Es impresionante su estructura exterior. Ya lo vi el primer día y pensé en que tenía que volver para entrar. El Museo Nórdico (Nordiska Museet) es el mayor museo de historia y cultura de Suecia, y uno de los recintos cubiertos más extensos del país.
El edificio, de 1907, es un ecléctico castillo de estilo renacentista diseñado por Isak Gustav Clason. En un principio fue diseñado para representar la cultura de toda Suecia, pero finalmente tuvieron que limitarse únicamente a Suecia.
Alberga una extensa colección integrada por toda clase de piezas suecas, desde objetos sagrados de los lapones hasta ropa y servicios de mesa.
Nada más cruzar su impresionante entrada, nos encontramos con un hall amplio y diáfano. Pero tiene tanta altura y tantas salas que merece la pena una visita de un día entero.
Tras la recepción hay una majestuosa estatua de Gustav Vasa. Fue rey de Suecia desde 1523 hasta su muerte. En realidad se llamaba Gustav Eriksson, pero hasta bien entrado el siglo XVII no se cambió el nombre al actual, en referencia al escudo de armas de su familia.
La primera parte del museo se dedica al Polo Norte, al Ártico, a las tierras heladas. Descubrimos la forma de vida de los lapones, sus trineos, sus ropajes, sus tradiciones, sus armas y la caza, etc.
Bien merece la pena visitar esta parte del museo.
Cogí un antiguo ascensor y en la siguiente planta había una exposición temporal sobre la influencia de la moda británica en Suecia. Así disfruté mucho de las ropas más utilizadas en Gran Bretaña: desde la típica chaqueta de tweed o el kilt escocés hasta cómo visten las tribus urbanas de Londres. Incluso había un maniquí vestido como Sherlock Holmes, ya que la exposición abarcaba varios siglos.
También acoge la mayor colección mundial de obras de August Strindberg, así como varios de sus objetos personales.
Otra galería estaba dedicada a las tradiciones suecas. Ésta me encantó. En ella se nos mostraban las costumbres suecas desde la buena mesa, es decir, se exhibían las mesas y los alimentos que comen los suecos según las diferentes tradiciones y la evolución a lo largo de los siglos: bautismo, comunión, boda, Navidad, graduación, festival de la primavera, fiesta del marisco, etc. Me pareció una exposición muy enriquecedora, sobre todo porque tendemos a comparar con nuestras propias vivencias, y en realidad no se distinguen mucho, aunque algunas de las fiestas y tradiciones que mostraba no las celebramos en España.
Volviendo a la planta inferior había una exposición de carteles turísticos de toda la península escandinava. Los muros hacían una espiral que se veía perfectamente desde arriba.
Finalmente y para terminar, pude perderme en la recreación de un piso, a tamaño real, de los años 40, que tenía de todo.
Bien merece la pena la visita a este museo. Es magnífico.





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