Nunca había leído un libro al revés, y ha sido una experiencia original. Sinceramente, creo que hay que dominar mucho el desarrollo narrativo para hacer algo así, a no ser que haya escrito los capítulos en orden y después los haya puesto al revés. Porque aquí empezamos en el capítulo nueve, momento presente, y vamos hacia atrás en el tiempo. Porque nos preguntamos por qué motivos se hace una cosa en el presente y muchas veces tenemos que recordar algo del pasado que nos ha llevado a hacer una cosa u otra.
Es la historia de Lev y Kato, dos jóvenes que se han criado en Transilvania, crecieron en la dictadura de Ceauçescu, y al final, como miles de rumanos, sólo deseaban huir. Lev tiene un accidente y no puede andar, por lo que tiene que guardar cama durante meses. Kato, que es la las lista de la escuela es quien se pasa por su casa para llevarle los deberes y explicarle los temas que han dado en clase.
Un tiempo después, ella se marcha con un alemán y rompe el corazón a Lev, hasta que un día llega una postal de Zúrich donde ella le pide que vaya. Claro, que esto se lee al revés porque Lev se presenta en Zúrich, donde ella pinta cuadros por las calles.
Kato se marcha con un alemán que ha llegado al pueblo en bicicleta.
Se han marchado a las montañas, donde han conocido a dos hermanos que están contra el sistema, y se han acostado juntos.
Lev es víctima de bullying y decide abandonar el colegio. Se marcha al bosque a talar árboles, donde trabajan sus hermanos mayores. Pero el capataz, que le protege al ser tan joven, le dice que coja el primer tren de vuelta a casa.
Lev está postrado en la cama. Escucha todo tipo de sonidos. Su profesora decide enviarle a Kato para que le ayude con las tareas de la escuela. Él al principio la ignora.
Lev se ha ido a un balneario con su abuelo austríaco. Allí ha conocido a una joven a la que admira. Pero un día, ella discute con un artista y él intenta salvarla, los dos mueren y Lev se encuentra en un pozo de hormigón: no siente las piernas.
Es el primer recuerdo que tiene de su padre, al que se le nombra varias veces, pero pocos meses después, siendo Lev un bebé, falleció.
Es una historia curiosa y está muy bien escrita.
Nos movemos en el tiempo y también en el espacio. En nuestro camino inverso en la historia, de una Europa libre y abierta regresamos a una Rumanía acechada por las presiones soviéticas y asfixiada por la dictadura de Ceauçescu. Con sutileza, pero sin oposición, los tentáculos de la autoridad alcanzan hasta el pueblo más recóndito, hasta a quienes prefieren vivir fingiendo no verlos.
Es imposible detener el tiempo. Y, sin embargo, eso no quiere decir que no podamos jugar con él. Algunos escritores atrevidos se han plantado ante las exigencias del reloj y han decidido que en sus historias las manecillas se muevan a la inversa. No es un truco fácil y no siempre funciona, pero quienes logran dominarlo nos ofrecen narrativas tan novedosas que sentimos que jamás leímos algo parecido. Aquí, cada capítulo nos lleva hacia atrás meses, años o décadas, desandando la vida de sus personajes. ¿Qué les pasó para actuar así? ¿Cuál fue la chispa que lo activó todo? La respuesta siempre está unas páginas más allá, porque, al fin y al cabo, los comienzos siempre guardan los mayores misterios.
¿Por qué Claros de luz está contado hacia atrás? Más allá de la originalidad de la estructura, que seguro que te ha provocado una buena sorpresa, Iris Wolff tuvo sus razones para presentarnos a Kato y a Lev ya adultos y, de ahí, ir rebobinando. "Así es como nos conocemos todos en la vida real", ha dicho la autora y, si se piensa un poco, tiene mucho sentido. Cuando hacemos un amigo, le conocemos en el presente, en las circunstancias del momento actual. Según la amistad se estrecha, empezamos a compartir fragmentos del pasado, convirtiendo nuestras vidas en relatos a contratiempo. Justo como ocurre aquí.
Imagina que andas en un bosque. Las ramas y las hojas crean un techo vegetal que, sólo en ocasiones, se abre para dejar pasar un rayo de luz que ilumina tu alrededor. Así funciona la memoria: todos tus recuerdos te rodean, pero sólo algunos brillan como si la luz existiera únicamente para destacarlos. Ésa es la idea que Iris Wolff tenía en mente cuando decidió escribir la historia de Kato y Lev en pequeños fragmentos: imitar la falta de continuidad tan caprichosa de la memoria y honrar ese espíritu juguetón capaz de guardar con celo las experiencias que nos han formado y dejar en la oscuridad a las demás.
Claros de luz no nos ahoga en datos históricos ni se explaya en detalles políticos y, aun así, nos queda claro que la infancia de Kato y Lev no discurrió en unos años tranquilos para Rumanía. Pero, ¿cuál era realmente la amenaza que se cernía sobre todos? Hasta 1989, el país estuvo gobernado por Nicolae Ceauçescu, un político que alejó Rumanía de las presiones soviéticas pero, a cambio, instauró una durísima dictadura marcada por la represión y la violencia. El país empobreció brutalmente y se perseguía a quienes se oponían al régimen activamente, como Milena y Camil, o a quienes, como Ferry, quisieron huir. La autora de Claros de luz nació bajo esta dictadura y, al reflejarla en la historia, espera que no olvidemos a quienes la sufrieron.
Cabe destacar la relación tan particular que mantiene Lev con los espacios. A lo largo del libro, varios detalles nos desvelan que Lev tiene una capacidad muy especial para comprender e interactuar con los lugares. Durante su enfermedad, se vio obligado a guardar cama durante tanto tiempo que "los límites de su cuerpo se empezaron a desdibujar", como si la cama y él se convirtieran en una misma cosa. Quizá por eso, en adelante valora muchísimo las sensaciones corporales y se fija en detalles del tacto o la luz que a otros pasan desapercibidos. Por ejemplo, cuando se reencuentra con Kato, prefiere andar a ir en coche, porque quiere "que su cuerpo absorba la topografía de ese lugar", como si para él existir fuera, siempre, una percepción tangible.
LA AUTORA:
Iris Wolff (Transilvania, 1977) estudió Literatura alemana, Teología y Arte. Ha sido merecedora de múltiples galardones por toda su obra, entre otros el Premio Marie Luise Fleisser y el Premio Marie Luise Kaschnitz, así como del Premio Ernst-Habermann, el Premio de Literatura ALPHA, el Premio Otto Stoessl, el Premio Thaddäus Troll, el Premio LiteraTour Nord, el Premio Eichendorff, el Premio Ciudad de Solothurn y el Premio Uwe Johnson. Asimismo, esta obra formó parte de las cinco favoritas de los libreros alemanes y de sus colegas suizos de habla alemana. La autora vive en Friburgo de Brisgovia. Con Claros de luz fue finalista del Premio Alemán del libro.
EL LIBRO:
Título original: Lichtungen
Autora: Iris Wolff
Traductora: Belén Santana
Editorial: AdN (1ª edición, en mayo de 2025)
Número de páginas: 251
ISBN: 9788410138940
Valoración: 8/10
RETOS:
* Retópatas: Libro escrito por una autora que tenga la misma edad que tú.

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