Nada más entrar sientes el ambiente rancio, ese olor a medicamento y enfermedad adherido a las paredes.
Nada más entrar escuchas el trasiego de las batas blancas, el vaivén de la gente, las conversaciones susurradas.
En la quinta planta está Otorrinolaringología. Allí una habitación con terraza deja a espaldas el bullicio de la ciudad.
Que Dios nos dé salud para no entrar en un hospital.
Mi hermano pequeño ha sido intervenido de una sinusitis. Una pequeña operación, pero al final ahí estábamos. En una habitación con vistas. Aunque preferiría tener un muro delante de la ventana con tal de no estar en el hospital.
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