De lunes.
Estamos de lunes y aún no ha terminado el día.
Ciertamente no esperaba llegar tan tarde a casa. He salido de una reunión y llovía sin parar, así que he llegado a casa calada, tiritando y con unos bocatas para mi hermano pequeño y para mí. Pero antes de la cena tenía que entrar en calor. Además se me ha mojado el pelo y se me ha quedado absolutamente rizado.
Cuando me mojo bajo la lluvia me recuerda a cuando éramos pequeños, nos íbamos a la ermita, que se encuentra a un kilómetro en una tarde soleada y volvíamos con una tormenta terrible. Mi madre se ponía negra cada vez.
Lo que es la infancia.

1 comentario:
¡Y pisar charcos, un placer de dioses!
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