jueves, mayo 29, 2014

De dibujos

Unos meses antes de que España y Portugal entraran en la Comunidad Económica Europea (CEE) gané un premio de dibujo. En el año 1986, las escuelas rurales tenían mezclados en sus aulas a niños de varias edades, así que cuando la profesora nos propuso hacer un dibujo para que entrara en concurso y nos dio algunas ideas, nadie esperaba que en nuestro pueblo cayera el primer premio.
Claro que ya de niña dibujaba mejor que escribía. Luego dejé el dibujo por las letras, y más tarde he ganado certámenes literarios. Pero entonces dibujar era para mí un enorme placer. Claro que era fácil hacer un dibujo cuando las ideas te las daba un adulto.
Mi dibujo era un saco donde estaban las banderas de los diez países que ya estaban dentro de la Comunidad Económica, mientras que el saco se encontraba abierto y había dos banderas (España y Portugal) en la abertura del saco -entrando-. Gané el concurso. El mérito estaba en que tuve que buscar todas las banderas de los países, la mayor parte de las cuales desconocía.

Ese año también dibujamos sobre el accidente de Chernobyl (ocurrido el 26 de abril de 1986). Después, fuimos dejando de lado los concursos de dibujo, aunque en alguna ocasión sí que me presenté, ya de motu proprio, a algún concurso de carteles de fiestas y cosas del estilo, a la vez que mi bloc de dibujo era expuesto por las monjas del colegio en todas las exposiciones. 

De repente, un día dejé de dibujar. Cuando ya me encontraba en el internado y comenzamos a estudiar literatura, comprendí que me gustaba mucho más el mundo literario, y no sólo creaba mis propias poesías, sino que se las escribía a buena parte de los internos. 
Recuerdo el internado con un cariño especial. No hubiera sido lo mismo si el colegio hubiera sido femenino. Mi colegio era mixto y los internos éramos una gran familia. En 1º de BUP tuve que pasar horas con mis compañeras internas e incluso con alguna de cursos superiores explicándoles las bases de aquel dibujo técnico que a mucha gente se le hacía cuesta arriba. Con el paso de los años, comprendí que era una falta de perspectiva, y que yo tampoco había puesto tanta atención a las clases de "la Pito" para que se me diera tan bien. Me pasaba horas eternas dibujando alzados, perfiles y plantas de figuras que me resultaban sencillísimas. No tenía que esforzarme. Después, intercambié el dibujo por la poesía y es entonces cuando empecé a escribir. Aún tengo todas aquellas hojas donde exaltaba los primeros amores, donde hablaba del sonoro pitido de las ocho de la única fábrica que había entonces junto al colegio -era una fábrica de madera que ahora se encuentra rodeada de muchas más naves industriales. 

Ahora no he vuelto a dibujar, pero le enseño a mi sobrina a hacer dibujos. Ella me mira y se ríe. 

Si tengo que elegir, me quedo con la escritura. Con el dibujo no termino de expresar todo aquello que quiero decir, y no me ocurre tal con las palabras. 

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