lunes, abril 21, 2014

Encuentra al personaje (6)

Actualizo el Desafío "Encuentra al personaje 2014" porque tengo tres personajes más para eliminar de las listas:

#18.-Un personaje que hable otro idioma, además de su lengua materna (Lista 1)
Patricia Gish, personaje secundario de la novela Seis días de diciembre, de Jordi Sierra i Fabra. Es una inglesa que habla varios idiomas, entre ellos el español, que lo habla con corrección, aunque dejando entrever un claro acento inglés.

-Habla usted muy bien español.-Quiso romper aquel inesperado silencio.-Y alemán, francés, italiano, un poco de polaco, algo de húngaro, checoslovaco… -La pelirroja no pareció darle importancia. Su obsesión era evidente-. ¿Qué podemos hacer ahora, señor Mascarell? (Página 243)”.

#19.-Un personaje que participe en una pelea (física) (Lista 2)
Uhtred, el protagonista y narrador de la novela Northumbria, el último reino, de Bernard Cornwell, cuando conoce a los hijos de Ragnar.

“(…) Rorik, su segundo hijo, era un año menor que yo y el primer día que nos conocimos empezó una pelea, se me tiró encima y la emprendió a puñetazos y puntapiés, pero yo lo tumbé sobre su espalda y lo estaba dejando sin aliento cuando Ragnar nos cogió a los dos, nos estrelló una cabeza contra otra y nos dijo que fuésemos amigos (Página 54)”.

#20. Un personaje que vea una película/programa de televisión que no le guste (por cualquier motivo) (Lista 2)
En la novela Bloody Miami de Tom Wolfe, Magdalena Otero llega a la vivienda que comparte con Amelia y ésta está viendo la televisión. Magdalena comienza a hablar con ella mientras en la tele sigue el programa que estaba viendo Amelia. De reojo, Magdalena mira la televisión sin interés y con tedio y aburrimiento.

Efectivamente, en la pantalla de la tele había tres tipos de la clase de sabelotodos muy serios que correspondían exactamente a lo que se había imaginado al oírlos desde el vestíbulo… los inevitables trajes oscuros y diversas amplitudes de escasez capilar en el cráneo, calvas relucientes decididas a paralizarte con solemnes opiniones sobre política y temas de gobierno. La pantalla de la tele era tan enorme, que sus brazos, piernas y labios, que nunca dejaban de moverse, parecían lo bastante grandes para estar contigo allí mismo, en la habitación, irradiando un tedio del que, gracias a Dios, a Magdalena sólo le llegaba un leve zumbido, mientras explicaba que “el amor que Norman siente por Norman sería bochornoso aunque lo llevara con discreción, y la Discreción, para empezar, no va con Norman para nada. A veces me dan ganas de vomitar”.
Sólo de forma tangencial era consciente de que los tíos trajeados habían desaparecido y ahora emitían un anuncio. Un hombre de cuarenta y tantos años con atuendo de golf estaba dando saltos en el suelo de un cuarto de estar como si fuera un balón pofpof pofpof pofpof pofpof de baloncesto, mientras una mujer, algo más joven, y dos niños le señalaban con el dedo partiéndose de risa pofpof pofpof pofpof pofpof. El hombre saltarín desapareció, hecho que Magdalena captó únicamente porque la pantalla se hizo aún más brillante” (Páginas 356-357).

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