miércoles, mayo 09, 2007

Quiero volar

Y la hoja le dijo al árbol: "Quiero volar".
A lo que el árbol respondió: "¿Para qué quieres volar si ya estás en lo más alto?".
Pero un día la hoja, en su empeño por llegar más lejos, se unió al viento.

(Es del anuncio de Iberdrola, es tan simple y a la vez tan profundo...)

martes, mayo 08, 2007

Tardes de sol

Si todas las tardes de la primavera fueran como la de hoy no saco provecho en los próximos exámenes.
Hacía tan buen tiempo, con el sol, en manga corta... que los parques susurraban para que pasaras un rato allí.
Así que no he aparecido por la Facultad. Primero he ido a Correos a enviar un paquete. Como no me gustan las esperas me he llevado el libro que me estoy leyendo. Llevar un libro de casi 1000 páginas por la calle no es de mucho agrado, pero lo he llevado como si fuera algo de peso liviano.
Al volver a casa el parque de Colón invitaba a sentarse. Y allí me he quedado leyendo, bajo el sol primaveral, junto a multitud de mosquitos que pululaban junto a los árboles y respirando una serenidad inmensa.
Las campanadas de una iglesia cercana anunciando las 8 me han hecho salir de mi ensimismamiento.

Un día es un día.

lunes, mayo 07, 2007

¿Sabes lo que quiero decir?

"Esta tarde he andado por el bosque. Durante horas. Unas veces caminando despacio, otras corriendo como un loco. Buscando... sentir algo. Me parecía que tenía que haber algún estado afectivo que cuadrase con la situación, pero lo único que he conseguido es hacerme cada vez más daño.
¿Sabes lo que quiero decir? Estás en un lugar, y al instante quieres irte. Todo parece acosarte, y luego te das cuenta de que no depende de ti. No eres tú el que quiere irse. Son los lugares los que quieren deshacerse de ti. Parece que te repelen, que te dicen que ése no es tu sitio. Pero nadie te explica cuál es tu sitio, y sigues corriendo...
"

Sencillamente es un fragmento que me ha llamado la atención del libro que me estoy leyendo. Es como si me hubiera llegado muy hondo, como si, en cierto modo, me sintiera identificada con el personaje de ficción que expresa ese sentimiento.

domingo, mayo 06, 2007

Habemvs Papam

Hace unos meses me leí un libro sobre los Borgia. No es cuestión de que cuente el argumento de la película pues sería una reiteración de lo que conté en su día.
La película es bastante fiel al libro que me leí. Comienza por el final, o casi el final, cuando César Borgia es encarcelado tras subir al trono de San Pedro el más acérrimo enemigo de su familia, Giuliano della Rovere (un exquisito Eusebio Poncela) como Julio II.


Por lo demás, a diferencia del libro donde para llegar a conocer los orígenes de la familia Borgia necesitamos saber cómo Rodrigo llegó con su tío a Roma, la película se limita al Papado de Alejandro VI, más conocido como Rodrigo Borgia (Lluis Homar), y las reformas que hizo en la Iglesia así como las relaciones íntimas con sus hijos, las ejecuciones a sus enemigos y el ideal, en aquel momento, de unificar todos los estados italianos bajo su mando.
Los fotogramas de matanzas son muy crueles. Paz Vega, en el papel de Caterina Sforzza, está en un segundo plano.
Y al final Lucrecia (María Valverde) es la única superviviente de la familia, casi exiliada en Ferrara con su último marido.

"Alien, el octavo pasajero"

La astronave Nostromo vuelve a la Tierra. Mientras que los tripulantes duermen la nave es desviada de su ruta tras recibir un mensaje codificado. La computadora central de la nave, Madre, les despierta y varios tripulantes bajan a la luna desde donde se han recibido las señales. Uno de ellos es atacado por un bicho monstruoso que se le acopla al rostro. Cuando vuelven a la nave nace un alien que es necesario hacer desaparecer. Poco a poco irá cargándose a todos los tripulantes de la nave, menos al gatito.

Da miedo.

sábado, mayo 05, 2007

"Dune" (David Lynch)

"Un comienzo es un tiempo muy delicado.
Sabed que nos hallamos en el año 10.000-1-91. Gobierna el Universo conocido el Padisha Emperador Shaddam IV, mi padre.

En estos tiempos la sustancia más apreciada del Universo es la especia melange, especia que extiende la vida, especia que expande la consciencia.

La especia es vital en los viajes espaciales. La Cofradía del Espacio y sus navegantes, a quienes la especia ha venido mutando durante 4.000 años, utilizan el gas de especia naranja que les confiere la facultad de plegar el espacio, es decir, de viajar a cualquier lugar del universo sin necesidad de moverse.

He olvidado decir algo: Esta especia existe solamente en uno de los planetas del Universo entero, un planeta yermo y desolado, cubierto por inmensos desiertos. Escondido entre las rocas de estos desiertos se encuentra un pueblo conocido como los Fremen, que desde tiempos remotos sostienen la profecía de que un hombre ha de llegar, un Mesías que habrá de conducirlos a la verdadera libertad.
Ese planeta es Arrakis, también conocido con el nombre de Dune
".

No soy de películas de ciencia ficción, ni siquiera de intentos futuristas y mucho menos cosas que tengan que ver con el espacio. Debo reconocer que estoy impresionada con "Dune".

El mensaje del principio nos augura lo que va a ocurrir a lo largo de toda la película.
Ha nacido el elegido, Paul Atreides (Kyle MacLachlan), en el planeta Caladan. Su madre, Lady Jessica (Francesca Annis), y su padre, el duque Leto el Justo (Jürgen Prochnow), estaban encomendados para tener sólo hijas hembras, pero Jessica alteró su juramento y dio a luz a un bebé varón, Paul.

El joven es entrenado por los sabios y soldados más expertos del planeta Caladan y posee una inteligencia y una energía impresionantes. Todo el mundo se pregunta si él será el elegido.
Su gran enemigo es el barón Vladimir Harkonnen (Kenneth McMillan), un seboso hombre sudoroso y apestoso que tiene la facultad de ir volando a todos los sitios. Adora la sangre y a sus enemigos les hace colocar una válvula cardíaca que arranca en cualquier momento provocando la muerte instantánea de la víctima. Sus secuaces le ríen las gracias. Son Feyd Rautha (Sting) y Rabban (Paul Smith).
El Gran Emperador Shaddam IV (José Ferrer) necesita el control de la especia, para ello debe aliarse con los más fuertes, los Harkonnen, declarando la guerra a los Atreides y también deberá matar al hijo del duque Leto. Su asesora es la Reverenda Madre Gaius Helen Mohiam (Siam Phillips) que tiene poderes sobrenaturales y gran poder telepático.
Los Atreides se trasladan junto a su gran ejército al planeta Arrakis porque necesitan la especia. El joven Paul se da cuenta de que los enormes gusanos que la resguardan tienen una relación más estrecha de la que le cuentan.
En el palacio hay un traidor que ha sido chantajeado para dejar vía libre a los Harkonnen para que ataquen a los Atreides. En esa batalla muere Leto Atreides y Jessica y su hijo son enviados al desierto. Pero sobreviven y se encuentran con los Fremen. Hacen un trato con ellos y con el paso del tiempo Paul Usul o Muad-Dib les dirige contra sus enemigos.
En ese tiempo Jessica se ha convertido en Reverenda Madre y ha transmitido sus poderes al bebé que lleva en su interior. Ha bebido el agua de la vida y ha sobrevivido.
Paul es azotado en sueños por la profecía, imágenes que se convertirán en realidad. Se enamora de Chani (Sean Young), a quien también había visto en sueños. En el momento en que Paul Atreides bebe el agua de la vida, donde todos los que lo han intentado han muerto, y abre los ojos, los gusanos que son la especia en sí misma, se convierten en aliados. Ya están preparados para atacar a Harkonnen y al Emperador.

Creo que la película está llena de símbolos, por ejemplo, el hecho de que los Fremen tengan los ojos de ese azul intenso, como si significara que ellos representan la vida. Aparte de toda esa simbología, la película está dotada de una originalidad inaudita. Me gustó, sí.

viernes, mayo 04, 2007

4/5/07

Hay personas tan sumamente extraordinarias que todo lo que les digas es poco.

No hay ganas de escribir.

Manos frías

Mis manos siempre están heladas. Aunque no sólo mis manos, también mis pies. Es posible que se deba a un mal riego.
Cuando voy a casa mi padre siempre me coge las manos porque sabe que siempre están frías. Mis manos son minúsculas dentro de sus manos, me las frota y siguen estando frías. En esos momentos me dice eso de "manos frías, corazón caliente" y me suele aconsejar que las ponga en el radiador, pero ni aun así.
Generalmente no me doy cuenta de la temperatura de mis manos. Para mí es algo que va conmigo. Últimamente las tengo eternamente heladas, aunque no me importa. Prefiero que estén así a tenerlas sudadas.

Cuando estábamos en el colegio había una chica en mi clase, que corresponde a las iniciales de M.S., que siempre estaba sudando, tanto en invierno como en verano. No es exagerado cuando digo que tenía que ponerse clinex debajo de las manos para no mojar los folios. Muchos profesores pensaban en los exámenes que podía tener chuletas... hasta que se acostumbraban. Si M. no se ponía el folio era horrible coger sus apuntes. Creo que se debía a un estado de ansiedad inmenso, en ella era una bomba atómica. Tanto sudaba que a veces tenía que pasarse clinex por la cara.

Decididamente prefiero mis manos frías, aunque a la hora de meterme a la cama sea imposible mantener los pies calientes, al menos no siento lo mismo con las manos.

miércoles, mayo 02, 2007

¿Qué queda después?

Lo que más me aterroriza de la Muerte es el paso de este mundo a otro desconocido, ese tránsito tan arrebatador del último suspiro.
Siempre ha sido un tema del que no me ha gustado hablar, aunque pienso mucho y a menudo en él, sobre todo últimamente. Me pregunto qué habrá detrás de la frontera que separa nuestro mundo de otro que está oculto, tan lejano y, sin embargo, tan cercano, pues es un segundo el que nos separa del más allá.
Quizás me pongo a pensar en esto porque siento que la mujer de la guadaña se va acercando lenta y pausadamente. No tiene prisa porque finalmente se llevará lo que ha venido a buscar y, sin embargo, está muy presente, demasiado presente.
Me aterra la idea de saber que cualquier día extenderá su brazo y se llevará a mi tío.

Temo que si no voy a verle ya no pueda decirle ni siquiera adiós. Temo no llegar a tiempo. Temo esa llamada fatal que cualquier día se ha de producir. Temo que el final está demasiado cerca.
Es demasiado insoportable. Tengo que ir antes de que sea demasiado tarde y pueda llegar a arrepentirme de no haberlo hecho.

martes, mayo 01, 2007

1º de mayo

No hace ni dos meses que ya empezaba en mi pueblo la primera festividad del año. Hoy la fiesta era mayor. Dejando aparte el hecho de que es fiesta a nivel nacional, en mi pueblo se celebra la llegada de la Virgen desde la ermita al pueblo donde se quedará todo el verano.
Pero esta noche la Virgen dormirá en la ermita. Desde que tengo conciencia nunca tal día como hoy ha nevado... hasta hoy. Así que no ha habido procesión, no ha habido danza, no ha ido San Juan Bautista a recibirla a las puertas de mi pueblo (es evidente que la próxima fiesta será en junio y habrá hogueras y se sacarán los carros pidiendo agua por las casas).
Lo que sí hubo fue fiesta, aunque la celebración de hoy se haya trasladado al próximo domingo.

Es curioso. Tengo muchos recuerdos del 1º de mayo. Si hubiera estado allí no hubiera sido de cuerpo presente. Toda mi familia está en el hospital.
Ahora viene lo grave. Mi tío se ahoga, no puede siquiera hablar y mucho menos moverse de la cama. Y eso, que he conocido mejores 1º de mayo.

¿Merece la pena...?

Está claro que no se puede obligar a una persona a hablar si no quiere. Entonces llega un momento en que te preguntas qué ha pasado para que se haya esfumado el posible diálogo fluido que existía antes.
Me hago preguntas, claro, pero no tantas como me podría haber hecho hace unos meses.

De repente, en cuestión de minutos he pasado a ser una especie de carámbano. En cuestión de minutos me he quedado fría y, quizás, también blanca.

Me pregunto si merece la pena seguir mirando en esa dirección o girar la cabeza y mirar hacia otro lado. Y sin embargo sé que si cierro los ojos hacia lo que estoy viendo seré invadida por una especie de dolor, dolor a lo que ya no está, dolor a lo que ya no es, dolor ante cierta especie de vacío.
Hay pocas personas capaces de producir tanto dolor.

lunes, abril 30, 2007

Tormenta

Estaba de tormenta, tan oscuro que daba la impresión de que estallaría el cielo en cualquier momento.

Ando con prisas, ya contaré lo de la tormenta :D

domingo, abril 29, 2007

En contra de esos días en que los escaparates hablan por sí solos

Llega otro día puramente comercial. El primer domingo de mayo es el día de la madre. Llevo toda la semana cambiando de canal cada vez que anuncian fragancias y productos estéticos para regalar. Hoy con el periódico viene un suplemento especial. Se titula Felicidades y sólo hay perfumes y objetos de maquillaje. Evidentemente no compraré nada de eso.
Mi madre se conformará con que la llame. De paso le enviaré el libro que le compré hace unos meses por su cumpleaños y que se me olvidó en un cajón cuando en Semana Santa volví a casa.

Sólo me quema que se sobrepasen tanto. Me pregunto cómo deben sentirse aquellos cuyas madres no están con ellos. Mi amiga N., por ejemplo, sentirá un dolor inmenso el próximo domingo pues su madre se fue a un lugar muy lejano, aquel lugar de donde nadie ha vuelto. Y sin embargo, lejanos a ese dolor, los comerciantes exhiben sus "perlitas".
Me quema que nos lo intenten meter por los ojos de esta manera tan vil, como si estuviéramos obligados a comprar algo a cambio del amor de nuestra madre.
La mía personalmente odia estos días. Como yo, prefiere recibir una sorpresa cuando menos se lo espere.

"Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario"

Lo único que separa la realidad de la fantasía es una puerta, la puerta de un armario abandonado en una habitación que no se usa, una puerta que sólo puede abrirse a través de la imaginación de un niño.

Con los ataques aéreos durante la guerra (supongo que se trata de Londres y de la IIª Guerra Mundial), la señora Pevensie decide mandar a sus cuatro hijos al campo, a casa del profesor Kirke, un lugar demasiado alejado de las bombas donde los niños estarán a salvo.
En la gran casa de campo del profesor los niños son felices, siempre y cuando no molesten al dueño y no hagan mucho ruido. Un día se ponen a jugar al escondite y Lucy, la pequeña, llega a la habitación de invitados, donde hay un armario tapado con una sábana. Se refugia allí, pero aquel armario no tiene fondo. De repente sus pies están pisando nieve y se encuentra en medio del bosque. Comienza a caminar y se encuentra con un extraño ser, Tumnus, un fauno que la invita a su casa a cenar. Ella debe volver pero aquel mundo mágico la atrae de una manera especial.
El fauno iba a entregarla a la bruja blanca y, sin embargo, le ayuda a escapar.
Cuando vuelve al otro lado del armario el tiempo no ha pasado. Es como si el tiempo volara en Narnia y en el mundo real no hubieran transcurrido más que segundos. Pero ella estuvo toda una tarde, hasta el anochecer, en el mundo imaginario de Narnia. Decididamente el tiempo del mundo real va mucho más lento.
Cuando les explica a sus hermanos lo que hay al otro lado del armario, los tres buscan pero no encuentran nada, creyendo que sólo era producto de la imaginación de la pequeña Lucy.
Pero como si se tratara de un imán el armario tiene un poder sobre ella y esa noche se despierta para volver a entrar en ese mundo mágico. Esta vez no va sola puesto que la sigue su hermano Edmund.
Cuando el niño llega al bosque no ve a su hermana por ningún lado. En medio del camino aparece de repente una mujer increíble montada en una carroza, tiene un corazón de hielo, una mujer que hace magia delante de él para deleitarle con lo que él quiera, a cambio de que la próxima vez que vuelva traiga a sus otros tres hermanos.
Edmund y Lucy vuelven juntos a sus camas, pero Edmund dice que lo que está contando su hermana es producto de su imaginación.
La próxima vez serán los cuatro los que lleguen a las tierras de Narnia. Cuando van a la casa del árbol donde vive el fauno todo está patas arriba y en un pergamino se le acusa de traición. De repente aparece el castor que les lleva a su dique y les presenta a su mujer. Pero Edmund ha desaparecido, se dirige al castillo de hielo de la bruja blanca. Y allí le cuenta dónde están sus hermanos. La malvada bruja le encierra en una mazmorra de hielo, donde conoce a Tumnus, mientras la bruja envía a su policía secreta, que son lobos salvajes, en busca del resto de humanos.
Los castores les hablan de una profecía que dice que dos hijos de Adán y dos hijas de Eva llegarán para salvar Narnia. En cuanto esto ocurra dejará de ser invierno. Ellos son los elegidos, mientras tanto el legendario rey de aquellas tierras, Aslan, está preparando su ejército. Deben ir a buscarlo para que todo vuelva a florecer.
Perseguidos por la malvada bruja que lleva como prisionero a Edmund y cuya varita convierte en piedra todo lo que toca y tras los regalos que han recibido de Santa Claus, llegan hasta las praderas donde acampa Aslan con su ejército de centauros y criaturas del bosque. Y allí está Aslan, el león, el sabio rey de la selva, que les da la bienvenida y salva a su hermano pequeño, trayéndole de vuelta con los otros tres.
La bruja viene a pedir la sangre de Edmund, que debe ser sacrificado en la mesa de piedra por traidor y porque, según la tradición, los traidores le pertenecen a ella. En un encuentro privado, la vida de Edmund se habrá salvado por un precio mucho más alto. Lucy descubre que Aslan no comparte la alegría reinante. Esa noche despierta a su hermana y las dos le siguen. Ven cómo la bruja blanca le sacrifica en la mesa de piedra. Cuando todos marchan al ataque y dejan el cadáver de Aslan allí solo las niñas se acercan. Deben marcharse para avisar de que la bruja se acerca para presentar batalla y entonces recurren a los árboles. A través de ellos harán llegar el mensaje a sus hermanos. Peter dirigirá la batalla.
Peter va montado en un unicornio blanco, Edmund dirige a los arqueros cuyas flechas son fénix que se convierten en fuego al rozar con el enemigo. Los centauros pelean sin parar, las águilas cogen con sus grandes garras enormes pedruscos que dejan caer al enemigo.
Y mientras, en un lugar algo lejano, Susan y Lucy siguen llorando junto a Aslan. Deciden marcharse a luchar y entonces la mesa de piedra se rompe y aparece Aslan, que les explica que el grabado de la piedra dice que todo ser sacrificado allí que jamás haya cometido traición volverá a la vida. Los tres se dirigen hasta el castillo de la bruja, donde las estatuas de piedra, convertidas por su varita, recuperan la vida gracias al aliento del león. Y allí está Tumnus.
Llegan a tiempo a la batalla, puesto que justo en ese momento Peter ha llegado hasta la bruja y está en sus manos, hasta que Aslan salta sobre ella y la hace desaparecer.
Después de eso serán proclamados reyes: Lucy la Valiente, Edmund el Justo, Susan la Benévola y Peter el Magnífico.

Han pasado los años y cabalgan juntos por el bosque cuando de repente ven algo que les llama la atención. Entonces entran allí y llegan a la habitación de invitados de la casa del profesor. Sin embargo, en el mundo real no han pasado más que unas pocas horas y ellos vuelven a tener el mismo aspecto de antes.

"Que vuestra sabiduría nos bendiga hasta que las estrellas se caigan del cielo".

sábado, abril 28, 2007

Iglesias destinadas a otros fines

El último fin de semana me llamó la atención el suplemento dominical que venía con el periódico. Entre los muchos documentos de interés general había uno de decoración de interiores, aunque esto es sólo una manera de decir que se veían antiguas iglesias reconvertidas en bares y restaurantes. Me llamó la atención porque contrasta que un lugar sagrado se convierta en un local completamente diferente.
He estado buscando en la web imágenes de iglesias que ya no estén dedicadas a ritos religiosos, pero existe poca publicidad sobre el tema.

¿Qué pasa con estos templos? ¿Por qué han acabado así? En el suplemento dice que por un mal estado de conservación la Iglesia se ve obligada a venderlos o alquilarlos a empresarios privados (¡cómo si no tuviera dinero la Iglesia para hacerse cargo!).

En España no hay ningún caso reconvertido, aunque concretamente en Salamanca sí que hay muchos bares que usan una detallada decoración imitando iglesias. Claro que... no es lo mismo.

Cafetería en Liverpool (UK)

Restaurante en Stratford, Ontario (Canadá)

Discoteca en Pittsburgh (USA)

viernes, abril 27, 2007

Euforia

A veces hay cosas que te parecen demasiado lejanas. Y llega un día en que consigues lo que parecía inalcanzable. Y eso, aunque sea poco, es suficiente para llevarte a un estado de euforia total.

Ayer me puse de mala leche. Pocas veces me enfado, y cuando lo hago se me nota. Es algo nimio hasta que te das cuenta de que sus comentarios te afectan, aunque sea de una manera indirecta. Y ante el enfrentamiento preferí evitar a esa persona.
Y en el fondo sé que esa persona jamás me aportará nada, como mucho me exasperará (si me pilla indefensa), pero jamás podrá aportarme más que los que están alrededor, gente que ya conozco y con quienes me siento a gusto.

Deseo dar gracias a quienes están ahí, y sobre todo a quien me hizo ver las cosas de otra manera. En frío, sopesas las cosas y te das cuenta de lo realmente equivocada que estás cuando piensas como yo pensaba ayer.

Hay problemas mayores y, desgraciadamente, peores.

jueves, abril 26, 2007

Resumiendo todo un año en un fragmento

Hace un año ya que creé este espacio. Tal día como hoy abrí una página en blanco con intención de animar a alguien. Por aquel entonces sólo escribía palabras de aliento hacia aquella persona. Desafortunadamente, hoy nuestro contacto es mínimo, por no decir nulo. Aquel primer texto hablaba de las palabras. Decía mucho en pocas líneas y podría haber dicho tanto...
En aquella época la dirección era tan simple como "eirnos" que si se lee al revés forma una palabra en consonancia con aquella época: Sonríe.
Después llegaron las vivencias personales, los sentimientos, las ilusiones, los desvaríos, los momentos de alegría y los momentos tristes, los recuerdos.
La cantidad de cosas que pasan en un año...
He destripado libros como La Historiadora, El Psicoanalista o La Catedral del Mar.
He contado películas como "El laberinto del fauno", "La vida secreta de las palabras" o "Sin City".
He hablado de viajes (París, Roma, Alemania).
He contado momentos del pasado que se me quedaron grabados para siempre.
He hablado de arte, de exposiciones, de curiosidades que me llamaron la atención en un determinado momento.
He escrito sobre castillos fantásticos, aunque reales. Y también he hablado sobre la Muerte.
He descrito instantes insignificantes de mi vida diaria que sólo por contarlos han adquirido un significado diferente en vez de perderse entre la neblina del tiempo. Y sin darme casi cuenta, con 880 entradas, al releer de nuevo, estoy evocando ciertas cosas que ni siquiera recordaba.
He llorado, he soñado, he sabido, he vivido, he volado, he recordado, me he enamorado, he viajado, he paseado por las estrellas y a través del tiempo.
Y siempre tengo algo que contar, siempre hay una palabra, una frase, un párrafo, un fragmento que convierten la idea de mi mente en algo susceptible de ser escrito y, por tanto, apto para leer.
Sé que algún día cesaré de hacerlo, al menos a través de un blog, aunque siga contando cosas en otros soportes. Pero de momento seguiré haciéndolo por el simple hecho de que necesito contar cosas, sacarlas fuera, y aunque suelo ser charlatana en el trato me comunico mejor a la hora de escribir.
En un año cambian muchas cosas. Intento volver a revivir aquel impulso que me llevó a escribir aquí un día, y luego otro y después otro. Y me parece increíble, como a veces siento la incertidumbre de que algo de lo mostrado haya salido de mí, bien porque he cambiado de idea en ese tema o bien porque ahora no sé si sería capaz de contar ciertas cosas.
Ahora cuento con un compañero que no se atreve a escribir aunque yo le he leído cosas y se expresa bien. Pero algún día escribirá, yo le animo a hacerlo porque sé lo que es capaz de contar.
Es un año, parece que pasa tan rápido que cuando te pones a leer un instante cualquiera de tu vida se hace eco en ti y se convierte en algo demasiado intenso para esgrimirlo en un segundo.

El cuento número trece

Hay veces, cuando terminas un libro, en que te queda una sensación extraña, ese ensueño que te balancea ante las historias que ya han terminado, pero sin embargo siguen vivas en tu mente... Un libro que te hace soñar, que te ha mantenido durante unos días a años-luz de la realidad.
Cuando me lo compré pensaba que el número trece, que siempre me ha dado mala suerte, llevaría consigo una historia mala, incluiría un montón de páginas que me provocarían un sueño febril, pero no... Fue, sin embargo, todo lo contrario.
Ahora, cuando empiezo a recordar, me doy cuenta de lo poco importante que es la presencia de los hombres en este libro y, sin embargo, son piezas importantes para que el argumento siga su curso. Si ha habido amor a lo largo de la historia no se menciona, aunque se insinúa.
No es un libro de amor. Es una historia de fantasmas.

"La gente desaparece cuando muere. La voz, la risa, el calor de su aliento, la carne y finalmente los huesos. Todo recuerdo vivo de ella termina. Es algo terrible y natural al mismo tiempo. Sin embargo, hay individuos que se salvan de esa aniquilación, pues siguen existiendo en los libros que escribieron. Podemos volver a descubrirlos. Su humor, el tono de su voz, su estado de ánimo. A través de la palabra escrita pueden enojarte o alegrarte. Pueden consolarte, pueden desconcertarte, pueden cambiarte. Y todo eso pese a estar muertos".

Margaret Lea trabaja con su padre en la librería familiar, una exclusiva librería donde se venden libros antiguos y para coleccionistas. Ella escribía alguna vez artículos para revistas. Tiene una extraña sensación y un pequeño secreto: la cicatriz en forma de luna que cambia el color de su piel cuenta la historia de su vida.
Nunca conectó con su madre, ni siquiera ahora. La primera vez que se quedó sola en casa descubrió una caja donde había dos partidas de nacimiento, de su nacimiento, y un certificado de defunción. Aquel día descubrió que había tenido una hermana gemela y que había fallecido.

Un día recibió una carta de la escritora más famosa de Inglaterra, Vida Winter. A pesar de devorar cualquier libro que cayera en sus manos, Margaret no había leído nada de ella. La autora le pedía que fuera su biógrafa. La librera no sabía qué hacer así que escogió un libro escrito por aquella mujer, titulado Trece cuentos de cambio y desesperación. Y lo leyó entero, pero se dio cuenta de que allí sólo había doce cuentos. Imaginó que era un error de imprenta, pero realmente no era así, sino que ese era uno de los pocos ejemplares que se habían vendido con ese título, después el "Trece" se quitó y se retiraron los volúmenes del mercado.
Investiga sobre la escritora y descubre las más extravagantes y fantásticas en torno a su vida pasada, que nadie conoce en realidad.

Margaret coge un tren hacia la casa de campo de Vida Winter, una gran mansión victoriana con un bello jardín laberíntico. Cuando la joven conoce a la escritora le da la sensación de que es una arpía acostumbrada a dar órdenes, una mujer de hiel y acero, una anciana fría y casi inhumana. ¡Cuán equivocada está Margaret! Cuando descubra a la verdadera persona que hay en el interior de ese cascarón arrugado y seco la librera le habrá cogido un afecto inmenso, tanto que la costará desprenderse de ella.
Los primeros contactos no son buenos, puesto que la escritora trata a Margaret como una simple empleada, pero la chica sabrá ganarse un trozo de corazón de la anciana. Y entonces comienza la historia.

La familia March vivía en una gran mansión en Angelfield. Eran inmensamente ricos. Tenían un hijo, Charlie, al que no prestaban mucha atención. Entonces llegó la niña, Isabelle, pero en el parto falleció la madre. Esto supuso para el padre entrar en un estado de shock y desesperación, tanto que en su depresión llegó a encerrarse en la biblioteca para no salir más. Como todo parecía que empeoraría, el ama de llaves entró en la biblioteca con el bebé en brazos y se lo colocó al señor en los brazos. El hecho de tener a su hija recién nacida con él le alentó a cuidarla. Desde entonces padre e hija no se separaron. Cuando la niña creció, su hermano Charlie comenzó a verla como un posible objeto de sus travesuras, pero la inteligencia de la niña dio lugar a un entendimiento fraternal. El joven Charlie empezó a idolatrarla e incluso se enamoró de ella.
Cuando pasaron a la adolescencia, Isabelle y su hermano empezaron a ir a meriendas campestres y la joven se enamoró de un chico del pueblo. Poco tiempo después anunció que se marchaba, lo que causó la desesperación en su padre, que murió poco tiempo después, y la locura de Charlie, que no podía vivir con ella, y que pagaba con las aldeanas la tortura amorosa que le sobrellevaba, cogiéndolas en cualquier descampado o en cualquier corral. Las violaba sin importar el dolor de ellas, pero nadie se quejó jamás.
Cuando volvió Isabelle, no venía sola, sino que traía dos capazos sus hijas gemelas, Adeline y Emmeline. En su ausencia se había casado con el chico del pueblo y éste había muerto poco después, así que ella volvió a casa. Su hermano no se separaba de ella y el cuidado de las niñas estaba a cargo del ama de llaves y del jardinero, que iban envejeciendo.
Las gemelas crecieron y empezaron a hacer travesuras en el pueblo. Se comenta que una, Adeline, era muy inteligente y malvada, y que arrastraba a la otra, Emmeline, algo retrasada pero buena, con ella. Los vecinos empezaron a quejarse y el médico habló con su mujer para que fuera a la casa grande a hablar con la madre de las gemelas.
Cuando entró en la casa, que parecía deshabitada, alguien le golpeó con un violín. Pensando que había sido Isabelle, la mandaron a un manicomio donde moriría un tiempo después. Charlie se encerró en el cuarto de los niños y no salía nunca.
El médico mandó a una institutriz a cuidar de las chicas. Hester, que así se llamaba, enseguida puso orden y limpieza en la casa. Se ganó el afecto de Emmeline, pero no consiguió nada con Adeline. Y entre el doctor y ella descubrieron que podían hacer un experimento con las gemelas. En este proceso los dos se enamoran y Hester debe marcharse ante la vergüenza pública, pues era la esposa del médico la que les había pillado besándose.
Cuando las chicas se quedan solas sólo tienen al jardinero y al ama de llaves. El primero fue asesinado por Adeline, la segunda murió poco después. Aparece entonces un joven que venía a ayudar al anciano y se propone ayudar a las gemelas. Pero deja embarazada a Emmeline. Cuando ella tiene al bebé se lo dejan a una buena señora del pueblo, que lo educará como si fuera su propio hijo. Adeline odia a ese bebé porque su gemela no estaba tan unida a ella, lo había intentado asesinar y prende fuego a la casa. En la pelea una de ellas es salvada.
Ahora bien, la triste historia es que hay una tercera niña, una niña fantasma que fue abandonada a las puertas de la mansión por alguna aldeana a quien Charlie había dejado embarazada. Esa es la verdadera Vida Winter, la que aparecía y desaparecía, que tenía tal parecido con las gemelas que si se aparecía repentinamente todos pensaban que era un fantasma. Esa niña adoraba a su prima Emmeline, a quien intentó salvar del fuego.
Hay dos incógnitas no resueltas en el libro. Una es que no se sabe bien a quién de las dos gemelas salvó. Al final parece ser que fue Adeline y Emmeline murió entre las llamas. La otra pregunta es que tampoco está claro si Isabelle y su hermano cometieron incesto y por tanto las gemelas podrían ser hijas de Charlie y su madre huir y casarse rápidamente para que no surgiera ningún escándalo.
La niña fantasma adopta el nombre de Adeline mientras la otra supuestamente es Emmeline. Poco tiempo después Adeline se cambiará el nombre por el que le dio la fama literaria.

Esta novela me recuerda, en cierto modo, a los libros de Virginia C. Andrews que me leía cuando estaba en el colegio.

miércoles, abril 25, 2007

Leyenda del legado del moro

Pedro Gil, más conocido como "Perejil", era un famoso y honrado aguador de Granada. Cogía el agua del principal manantial de la Plaza de los Aljibes de la Alhambra y cada día bajaba y subía por las sinuosas cuestas del Palacio a la ciudad. Para que le ayudara en la carga contaba con un leal compañero, un pollino.
Era pobre pero eso no le quitaba que fuera alegre, pues si por algo era famoso Perejil era por su gran alegría. Y aunque siempre sonreía, no era todo en su vida tan llevadero, pues su familia le daba bastantes quebraderos de cabeza y su mujer nunca le agradecía su trabajo.

Un día había decidido hacer un viaje más a la Alhambra cuando allí se encontró con un moro enfermo que le pidió ayuda para bajar a la ciudad. Pedro Gil le montó en su pollino sin pedirle nada a cambio. Y al llegar a Granada el moro le pidió alojamiento en su casa. El buen aguador le acogió a pesar de que corría peligro al albergar en su casa a un infiel. La Inquisición estaba en auge en aquella época y podría ir a la horca.
El moro expiró en su casa esa misma noche, pero antes le dejó un regalo. Se trataba de una caja que contenía un pergamino en árabe y un trozo de vela.
Como les entrara el pánico, Pedro y su esposa le sacaron de su casa a hurtadillas y le enterraron junto al río Darro.

Suele ocurrir en estas situaciones que siempre se entera alguien y esa persona siempre intentará dar problemas.
Tenían un vecino que era muy chismoso, un hombre que todo quería saber. Era barbero y desde que vio esa noche entrar a Pedro en su casa con un desconocido, que además era moro, no pudo dormir. Después les siguió y vio cómo enterraban el cadáver.
Al día siguiente fue a cortar la barba al alcalde y le contó todo lo que había visto. El alcalde envió al alguacil más fiel a arrestar a Pedro.
Cuando se dieron cuenta de que no había matado al moro para robarle y que no había ningún tesoro más que un pergamino en árabe, le dejaron marchar, aunque se quedaron con el pollino. Y Pedro volvió a sus quehaceres, aunque a peor puesto que ahora debía transportar él mismo el agua sobre sus espaldas.

Un día pasó por la tienda de un moro y decidió enseñarle el pergamino. Cuando descubrieron que era un encantamiento fueron los dos a la Torre de los Siete Suelos y consiguieron abrirla tras pronunciar las palabras encantadas escritas en el pergamino. Y allí había un tesoro oculto. Sólo se llenaron los bolsillos de monedas y joyas y apagaron la vela para que se cerrara la piedra, prometiendo volver y no decir nada.
Pero Pedro se lo tuvo que contar a su mujer y, aunque parezca extraño, ella guardó silencio. Nunca se ponía públicamente las joyas, aunque un día salió a la ventana con ellas puestas para ver cómo brillaban bajo el sol. Fue mala suerte que su chismoso vecino, el barbero, la viera, y faltó tiempo para que fuera a contárselo al alcalde.
Volvió a ser arrestado Pedro, que, incapaz de mentir, contó la increíble historia, así que también prendieron al moro que le había ayudado. Los avariciosos (alcalde, alguacil y barbero) también querían ver y formar parte de ese tesoro así que los tres les acompañaron hasta la torre.
Una vez allí abrieron la gruta encantada y Pedro y su amigo entraron mientras los otros se quedaban fuera. Salieron con sendos jarrones llenos de oro y joyas, alegando que dentro había un pesado cofre que contenía más de lo que habían sacado ellos. Y los tres codiciosos entraron sin pensárselo dos veces.
En ese momento el moro cerró la puerta tras ellos, dejándoles dentro para siempre.

Pedro y su familia se marcharon a Portugal con los bolsos llenos de fastuosos tesoros. Allí disfrutaron de la fortuna y desde entonces no volvió a ser Perejil, sino Don Pedro Gil. El moro regresó a su tierra natal, Tánger.

Siempre esperamos algo de los demás, siempre

Mi amiga Isa dice que siempre esperamos que los demás hagan en una situación determinada lo que nosotros haríamos en su lugar. Muchas veces ocurre, pero no siempre.
Claro que es inevitable pensar en la respuesta del otro, pero a veces esa respuesta es completamente diferente a como esperábamos y quizás va cargada de sorpresa, más que nada, por lo de inesperada que tiene. Otras veces esa respuesta no llega.
Cuando me pongo a reflexionar sobre ciertas situaciones de mi pasado siempre me llegan tenues momentos donde esperé que alguien hiciera algo. Tiempo después me di cuenta de que, hicieran lo que hicieran, casi todo era perdonable.

Hoy sigo esperando, aunque ya no me planteo cómo será la respuesta que me llegue del otro, ni siquiera pienso en lo que yo haría en esa situación. Por nuestros hechos se nos juzga y no somos nadie para decirles a otras personas lo que deben y no deben hacer.

Sin embargo, es cierto que siempre viene alguien que te intenta indicar el camino.