miércoles, junio 21, 2023
El triángulo de la vida
Sería un placer
martes, junio 20, 2023
Novelas del pasado: Las hermanas hechizadas
lunes, junio 19, 2023
La luz perdida
domingo, junio 18, 2023
Viaje a México: Isla Mujeres
A menos de 500 metros del hotel teníamos uno de los embarcaderos para coger un ferry para Isla Mujeres, considerada una de las islas con mejores playas.
La isla tiene unas dimensiones de un kilómetro de ancho por ocho kilómetros de largo. El nombre de la isla proviene seguramente de las estatuillas femeninas mayas que aquí encontraron -y destruyeron- los españoles.
Desde que cobró popularidad en la década de 1960, la isla se ha urbanizado muchísimo, pero hay muy pocos edificios altos, y el pueblo es muy tranquilo.
La mejor forma de explorar la isla es con carritos de golf, por lo que hay muchos lugares de alquiler de estos carros y todos los visitantes los conducen, a veces temerariamente.
La parte central la ocupan una laguna salina, un aeródromo y la hacienda Mundaca, construida según la leyenda por el pirata Fermín Mundaca para ganarse el amor de una beldad isleña.
La playa más famosa es la playa de los Cocos, situada al norte del único pueblo de la isla, tiene arenas blancas y limpias y aguas templadas. En el extremo sur, más accidentado, se encuentran el Parque Nacional Garrafón y la playa de Garrafón, con numerosos arrecifes de coral. Cerca quedan las ruinas de un supuesto faro maya.
Nada más llegar a Isla Mujeres, desechamos alquilar un carrito de golf, sobre todo porque los turistas y visitantes conducen como locos en un lugar, además, desconocido. Así que comenzamos a caminar en dirección sur, buscando en realidad una playa donde bañarnos. A nuestros lados había cuarteles de la Marina Mexicana y playas donde no se podía entrar.
En cierto momento yo me senté en un muro junto al paseo y me encontré con una iguana. Un señor que pasaba por allí nos dijo que se podían tocar, pero cómo corría. La isla está llena de iguanas.
Caminábamos bajo un sol abrasador cuando decidimos hacer una señal a un autobús urbano, igual que el trabajador de un hotel hizo el primer día, y el autobús paró junto a nosotros, pese a que no había marquesina ni parada. Decidimos ir al Delfinario, pero primero nos bajamos en Playa Tiburón.
Hacía un sol abrasador, pero había muchos chiringuitos de playa, y finalmente atravesamos una especie de restaurante y llegamos a una playa pequeña con mucha gente. Allí había una zona con tiburones donde te puedes bañar y los puedes tocar, una especie de tiburones ballena que a mí me parecían manta rayas.
Hacía tanto calor que buscamos un chiringuito con sombra donde tomarnos unas cervezas y, de vez en cuando, bañarnos en la playa. Íbamos con toda la tranquilidad del mundo, sin prisas, y allí decidimos comer en un self-service donde veíamos a las iguanas corretear en los muros de la terraza donde estábamos, y los pájaros típicos acechaban las bandejas de comida a ver lo que podían rapiñear. Esos pájaros, muy parecidos a los cuervos, pero con una cola más alargada, se llaman zanates y son endémicos de la península de Yucatán.
Cuando terminamos de comer decidimos ir al Delfinario, donde estuvimos un rato pensando qué hacer antes de entrar. Íbamos a ver delfines, pero no nos conformábamos con eso, porque en el Delfinario teníamos la oportunidad de bañarnos con delfines, cosa que ninguno de los dos habíamos hecho con anterioridad.
Nuestra delfina se llamaba Azteca y hacía poco que había sido mamá, por lo que en la misma piscina donde estaba a veces se veía nadar a la cría, a la que habían puesto el nombre de Moctezuma. Los delfines cambian la piel cada dos horas, se cae en el agua, pero cuando la tocas y sientes la suavidad de su piel... A veces me cuesta encontrar las palabras para describir lo que es bañarse con un delfín, que te empuje las plantas de los pies y surques las aguas del mar como un torpedo, o que te dé un beso... Bañarse con una delfina es una de las experiencias más bonitas que he vivido nunca.
Hubo un momento en que Azteca desapareció y por mucho que el entrenador la llamada ella no venía. Entonces nos explicó que tenía que dar de mamar a su cría, y que al final ella tenía que atender primero a su bebé. Aunque no tardó en aparecer.
Después de salir tan fascinados del Delfinario tomamos un autobús que nos llevaría de nuevo al embarcadero de ferrys. Pensábamos que teníamos que volver otra vez, visitar el pueblo y, por supuesto, regresar al Delfinario a bailar de nuevo con delfines.
sábado, junio 17, 2023
Viaje a México: Valladolid
Valladolid es la tercera ciudad más importante de la península de Yucatán. La fundaron los españoles sobre el asentamiento maya conocido como Zaci y pronto se convirtió en un importante centro religioso. En 1552 los franciscanos construyeron aquí los primeros edificios religiosos de Yucatán: la iglesia de San Bernardino de Siena y el exconvento de Sisal, ambos sometidos a una restauración que ha sacado a la luz unos antiguos frescos entre dos altares de la iglesia.
El Zócalo (Plaza Mayor) es el lugar más animado de esta ciudad. Las mujeres mayas venden huipiles (vestidos bordados) en todo su perímetro, y tiene varios restaurantes. Dominan la plaza la catedral y el hotel colonial El Mesón del Marqués.
También se encuentra aquí el Palacio Municipal que, entre otras cosas, alberga una biblioteca.
No pasamos mucho tiempo en Valladolid, pero pasear por el parque central fue algo único, porque nos mezclamos con sus gentes, sus ruidos, sus olores. Valladolid es una típica ciudad mexicana.
Nos tomamos un café en un hotel colonial que se encontraba en el centro. Pero hay que dejar claro que tardaron un rato en ponerlo. Y luego paseamos por el parque, lleno de puestos típicos, lleno de gente que paseaba tranquila al atardecer. Valladolid es una ciudad con mucho encanto, lástima que no hubiéramos tenido más tiempo...
Viaje a México: el cenote
Quizás podríamos decir que nuestro amor surgió alrededor de un cenote, ya que cuando empezábamos a salir fue cuando surgió la idea de ir a México a ver un cenote. Y el sueño se hizo realidad, porque cuando llegamos a México ya llevábamos un tiempo juntos. Así conocimos nuestro cenote, Chichikán, junto a la ciudad de Valladolid.
Visitamos Chichikán justo después de la visita a Chichén Itzá, y sólo queríamos sombra. Pero también allí íbamos a comer, y probamos algunas comidas tradicionales mexicanas.
Como bien comenté hace unos días, el cenote es un pozo a cielo abierto, que se forma por las erosiones de la tierra y que se abastece de aguas subterráneas. Bajamos las escaleras y nos encontramos en las cálidas aguas del cenote. También son oscuras, así que no se ve qué profundidad tiene, y yo sí que me subí a la plataforma a tirarme donde más cubría, al fin y al cabo nadie entra en el cenote sin chaleco salvavidas.
viernes, junio 16, 2023
Viaje a México: Chichén Itzá
Casi en el centro de la península de Yucatán se encuentra Chichén Itzá, una de las maravillas del mundo moderno desde 2007.
Escapar de Cancún a Chichén Itzá supuso que viéramos un nivel de pobreza bastante relevante. El autobús pasaba por pueblos recónditos, semi abandonados, veíamos casas sin techumbre y la gente a lo largo de la carretera con sus puestos de recuerdos mexicanos, bajo el calor abrasador de un sol radiante; pasamos junto a vehículos que se caían a pedazos y los rótulos de las tiendas estaban pintados en la pared, como si fueran pinturas murales.
Ya nos avisaron que además estos vendedores que se asentaban junto a las ruinas, que en la explanada de Chichén Itzá se multiplicaban, se echaban encima de los turistas y que podían dejarte algo y luego pedirte dinero porque se había roto.
Pero para entrar en Chichén Itzá, antes debíamos hacer una parada. Al ser un lugar sagrado, el visitante debe purificarse, así que entramos en un lugar donde un chamán nos bendecía, donde nos explicaban las características milagrosas de las piedras de obsidiana y donde nos invitaron a un café bastante bueno.
En Pisté de Chichén Itzá no sólo nos purificaron, sino que además mi novio compró una piedra de obsidiana, de esas piedras negras que al sol verdean y que frotas y se calientan al instante. Dicen que si pasas la piedra caliente sobre una parte que te duela a modo de masaje te alivia, sólo que la piedra sólo la puede utilizar él porque si la usara yo el dolor (en este caso muscular) pasaría a mí.
Después de purificarnos ya podíamos entrar en Chichén Itzá. Varios kilómetros más allá, los puestos con calaveras, calendarios mayas y figuras de la pirámide principal se iban multiplicando.
Chichén Itzá fue un importante enclave de la avanzada civilización maya. Sus edificios, pese a estar en ruinas, siguen siendo hoy impresionantes y es uno de los reclamos turísticos más importantes de México.
El Castillo o pirámide sagrada es un edificio construido encima de una estructura anterior. Tiene 24 metros de altura y estaba dedicada al dios Kukulcán, representación maya del dios Quetzalcóatl. El diseño de esta pirámide responde a un orden astronómico: las cuatro escalinatas se orientan a los puntos cardinales; algunos elementos se corresponden con aspectos del calendario maya y dos veces al año, al ponerse el sol, se produce la fascinante ilusión óptica de la escalinata norte.
Los 52 tableros de cada cara de la pirámide representan los años del ciclo sagrado maya. Los nueve cuerpos escalonados a cada lado de la pirámide quedan divididos por la escalinata en 18 terrazas que simbolizan los 18 meses del calendario azteca.
Las cuatro escalinatas de la pirámide tienen 91 peldaños. Así, las cuatro, junto con la base del adoratorio, suman un total de 365 peldaños, tantos como días tiene el año.
En la escalera norte, las dos cabezas de serpiente a los pies de la pirámide representan al dios Kukulcán. En los equinoccios, las luces y sombras hacen que parezca que suben por la pirámide.
Cuando te acercas a las serpientes de la escalinata norte, también puedes llamar al quetzal, porque si aplaudes justo ahí se replica el sonido que hace el quetzal, ave nacional de algunos países de Centroamérica. Si un grupo numeroso como el nuestro aplaude a la vez, el sonido es abrumador, porque parece que un gran número de quetzales van a salir volando de la pirámide.
Las excavaciones del lado este permiten a los visitantes ser testigos del proceso arqueológico que revela que la pirámide se construyó sobre los restos de otro asentamiento. Desde que fue declarada una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno no se permite subir por sus escaleras.
Justo detrás se encuentra el Grupo de las Mil Columnas, formado por columnatas de piedra tallada a ambos lados de una vasta plaza. Se cree que sirvió como mercado.
Al lado se encuentra el Templo de los Guerreros, un elevado templo que destaca junto al grupo de las Mil Columnas. Es lo suficientemente grande como para pensar que aquí se celebraban reuniones multitudinarias.
Ante la entrada principal hay una estatua de Chaac Mool recostado, que significa "gran jaguar rojo" en maya yucalteco.
Finalmente está el Juego de la Pelota. Todos los pueblos prehispánicos tienen un juego de la pelota, pero de todos ellos éste es el mayor. Más que un deporte, el juego de pelota que se practicaba en toda Mesoamérica tenía un carácter ritual. Dos equipos competían para introducir una pelota a través de un anillo de piedra empotrado en la pared, a un lado de la cancha. Se cree que quienes perdían el partido encontraban después la muerte. Hoy en día aún se practica una variante del juego llamada hulama.
LOS MAYAS
A diferencia de otros pueblos mesoamericanos, los mayas no constituyeron un gran imperio centralizado, sino que vivían en ciudades-estado independientes en la península de Yucatán y partes de Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador. Esto no les impidió adquirir avanzados conocimientos de astronomía y desarrollar complejos sistemas de escritura, cálculo y medición del tiempo.
Hubo otras civilizaciones mesoamericanas que desarrollaron sistemas de escritura, pero ninguno tan completo y elaborado como los mayas, que usaban 800 jeroglíficos distintos (o glifos), unos para representar palabras y otros para sonidos fonéticos. Los códices mayas se formaban escribiendo por ambas caras de una fina hoja de corteza, que luego se plegaba como un acordeón. Sólo han sobrevivido cuatro códices y su estudio llevó a importantes avances en el desciframiento de la escritura a mediados del siglo XX.
Los mayas poseían conocimientos de astronomía muy avanzados para su época; observaban y predecían las fases de la luna, los equinoccios y solsticios, y los eclipses de sol y luna; sabían que el lucero del alba y el de la tarde eran el mismo planeta, Venus, y calcularon su "año" en 584 días, a sólo una fracción de la cifra exacta (584,92 días). Y lo curioso es que realizaron todo esto sin ayuda de lentes para observar objetos lejanos, instrumentos para calcular ángulos ni relojes para medir los segundos, minutos y horas.
De todas las civilizaciones mesoamericanas, es a los mayas a quienes se les deben las obras de arte más perdurables y numerosas. El arte maya se distingue por su naturalismo, que lo acerca más a los ojos modernos. De esta producción destacan los autorretratos, que aproximan al visitante al modo de vida, hábitos guerreros, costumbres y creencias de los mayas.
Los mayas se regían por el Calendario Circular de 52 años, resultado de la combinación de dos ciclos, el Haab y el Tzolkin, que actuaban simultánea pero independientemente. Para períodos superiores a 52 años, los mayas empleaban un sistema distinto: la llamada Cuenta Larga. Allí nos hicieron nuestro propio certificado del calendario maya, aunque hemos de reconocer que no entendemos nada. Lo que sí es cierto es que mi novio y yo nos trajimos cada uno un calendario maya decorativo. Sigo sin saber cómo van los días, meses y años pero lo miro en el salón y me parece fascinante.
Finalmente voy a hablar de algo que me pareció horroroso. Y es que el guía nos contó que los mayas, por cuestión de estética, se apretaban la cabeza desde bebés, con el fin de moldearla y estrecharla dejándola con forma de pepino. Es una antigua práctica que me pareció terrible. Pero para los mayas el aplanamiento de la cabeza no era sólo con motivo de belleza, sino que tenía otros significados. Según los pueblos mesoamericanos, la razón y la conciencia se encontraban en la parte superior de la cabeza, por lo cual, para armonizarla con algunos órganos vitales como el corazón, había que deformar el cráneo de la persona. Para ello, al nacer un bebé, la madre lo recostaba en una cuna compresora atando muy firme su cabeza, el abdomen y las piernas, aprovechando la plasticidad del recién nacido. Cuando el niño comenzaba a crecer y a caminar, la compresora se sustituía por una prensa de tablas libres que se sujetaban a la cabeza y le permitían el libre movimiento. Según la cultura maya, la deformación de la cabeza estaría relacionada con Yum Kax, el dios del maíz.



















