Como en unos días voy a visitar Teruel no estaba de más leer este clásico de Los Amantes de Teruel. Sabía que no me iba a durar mucho porque ya tenía conocimiento de que era un drama en verso, con algunos versos más largos (casi prosa) y algunos cortísimos.
Cuando fui a comprar este libro, una duda me asaltó, y la duda estribaba en la autoría de la obra. Como soy curiosa en general, y más si se trata de temas literarios, lo busqué y descubrí que, en realidad, Los Amantes de Teruel es una leyenda versionada innumerables veces, así que opté por escoger a una de las versiones más célebres (también hay otra de Tirso de Molina).
La historia me ha gustado, y es el que Romanticismo siempre te deja esa sensación de que podía haber sido de otra forma pero al final tiene que ser así.
Mausoleo de los amantes de Teruel
Los Amantes de Teruel se enmarca en la corriente del romanticismo dramático y, si no hay un suicidio, ya sabemos que nos vamos a enfrentar a un amor muy triste, con la posibilidad de la muerte de uno de los protagonistas (en este caso los dos). A mí me ha parecido una historia de amor magnífica, un amor puro, en el que se entrometen los celos, la venganza, la mentira, el adulterio, el valor de la palabra dada, la castidad y, en último término, la muerte.
Ésta es la historia de Isabel de Segura y Diego Marcilla, dos jóvenes turolenses que se profesan amor desde que eran unos infantes, pero su amor no puede ser: ella es una rica heredera noble, y él es pobre. Así que Don Pedro de Segura le da de plazo seis años y siete días para que regrese con riquezas y poder así casar a su hija bien; si pasado el plazo, Diego no regresa o no lo hiciera a tiempo, Don Pedro de Segura dará la mano de su hija a un rico noble de entre los elegidos de las familias aristócratas de Teruel.
Este amor es recíproco, porque los dos se aman con locura, y poco a poco se va presintiendo lo que va a suceder.
La obra empieza en Valencia en 1217, cuando Diego Marcilla se encuentra en la cama de un palacio, le cuida Zulima, que es la sultana; le ha sacado de las mazmorras porque se ha encaprichado de él. Cuando Diego despierta rechaza el amor de la sultana, después de contarle que su amor no es libre y quien es la mujer por la que quiere regresar cuanto antes, rico, a Teruel. Ya ha recibido una herencia luchando en Palestina. Zulima, cegada por los celos, le dice que huya antes de que le dé muerte.
Los otros tres actos transcurren en Teruel.
Don Pedro de Segura acaba de llegar desde Monzón. Le reciben su hija, su esposa Margarita y la criada Teresa (una deslenguada). Don Pedro quiere saber si ha habido noticias de Diego Marcilla, porque quedan unos días para que expire el plazo. Explica a su esposa e hija que estuvo a punto de morir bajo el cuchillo de un caballero templario, Roger de Lizana, pero no llegó a ocurrir ya que falleció allí mismo. En ese momento llegó Don Rodrigo de Azagra, que rápidamente procedió a esconder el cadáver pensando que lo había matado Don Pedro, con lo que empieza a chantajearle para que le dé la mano de su hija. Don Pedro de Segura le promete la mano siempre que Diego Marcilla no haya llegado a Teruel.
Mientras, Zulima se ha disfrazado y llega vestida de moro a la casa de los Segura, donde pide hablar con Isabel y le comunica que Diego ha fallecido en Palestina. Isabel no soporta el dolor de su corazón, y ya le es indiferente casarse con Don Rodrigo de Azagra, hombre riquísimo. Incluso Doña Margarita intenta que Don Rodrigo comprenda que su hija no le amará nunca. Él así descubre el adulterio de la señora, ya que en el cadáver de Roger de Lizana encontró cartas de amor de Doña Margarita, chantaje que la empuja al silencio.
Diego está volviendo a su ciudad y envía a un criado fiel a la ciudad para que le traiga información de la situación, así es como Diego Marcilla descubre que Isabel está contrayendo matrimonio. Diego ha sido atado a un árbol por los esbirros de Zulima, para detenerle y que no llegue a tiempo para anular la boda.
Cuando llega a Teruel se cuela en el aposento de Isabel, que se encuentra ya casada aunque no ha consumado el matrimonio. Le pide un beso que ella le niega y, al pronto, él cae muerto de amor a sus pies. Ella no lo puede soportar tampoco y cae también muerta de amor.
"El cielo que en la vida nos aparta
nos unirá en la tumba (Isabel de Segura, Acto Cuarto, Escena XI).
EL AUTOR:
Juan Eugenio Hartzenbusch nació en Madrid en 1806. Era hijo de un ebanista alemán y de la española María Josefa Martínez Calleja.
Su obra más célebre, basada en un tema legendario, es Los Amantes de Teruel (1837). También escribió dramas históricos y "comedias de magia". Entre los primeros, figuran Las hijas de Gracián Ramírez (1831), Doña Mencía (1838), Alfonso el Casto (1841), La jura de Santa Gadea (1845), La madre de Pelayo (1848) y La luz de la raza (1852). Entre las "comedias de magia", cabe destacar La redoma encantada (1839), Los polvos de la madre Celestina (1840) y Las Batuecas (1843).
También escribió tres sainetes, las únicas piezas teatrales donde utiliza prosa y artículos de costumbres; y relatos breves. Editó y prologó obras de Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina y Alarcón.
En 1847 pasó a formar parte de la Real Academia Española. Además fue director de la Escuela Normal (1854-1862) y de la Biblioteca Nacional (1862-1875).
Hartzenbusch falleció en Madrid en 1880.
EL LIBRO:
Título original: Los Amantes de Teruel
Autor: Juan Eugenio Hartzenbusch
Editorial: Cátedra (16ª edición, en 2018)
Colección: Letras Hispánicas nº 126
Número de páginas: 166
ISBN: 9788437602745
Valoración: 7/10
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