La Ciudad Vieja (Old Town) está totalmente rodeada de murallas que están muy cuidadas y dentro de este recinto amurallado es donde acontecen las escenas de Desembarco del Rey en la serie Juego de Tronos.
La primera vez que llegué a la Ciudad Vieja descendía desde el teleférico, de ahí que viera el grueso de las murallas en todo su esplendor. desde la puerta de Buza o la puerta norte de las murallas. Desde ahí era bajar por empinadas calles con cientos de escalones, disfrutar de las callejuelas y los bares a la luz de las farolas, y de repente me encontré con una estatua a tamaño real de Tyrion Lannister.
Y después de bajar las escaleras, me encontré en la calle principal de la Ciudad Vieja, el Stradun, una calle adoquinada llena de bares y restaurantes, tiendas abiertas por la noche, conciertos y música callejera, gente por todos los lados y algunos edificios religiosos.
Pasear por el Stradun es magnífico, empaparse del bullicio, de la gente. Hay infinidad de heladerías y se reconocen por las largas filas en sus puertas. Ni que decir tiene que esa noche cené allí mismo, no podía ser de otra manera.
La ciudad más famosa de Croacia fue fundada por fugitivos de la ciudad romana de Epidarum (actualmente Cavtat) en el siglo VII y fue gobernada por venecianos y bizantinos. Consiguió la independencia en el siglo XIV convirtiéndose en la República de Ragusa.
La Ciudad Vieja fue reconstruida en el siglo XVII después de un terremoto y en el siglo XX, tras la guerra de la ex Yugoslavia. Hoy conserva todo su esplendor y atrae a turistas y cineastas de todo el mundo.
La Puerta de Pile es la puerta principal al casco antiguo fortificado. El puente de piedra es del siglo XVI y vadea un foso que ahora está ocupado por un jardín visitable en ciertas horas. La puerta es una imponente edificación defensiva y en una hornacina hay una pequeña estatua de San Blas, patrón de Dubrovnik.
Nada más traspasar la Puerta de Pile y en una pequeña plazoleta en el inicio del Stradun, se encuentra la Fuente Grande de Onofrio, construida en el siglo XV por el arquitecto napolitano Onofrio de la Cava, que diseñó también el sistema de suministro de agua de la ciudad. La fuente tenía dos alturas, pero el nivel superior quedó destruido por el terremoto.
Las murallas son el símbolo de la Ciudad Vieja de Dubrovnik. Es recomendable madrugar para pasear por ellas y rodearlas bajo el sol infinito del Adriático es todo una proeza. Eran las diez y media de la mañana y yo no sabía cómo escapar del sol, pero merece la pena.
Una de las entradas se encuentra junto a la Puerta de Pile y, a partir de ahí, hay que subir escaleras y seguir la muralla. Pero a medida que vas caminando el sol también va calentando en el cielo y es atroz. Así que empecé a caminar, a disfrutar de las vistas de los tejados de la Ciudad Vieja, a disfrutar de la panorámica de las islas que se encuentran frente a la ciudad, del mar.
Las murallas son del siglo X, tienen casi dos kilómetros de recorrido y, en algunos puntos, alcanzan los 25 metros de altura. Tienen un enorme grosor y se ve que la ciudad estuvo enormemente protegida de los enemigos que venían desde el mar.
En uno de los bastiones había un local que vendía zumos, a mitad de trayecto, y qué bien sentó un zumo de naranja natural a la sombra con el calor que hacía. Después de un nuevo recorrido bajo el sol y siempre hacia adelante, llegué al Museo de Dubrovnik, que se encuentra junto al Puerto Antiguo. Aún me quedaba llegar a la Torre de Minceta, me quedaban unos 500 metros cuesta arriba y decidí bajar las escaleras al Puerto, ya que me daba la sensación de que me iba a dar una insolación.
Desde allí llegué al monasterio dominico, donde busqué la antigua farmacia, pero no era ahí. Lo que sí que vi es una mujer croata con el traje típico.
Allí me senté a reposar bebiendo una cerveza de tercio, a la sombra, mientras veía los puestos de gente que ofrecía travesías en barco a varias islas. Teniendo el bikini y las chancletas en la mochila, poco me costó acercarme a preguntar.
Y llegué de nuevo a la bulliciosa Stradun, donde se veía la Torre del Reloj a la luz del día.
Al lado se encuentra el magnífico Palacio Sponza, que fue utilizado como casa de la moneda, arsenal y escuela. Hoy en día alberga los archivos estatales y está ocupado por una elegante logia renacentista en la planta baja.
Esa misma plaza se llama Plaza de la Logia y es el corazón de la vida política y económica de Dubrovnik. En el centro se encuentra la estatua de Orlando (estaba enrejada, creo que en restauración y no se veía bien). En esta plaza también se encuentran, además de la Torre del Reloj y del Palacio Sponza, la logia de la Campana, el Cuartel Principal y la bella iglesia de San Blas, todo ello rodeado de bulliciosos bares y restaurantes. Incluso puedo decir que en esta plaza se hacen conciertos, ya que la víspera de marcharme estaba cortado y habían puesto gradas para un espectáculo de teatro.
En la Ciudad Vieja estuve todos los días. Daba gusto pasear por sus calles. Antes de marchar y cerca de la Puerta de Pile llegué al monasterio franciscano. Tiene un magnífico claustro y es visitado por la antigua farmacia que se encuentra en uso desde 1317.
En realidad, la antigua farmacia, digna del mejor alquimista de la Edad Media, está expuesta y no se utiliza, pero sí hay otra farmacia más moderna junto a ella, con bastante afluencia de gente.
El último día decidí "perderme" por la Ciudad Vieja, y recorrí una calle paralela al Stradun, que se llamaba Ulica Od Puca y junto al nombre de la calle ponía que "esta calle es un pasillo peatonal, así que nosotros le pedimos amablemente que no se pare ni se siente en las escaleras".
Era una calle estrecha, llena de tiendas, de restaurantes en los callejones, y desde allí desemboqué en unas escaleras. Reconozco que quería visitar la catedral, pero llegué a la Iglesia de San Ignacio de Loyola. Creo que cualquier español se puede quedar asombrado de encontrarse esta iglesia en el corazón de la Ciudad Vieja de Dubrovnik. Pero así es.
En su interior y en una tabla informativa en italiano, se informa de que la iglesia fue fundada por la Compañía de Jesús por el arquitecto Andrea Pozzo a principios del siglo XVIII. Con ver la imponente fachada llena de robustas columnas y frisos, podríamos deducir que algo han tenido que ver los jesuitas aquí.
Pero lo que más me sorprendió en su interior fue que había una recreación de la Gruta de Notre-Dame de Lourdes, con la aparición de la Virgen.
De momento, aquí paro con la Ciudad Vieja, sé que me dejo algunas cosas, pero ya seguiré en otro rato. Lo que es cierto es que las ciudades, tanto en Dubrovnik como en Kotor, están llenas de gatos, que no se inmutan ante los turistas. Da gusto verlos.












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