Stari Most, Puente Viejo de Mostar
No podía estar en Croacia sin pasar a algunos de los países cercanos. Bosnia me atraía especialmente porque yo "viví" la guerra de la ex Yugoslavia mientras estudiaba Periodismo, y tuvimos que hacer un dossier de prensa sobre una noticia de actualidad y escogí expresamente esta guerra. Así que no dudé mucho cuando decidí apuntarme a una excursión a Mostar.
Edificios sin reconstruir, Bosnia-Herzegovina
El contraste entre Croacia y Bosnia-Herzegovina es titánico. Y es que, mientras que Croacia cuenta con una costa turística que ha ayudado a reconstruir rápidamente el país, recibe una cantidad ingente de visitantes al año, Bosnia, aun siendo mucho más grande en extensión, sigue teniendo muchos lugares sin reconstruir, más de veinte años después: se pueden ver ciudades enteras con edificios agujereados por las balas, llenos de plantas, y allí vamos con el aviso de que no podemos internarnos en zonas boscosas sin marcar o por donde no vaya nadie: porque aún hay lugares donde podría haber minas antipersona.
Neum, Bosnia-Herzegovina
Nada más cruzar la frontera, nos pararon en un centro comercial en Neum donde se podía pagar en euros, kunas croatas y marcos bosnioherzegovinos. Como yo ahí sólo tenía kunas, tomé un café y un agua y me puse a dar vueltas por una tienda, donde descubrí, sin querer, los bordados de la artesanía local y, sobre todo, la ingente cantidad de lavanda. Porque en Bosnia la lavanda es un producto nacional, lo venden en todos los lados.
Calle llena de gente y tiendas junto al puente de Mostar
De allí pasamos por pueblos agujereados por la guerra, cementerios con lápidas de piedra. Bosnia es muy musulmana, no tiene esa mente tan liberal que tienen Croacia o Montenegro.
Y entonces llegamos a Mostar. Ahí estaba: la ciudad de los poemas.
Construida en el siglo XV, un puente de madera se levantaba sobre el río Neretva. A ambos lados del puente montaban guardia los soldados, llamados mostari, de donde se supone que viene el nombre de la ciudad.
Tras la conquista turca, la ciudad adquirió importancia regional, política, militar y religiosa. En el siglo XVI se convierte en sede de la muftija, la autoridad islámica más importante en una región. Un siglo después también se establecen en la ciudad ortodoxos y católicos.
Stari Most
El Puente Viejo de Mostar fue destruido el 9 de noviembre de 1993, durante la guerra de la ex Yugoslavia. Reconstruido una década después, hoy el Puente Nuevo es un símbolo de la paz, pero también un símbolo del país.
Río Neretva, Mostar
No sé cuántas veces crucé el Stari Most. En la parte más elevada del puente, jóvenes se dedican a tirarse al río Neretva. Mirara hacia donde mirara, aquella ciudad rebosaba vida, y al fondo se veían los minaretes de las mezquitas.
Las calles a los lados del puente estaban llenas de gente, de tiendas tradicionales, de artistas vendiendo cuadros del puente (de hecho, me traje conmigo un lienzo del puente), restaurantes y bares. Y entre tanto trasiego me senté en una terraza con unas vistas magníficas del puente sólo porque me apetecía tomar un café.
Bosnian Coffee, Mostar
Pero no me tomé el esperado capuchino. Allí me dijeron que sólo había café bosnio y me sacaron una bandeja, al modo árabe, pero como no sabía cómo se tomaba tuve que preguntar al camarero. En realidad es como tomar café turco: en la taza tienes una delicia dulce musulmana, después vas dando vueltas al café -muy negro- hasta que no quedan los posos debajo y echas poco a poco en la taza. Estaba divino, la verdad. Que me lo digan a mí, con lo que me gusta el café.
Marcos bosnioherzegovinos
En realidad, antes de sentarme, tuve que buscar un cajero automático para hacerme con dinero bosnio. Un euro equivale a 1,91 marcos bosnioherzegovinos. Así que decidí sacar 50€, que venían a ser casi el doble en la moneda bosnia. Y no tuve necesidad de sacar más dinero, aunque allí redondeaban a 2, por lo que siempre salían ganando. Aunque no importa, ya que todo era muy barato. Allí comí, compré, entré en museos. Me cundió mucho las horas que estuvimos en Mostar.
Recreación de la vida de una familia bosnia, Museo Etnográfico de Mostar
Entre todos los locales y la gente, entré por casualidad en lo que en un principio me pareció una especie de bazar y resultó ser un museo etnográfico, donde en una serie de escaparates se exponían maniquíes sobre la vida y tradiciones de Mostar. También hacía escaparates dedicados a la guerra de la ex Yugoslavia y a cuando con Tito era un país comunista. Fue muy ilustrativo.
Museo de la Guerra, Mostar
Entre las callejuelas, al modo árabe, de la ciudad y tras seguir los carteles, entré en el Museo de la Guerra y las Víctimas del Genocidio 1992-1995. Y ese museo sí que me impactó más, ya que allí se exponían objetos reales de la guerra, se explicaba cómo se había vivido la guerra en Mostar, cómo habían sufrido y en una televisión se reproducía sin parar la destrucción del puente de Mostar en un canal de noticias local.
Tienda de recuerdos en Mostar
De allí me fui a comer a las calles aledañas al puente y, por supuesto, comprar recuerdos de la ciudad. Hacía un calor terrorífico, pero no importaba. Visitar Mostar fue una experiencia maravillosa.
Mientras esperábamos en el punto de encuentro, junto a una iglesia que tenía la torre más alta de la ciudad, recuerdo estar sudando muchísimo e ir a una cafetería a por agua bien fría. Y tengo recuerdos de estar en el autobús echándome agua por la cabeza porque hasta que el aire acondicionado empezó a funcionar estábamos todos sudando muchísimo, tanto calor que hacía.
Santuario de Medugorje, Bosnia
De allí fuimos a Medugorje, o el Santuario de la Reina de la Paz. Es un famoso lugar de peregrinación. En un paraje cercano, el 24 de junio de 1981 la Virgen se apareció a un grupo de niños, y desde entonces las apariciones se fueron sucediendo como un fenómeno espiritual único.
Interior del santuario de Medugorje
El interior del santuario no dice mucho. Sólo se escucha el silencio y hay mucha gente rezando.
Como Fátima o Lourdes, este lugar de peregrinación recibe millones de visitantes al año. En los alrededores hay infinidad de tiendas con motivos religiosos.
Tienda en Medugorje
Cuando ya lo había visto todo (es que no tiene mucho más aparte del santuario y las tiendas con efigies de la Virgen María), decidí sentarme en una terraza a tomar un café helado que me supo a gloria.
Cataratas de Kravica, Herzegovina
Desde allí fuimos a las cataratas de Kravica, un oasis en piedra. Y un lugar magnífico. Entre 25 y 28 metros de altura, las cataratas de Kravica forman un anfiteatro, y la naturaleza le dota de un color magnífico. Había muchísima gente en el agua, pero bajar hasta allí en medio del calor terrorífico de las cuatro de la tarde fue... terrible, y eso que vas caminando entre la sombra de los árboles.
Me dio pena marchar de Bosnia-Herzegovina. El país me impactó: sus gentes, su comida, sus edificios, sus tradiciones...
Tienda de pinturas en Mostar
















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