viernes, agosto 19, 2022
De fiestas
jueves, agosto 18, 2022
En fiestas
miércoles, agosto 17, 2022
Atardeceres
lunes, agosto 15, 2022
El caso Alaska Sanders
Un día en Montenegro
En 1991 un pequeño país en el Mediterráneo fue proclamado como país ecológico. Ese país es Montenegro. Montañoso y con grandes bahías navegables, con unos cielos azules y soleados, Montenegro tiene frontera con Bosnia-Herzegovina, Croacia, Albania y Serbia, y en el sureste tiene salida al mar Adriático.
Montenegro es un país rico, mucho más rico que Croacia y Bosnia. Sus bahías se encuentran llenas de costosos yates y playas magníficas. Me recordó un poco a la Niza de los famosos y del glamour. La capital es Podgorica, que no tiene acceso al mar.
Pese a no formar parte de la Unión Europea, en Montenegro no tuve que cambiar moneda, ya que allí la moneda oficial es el euro.
Se considera que los primeros habitantes de Montenegro fueron los ilirios, que dejaron importantes restos arqueológicos que atraen a gente de todo el mundo. En el siglo II a. C. los romanos conquistaron la tierra ocupada por los ilirios. Los romanos dejaron importantes infraestructuras, como la carretera que va desde Cavtat a través de Budva hasta Skadar y Drac. El monumento romano más importante en Montenegro son las ruinas de la ciudad Duklja (Doclea), fundada por el emperador Flavius.
También se conservan huellas del más primitivo arte cristiano, que se supone que se desarrolló aquí entre los siglos III y IV. Uno de los restos cristianos más famosos es el mosaico como motivos de hojas de vid y pan, encontrado en una villa de Miriste.
En el siglo VII llegaron los eslavos, que se establecieron originalmente en Duklja, que empezaron a llamar como Zeta. Estuvieron hasta el siglo X. En el siglo XI se establecieron las bases del estado de Zeta. Durante el reinado del Papa Grgur VII, Rex Sclavorum, se admite a Zeta como un país con autonomía propia y se establece la diócesis en la ciudad de Bar.
Tras la muerte del emperador Dusan, el territorio cae en poder de los turcos, y en el siglo XV empieza a ganar influencias venecianas. Tres ciudades montenegrinas fueron venecianas en el pasado, y los venecianos dejaron su impronta, sobre todo, en las grandes mansiones, que se pueden disfrutar paseando por Kotor.
El territorio estuvo bajo el imperio otomano más de 400 años.
La primera vez que se llama al territorio Montenegro es en el siglo XIX. Parece ser que proviene de los negros montes que hay en el país. Es curioso escuchar a la guía explicar en inglés qué significan las palabras que componen el nombre del país, que obviamente son dos vocablos españoles. Fue en el Congreso de Berlín de 1878 cuando se admitió la independencia de Montenegro.
Montenegro cuenta con una población de aproximadamente 700.000 habitantes distribuidos en 1256 poblaciones.
Siguiendo la línea de la costa adriática desde Dubrovnik, las imágenes eran espectaculares. Porque no había puentes que cruzaran de un lado a otro, y las bahías se alargaban como deltas o ríos hacia el interior, navegables en su mayor parte, así que tuvimos que rodear la costa. Y era de una belleza espectacular.
La primera parada fue Perast, un pequeño pueblo turístico, donde podías coger un barco-taxi para que te llevara hasta la iglesia de Our Lady on The Rocks (Nuestra Señora de las Rocas).
Allí era libre coger un barco para la iglesia. En medio de la bahía hay dos iglesias, una ortodoxa y otra cristiana. Dice la leyenda que el islote fue construido por unos marineros locales cuando encontraron un icono de la Virgen y el Niño Jesús.
Merece la pena coger un barco y visitar la iglesia en medio de la bahía. En el interior, muy pequeño, hay paneles votivos de plata y ofrendas de flores. La gente que cruza la bahía tira piedras al agua en honor de esta iglesia.
La siguiente parada fue Kotor, la joya de la corona. Al final de la bahía, en un recodo protegido, se encuentra esta ciudad amurallada que también fue veneciana. La fortaleza de Kotor es impresionante. Sobre la ciudad, en plena montaña, tiene otra fortaleza, la de Sv. Ivan., que cuenta con casi 1500 escaleras.
Dentro de la ciudad amurallada hay un entramado de callejuelas, algunas muy estrechas. Hay una calle tan estrecha que se llama "Déjame pasar" (Pusti me da prodem) porque no caben dos personas a la vez.
Kotor se levantó en los siglos IV y V por los bizantinos, que la llamaron Catarum, aunque el nombre actual se adquiere en el siglo XI y es de origen eslavo. En Kotor se luchaba contra los turcos, de ahí que esté tan protegida.
Recorrer las sinuosas calles y plazas de Kotor es una delicia. Allí llegué a la catedral de San Trifón, de estilo románico, y allí me senté en una terraza a comer y a beber cerveza. Seguía haciendo mucho calor.
Kotor también es la ciudad de los gatos (en Dubrovnik también había muchos), pero aquí es que incluso les ponen pañuelos amarillos. Están protegidos y es habitual encontrárselos a la sombra.
Y sobre todo, tengo que recordar que toda la ciudad de Kotor tiene tiendas dedicadas a la Navidad porque el patrón de la ciudad es San Nicolás.
Tengo muy buen recuerdo de Kotor, y es que es una ciudad para perderse. Luego salí de la ciudad amurallada y me encontré con el puerto, con la ciudad moderna, con cientos de yates de lujo...
La siguiente parada era Budva, que es una ciudad de playa dedicada totalmente al turismo. Es como Benidorm, con cantidad de edificios que se están construyendo y que serán hoteles en un futuro cercano. La guía nos llevaba al paseo marítimo, donde estaban los restaurantes, y como yo ya había comido y me encontraba sudando, nada como llevar chancletas y bikini en la mochila para ir directa al mar. Ni siquiera llevaba toalla, pero no me importó.
Después de refrescarme me tomé un café helado en un chiringuito junto a la playa y allí me relajé, hasta que tocó regresar a Dubrovnik. Pero esta vez, en lugar de rodear la costa, el autobús subió a un transbordador que nos llevó a la otra orilla de la bahía, con lo que ahorramos tiempo de regreso.
domingo, agosto 14, 2022
Un día en Bosnia-Herzegovina
sábado, agosto 13, 2022
Día a día
viernes, agosto 12, 2022
Noches de luna llena
jueves, agosto 11, 2022
El delta del Ebro
miércoles, agosto 10, 2022
Dubrovnik: paseo en barco
Dubrovnik está rodeado de islas, así que la travesía en barco es casi obligada. Decidí hacer la ruta de las cuevas, donde se podía ir nadando desde el barco hasta las cuevas.
Y finalmente terminamos en Kolocep Village, un lugar con mucho encanto donde había una cafetería y donde me bañé en una playa de arena. Hacía tanto calor que bien se agradecía bañarse en el Adriático.
Debo comentar que la travesía en el barco estaba amenizada con bebidas y música a tope, es decir, que había una verdadera fiesta.
martes, agosto 09, 2022
Poco a poco
lunes, agosto 08, 2022
Vamos con ello
domingo, agosto 07, 2022
Librería Álgebra de Dubrovnik
Eran las once de la noche en el Stradun, Old Town de Dubrovnik, y allí había una librería abierta y llena de gente. Era la librería Álgebra, una librería pequeñita, que tenía varios estantes con libros de todo tipo, donde destacaban las guías turísticas y los libros de arte.
Y como no iba a comprar un libro en croata me traje una bolsa de tela que terminé regalándole a mi madre.
Dubrovnik: The Old Town
La Ciudad Vieja (Old Town) está totalmente rodeada de murallas que están muy cuidadas y dentro de este recinto amurallado es donde acontecen las escenas de Desembarco del Rey en la serie Juego de Tronos.
La primera vez que llegué a la Ciudad Vieja descendía desde el teleférico, de ahí que viera el grueso de las murallas en todo su esplendor. desde la puerta de Buza o la puerta norte de las murallas. Desde ahí era bajar por empinadas calles con cientos de escalones, disfrutar de las callejuelas y los bares a la luz de las farolas, y de repente me encontré con una estatua a tamaño real de Tyrion Lannister.
Y después de bajar las escaleras, me encontré en la calle principal de la Ciudad Vieja, el Stradun, una calle adoquinada llena de bares y restaurantes, tiendas abiertas por la noche, conciertos y música callejera, gente por todos los lados y algunos edificios religiosos.
Pasear por el Stradun es magnífico, empaparse del bullicio, de la gente. Hay infinidad de heladerías y se reconocen por las largas filas en sus puertas. Ni que decir tiene que esa noche cené allí mismo, no podía ser de otra manera.
La ciudad más famosa de Croacia fue fundada por fugitivos de la ciudad romana de Epidarum (actualmente Cavtat) en el siglo VII y fue gobernada por venecianos y bizantinos. Consiguió la independencia en el siglo XIV convirtiéndose en la República de Ragusa.
La Ciudad Vieja fue reconstruida en el siglo XVII después de un terremoto y en el siglo XX, tras la guerra de la ex Yugoslavia. Hoy conserva todo su esplendor y atrae a turistas y cineastas de todo el mundo.
La Puerta de Pile es la puerta principal al casco antiguo fortificado. El puente de piedra es del siglo XVI y vadea un foso que ahora está ocupado por un jardín visitable en ciertas horas. La puerta es una imponente edificación defensiva y en una hornacina hay una pequeña estatua de San Blas, patrón de Dubrovnik.
Nada más traspasar la Puerta de Pile y en una pequeña plazoleta en el inicio del Stradun, se encuentra la Fuente Grande de Onofrio, construida en el siglo XV por el arquitecto napolitano Onofrio de la Cava, que diseñó también el sistema de suministro de agua de la ciudad. La fuente tenía dos alturas, pero el nivel superior quedó destruido por el terremoto.
Las murallas son el símbolo de la Ciudad Vieja de Dubrovnik. Es recomendable madrugar para pasear por ellas y rodearlas bajo el sol infinito del Adriático es todo una proeza. Eran las diez y media de la mañana y yo no sabía cómo escapar del sol, pero merece la pena.
Una de las entradas se encuentra junto a la Puerta de Pile y, a partir de ahí, hay que subir escaleras y seguir la muralla. Pero a medida que vas caminando el sol también va calentando en el cielo y es atroz. Así que empecé a caminar, a disfrutar de las vistas de los tejados de la Ciudad Vieja, a disfrutar de la panorámica de las islas que se encuentran frente a la ciudad, del mar.
Las murallas son del siglo X, tienen casi dos kilómetros de recorrido y, en algunos puntos, alcanzan los 25 metros de altura. Tienen un enorme grosor y se ve que la ciudad estuvo enormemente protegida de los enemigos que venían desde el mar.
En uno de los bastiones había un local que vendía zumos, a mitad de trayecto, y qué bien sentó un zumo de naranja natural a la sombra con el calor que hacía. Después de un nuevo recorrido bajo el sol y siempre hacia adelante, llegué al Museo de Dubrovnik, que se encuentra junto al Puerto Antiguo. Aún me quedaba llegar a la Torre de Minceta, me quedaban unos 500 metros cuesta arriba y decidí bajar las escaleras al Puerto, ya que me daba la sensación de que me iba a dar una insolación.
Desde allí llegué al monasterio dominico, donde busqué la antigua farmacia, pero no era ahí. Lo que sí que vi es una mujer croata con el traje típico.
Allí me senté a reposar bebiendo una cerveza de tercio, a la sombra, mientras veía los puestos de gente que ofrecía travesías en barco a varias islas. Teniendo el bikini y las chancletas en la mochila, poco me costó acercarme a preguntar.
Y llegué de nuevo a la bulliciosa Stradun, donde se veía la Torre del Reloj a la luz del día.
Al lado se encuentra el magnífico Palacio Sponza, que fue utilizado como casa de la moneda, arsenal y escuela. Hoy en día alberga los archivos estatales y está ocupado por una elegante logia renacentista en la planta baja.
Esa misma plaza se llama Plaza de la Logia y es el corazón de la vida política y económica de Dubrovnik. En el centro se encuentra la estatua de Orlando (estaba enrejada, creo que en restauración y no se veía bien). En esta plaza también se encuentran, además de la Torre del Reloj y del Palacio Sponza, la logia de la Campana, el Cuartel Principal y la bella iglesia de San Blas, todo ello rodeado de bulliciosos bares y restaurantes. Incluso puedo decir que en esta plaza se hacen conciertos, ya que la víspera de marcharme estaba cortado y habían puesto gradas para un espectáculo de teatro.
En la Ciudad Vieja estuve todos los días. Daba gusto pasear por sus calles. Antes de marchar y cerca de la Puerta de Pile llegué al monasterio franciscano. Tiene un magnífico claustro y es visitado por la antigua farmacia que se encuentra en uso desde 1317.
En realidad, la antigua farmacia, digna del mejor alquimista de la Edad Media, está expuesta y no se utiliza, pero sí hay otra farmacia más moderna junto a ella, con bastante afluencia de gente.
El último día decidí "perderme" por la Ciudad Vieja, y recorrí una calle paralela al Stradun, que se llamaba Ulica Od Puca y junto al nombre de la calle ponía que "esta calle es un pasillo peatonal, así que nosotros le pedimos amablemente que no se pare ni se siente en las escaleras".
Era una calle estrecha, llena de tiendas, de restaurantes en los callejones, y desde allí desemboqué en unas escaleras. Reconozco que quería visitar la catedral, pero llegué a la Iglesia de San Ignacio de Loyola. Creo que cualquier español se puede quedar asombrado de encontrarse esta iglesia en el corazón de la Ciudad Vieja de Dubrovnik. Pero así es.
En su interior y en una tabla informativa en italiano, se informa de que la iglesia fue fundada por la Compañía de Jesús por el arquitecto Andrea Pozzo a principios del siglo XVIII. Con ver la imponente fachada llena de robustas columnas y frisos, podríamos deducir que algo han tenido que ver los jesuitas aquí.
Pero lo que más me sorprendió en su interior fue que había una recreación de la Gruta de Notre-Dame de Lourdes, con la aparición de la Virgen.
De momento, aquí paro con la Ciudad Vieja, sé que me dejo algunas cosas, pero ya seguiré en otro rato. Lo que es cierto es que las ciudades, tanto en Dubrovnik como en Kotor, están llenas de gatos, que no se inmutan ante los turistas. Da gusto verlos.






































