sábado, abril 26, 2014

Dos literigatos más


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# Gato 5, encontrado en Si el amor es una isla, de Esther Sanz. Se llama ‘Balthazar’ y vive en un hotel, su dueño se llama Patrick Groen. En la página 56 describe al gato de esta manera:

Iba maldiciendo por el pasillo cuando, de repente, vi una bola de pelo blanco deslizarse al interior de mi cuarto. Un suave maullido delató al invasor antes de que yo llegara. Había dejado una rendija abierta para airear la habitación y evitar que el viento gélido de la isla se colara por la ventana. Lo último que había imaginado era que lo hiciera un gato.
(…)
Era un animal grande, blanco y estremadamente peludo. Tenía el hocico chato, como si hubiera chocado contra una pared, y unos enormes ojos del mismo azul que el mar de Sark.
(…)
Me sorprendió que un gato pudiera ser tan manso y cariñoso. No opuso resistencia cuando lo tomé entre mis brazos y acaricié su pelaje. Era tan suave y sedoso que me dieron ganas de achucharlo como a un peluche.
-‘Balthazar’. –Leí la placa que llevaba en el cuello. –Así que ése es tu nombre, gatito clandestino”.

# Gato 6, encontrado en Elvalle del asombro, de Amy Tan. Es una gata que se llama Carlota y únicamente es una dulce gatita con su dueña, Violeta; con el resto de las personas es un animal muy agresivo. En la página 15 describe a la gata de esta forma:

A mi gata, dorada como un zorrito, la quería con locura. Ella era mía y yo era suya, de una manera que no sentía con nadie más, ni siquiera con mi madre. Cuando la estrechaba contra mi pecho, ella me amasaba con las patitas el canesú del vestido y me destrozaba el delicado encaje convirtiéndolo en una red de pesca. Tenía los ojos verdes como yo y un brillo dorado en todo el pelaje a manchas negras y castañas que resplandecía a la luz de la luna. Mi madre me la había regalado cuando le dije que quería tener un amigo. Había pertenecido a un pirata –me confió- que la había llamado Carlota por el nombre de la hija del rey portugués que él mismo había raptado. Cualquiera podía tener un amigo, pero nadie más tenía una gata que hubiese pertenecido a un pirata. Los gatos eran fieles, a diferencia de los amigos. Mi madre me dijo que lo sabía por experiencia”.

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