Llega diciembre y, lentamente, vamos acabando el año. Me da la sensación de que cada vez se pasan los años más rápidamente. Quiero recordar que cuando sobrepasé el umbral de la veintena alguien me dijo algo parecido, que a partir de entonces los años pasarían volando.
Es que ya no queda nada para comenzar 2015... Tanto como que en un mes exacto a esta hora estaremos celebrando la Nochevieja. Como todos los años, sin prisa ni pausa... hasta que salga el sol. Ante esa perspectiva se me pone la piel de gallina. Porque sé al lado de quién comenzará el año y eso siempre trae energía positiva. Porque empezar el año con un ángel de mirada perfecta sólo puede ser presagio de que el año que comienza será bueno.
Claro, este año 2014 no lo comencé con él, me marché antes de tiempo, y no empezó con buen pie.
En enero falleció mi abuelo, por lo que cuando un año conlleva una pérdida no es un buen año, porque ya nos falta esa persona que antes estaba ahí. Pero con una pérdida siempre llega una esperanza, porque en febrero nació mi segunda sobrina, Andrea, que es una niña muy risueña y no llora siempre que está acompañada de gente y se le haga caso. Y en marzo hubo otra pérdida, nuestro perrito Yoguito desapareció y no volvió a casa. Todavía hoy me estremezco al pensar dónde estará... Abril fue un mes de muchas celebraciones, empezando por mi cumpleaños, pero además nos reunimos los amigos en varias ocasiones a cenar -como hacía años que no repetíamos-. Falleció Gabriel García Márquez. En mayo hicimos un curso de desfibriladores. En junio pereció Ana María Matute. Visité la Feria del Libro de Madrid y vine cargada de libros, entre ellos varios ejemplares para mis sobrinas, que aún no leen. En julio me caí por las escaleras de la casa de mi hermano, quedándome sentada en los dos últimos escalones con Andrea en brazos; el pie izquierdo hizo de freno y tuve que andar con muletas durante una semana. Agosto pasó cargado de reuniones -como siempre-, pero al ser los días más largos, siempre quedaba tiempo para hacer otras cosas, sobre todo para pasar tiempo con mi sobrina Paula, que requiere atenciones continuas, ahora que ya tiene una graciosa lengua de trapo. A finales de septiembre y principios de octubre visité la isla de Gran Canaria, pues necesitaba cambiar de aires. En noviembre he estado en contacto con ese ángel de mirada perfecta más de lo que debería... Y en diciembre... ya veremos.
Con todo, enero y septiembre fueron los peores meses. El año ha venido con pérdidas. Espero que 2015 sea mejor que el que se va...
Aunque también debo decir que mi piso también ha ido viento en popa y que en breves estaré viviendo allí. Que ya sólo me queda amueblar. Estoy mucho más pobre, pero he ganado en comodidad.
Diciembre viene con el puente el próximo fin de semana, después tengo siete días de asueto, apurando las últimas vacaciones, y luego llegará la Navidad, época que no me gusta nada, pero que veo con diferentes ojos desde que están mis sobrinas.
Enseguida pasa este mes...
Es que ya no queda nada para comenzar 2015... Tanto como que en un mes exacto a esta hora estaremos celebrando la Nochevieja. Como todos los años, sin prisa ni pausa... hasta que salga el sol. Ante esa perspectiva se me pone la piel de gallina. Porque sé al lado de quién comenzará el año y eso siempre trae energía positiva. Porque empezar el año con un ángel de mirada perfecta sólo puede ser presagio de que el año que comienza será bueno.
Claro, este año 2014 no lo comencé con él, me marché antes de tiempo, y no empezó con buen pie.
En enero falleció mi abuelo, por lo que cuando un año conlleva una pérdida no es un buen año, porque ya nos falta esa persona que antes estaba ahí. Pero con una pérdida siempre llega una esperanza, porque en febrero nació mi segunda sobrina, Andrea, que es una niña muy risueña y no llora siempre que está acompañada de gente y se le haga caso. Y en marzo hubo otra pérdida, nuestro perrito Yoguito desapareció y no volvió a casa. Todavía hoy me estremezco al pensar dónde estará... Abril fue un mes de muchas celebraciones, empezando por mi cumpleaños, pero además nos reunimos los amigos en varias ocasiones a cenar -como hacía años que no repetíamos-. Falleció Gabriel García Márquez. En mayo hicimos un curso de desfibriladores. En junio pereció Ana María Matute. Visité la Feria del Libro de Madrid y vine cargada de libros, entre ellos varios ejemplares para mis sobrinas, que aún no leen. En julio me caí por las escaleras de la casa de mi hermano, quedándome sentada en los dos últimos escalones con Andrea en brazos; el pie izquierdo hizo de freno y tuve que andar con muletas durante una semana. Agosto pasó cargado de reuniones -como siempre-, pero al ser los días más largos, siempre quedaba tiempo para hacer otras cosas, sobre todo para pasar tiempo con mi sobrina Paula, que requiere atenciones continuas, ahora que ya tiene una graciosa lengua de trapo. A finales de septiembre y principios de octubre visité la isla de Gran Canaria, pues necesitaba cambiar de aires. En noviembre he estado en contacto con ese ángel de mirada perfecta más de lo que debería... Y en diciembre... ya veremos.
Con todo, enero y septiembre fueron los peores meses. El año ha venido con pérdidas. Espero que 2015 sea mejor que el que se va...
Aunque también debo decir que mi piso también ha ido viento en popa y que en breves estaré viviendo allí. Que ya sólo me queda amueblar. Estoy mucho más pobre, pero he ganado en comodidad.
Diciembre viene con el puente el próximo fin de semana, después tengo siete días de asueto, apurando las últimas vacaciones, y luego llegará la Navidad, época que no me gusta nada, pero que veo con diferentes ojos desde que están mis sobrinas.
Enseguida pasa este mes...

1 comentario:
Hora de hace los consabi2 balances.
Salu2, K.
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