Dejo siempre para el final una entrada dedicada a las comidas y bebidas en todos los viajes que hago. Debo decir que no sé cómo se dice "gracias" ni "buenos días" en croata, pero sí me aprendí rápidamente los nombres de las cervezas locales.
Tomé Karlovacko y Ozujsko, como cerveza y como Radler. Probé todo lo que pude, al fin y al cabo adoro la cerveza en su más amplio sentido y siempre intento probar el mayor número posible de tipos.
En cuanto a la comida en Dubrovnik, al ser una ciudad marítima tiene mucha variedad de pescado y de marisco, pero la influencia italiana hace que también haya gran cantidad de pasta. La primera noche cené en una terraza en la Old Town y la cena fue magnífica. Pedí un risoto que estaba aderezado con mejillones y pescado.
No suelo pedir postres, pero el tiramisú me chifla y escuché al lado a una pareja de franceses que pedían, así que tuve que pedirlo yo también. Estaba tan bien presentado que daba palo hincar la cuchara.
Un día que iba con prisa para coger el barco en el Stradun pedí algo ligero: pancake con salmón y queso fresco, tomate y olivas. Estaba riquísimo.
Cenar una pizza junto al Viejo Puerto y junto al hotel, al calor de la temperatura de Dubrovnik y con la ligera brisa del puerto, fue magnífico. Sobre todo porque la pizza estaba exquisita.
También era muy habitual comer arroz negro, que también estaba aderezado con productos del mar.
Pero la comida que se lleva la palma es el plato de salmón con sésamo que cené la última noche. Estaba realmente delicioso. Y también fue en una de las calles que desembocan en el Stradun.
En cuanto a los desayunos, como tenía el desayuno en el hotel, no salí de las tostadas, el zumo, el café, fruta como sandía o melocotón, yogurt, etc.
En Mostar la comida es bastante diferente. Me senté en una terraza en una de las calles principales junto al famoso puente de Mostar y descubrí que era un restaurante árabe. La camarera, al comprobar que era española, se puso a hablar en un castellano macarrónico, pero me recomendó un plato exquisito: cevapi (salchichas de ternera) y patatas fritas. En realidad, lo que yo quería era comer rápido porque tenía el tiempo muy ajustado para llegar al autobús.
En Kotor pedí una pizza, que en vez de ponerla abierta, se encontraba cerrada como una empanadilla gigante. Reconozco que estaba riquísima. Como Kotor fue una de las ciudades ocupadas por venecianos hay todavía una mayor influencia de la comida italiana.
Ni en Mostar ni en Montenegro me dio tiempo a aprenderme marcas de cerveza, aunque también pedí cervezas, pero pedía "a beer" en general... y lo que me sacaran. Allí sólo preguntaban si querías tamaño grande o tamaño pequeño.
En cuanto al café, he tomado muchos cafés allí y recuerdo con especial cariño el café bosnio que tomé en Mostar y el café helado que me pusieron en Medugorje. Al pedir un "ice coffee", lo que yo quería era un café con hielo, pero me sacaron un café con helado, que estaba riquísimo.
Hay algo de lo que no he hablado y es que no sólo bebí cerveza. Tomaba botellines de agua en un abrir y cerrar de ojos, y es que, con el calor que hacía, siempre había que llevar agua, porque allí te deshidratas. En Montenegro tomé una marca de agua que sabía riquísima.
En cuanto a las compras, allí hay cantidad de cosas que te puedes traer. Hay tantísimas tiendas que te pierdes. Aparte de los regalos típicos, debo reconocer que mi hermano pequeño me tiene frita para que le lleve siempre una camiseta de fútbol, pero no había ni una sola camiseta de la selección croata para adultos, así que le pillé la segunda camiseta, que está menos vista. Le dije: "o te cojo la segunda, que es a cuadros grises y negros por 80 euros, o te cojo las de las tiendas de souvenirs por 10 euros". Total, que prefirió la original, que al cambio ni siquiera pasó de 70 euros. Visité dos centros comerciales cerca del hotel y ninguna tenía la primera camiseta de la selección croata, pero mi hermano está encantado con la que le traje.
Me encanta el arte, y estos países están llenos de artistas locales, muchos de los cuales exponen sus cuadros en las calles de la Old Town de Dubrovnik o junto al puente de Mostar.
Como una no es de piedra, tuve que traerme un lienzo del puente de Mostar. Fue la propia artista la que me lo envolvió. Y ahora decora mi pasillo.
Pero si hay algo que tienes que traerte de allí es un motivo navideño, porque allí Santa Claus es el patrón en muchas de las ciudades que visité. Es algo raro entrar en una tienda con árboles de Navidad en pleno mes de julio. Así que traje bolas para el árbol de Navidad.
Con esto termino de hablar de mi viaje a Dubrovnik, Bosnia y Montenegro. Ya me puedo marchar a otro sitio...
















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