menudo ayuda a conseguir sus sueños, convirtiendo puñados de tierra en oro para que puedan salir de la pobreza o sacándoles de apuros. Pero si se vuelven avariciosas y holgazanas y acuden de nuevo a él en demanda de más ayuda, les devuelve a su primitivo estado de miseria.
Por otra parte, es un personaje travieso y perjudicial, ya que atrae con su música a los cuidadores de ganado, a los que distrae con su charla hasta la caída del sol. En ese momento, si quienes le escuchan son una pareja, corrompe el agua y la llena de escorpiones y gusarapos, les ofrece cecina y borona para despertar su sed y que beban. Cuando lo consigue y ellos se dan cuenta, se ríe divertido y, tras dar varias piruetas y tocar el bígaro, escupe y desaparece entre la maleza. A quienes han bebido les sobreviene un terrible picor. Si no mueren en la violencia del acto sexual que se desencadena a continuación, fallecen después al ser víctimas de la ictericia.

Duendes de bosques y montes
Los montes y los bosques de nuestro país se encuentran llenos de traviesos duendes que protegen a sus habitantes y a las buenas gentes, mientras que castigan a quienes se portan mal, sobre todo si lo hacen con los seres vivos.
En Cantabria van vestidos con ropas con colores de la naturaleza, se mimetizan con ella o adoptan la forma de algún habitante del bosque. Van siempre acompañados por un lobo, que también puede transformarse en otros animales. Únicamente son descubiertos cuando ellos quieren mostrarse a alguien.

Trenti
Es un duende de los bosques, que adopta una personalidad muy especial. Se trata de un enano que anda por los montes vestido con ropaje de hojas y musgo. Duerme en las torcas cuando es invierno y bajo los árboles en verano. Come panojas y endrinas, pero no bebe agua porque le sirve de veneno. Es malicioso y pícaro. Se esconde entre las matas de los senderos y jala de las sayas a las muchachas. Los ojos del trenti son verdes y su cara, negra.

Tentirujo
Es un duendecillo que lleva boina y el rabo enhiesto, parvo físicamente y viste ropas de color rojo. Se dedica a excitar físicamente a las mozas que están solas.

Enano buscador
Si en Cantabria hay un duende bondadoso, al que todos acuden siempre, ése es el “enano buscador”, “duende que encuentra las cosas” o “duende zahorí”. Localiza lo extraviado y, a veces, busca novio o novia a quien lo solicita.
Son dos hermanos gemelos, uno más tranquilo que el otro. Casi siempre se recurre al primero, porque es más rápido. Alegre y bromista, es de ronca voz y fuerte risa. De tamaño pequeño, su larga nariz y sus grandes ojos negros le ayudan en su labor de rastreador. Va vestido con una larga zamarra rojiza sujeta por un cinturón, lleva abarcas de piel amarilla, un catalejo que todo lo ve y una honda de piel de sapo para defenderse de los animales peligrosos. Inquieto correcaminos, nunca para ni tiene vivienda fija. Su hermano va vestido de verde y con madreñas de fresno con suela de piedra, se apoya en una vara y no lleva catalejo ni honda.
El duende busca lo perdido sólo si ve que la gente tiene buena fe y que no se impacienta, y lleva a su dueño junto a ello, cargándole en brazos si es preciso. Si la persona actúa con bromas o se impacienta, el duende busca lo perdido y se lo da a alguien que lo necesite. Si es mala persona, sólo se escucha una sonora carcajada. Si quien perdió algo tiene suficientes medios, el duende le pide una propina una vez encontrado y la reparte entre los necesitados.

Duendes de los cultivos
En los cultivos también tienen su morada duendes particulares. Los campesinos creen que son los espíritus de los muertos.
Cuando los panizos estaban muy altos, decían que había “penitentes” que se metían en las tierras. Si alguno lloraba o era mala persona, los duendes salían y le mataban.


Tardo, pesadillo, inguma
En cuanto a las pesadillas y ahogos nocturnos, se les atribuyen estos actos a un tipo de duendes malignos, que se divierten causándolos.
El tardo o pesadillo de tierras castellanas, gallegas y leonesas, semejante al inguma vasco y navarro, se alimenta de la energía vital de los humanos, que roban sentándose por la noche sobre el pecho del que está durmiendo.
Son causantes de las pesadillas de los mayores, pueden desencadenar un ahogo grave en los niños pequeños. Los animales tienen capacidad de verlos, por lo que dormir con uno en la habitación es un remedio infalible, pues se enfrentarán a ellos para defender a su amo. Otra solución es dejar sobre la mesilla un puñado de granos menudos, ya que solamente saben contar hasta cien, y mientras lo hacen amanece y desaparece.
A veces suelen enredar el pelo a los que duermen.

Pesanta y manona
Este ser –que tiene poco aspecto de duende- no se conforma con sentarse sobre el pecho para causar desazones nocturnas, sino que adereza sus fechorías desordenando todos los cacharros de la casa.
La pesanta catalana, el pesadiellu asturiano y la manona castellana y extremeña tiene una enorme mano que desordena todo cuanto encuentra y aprieta cuello y pecho de los durmientes para causar pesadillas.

Follets
Muchos duendes aprovechan la noche para cumplir con su cometido. Algunos de éstos son los Follets, presentes en toda la costa mediterránea europea.
Son más pequeños que la mayoría de los duendes, alegres y divertidos, aman a quienes trabajan duro y les encanta revolver y escandalizar. Obtienen placer molestando a las mujeres por la noche. Provocan vientos en algunas zonas y pueden ser de gran ayuda para quienes consigan su amistad, aguantando sus bromas con paciencia y dejando el rescoldo de la chimenea arropado por las noches.
No hay forma de separarle de la familia que elige, pero se le puede atraer con un plato de golosinas colocado en el alféizar o evitar su entrada en la casa colocando un montoncito de mijo, ya que tiene la palma de la mano agujereada.

Barruget
El barruget de Ibiza es un duende realmente molesto, que se pasa el día haciendo diabluras, moviendo y rompiendo muebles y adornos, llamando a puertas y tirando cosas por el suelo.

Etxejaun
En el País Vasco, el etxejaun o “señor de la casa” es un bienhechor, el guardián del hogar. Acude a pasar la noche en la casa cuando los habitantes duermen. El etxejaun se enfada si encuentra los cacharros sin fregar, el fuego apagado y, a veces, cuando no se le ha hecho algún tipo de ofrenda consistente en comida.

Duende de Zaragoza
En los años treinta, en un inmueble de Zaragoza comenzaron a escucharse sonoras carcajadas de madrugada, que alarmaron a los vecinos. Éstos salieron al rellano sin encontrar a nadie. Durante varios días oyeron durante la noche ruidos lejanos y menos intensos.
En uno de los pisos, la criada, al cerrar la tapa del fogón, oyó un grito con timbre varonil. Las voces siguieron durante mucho tiempo. Los inquilinos desalojaron la casa, que fue ocupada por otros vecinos. Entre ellos había un pequeño de cuatro años que mantenía conversaciones con el duende. Éste ya no elevaba la voz, tan sólo hablaba y contestaba a los acertijos y adivinanzas que le proponían.

viernes, octubre 03, 2008

"Ahora o nunca"

Hay películas que traen recuerdos, que te hacen llorar por lo vivido, porque la memoria vuela a través de aquel tiempo límite que creíamos que nunca iba a llegar, pero los médicos no se equivocaron. En cada escena, es como si reviviera de nuevo todo aquello por lo que pasamos el año pasado... Y para colmo, Jack Nicholson tiene bastante parecido con mi tío. Me cuesta mucho desconectar de una película que trate el tema del cáncer, y aunque intente reprimir las lágrimas, éstas siempre terminan aflorando.

"Edward Perry MacCole murió en mayo. Era una tarde de domingo y no había una sola nube en el cielo. Es difícil medir el valor de la vida de una persona. Para algunos, se mide por los seres que deja atrás; para otros, se mide por la fe; para otros, por el amor; para otros, la vida no tiene ningún significado. Para mí... yo creo que uno se mide por aquellos que se han medido por él. Lo que puedo asegurarles es que, se mida como se mida, Edward Cole vivió más durante sus últimos días en la tierra que la mayoría de la gente en toda una vida. Sé que murió con los ojos cerrados y el corazón abierto".

Dos desconocidos, enfermos de cáncer, coinciden en la misma habitación de hospital. Uno es Edward Cole (Jack Nicholson), un multimillonario que además es el director de ese hospital, que tiene un exacerbado humor negro, pero es un hombre solitario. Por otro lado está Carter Chambers (Morgan Freeman), que siempre ha trabajado en un taller mecánico de automóviles y que tiene una extensa familia. Sin embargo, su esposa Virginia (Beverly Todd) y él no están en su mejor momento.
Con los estragos de la quimioterapia, los dos desconocidos se terminan convirtiendo en los mejores amigos. Carter es un erudito que recuerda una clase de filosofía del instituto y hace "una lista de los deseos", que desecha cuando les dan los resultados. A los dos compañeros de habitación les quedan de seis meses a un año de vida. Entonces es Edward quien decide que, con su dinero, pueden hacer realidad todos los deseos y aprovechan el tiempo hasta el límite, hacen las locuras que jamás antes hubieran hecho, recorren mundo y un día Carter se entera de que su amigo tiene una hija con la que no se habla desde hace años.
Cuando deciden volver a Estados Unidos, el tiempo ha volado. Carter intenta llevarle a casa de su hija, pero Edward estalla en un acceso de cólera. Esa noche Carter tiene una crisis y es ingresado de nuevo en el hospital: tiene metástasis en el cerebro. Sin embargo, antes de la operación, le ha escrito una carta a su amigo, una carta donde le convence para que se despida de su hija antes de irse al otro mundo. Las cenizas de los dos amigos reposan en el pico del Everest, algo que está totalmente prohibido.

"Clandestinos"

Xabi (Israel Rodríguez), Driss (Mehroz Arif) y Joel (Hugo Catalán) se escapan de un centro de menores de Ciudad Real. Cogen el autobús para Madrid, donde conocen a dos muchachas, Rebeca (Inma Cuevas), que se lía con el marroquí Driss, y Marta (Pepa Aniorte), que se enrolla con el mexicano Joel.
En la capital, Xabi intenta, sin éxito, localizar a su mentor, Iñaki (Luis Hostalot), que está preparando una masacre en Madrid. Sin embargo, Iñaki siempre le da esquinazo y, para llamar su atención, a Xabi sólo se le ocurre poner una bomba en la capital, con lo que entorpece el atentado del Comando Madrid que va a actuar ese mismo día.
Mientras Driss y Xabi viven en un piso franco, donde preparan la bomba, Joel convive con Marta y Rebeca. Finalmente, todos los amigos se alojarán juntos en el piso de las chicas, hasta que Marta descubre su verdadera identidad y avisa a la policía.
Pero Xabi va a quedar con Iñaki, que sólo quiere pegarle un tiro por el fracaso de su acción. Y Germán (Juan Luis Galiardo), policía retirado, frusta el asesinato de Xabi, que resulta ser nacido en Sevilla, y no en el País Vasco.

Sentimientos enfrentados

Todos los días me llega un pequeño momento de reflexión sobre F. Lo cierto es que no sé qué pensar respecto a él. Por una parte, le siento cercano, más próximo que otras veces, aun estando a más de 300 kilómetros de distancia. Por otro lado, me sale una vena de rencor que a duras penas puedo controlar. Y si hablo de orgullo, ya se desbarata todo, de repente deseo dejar su imagen a un lado, ¡como si fuera tan fácil! Lo cierto es que me siento como en aquel antiguo poema de Catulo que decía:

Odio y amo,
tal vez te preguntes
cómo puedo hacerlo.
No sé, pero lo siento,
y así me destruyo.

Visitas rápidas

Pues mis padres y uno de mis hermanos han venido a uno de los pueblos del campo charro para una inauguración a la que habían sido invitados y se han pasado por aquí.

Me resulta extraño verlos aquí, en mi casa, siendo yo la anfitriona. Lo cierto es que ha sido todo tan rápido que ni siquiera me he enterado de que han venido y, al rato, ya se habían marchado.

Arquetu

El Arquetu es un viejo de roja y larga melena, vestido con una túnica blanca con pintas moradas. En su frente luce una cruz verde, rodeada de candados y llaves pintados. Del hombro derecho cuelga una talega. Anda muy despacio y porta bajo el brazo izquierdo un arca de oro pequeña, con adornos de plata y bronce pulido.
Cuando alguien llora en el monte por la pérdida de su hacienda dilapidada, se le aparece el Arquetu, enfadado y compasivo a la vez. Tras echarle un sermón como reprimenda a su conducta, le consuela y le da unas monedas de oro para que las emplee bien. Tiene que usarlas para trabajar y poder salir del apuro, volviendo a encontrarse con él al cabo de tres años para devolver parte de lo prestado, para que así el Arquetu pueda prestárselo a otros. Si lo ha malgastado de nuevo, le castiga y se pasará toda la vida pidiendo limosna.

Ojancanu

Se le denomina de diferentes maneras: “ojáncano”, “jáncano”, “páncano” en Cantabria; “tártalo”, “torto”, “anxo”, “basajaun” en el País Vasco; “patarico” en Asturias; “olláparo” y “ollapín” en Galicia.
El baxajaun suele tener unas connotaciones más positivas. Se le considera señor de la selva, es el genio que habita en lo más profundo de los bosques o en cuevas situadas en lugares prominentes... Es el genio protector de los rebaños. Da gritos en las montañas cuando se acerca alguna tempestad para que los pastores retiren su ganado. Hallándose en el aprisco o en su vecindad, no hay peligro de que el lobo se aproxime.
El ojáncano está emparentado con el cíclope clásico. Por lo general es símbolo de enfado y odio perpetuos. Se trata del mito masculino, fiero, malhumorado, gigantesco, siempre pensando en destruir cabañas, en derrumbar árboles y puentes, en entorpecer las camberas y los senderos con grandes peñascos.
Hay ojáncanos buenos, amables, que avisan y defienden a las personas de las maldades ajenas.
El ojáncano es un personaje conocido en los lugares donde son frecuentes los desprendimientos de rocas, acto que, por lo general, se les atribuye. Malhumorado y gruñón perpetuo, se alegra de los dolores y miserias ajenas.
Su rostro es redondo, de color amarillento, con unas barbas como cerdas de jabalí, largas y rojas. Los cabellos son de un rojo menos intenso. Su único ojo, en mitad de la frente, relumbra como una candela, y está rodeado de unas arrugas pálidas con unos puntitos azules. Es fuerte y de largos brazos; su voz, como un trueno, se asemeja al bramido del toro en celo y, a la puesta del sol, muge y echa espuma por la boca.
Tiene diez dedos en cada mano y en cada pie y dos hileras de dientes. A veces, es alto y delgado y se cubre con una zamarra de color pardo; otras, va prácticamente desnudo y se tapa con su melena y barbas, larguísimas y engrasadas con unto de oso, dejando al descubierto únicamente el ojo.
Enemigo de las anjanas, las persigue si las encuentra en su camino, pero ellas se transforman o se hacen invisibles, y siempre consiguen burlarle.
Nadie sabe de dónde viene ni adónde va. A los nueve meses de su muerte, salen de su cuerpo unos gusanos amarillentos, que tres años después se convierten en ojáncanos. Se le puede matar arrancándole un pelo blanco de la roja barba o dándole con una piedra en un hoyo que tiene en el centro de la frente. También fallece si come setas o fresas silvestres o si es tocado por un sapo volador o por una lechuza en la cabeza. Si llega a viejo, los ojáncanos jóvenes son quienes le matan y entierran.
Además de comer ganado y personas, así como murciélagos, golondrinas y pescado, le gustan las hojas de acebo, las endrinas, las bellotas y las panojas frescas.
Su morada se ubica en profundas grutas con la entrada cubierta de maleza y de desprendimientos pétreos, cuya puerta se cierra con una enorme piedra que sólo él puede mover. Su lecho está situado en la zona más profunda y está formado por hojas, hierbas y ramas.
Tiene el don de la metamorfosis y puede adoptar varias formas para hacer daño, por lo general la de mendigo anciano o árbol.
Enfurecido por el fuerte viento de los temporales, que le enreda las barbas en zarzas, árboles y arbustos, se enfada y tira y despedaza grandes rocas y árboles. En ocasiones, pelea a pedradas con otros ojáncanos. Ellos son los que forman los desfiladeros y precipicios y desgajan los montes.
Sus únicos amigos son los cuegle y los cuervos. Éstos suelen informarles de todo lo que ven, posándose junto a su oreja o en su nariz.

La “ojáncana”, “jáncana”, “juáncana” es la hembra del ojáncano, aunque no su esposa. Las características femeninas se exageran, para bien (anjana) o para mal (ojáncana).
La ojáncana no teme a nada y realiza sus maldades de frente, sin fingimiento alguno. De gran fuerza, cara chata y fea, dos ojos de mirada penetrante e intensa, greñas híspidas y colmillos retorcidos, comparte con las águilas la facultad de mirar directamente al sol, sin sufrir daño alguno.
Su manjar predilecto es la carne cruda de niño, pero también se alimenta de boronas, leche o sangre, sin despreciar cualquier alimento que pueda robar, salvo la rámila (garduña), que odia y teme. Vive en cuevas lóbregas y profundas, sucias, desaliñadas y malolientes.
De gran estatura, posee un enorme pecho que le estorba a la hora de perseguir a los niños, por lo que cuando corre se lo echa a la espalda, sobre el hombro. Lleva un saco grande o un “garrote” (cesto de tiras entrelazadas) a la espalda. Sale por la noche a coger comida para alimentarse, porque tiene miedo a salir de día.
Si a alguien le cae una gota de su orina en la cabeza se queda completamente calvo. A veces, presenta un solo ojo en la frente.

Cita en Phillip Island

Valentino Rossi, pese a tener el título en sus manos, quiere ganar y Casey Stoner no quiere ser menos, siendo además su tierra.

¿Qué ocurrirá este fin de semana en el Gran Premio de Australia?
Phillip Island es un circuito rápido. Después de ver las últimas carreras, Rossi va a luchar para asegurar su rincón de honor en el Olimpo de los más grandes. Y tiene una ventaja a su favor: ahora corre con la tranquilidad de que nadie puede quitarle el título, sin ansiedad, ni nervios, ni estrés.

Mi apuesta para este fin de semana es:
1º Valentino Rossi
2º Casey Stoner
3º Dani Pedrosa
La pole para Stoner.

jueves, octubre 02, 2008

"27 vestidos"

Una película que no te haga pensar...

Jane (Katherine Heigl) es la dama de honor eterna. Todas sus amigas se van casando, pero ella no encuentra al hombre con el que quiere compartir su vida. Ella organiza las bodas de sus amigas, mientras suspira por su jefe, George (Edward Burns), que ni siquiera se ha fijado en ella. Entonces llega de visita su hermana Tess (Malin Akerman) que le desbarata toda su vida, ligándose a George, sin darse cuenta de que ha roto el corazón de su hermana. Pero la relación entre la pareja empieza mal desde el principio porque Tess no hace más que mentir a su novio, que acaba de pedirle que se case con él.
Aparece Kevin Doyle (James Marsden), un joven periodista del New York Journal, que se encarga de cubrir las noticias de las bodas para el diario para el que trabaja. Se enamora de Jane y llega a escribir una crónica sobre los 27 vestidos de dama de honor que ella tiene en su casa.
Mientras Jane destapa ante George las mentiras de su hermana, Kevin se despide de una Jane enfadada, que todavía no se ha dado cuenta de que está enamorada del periodista.

¿Somos vanidosos por naturaleza?

Desde que el sábado me llamaran para notificarme lo del premio que había ganado, habré visto la noticia todos los días varias veces. Es normal que inmediatamente se lo dijera a mi familia, a mis mejores amig@s, a personas cercanas que sé que se alegrarían. Temo que cosas así se me suban a la cabeza, temo perder el control, meterme en un mundo que desconozco.
A veces nos gusta que nos admiren, pero... también podemos sentirnos avasallados. Siempre te queda alguien en el tintero a quien no le has dicho nada. A mí me siguen llegando las felicitaciones, a pesar de que ya van pasando los días. El rumor corre como el curso de un río que quiere unirse pronto al mar.
Por una vez siento que estoy haciendo algo que me gusta, pero temo que si en el futuro hay más celebraciones literarias (yo espero que así sea) me convierta en una persona vanidosa. Es genial saberse halagada por algo que has creado tú, pero tengo miedo a que se me suba. El problema es que esto no ha hecho más que empezar.
Me gustaría seguir en el anonimato (aunque ya sea imposible), y temo el día que pise mi pueblo y todo el mundo me diga algo. Sigo siendo la misma, sólo he ganado un premio que todos valoran más que yo. ¿Qué será del día que el libro vea la luz? Me da algo.

El arte de amar

No es tan malo enamorarse, ni sufrir, ni alegrase por amor; es el mejor viaje que podemos emprender a lo largo de nuestra vida, lo que nos mantiene vivos y ese brillo especial que transforma los ojos, da belleza a cualquier rostro, es deseo innato de acariciar con la mirada y besar con las manos y abrazar con el alma, es único e irrepetible, querer y amar. Se quiere dentro de la cama con pasión, lujuria y arrebato, con dulzura, ingenuidad e infantilismo llegado el caso, y fuera de la cama, se quiere con sacrificio, entrega, respeto, admiración, comprensión, diálogo y otras tantas cosas que me olvidaré. Se quiere en pos de, sin competencias, ni egoísmo, ni críticas, ni celos, ni posesiones, desde la libertad y la confianza...
Necesito esos otros dos pies para caminar el sendero del arte de amar.

Troika

La palabra rusa "troika" (en ruso: тройка) se usa para nombrar al trineo tirado por tres caballos. En principio la "troika" son los tres caballos, pero, por extensión, se llama así al conjunto formado por el trineo y las bestias.

El uso metafórico de esa palabra para designar a tres personas sobre las que recae alguna responsabilidad compartida, inventado por periodistas occidentales, apareció por primera vez durante la Segunda Guerra Mundial en una noticia referida a la reunión celebrada por Roosevelt, Stalin y Churchill en Teherán (1943). Tras un largo paréntesis volvió a aparecer la "troika" con las noticias de la sustitución de Jruschov por Koshiguin, Podgorni y Brezniev. En la actualidad se usa con frecuencia para referirse a los tres países que, por turno rotatorio, representaban a la Comunidad Económica Europea.

Conviene tener en cuenta que ningún rusohablante usa ese término en el contexto antedicho; para ellos sigue siendo sólo el trineo con tres caballos.

En castellano hay otras palabras para designar a un grupo de tres personas o entidades unidas entre sí por algo; veamos esas posibilidades:
trío: Grupo de personas unidas entre sí por alguna relación, o que intervienen conjuntamente en alguna cosa.
tríada: Conjunto de tres seres o cosas estrecha o especialmente vinculados entre sí.
triunvirato: Junta de tres varones para cualquier empresa o asunto.

Teniendo en cuenta que el uso actual de "troika" se refiere sobre todo a tres países de la C.E.E., lo más conveniente es hablar de la tríada comunitaria, ya que trío y triunvirato se refieren sólo a personas. Ahora bien, si nos referimos a los ministros de Exteriores de esos tres países, convendrá utilizar los dos últimos términos.

Recurriendo a la metáfora, también es posible echar mano de las voces terna (en tauromaquia significa "conjunto de tres diestros que alternan en una corrida") y terceto (en música "composición para tres voces o instrumentos... conjunto de esas tres voces o instrumentos").

La sonrisa de la melancolía

"Hay algo encantador en la sonrisa de la melancolía. Es como un rayo de luz en la sombra, un matiz entre el dolor y la desesperación, que muestra que el consuelo es posible".

Algunos seres mitológicos de la cornisa cantábrica

Xianas
Son personajes vengativos que forman parte de la mitología de Cantabria, Asturias y Portugal.
De aspecto atractivo, son hadas encantadas, que hilan áureas madejas, que ponen a secar cuando se bañan. Están acompañadas por animales del mismo metal. Se aparecen a la gente cerca de los cursos de agua y les ruegan que les ayuden a desencantarse, para lo que piden diferentes favores: tirar de un hilo de oro hasta devanar completamente la madeja, traer panecillos enteros que se convertirán en caballos, darle un beso a la xiana cuando está transformada en un animal ponzoñoso... Cuando el que intenta ayudar fracasa, a la xiana se le dobla el encantamiento. Vengativa y simuladora, finge apenarse por el causante y suele ofrecerle un collar, un pañuelo o una faja. En casi todas las leyendas, recibido el regalo, el que intentó desencantarla suele colgarlo de una rama o lo ciñe al tronco de un árbol mientras descansa, y el árbol se seca y arde.

La xiana a veces no tiene pechos, por lo que necesita trocar sus hijos por los de los mortales para que éstos los alimenten. A veces los cambia para que los bauticen. Lo hace mientras las madres siegan, sacando a los niños del capazo y volviéndolos a colocar una vez la mujer ha amamantado al “xianin” pensando que es el suyo. Otras veces, los cambian durante largos períodos, robándolos de sus cunas.
También raptan jóvenes, sobre todo mozos, a los que encantan, haciendo que penetren en las cuevas donde ellas viven y no vuelvan a aparecer, o lo hacen muchos años después, sin que para ellos haya transcurrido el tiempo.

Lamias
Lemures y lamias habitan en una región triste. Aunque la lamia sea un género de demonios, también se llama así a diversas brujas, hechiceras y personas que tienen relación con demonios. La lamia es un animal muy cruel, con rostro de mujer y pies de caballo.
En Cantabria se llama “lumia” a una mujer fea, retorcida, calumniadora, de malos instintos... En la zona costera del País Vasco se presentan muy semejantes a las sirenas, y tierra adentro suelen tener figura de mujer y pies palmeados. Viven cerca de las cuevas y cursos de agua.

Su aspecto varía. En algunos lugares adopta una figura totalmente femenina de tez cobriza, en otros tienen un solo ojo central o están cubiertas de pelo o carecen de él por completo.
Guardan tesoros o se peinan los cabellos con peines de oro ante su cueva. Son vengativas y peligrosas.

Mari
Es un personaje vasco femenino, que tiene su origen en la época precristiana y conlleva la leyenda de la maldición por una madre de su hija desobediente.
Presenta formas muy diversas: desde una hermosísima mujer que sostiene en sus manos un palacio de oro, sentada en un carro de cuatro caballos, arrastrando cadenas, hasta un árbol, un cuervo, una bola de fuego. Suele adoptar formas zoomórficas cuando está en su morada, en el interior de la tierra, mientras que raramente lo hace en el exterior. Suele hilar madejas de oro. Se la considera la reina de todos los genios del mundo. Señora de brujas, amiga de lamias y vengativa, guarda grandes tesoros que a veces regala. El problema es que al salir de la cueva el oro se descompone y el carbón se convierte en dorado metal.

Puede estar casada y tener hijos. A veces adopta temporalmente a una hija –que suele ser una cautiva- que devuelve al mundo exterior al cabo de un tiempo, convertida en una mujer rica. Señora de las sequías y las lluvias y enemiga del cristianismo, es conjurada el día de la Cruz de Mayo o mediante ramilletes bendecidos el día de San Juan.
En las zonas costeras, provoca tempestades que impiden a los pescadores hacerse a la mar.

Mozas del agua
Forman parte de la tradición de los pueblos del norte.
Son menudas, con ojos, trenzas y pestañas doradas y una estrella del color de la puesta del sol en la frente. Viven en palacios bajo el agua, van descalzas, visten capas con hilos de plata y oro y llevan anillos blancos y ajorca de listas áureas y negras en la muñeca izquierda.

Hilan oro por la noche y salen fuera del agua al amanecer, colocando las husadas a secar mientras bailan y hacen brotar del suelo con cada pisada flores amarillas y rojas. Al avanzar el sol en el cielo, vuelven a sus palacios con las madejas secas. Si alguien se las encuentra en ese momento y consigue coger una flor, será feliz y rico para siempre. Si es un mozo que puede sujetar uno de los cabos de la madeja, será arrastrado al interior de las aguas, donde se casará con la que él elija. A partir de entonces, salen del agua el mozo y su esposa el día de San Juan y dejan en los senderos una gargantilla, un anillo y un coral que sólo pueden ver las pastoras honradas.

Moras
Existieron en toda la geografía española. Son personajes de leyenda, restos de las huestes sarracenas que se desplazaron hacia el norte. Cristianizadas o no, todas están encantadas.

En la Cordillera Cantábrica, las moras viven refugiadas en las cuevas o bajo el agua. Son mujeres que acompañaban a los ejércitos sarracenos y, al retirarse éstos derrotados en las montañas, quedaron atrás atemorizadas, llorando su desgracia y, a veces, guardando tesoros que los moros habían conseguido en sus incursiones, mientras aguardaban su regreso. Desde entonces, encantadas y encadenadas a las cuevas, no salen más que en las noches de luna llena para buscar agua, mientras entonan tristes canciones. En ocasiones, tienen que entrar en las casas para coger comida y suelen hacerlo los domingos.
Otras leyendas hablan de que a menudo los aldeanos escondían las boronas y las sustituían por losas redondeadas, cubiertas con rescoldo, que les quemaban las manos y les hacía huir gritando.

Lavanderas
El mito de las lavanderas se encuentra muy extendido por tierras gallegas.
Son casi siempre ancianas, que no pertenecen al mundo de los vivos, con un aspecto completamente normal. Se encuentran de noche lavando ropas manchadas por la sangre de un mal parto que han tenido.
Cuando aparece un caminante le pide ayuda. Solamente hay dos formas de evitar los males que pueden hacer: ayudarlas en todos sus requerimientos o pasar de largo sin dirigirles la palabra.

Damas blancas
Son personajes femeninos muy ambiguos. Participan de las características de los fantasmas, los duendes y las encantadas.
En Galicia, existe la xa, mezcla de fantasma y hada. Las xas gallegas son fantasmas que se meten con la gente, que estorban en los molinos, que roban heredades y que ordeñan las vacas en las cuadras.

miércoles, octubre 01, 2008

Balalaika

La balalaica (en ruso: балалайка) es un instrumento musical ruso de cuerda de la familia del laúd. Tiene un cuerpo triangular, casi plano, con una pequeña boca de resonancia cerca del vértice superior de la tapa, un mástil largo y estrecho y tres cuerdas de metal o tripa que suelen pulsarse con los dedos (algunas veces se utiliza un plectro de piel para las cuerdas metálicas).
Se construye en seis tamaños, desde el piccolo al contrabajo, y se desarrolló en el siglo XVIII a partir de la parecida domra o dombra del Asia central y Siberia. Dos de las cuerdas de la balalaica se afinan al unísono y la tercera a una distancia de cuarta; por ejemplo, la balalaica más importante, la soprano o prima, se afina en mi4, mi4 y la4.

Anjanas

Me estoy leyendo un libro sobre seres fantásticos, lo curioso es que es de antropología sobre mitología tradicional ibérica.
Las hadas reciben diversos nombres según los lugares en los que se encuentren. En Cantabria y parte de Asturias se les llama anjanas, janas, xanas, ijanas, enjanas... Pueden ser buenas, malas y traviesas.

Anjanas buenas

Aparecen rodeadas de un resplandor que no permite a quienes las ven una buena percepción de sus rasgos. Se trata de mujeres menudas y hermosas, de piel muy fina y pálida, que suelen llevar los cabellos sueltos y van ataviadas con amplias y largas túnicas de colores claros. Van calzadas con zapato de hebilla de plata, descalzas o con abarcas. A menudo portan coronas de flores, en las que se mezclan las naturales con otras de plata, y una vara de avellano que a veces tiene un extremo iluminado. No es infrecuente ver una estrella que reluce en su frente, destacando del resto del resplandor.
Suelen estar asociadas a lugares boscosos y con mucha agua.

Salen de su refugio en mayo -cuando los ganados suben a las montañas- y vuelven en San Miguel, al mismo tiempo que bajan los pastores y los animales a los valles, momento en que dejan algunas flores de plata de su corona entre los matorrales, que contribuyen a la felicidad y fortuna de quienes las encuentren si las llevan siempre consigo. Su momento preferido es la mañana de San Juan, cuando los "caballucos del diablo" han vuelto ya a su guarida.

A veces están casadas y pueden tener descendencia. Aunque el anjano existe como personaje no tiene apenas fuerza en Cantabria.
Las anjanas bondadosas y compasivas danzan en grupos a la luz de la luna, igual que los elfos celtas. Cuando terminan, esparcen por los caminos las flores multicolores sobre las que han bailado, que harán la dicha y fortuna de quienes las encuentren. Se lavan con jabón de anjana (saponaria) y desprenden un delicado olor a plantas aromáticas cuando se aparecen a alguien. Poseen una voz suave y dulce, que consigue contagiar alegría o tristeza; sus canciones aclaran el día si son alegres, y lo oscurecen si son tristes.

Colman de regalos a quienes se lo merecen, en especial a los chiquillos, a las mozas pobres que carecen de dote y a aquellos que cuidan y respetan a los animales; curan a los niños del mal de ojo con su varita y regalan ramitas de plantas misteriosas, que ahuyentan el dolor, el pecado, la avaricia y la envidia. Si es necesario, para apoyar a alguien o para ponerle a prueba, o para escapar del ojáncano, las anjanas pueden metamorfosearse.

Anjanas revoltosas
Ordeñan el ganado para beberse la leche, revuelven en las cuadras o en las dependencias de los animales, roban la miel de las colmenas o los huevos de los gallineros.
La más conocida es la ijana del valle de Aras.

Pícaras, revoltosas, inquietas, golosas, burlonas... viven en las cuevas y a veces beben de bruces en los arroyos cristalinos. Todas tienen un pecho descomunal que echan sobre el hombro derecho y les cae sobre la espalda.

Anjanas malas
Existía un grupo de anjanas malas que el paso del tiempo ha borrado de la memoria.

De rostro descolorido o amarillo salpicado de azul, tienen los ojos verdes y un solo diente, largo y afilado, así como escuálidos y luengos brazos. Visten amplias capas negras, adornadas con alas de murciélago, animal que, junto a los cuervos, es su compañero habitual. No hablan: mugen. A ellas se debe la existencia de las ortigas en los montes.
Su aparición augura lágrimas y penas, o largos y rigurosos inviernos, siendo anuncio de muerte para quien las ve.

¿Habrá sorpresa en octubre?

A finales de octubre se falla el certamen literario más importante de todos los que me he presentado. Es el más relevante por el premio metálico, además de la publicación. No pienso en que vaya a ganar, pero me gustaría poder saltar en el tiempo hacia adelante y saber, al menos para enviar el manuscrito, en caso de que no ocurriera nada, a otro lugar.
Por eso, octubre podría deparar algunas gratas sorpresas, pero también podría ser un mes de decepciones. Es mejor no pensar... Aunque inevitable, claro.
Espero que no se me haga tan largo como septiembre.