lunes, junio 30, 2025

Loch Down Abbey

He de reconocer que Loch Down Abbey es una novela para pasar un rato magistral. Hay de todo, pero sobre todo te puedes echar unas risas con esta familia tan peculiar. 
Corre la década de 1930 y en una mansión de los Highlands escoceses, se encuentra la mansión de los Ogilvy-Sinclair, una mansión con 125 habitaciones, personas acostumbradas a que les hagan todo y que apenas salen de casa y aún más criados. Pero una extraña epidemia está asolando el Reino Unido y algunos criados han tenido que guardar cama, amén de Nanny, la niñera, que ha fallecido supuestamente por la enfermedad.
La matriarca es Lady Georgina, que vive en una especie de pequeña mansión, independiente del resto de la familia, con sus espacios y sus propios criados. Es la condesa viuda y observa a todos desde lejos.
Su hijo primogénito es el conde Lord Hamish Inverkillen, casado con Lady Victoria, y con varios hijos pequeños. Su hermano es el comandante Cecil, un hombre que se ha quedado viudo de una marquesa que no le ha dejado nada y ha tenido que regresar a la vida familiar, mientras roba pequeños objetos para vender y maquina cómo sacar algo a su hermano o a algún pariente. Su hermana es Lady Elspeth, que está liada desde siempre con el guardabosques y se escapa a una cabaña en medio del bosque.
Hijos del conde son Angus, casado con Constance, una señorita insoportable que sólo quiere criados y no sabe hacer nada; Fergus, que es el único que intenta obtener beneficios de la destilería o de la fábrica de salmón, que ha traído a su prometida Eva, hija de un comerciante francés que busca ascender socialmente; y Bella, que es una cínica. 
Además, tienen acogida desde siempre a Iris, a la que encomiendan la tarea de cuidar de los niños, escoceses y franceses, después de la muerte de la niñera.
Pero el conde se reúne con sus dos hijos y les explica que están en bancarrota y que ha vendido la destilería, por lo que apenas tienen mucho dinero. Al día siguiente el conde aparece ahogado en una presa cercana. El ama de llaves, la señora MacBain, empieza a investigar sobre la sospechosa muerte del conde, mientras el resto de criados van contrayendo la enfermedad, les llevan a escondidas a los trasteros de la casa de Lady Georgina, y la anciana se traslada a la mansión, donde gobierna con mano de hierro, ya que su hijo Angus y su nuera son muy ineptos. Poco a poco, el mayordomo y la señora MacBain consiguen que los Inverkillen comiencen a hacer tareas cotidianas, como desayunar todos juntos en el comedor, encender las chimeneas de sus habitaciones o hacerse las camas.
Y cuando parece que todo está a punto de quebrar, una desconocida empresa compra la mansión con todas sus pertenencias, y han sido los criados quienes, con la exportación de whisky a Estados Unidos, han conseguido suficientes ahorros como para comprar la mansión, que convertirán en hotel.

Casas de campo: amplias, apartadas, con chimeneas que nunca terminan de apagarse del todo. Afuera, el tiempo amenaza tormenta; dentro, todos se resguardan entre paredes gruesas, alfombras mullidas y tazas de té... hasta que alguien aparece muerto. Y entonces, claro, todo cambia. El asesino no ha podido ir muy lejos -porque no hay dónde ir-. Así que, por pura lógica (y puro morbo), todos los presentes son sospechosos. Agatha Christie lo supo antes que nadie: estas mansiones perdidas entre la niebla eran el escenario perfecto para un crimen... porque cuando el único testigo es la naturaleza silenciosa, imperturbable y envuelta en bruma, no hay coartada que valga.
¿Qué tienen los british period dramas que nos enganchan sin remedio? Será por las tragedias, los secretos familiares, las herencias envenenadas... pero sobre todo, por ese humor afilado que se cuela entre sus páginas. Un comentario punzante aquí, una mirada cómplice allá... y de pronto, el drama se vuelve irresistible. En su versión escocesa, este ingenio (banter) viene acompañado de cielos nublados, una familia que nunca sale de casa y, por supuesto, pullas infinitas contra los ingleses.
La autora escribió esta novela durante el confinamiento; de hecho el título es una alusión directa a estos días de encierro: Loch Down = Lockdown. Mientras medio mundo subía fotos de pan casero y rutinas imposibles, Beth Cowan-Erskine optó por dejar el móvil a un lado y sentarse a escribir. Hay algunos guiños a esos días extraños como la falta de harina o papel higiénico o las mascarillas y guantes que se cuelan con humor en la trama. Cuando a la autora le preguntan qué hizo durante el confinamiento, ella responde sin inmutarse: tramé un asesinato.
Después de ver a los Ogilvy-Sinclair más preocupados por la disminuida variedad de pasteles servidos durante la hora del té que de la epidemia en sí, se disfruta viendo cómo tenían problemas para hacer sus propias camas, encender el fuego y verse cada vez más acorralados ante la amenaza de la pobreza. Y es que aunque en la vida real hubiese sido muy difícil que los criados ganaran la partida... para eso está la justicia poética.

LA AUTORA:



Beth Cowan-Erskine es originaria de un pequeño pueblo de Wyoming. Se mudó al Reino Unido en 2010 y es propietaria de una empresa de arquitectura de interiores. Vive en una granja en la región de Cotswolds con su marido escocés. Durante el encierro por el coronavirus, e inspirada en la familia escocesa de su marido, escribió Loch Down Abbey, su primera novela.

EL LIBRO:

Título original: Loch Down Abbey
Autora: Beth Cowan-Erskine
Traductor: Juan Carrillo del Saz
Editorial: RBA (1ª edición, en junio de 2025)
Número de páginas: 332
ISBN: 9788411328227

Valoración: 9/10

RETOS:

* Reto "Thriller Holics": Novedad de 2025.
* Reto "Pecera 50": Con institutrices.
* Reto "Leamos el mundo": Gran Bretaña.

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