Eran las once de la noche en el Stradun, Old Town de Dubrovnik, y allí había una librería abierta y llena de gente. Era la librería Álgebra, una librería pequeñita, que tenía varios estantes con libros de todo tipo, donde destacaban las guías turísticas y los libros de arte.
Y como no iba a comprar un libro en croata me traje una bolsa de tela que terminé regalándole a mi madre.


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