Después de tres años sin salir al extranjero bien apetecía coger un avión y marchar a cualquier parte del mundo. Escogí Dubrovnik porque había visto reportajes sobre la ciudad y me atraía especialmente. No digamos ya de lo mucho que me gusta volar.
Llevaba muchas horas de viaje, ya que había viajado a Madrid de noche y el sol terrorífico de Croacia al mediodía me llevaba a pensar en una habitación con aire acondicionado y una pequeña siesta.
Lo primero que hice en el aeropuerto fue sacar dinero. La equivalencia es 1€= 7,5244 HRK (kunas croatas), así que era muy fácil no gastar mucho porque, acostumbrados a pensar en euros, cuando me sacaban las cuentas me llevaba pequeños sustos hasta que era consciente de que en euros era mucho menos.
Después cogí un taxi hasta el Hotel Petka. El hotel, lleno hasta los topes, era un hotel de tres estrellas que no estaba mal. Lo mejor de todo era la ubicación: frente al Puerto Nuevo, enfrente había una parada de autobuses donde paraban muchísimas líneas a la Ciudad Vieja (Old Town) y estaban muy bien señalizados. Además había una parada de taxis al lado.
Para que nos hagamos una idea, el taxi desde el Puerto Nuevo hasta la Old Town costaba 200 HRK (algo más de 25€), para el aeropuerto eran 400 HRK, pero un billete simple de autobús hasta la Old Town costaba 15 HRK (unos 2€). La gente se puede imaginar cómo iban los urbanos de gente. Además, todas las paradas pasaban por Pile, que es como el centro neurálgico, el punto de encuentro, justo donde se encuentra una de las puertas de la muralla, y estalla lleno siempre de gente y de bullicio.
La primera tarde, después de haberme asentado y dormido, cogí un taxi hasta el Cable Car, porque teniendo un teleférico en la ciudad y faltando una hora para el atardecer, merecía la pena esperar para ver la ciudad desde las alturas. En realidad sólo tuve que esperar una media hora, y mereció la pena ver cómo se metía el sol detrás de todas las islas que rodean la ciudad de Dubrovnik.
Cuando bajé del teleférico me metí de lleno en plena ciudad vieja, que bien merece una entrada aparte.






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