lunes, agosto 15, 2022

Un día en Montenegro

Costa Dálmata, Montenegro

En 1991 un pequeño país en el Mediterráneo fue proclamado como país ecológico. Ese país es Montenegro. Montañoso y con grandes bahías navegables, con unos cielos azules y soleados, Montenegro tiene frontera con Bosnia-Herzegovina, Croacia, Albania y Serbia, y en el sureste tiene salida al mar Adriático.

Montenegro es un país rico, mucho más rico que Croacia y Bosnia. Sus bahías se encuentran llenas de costosos yates y playas magníficas. Me recordó un poco a la Niza de los famosos y del glamour. La capital es Podgorica, que no tiene acceso al mar.

Máscaras venecianas en Kotor

Pese a no formar parte de la Unión Europea, en Montenegro no tuve que cambiar moneda, ya que allí la moneda oficial es el euro.

Barco-taxi en Perast

Se considera que los primeros habitantes de Montenegro fueron los ilirios, que dejaron importantes restos arqueológicos que atraen a gente de todo el mundo. En el siglo II a. C. los romanos conquistaron la tierra ocupada por los ilirios. Los romanos dejaron importantes infraestructuras, como la carretera que va desde Cavtat a través de Budva hasta Skadar y Drac. El monumento romano más importante en Montenegro son las ruinas de la ciudad Duklja (Doclea), fundada por el emperador Flavius.

También se conservan huellas del más primitivo arte cristiano, que se supone que se desarrolló aquí entre los siglos III y IV. Uno de los restos cristianos más famosos es el mosaico como motivos de hojas de vid y pan, encontrado en una villa de Miriste.

Decoración navideña, tienda en Kotor

En el siglo VII llegaron los eslavos, que se establecieron originalmente en Duklja, que empezaron a llamar como Zeta. Estuvieron hasta el siglo X. En el siglo XI se establecieron las bases del estado de Zeta. Durante el reinado del Papa Grgur VII, Rex Sclavorum, se admite a Zeta como un país con autonomía propia y se establece la diócesis en la ciudad de Bar.

Tras la muerte del emperador Dusan, el territorio cae en poder de los turcos, y en el siglo XV empieza a ganar influencias venecianas. Tres ciudades montenegrinas fueron venecianas en el pasado, y los venecianos dejaron su impronta, sobre todo, en las grandes mansiones, que se pueden disfrutar paseando por Kotor.

El territorio estuvo bajo el imperio otomano más de 400 años. 

Casa veneciana en Kotor

La primera vez que se llama al territorio Montenegro es en el siglo XIX. Parece ser que proviene de los negros montes que hay en el país. Es curioso escuchar a la guía explicar en inglés qué significan las palabras que componen el nombre del país, que obviamente son dos vocablos españoles. Fue en el Congreso de Berlín de 1878 cuando se admitió la independencia de Montenegro.

Montenegro cuenta con una población de aproximadamente 700.000 habitantes distribuidos en 1256 poblaciones.

Siguiendo la línea de la costa adriática desde Dubrovnik, las imágenes eran espectaculares. Porque no había puentes que cruzaran de un lado a otro, y las bahías se alargaban como deltas o ríos hacia el interior, navegables en su mayor parte, así que tuvimos que rodear la costa. Y era de una belleza espectacular.

Perast

La primera parada fue Perast, un pequeño pueblo turístico, donde podías coger un barco-taxi para que te llevara hasta la iglesia de Our Lady on The Rocks (Nuestra Señora de las Rocas).

Our Lady on the Rocks

Allí era libre coger un barco para la iglesia. En medio de la bahía hay dos iglesias, una ortodoxa y otra cristiana. Dice la leyenda que el islote fue construido por unos marineros locales cuando encontraron un icono de la Virgen y el Niño Jesús. 

Our Lady on the Rocks, Bahía de Kotor

Merece la pena coger un barco y visitar la iglesia en medio de la bahía. En el interior, muy pequeño, hay paneles votivos de plata y ofrendas de flores. La gente que cruza la bahía tira piedras al agua en honor de esta iglesia.

Murallas de la ciudad vieja de Kotor

La siguiente parada fue Kotor, la joya de la corona. Al final de la bahía, en un recodo protegido, se encuentra esta ciudad amurallada que también fue veneciana. La fortaleza de Kotor es impresionante. Sobre la ciudad, en plena montaña, tiene otra fortaleza, la de Sv. Ivan., que cuenta con casi 1500 escaleras.

Bazar en Kotor

Dentro de la ciudad amurallada hay un entramado de callejuelas, algunas muy estrechas. Hay una calle tan estrecha que se llama "Déjame pasar" (Pusti me da prodem) porque no caben dos personas a la vez. 

Kotor se levantó en los siglos IV y V por los bizantinos, que la llamaron Catarum, aunque el nombre actual se adquiere en el siglo XI y es de origen eslavo. En Kotor se luchaba contra los turcos, de ahí que esté tan protegida.

Catedral de Kotor

Recorrer las sinuosas calles y plazas de Kotor es una delicia. Allí llegué a la catedral de San Trifón, de estilo románico, y allí me senté en una terraza a comer y a beber cerveza. Seguía haciendo mucho calor.

Gato en Kotor

Kotor también es la ciudad de los gatos (en Dubrovnik también había muchos), pero aquí es que incluso les ponen pañuelos amarillos. Están protegidos y es habitual encontrárselos a la sombra.

Y sobre todo, tengo que recordar que toda la ciudad de Kotor tiene tiendas dedicadas a la Navidad porque el patrón de la ciudad es San Nicolás.

Tengo muy buen recuerdo de Kotor, y es que es una ciudad para perderse. Luego salí de la ciudad amurallada y me encontré con el puerto, con la ciudad moderna, con cientos de yates de lujo...

Café en Budva

La siguiente parada era Budva, que es una ciudad de playa dedicada totalmente al turismo. Es como Benidorm, con cantidad de edificios que se están construyendo y que serán hoteles en un futuro cercano. La guía nos llevaba al paseo marítimo, donde estaban los restaurantes, y como yo ya había comido y me encontraba sudando, nada como llevar chancletas y bikini en la mochila para ir directa al mar. Ni siquiera llevaba toalla, pero no me importó. 

Transbordador en la bahía de Kotor

Después de refrescarme me tomé un café helado en un chiringuito junto a la playa y allí me relajé, hasta que tocó regresar a Dubrovnik. Pero esta vez, en lugar de rodear la costa, el autobús subió a un transbordador que nos llevó a la otra orilla de la bahía, con lo que ahorramos tiempo de regreso.

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