El mejor regalo del mundo, el regalo más maravilloso de todos es la compañía de las personas a las que queremos. Hoy los recuerdos golpean mi mente, intento mantenerme ocupada, hacer cosas, porque la cabeza me lleva a pensar, a recordar.
Hace un año y medio mi tío T. fue operado de urgencia porque tenía un tumor en un riñón, le extirparon el riñón y regresó a casa. Después de la operación fue todo a mejor, pero mi tío ha empeorado este año y hace dos días le ingresaron. Hoy está sedado. La espera se hace larga cuando sabes cómo va a acabar todo.
Me asaltan los recuerdos, infinitos recuerdos. Cuando a mi hermano le regalaron un balón de fútbol y se puso a golpear con un pie sin parar sin que tocara el suelo. Mi tío ha sido futbolista profesional, por lo que golpear un balón como si nada era algo que llevaba en la sangre. Mi tío viajó varias veces a Brasil, y allí se casó. Algunas veces me contaba cosas de aquel país, o recuerdo que una vez salió en la televisión un pájaro muy raro autóctono de Brasil y dijo su nombre (que no recuerdo). Mi tío tartamudea un poco, pero eso es parte de su carácter entrañable. Cada vez que pasaba por aquí siempre asomaba la cabeza y saludaba.
Mi tío nos ha brindado uno de los momentos más emocionantes que se pueden vivir, y eso que yo sólo fui una convidada de piedra. Mi tío se reencontró hace dos años con su compañero de equipo, al que hacía más de treinta años que no veía. Delante de mí se dieron un abrazo tan emocionante...
Las personas van y vienen. Nos llegan noticias de que alguien se ha ido en ese viaje que sólo tiene billete de ida, quizás le conociéramos y siempre da pena. Sólo que cuando es alguien de la familia o muy cercano es algo muy duro.
Mi tío sigue de cuerpo presente pero es como si ya no estuviera aquí. Es la larga espera, la espera que vaticina el momento final, cuando al punto final de los finales ya no le siguen dos puntos suspensivos.
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