Éste es uno de los pocos libros de Virginia C. Andrews que no forma parte de una saga, que en sí mismo contiene toda la historia sin segundas partes ni medias tintas. Ahora bien, es un libro que mezcla la ternura y la aspereza de un descubrimiento inesperado. Audrina se convierte en un ser delicado y amado por el lector, que no espera el trauma por el que pasó la niña.
Audrina Adare cuenta la historia de su vida, desde que comprendió que su vida no era la vida de una niña normal, que había ciertas extrañezas en lo que le rodeaba. El decandente esplendor de la finca Whitefern guarda secretos, aunque Audrina tiene la sensación de conocerlos. Esos secretos le arrebatan la confianza en sí misma y le impiden sentirse una persona "normal". Para Audrina no existe un sentido del tiempo y no se acuerda de su pasado. Su presente se ve amenazado por una celosa prima y acosado por los recuerdos que su padre tiene de otra Audrina, una hermana mayor que murió en los bosques a la edad de nueve años: una hermana que ha sido tan amada, tan perfecta, tan especial que su padre llamó también a su otra hija, determinado a que la segunda Audrina "atrape" todas las virtudes de la primera y mejor Audrina.
Audrina se enamora y quiere comenzar una vida normal, pero sigue atormentada por su hermana muerta. Hasta que no sea una mujer adulta será incapaz de enfrentarse con su padre, para descubrir la intrincada tela de araña que, a base de mentiras, ha tejido en torno de la vida de su hija, queriendo protegerla a ella y a sí mismo de una verdad que amenaza su integridad mental.
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