
Lo más interesante de salir a los bancos, al café, a hacer copias de llaves, al arquitecto y un largo etcétera en un pueblo pequeño (aunque los calceatenses digan lo contrario y la pinten como ciudad) es que cada cinco minutos te encuentras con alguien.
Lo más interesante de salir al balcón a las 9.30h. de la mañana es que por abajo cruza inesperadamente aquella persona a la que no viste ayer, y no le saludas porque quieres observarle caminar.
Lo más interesante es que, al cruzar la calle, te choques casi con aquel pelos que venía a las 12.00h. a tomar café y del que ya no te acordabas porque pensabas que estaba temporalmente; descubres que no, te clava la mirada y la desvía repentinamente al pasar a tu lado. Lo peor de esto último es que ya sabe mi ubicación porque me ha visto salir del portal, con un portafolios que contaba con los mismos colores que la placa de la puerta. E iba a tomar el café al mismo sitio de siempre. Me pregunto por qué hace tanto tiempo que no le he visto.
¡Cómo me gusta salir a la calle a impregnarme de sus gentes, colores, olores y palabras!
Las sandalias me han hecho rozaduras. Menos mal que soy precavida y me traje otras más cómodas para estar aquí.
Hace días que no pago mi café. Da igual a la hora que vaya, generalmente en la cafetería me sueltan algo de: "Ya tienes pagado el café". Me irrita porque no me gusta que me inviten, pero es lo que tiene trabajar en un sitio tan pequeño. Poco a poco, empiezo a dejar yo también cafés pagados, porque me apura.
Tal día como hoy, hace una semana, le conocí. Era por la tarde, un viernes en que ya sólo piensas en el fin de semana y deseas que den las ocho para marcharte a casa y desconectar. Descansar, ver una película, leer (Crepúsculo ahora) y vaguear un poco. Había subido a las 16.00h., después de tomarme un café y estaba holgazaneando, porque no me apetecía hacer nada. Veía el sol fuera y tenía tanto calor... Media hora después sonó el timbre. Abajo me dijeron que abriera. Si hubiera estado en el despacho principal hubiera visto quién venía, pero desde aquí sólo me detuve a preguntar. En la puerta, él... Y me hice la despistada para preguntarle su nombre, cuando sabía perfectamente quién era. Y ahora le veo y ansío encontrarme con él, escuchar su saludo, ver su mirada y su sonrisa... así que ahora alargo los cafés hasta las 16.30h. para tropezarme con él. Y me pregunto si es sólo admiración o es más bien atracción, pero me resulta irresistible.















