domingo, septiembre 03, 2023

Viaje a Estocolmo: El museo Vasa


Seguramente el Museo Vasa (Vasamuseet) es el museo más visitado de la ciudad de Estocolmo. Alberga el enorme barco de guerra Vasa, que se hundió en su viaje inaugural el 10 de agosto de 1628 en las aguas del Saltsjön. Se hundió por un error de cálculo en el peso de su parte superior.


Es tan fascinante que bien requiere pasar un rato hablando de este barco y su historia. En el museo nos encontramos con cinco plantas dedicadas a los objetos rescatados del Vasa, la vida a bordo, las guerras navales y la navegación en el siglo XVII. 

Detalle de la decoración de la popa del Vasa

El barco estuvo casi tres siglos bajo el agua, cubierto de lodo, de ahí que cuando el barco fue izado a la superficie en 1961 no estaba tan deteriorado. Hoy en día es el barco del siglo XVII mejor conservado del mundo que se puede ver en un museo. El gigantesco casco que se ve en el Vasa es totalmente original.


El Vasa era un galeón, el orgullo de la Armada sueca, debía haber partido hacia el sur del mar Báltico meses atrás, junto al resto de la flota, pero se retrasó porque aún no tenía todos los cañones. El rey sueco había enviado varias misivas al vicealmirante Klas Fleming apremiándole para que soltara amarras. El Vasa tenía que zarpar antes de que el otoño se echara encima y fuera demasiado tarde para emprender cualquier expedición marítima.


En la tarde del 10 de agosto de 1628, el Vasa abandonó finalmente su atracadero bajo el Castillo de las Tres Coronas. Con unas ligeras rachas de viento, el Vasa escoró a babor, el vicealmirante bajó a la bodega preocupado, para asegurarse de que los cañones estaban bien amarrados, pero era demasiado tarde. El Vasa se hundió a sólo 120 metros de tierra firme y, aun tocando fondo, sus mástiles seguían sobresaliendo del agua. Muchas de las pequeñas embarcaciones que habían acompañado al Vasa por las aguas de Estocolmo pudieron rescatar con celeridad a los que luchaban para no ahogarse, lo que redujo considerablemente el número de fallecidos en el naufragio. Entre las tres decenas de víctimas se encontraba el capitán Hans Jonsson, uno de los comandantes más experimentados de la Armada sueca.


Se cree que el Vasa se hundió porque el peso de la estructura de madera y los cañones que transportaba produjeron un navío demasiado pesado sobre la línea de flotación. Tras ser escorado por una racha ligera de viento, el Vasa no respondió correctamente para poder recuperar el equilibrio. Si las portas cañoneras hubieran estado cerradas, el agua no habría penetrado y el galeón podría haber proseguido con su travesía, aunque no estuviera en óptimas condiciones para navegar.

Después de 333 años sobre el lecho marino, el 24 de abril de 1961 el barco fue izado en una operación que suscitó gran interés internacional.


Se intentaron recuperar los valiosos cañones de bronce, de los cuales 53 fueron vendidos a la ciudad alemana de Lubeca. El Museo Vasa conserva tres de los cañones originales.

Maqueta del Vasa, donde se aprecia su profusa decoración

La decoración del Vasa era imponente y colorida, manifestación gráfica de su gran poderío. Con ello se pretendía impulsar la moral de la tropa y presentar a Suecia como una gran potencia ante el mundo.

Escudo dinástico de la Casa Vasa

En mitad del espejo de popa del Vasa se puede observar el escudo dinástico. Hace las veces de identificador del navío y anuncia de manera gráfica la estirpe que reina en Suecia. El símbolo de la Casa Vasa es una gavilla, presentada en forma de ramojo o de mata de siembra. Dos querubines sujetan el escudo entre ellos. Son los mensajeros de Dios y dan a entender que la dinastía Vasa ha sido elegida para gobernar y proteger el reino de Suecia y a sus habitantes. Las ramitas de olivo simbolizan la paz y las exuberantes frutas nos hablan de un reino floreciente y próspero.


Para dotar a las esculturas de su esplendor cromático se recurrió a los expertos pintores de la época. Las tallas fueron pintadas usando las mismas técnicas y pigmentos que en otros ornamentos, como los púlpitos y órganos de las iglesias. Los pigmentos proceden en su mayoría del ámbito mineral y vegetal.

Mascarón de proa

Finalmente cabe destacar la magnífica escultura que representa el león de proa, el primer elemento que consiguió ver la luz después de tres siglos en el fondo del mar. Se trata de un gigantesco león en pleno movimiento. El león representa la fortaleza y el coraje, y constituía el símbolo habitual del poder de la monarquía. En este caso se ha interpretado como una alegoría del propio rey Gustavo II Adolfo.

El Museo Vasa visto desde la bahía de Estocolmo

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