miércoles, agosto 23, 2006

Soñando

Esta noche he tenido un sueño demasiado perfecto. Lo recuerdo todo, me he despertado y ha sido imposible que reanudara. Por eso lo recuerdo, parecía demasiado real y he abierto los ojos. Cuando, después, he intentado volver a dormir se me han caido las lágrimas.
No lo voy a contar, no quiero contarlo. He conocido gente que interpretaba muchos de sus sueños como premonitorios aunque yo sé que hay una posibilidad entre un millón (o más) de que esto se llegara a cumplir.
Si esto lo hubiera soñado hace unos meses quizás me hubiera traído una sonrisa. Pero hoy no es el caso. Hoy sólo me produce rabia, y quizás ira.

Lo que tengo claro es que no quiero que se pierda entre las cosas que terminamos olvidando, así que pongo una imagen que me hará evocar lo de esta noche.

Es una parte del sueño, pero bastará.

Prefiero no acordarme de lo que sueño. Es más fácil así. Ahora, al recordar, vuelve a entrarme el pesar :'(

domingo, agosto 20, 2006

Último día

Me da pena que ya se acaben las fiestas. Después de dos años sin aparecer en esta época debo reconocer que las echaba de menos.
Las patatas (con chorizo o con carne) se están repartiendo en estos momentos en la ermita. Estoy segura de que hay una fila inmensa. Como ya está mi gente cogiéndolas yo sólo apareceré en la mesa cuando lleguen. Excepto el año que llovió ésta es la primera vez que comemos las patatas en casa. Igual es mejor porque pasar todo el día en la ermita se hace pesado.
Tengo 150 fotos de estos dos últimos días. La gente de mi pueblo ya sabe en qué parte de internet las voy a colgar. Ayer me tuve que venir antes. Creo que cogí frío en la tripa y me dolía. Ante la insistencia de mis amigas porque no me marchara y tras la aparición de mi hermano y sus amigos, les dije: "Dentro de diez minutos les decís a mis amigas que me he ido a dormir".
Los disfraces fueron de risas. Estaba segura de que nosotras ganaríamos, sin haber visto los anteriores, sólo con las risas que provocamos nada más aparecer y por la originalidad...
A Julián Muñoz (Isa) le picaba el bigote, miraba a Roca (Elena) y me partía el eje, Isabel García Marcos (Marta) quería que acabara todo, y yo como Isabel Yagüe deseaba quitarme los zapatos de tacón.
Nosotras llegamos en coche, repartiendo billetes falsos por allá por donde pasábamos.
El teatrillo también estaba formado por más gente: Mari como Isabel Pantoja, Natalia como Mayte Zaldívar, Virginia y Yoana como reporteras del Tomate, Camille y sus amigos franceses como policías.
Lo pasamos bien, sí. Otro día cuento más. Mientras tanto espero que mi familia no tarde mucho en aparecer con las cazuelas llenas de patatas.

miércoles, agosto 16, 2006

Revisando emails antiguos

Hoy he repasado la bandeja de entrada del correo electrónico. Estaba eliminando cosas. De repente he llegado a unos emails que me han puesto la piel de gallina.
Por un momento he regresado a los umbrales de enero y he recordado cómo exprimía cada una de las palabras escritas en ellos.
Un día esa ola de emails dejó de llegar. En parte, casi que prefiero que se terminaran esas palabras. El último es del 25 de julio :'(

Pet Shop Boys: Se a Vida É (That´s The Way Life Is)

El poder de las estrellas

Al diplomático noruego Charung Gollar le fue encargado presentar ante la ONU un gráfico, mostrando los principales problemas del mundo en el 2004.
Presentó una serie de 8 gráficos titulada "El poder de las estrellas" y fue aplaudido por la simplicidad de la idea. Su trabajo, a pesar de no tener ninguna pretensión, fue presentado para participar en el Premio Nobel de Marketing Político.
Lo más importante es la leyenda de cada bandera. Está en portugués, pero se entiende perfectamente.


Somalia


Brasil


Burkina Fasso


China


Colombia


Angola


Unión Europea


USA

"El sentido de la vida"


No sabría ni por dónde empezar a hablar de esta película. La verdad es que me eché mis carcajadas, como no podía ser de otra manera, viniendo de algo realizado por los Monty Python.
Sí, yo también a veces me pregunto por qué estamos aquí, pero no suelo filosofear con esto. Más bien prefiero pensar que todo lo que nos rodea hay que disfrutarlo como si mañana terminara el mundo, como si cada día fuera único y cada mañana un comienzo.
De esa manera es posible que nos ahorráramos muchas idas de la pinza.
Lo que más me llamó la atención de la película es el momento final, cuando todos los personajes que van apareciendo a lo largo de la película se reúnen allí arriba.
O la maestría de unir el cortometraje inicial de la Aseguradora Crissom en el abordaje pirata con la película en sí.
La aparición de la Muerte, a quien nadie reconoce, es algo elegante también.
O la cuestión del tráfico de órganos: ver a una familia inmensa, donde el padre de familia se queda sin trabajo y debe vender a sus hijos, o los órganos de sus hijos, para poder sobrevivir, tema que se vuelve a tocar en otro momento, cuando dos "médicos" aparecen para extirpar el hígado a un hombre.
Por supuesto, se trata de una parodia genial, es una obra maestra. Creo que veré todas las películas de Monty Python.
De todas formas, esta película tiene algo... No sé, al final te hace pensar sobre muchas cosas. Parodia o no, toca temas bastantes profundos de la vida, aunque los tome desde un sentido humorístico y quizás ridiculizando cosas que realmente nos parecen importantes.

martes, agosto 15, 2006

Sin ganas

Yo no sé por qué últimamente estoy con tan pocas ganas de contar nada ni de escribir, ni siquiera de hablar con nadie. Al menos mi mente no concentra toda su atención en las mismas cosas, aunque en estos momentos la obligaré a que se centre en la cultura teutónica y en la lengua germana.
Después de dos años sin aparecer por fiestas de mi pueblo volveré a sacar el buzo de otros años, naranja y negro (muy feo, por cierto), y descontrolaré por todo lo que no he hecho este verano. Al fin y al cabo estaré con mi gente, a quien conozco desde que tengo uso de razón.
Tengo algo raro en el pc que me deja sin internet después de estar un rato sin teclear. Llevo varios días así y no me hace ninguna gracia. Pero como todo, algún día encontraré el origen y la solución sin necesidad de formatear y/o restaurarlo.
Me voy a divagar. El aire de esta tarde de agosto me irá bien.

domingo, agosto 13, 2006

Dejad que los niños se acerquen a mí

Hace unos años dejé de ir de campamentos. Adoraba el aire que se respiraba en la soledad de la noche, perdida en medio de una montaña. Es algo que echo de menos.
Mis primeras acampadas se remontan a mi colegio donde no me perdía ninguna. Me acostumbré a caminar cuesta arriba, entre piedras, a llevar las marcas del sol en las piernas, a beber menos agua del que mi cuerpo necesitaba.
Así conocí Pancrudo, Valvanera, San Lorenzo, el Aneto y muchas más cumbres cuyos nombres no recuerdo.


Mi primera acampada fue un fin de semana invernal. Estábamos rodeados de una neblina continua. Alrededor sólo se veía verde, no había ningún pueblo cerca, aunque a nuestros oídos llegaban los cantos de los monjes enclaustrados en Valvanera. Sí, nos habían dejado el refugio y a veces veíamos algún hábito entre esas nubes grises.
Me acuerdo de aquellos cola-caos calientes al aire libre, a pesar del frío. Nos despejaban inevitablemente.
Aquella acampada fue la que más me marcó. Quizás porque me convertí en la niña bonita y preferida del director de mi colegio, con el que, sin conocerle, empecé un contacto que perdudaría durante muchos años. Un día dejó los hábitos y se casó. Me escribió una carta para contármelo.
En aquella primera acampada, todos mis compañeros de curso fueron con alcohol en las mochilas. No quise participar en su fiestecilla. A pesar de que me insistieron en que TODOS beberían en la acampada dije a tiempo que no. Y sí, todos excepto yo, se fueron al río tras la cena ese primer día.
Me dijeron que fuera. Una luz se encendió en mi interior. Claro que quería irme con ellos, pero yo no iba a una acampada a beber alcohol, para eso me quedo en casa. Les dije por última vez que no. ¡Qué sensatez la de entonces!
Estuve durante horas con varios monitores y alumnos de otros cursos mientras el director tocaba la guitarra. Los de mi curso no aparecían, aunque se oían sus voces y risas a lo lejos.
Chemi me hizo una señal y me dijo que le acompañara. Sabía lo que me iba a preguntar y yo no soy una chivata, así que fui con bastante miedo. Me cogió por los hombros mientras me guiaba al oscuro pasillo enclaustrado del monasterio de Valvanera, al resguardo de la fría brisa nocturna. Me preguntó por mi gente, me pidió que le dijera qué estaban haciendo los de mi curso. Me encogí de hombros y le contesté que no lo sabía.
-"Ana, una persona como tú, que tiene tratos hasta con el diablo, sabe lo que están haciendo sus compañeros de curso; nos imaginamos que están bebiendo alcohol, quiero que me lo verifiques y tienes mi palabra de que no saldrá de aquí".
Era verdad. Yo no podía negar que me llevaba bien con todo el mundo, que era imposible que no me hubieran dicho nada y, evidentemente, sabía lo que hacían en ese preciso momento. Le respondí que me daba miedo contestar, que no quería que me señalaran, que si lo tenían tan claro no hacía falta que me preguntaran a mí y que para corroborarlo sólo tenían que caminar hasta el río, donde tendrían la respuesta a lo que querían saber.
Chemi me dijo que entendía perfectamente mi reacción y ese afán por proteger a mis compañeros de clase, y de curso, y me dio una especie de ultimátum: "Dime sí o no. ¿Están bebiendo?". Mi respuesta fue afirmativa. No podía negar la evidencia y sobre todo no podía mentir.
Me animó a que me tranquilizara, que eso no saldría de allí. Sentí una culpabilidad inmensa, me sentía como una traidora. Pero esta gente sabe cómo tratar a los adolescentes.
Cuando volvimos al grupo, Chemi hizo una seña al director. Éste dejó la guitarra en manos de una alumna de un curso superior y me alentó a seguirle. Volvimos al pasillo enclaustrado. Le lloré. Le dije que estaba traicionando a la gente de mi curso. Mariano, siempre con aquella voz melodiosa de ánimo, me tranquilizó. Es una de las pocas personas que he conocido que sepan utilizar las palabras adecuadas en cada momento. Él sabía hacerlo. Nunca castigaba, como otros profesores o el director anterior, pero lo que decía llegaba dentro y eso hacía que todo el mundo le respetara.
Mariano me dijo que no debía preocuparme, que era una nimiedad, que no había nada grave en lo que yo estaba haciendo, sino que los que pecaban eran los que estaban en el río. Y de repente me preguntó por qué no había ido con ellos. Mi ética no me había dejado, estaba claro. Pero con 15 años no se habla de ética y moral. Le contesté que no me parecía bien ir a una acampada a beber alcohol, que para eso no hubiera ido. Que me habían insistido y que era posible que me vieran como un bicho raro por no compartir esos momentos de ebriedad con ellos, pero que prefería ser un bicho raro a hacer algo que no quería hacer. Sí, con 15 años ya me marcaba unos límites.
Desde entonces estuve protegida no sólo por el director sino por muchos profesores de mi colegio. Evidentemente Mariano se lo había contado.
Cuando los de mi curso llegaron del río, el director, en medio de la velada, dijo varias cosas, entre ellas que estaba muy disgustado con lo que habían hecho ciertas personas ese primer día. Su discurso fue extenso pero profundo. A mí me llegó dentro sin haber hecho nada. Y me hizo pensar: "¿Qué hubiera pasado si hubiese optado por lo contrario?"
Evidentemente el hecho de que hubieran estado bebiendo alcohol lo iban a descubrir, pues muchos se levantaron en medio de la noche al cuarto de baño a expulsar lo que llevaban dentro y que parecía que no les había sentado muy bien.
Recuerdo muchos más campamentos de mi colegio, pero no quiero seguir hablando de ellos. Aunque he de decir que estar a 400 metros de la cima del Aneto no es algo que se haga todos los días. Y no nos dejaron tocar la punta porque había hielo y no querían correr el riesgo de que alguno resbalara. Aquel verano fue genial.


Resultado de imagen de benasque
Después llegaron otras acampadas, totalmente diferentes. Ya no iba como alumna sino como monitora. Iba con niños. A pesar de mi poca paciencia para muchas cosas los niños me hacen sonreír, con ellos soy paciente como la que más. Será que me encanta hablarles, estar con ellos, reírme.
Después de varios años con mi colegio estaba hecha para caminar por montañas y estas acampadas eran demasiado suaves en comparación con las que yo había hecho años antes. Además la gozaba.
El caso es que montar una tienda de campaña me parecía demasiado fácil, crear una gymkana era algo que hacía con los ojos cerrados, nunca aprendí a tocar la guitarra (pero para eso ya estaban mis amigas) y descubrí algo: me gustaba contar historias. Aunque pueda parecer extraño los niños me prestaban atención.
Recuerdo todas esas caritas expectantes mirándome, esas caritas a las que guardo especial cariño.
Me viene a la mente esa imagen del pequeño Luis que iba corriendo a través del cortafuegos por donde descendíamos ya al campamento cuando se cortó en la pierna. No me quedó otra, no podía dejarle allí y no soy muy fuerte pero Luisito no pesaba nada. Le cogí a cuscús y le llevé hasta el campamento.
Me acuerdo de Rodrigo, que se meaba por las noches y todos se reían de él. Todas las mañanas le pedía su saco y se lo abría completamente para que se ventilara mientras estábamos fuera. Recuerdo sus palabras, aquellas que me llegaron al alma: "Estoy solo y ahora sin amigos". Le cogí de los hombros, al igual que Chemi me hizo a mí años antes, y le animé. Un rato después se perfilaba una sonrisa en sus labios.
Hablé con el resto de los niños. Les dije que ni se les ocurriera reírse de Rodrigo. Me respetaban y delante de mí no vi una burla más.
Rodrigo, ya crecido, cada vez que me ve me saluda con cariño. Sonríe. Me ve como su protectora y es posible que sienta admiración por mí, por defenderle y ponerme de su parte.
Los niños son crueles con los defectos ajenos, pero yo sabía cómo tratarles.
Recuerdo al colombiano, que era más alto que yo. Tengo una foto haciendo Kick-Boxing con él. La verdad es que le tengo cogido con los brazos y no me llegaban a rodearle entero. Y además tenía más fuerza que yo.
Recuerdo a Laurita que vino de sabionda "yo he estado en acampadas y esto es una mierda". Me sacaba de quicio. Pero a los niños hay que saber tratarles y eso se me daba bien. Tuve una conversación con ella. Ahora me cae bien. Bueno, es la prima de Marta, tampoco podía ser cruel con ella. Le dije a Marta que hablara con ella, que su actitud era negativa para el grupo. Pero al final fue mi palabra la que la paró los pies.
Y recuerdo la "revolución de los huevos" donde apareció una docena (o dos) de huevos en el suelo. Nadie los había roto. Mis amigas no sabían qué hacer y cómo sacar al culpable. No lo sacamos, de hecho. Salí de la tienda y les dije que se pusieran en fila:
-"Bien, si en media hora no sale el que haya roto los huevos, nos vamos a casa".
-"¿Andando?"
-"Sí, andando, sólo son 7 kilómetros. Es un castigo razonable. Y siento que paguen justos por pecadores".
No salió. Así que les obligué a recoger sus cosas para preparar la marcha a casa. Pero había un problema. Mi hermano pequeño también estaba allí. Piensa como yo y sabía que me estaba tirando un farol. Salió de su tienda y dijo: "No le hagáis caso, que sólo quiere que hagamos las mochilas para deshacerlas después".
No lo pude evitar. Me eché a reír a carcajadas. El enfado de los huevos se pasó. Y ellos cogieron sus esterillas y los cubiertos de metal que pillaron a mano y empezaron a golpear y cantar: "¡¡¡No nos marchamos!!! ¡¡¡No nos marchamos!!!"
Recuerdo cuando le cogimos el coche al cura y fuimos a nuestro pueblo. Nunca había conducido su Citroën Saxo antes, pero tenía buenos amortiguadores en los baches, y el camino a nuestro pueblo estaba lleno de agujeros.
En fin, ¡qué buenos recuerdos! Lástima que ese cura corrupto un verano decidiera hacer el Camino de Santiago con mamis incluidas y le saltara a la cara: "Si van las madres nosotras no pintamos nada, conmigo no cuentes". Y ya no volvimos a llevar a los niños al monte ni volvimos a repetir.
Sí que lo pasábamos bien, sí.

sábado, agosto 12, 2006

Cuando miras atrás...


Cuando vuelvo la vista atrás y vuelven a aparecer en mi mente las conversaciones de hace unos meses me entra la nostalgia. Ya no es ese sentimiento de dolor por el que pasé en un determinado momento de este verano; sí es cierto que a veces sigue doliendo algo y se me cae una lagrimilla. Aunque ahora es diferente.
Soy consciente de que algo se ha perdido, era inevitable que pasara, aunque lo hubiéramos querido de otra forma.
Cuando miro hacia atrás todavía hay días en que se me encoge el corazón, en que empiezo a dar vueltas a todo y en que intento no pensar. Esos momentos van desapareciendo cada día un poco más.
Ahora sonrío más. Pienso en más cosas.
Al final, aunque se haya perdido parte de esa complicidad, siguen quedando otras cosas como la confianza, la amistad y quizás algo más. Y espero que eso no se pierda nunca.

Si no fuera por la crucifixión este país sería un desmadre


Gran parodia.
La verdad es que no pensaba que me iba a reír tanto, pero así ha sido.
Creo que la volveré a ver muy pronto.
Ahora ya sé qué es el FPJ y el FJP y no, no soy una DISIDENTE.

Si luego tengo ganas de escribir sobre la película lo haré, aunque me da que se va a quedar así.

Dedicatorias especiales

Todo empezó anoche cuando una persona, viendo mi avatar (ese del muñeco rabioso de mala hostia con un 6 taladrado en medio de la frente), pensó que alguien me había quitado mi messenger. Recuerdo que dije que no, que yo no era quien pensaba, que era una coincidencia nada más que hubiera puesto ese avatar en el messenger en ese preciso momento.
Las preguntas se sucedieron pero nada convencía a mi interlocutor. Entiendo que en este mundo se tienda a desconfiar de la gente y me puse en su lugar. Intenté de mil maneras diferentes demostrarle que era la misma persona que hace una semana, tres meses, dos años.
Y se me ocurrió una idea. Sé que nunca había visto mi letra ni nunca me había visto un dibujo, realizado en menos de un minuto, pero serviría para darle credibilidad de que era yo misma usando mi messenger.


Su respuesta fue: "Te creo, porque no me imagino a ninguno de Ogame dibujando una flor". Yo tampoco me los imagino, la verdad.

Y hoy me ha dado una sorpresa. Me ha hecho una dedicatoria él también. Me ha encantado :)

Cuelgo esta foto nada más.
Hay cosas que siempre te sacan una sonrisa. Ésta es una de ellas. Gracias Pim :*

martes, agosto 08, 2006

Momentos de placer

Tiempo ha que no escribía cierto tipo de historias.
Los 40 minutos de después se me han pasado volando. ¿Por qué será?
Se dice pronto... 40 minutos... El caso es que me se han pasado volando. Han sido placenteros a tope. Voy a subir una canción o algo porque no quiero llenar esto de palabras lujuriosas, no vaya a ser que tenga que volver al cuarto oscuro otros 40 minutos. Vaya, que no me importa.

Slipknot: Iowa

lunes, agosto 07, 2006

He caído rendida ante la magia de V


Vendetta, o venganza, un ser enigmático entre tantos otros. Un Edmundo Dantés futurístico que revoluciona a toda una nación. Un dios justo respaldado por el pueblo.
El se tomó la justicia por su mano porque la justicia del Gobierno no era la más justa, ni lo fue en el pasado con él.
Todo comienza un 5 de noviembre y todo acaba un 5 de noviembre posterior.
V conoce a Evey (Natalie Portman) y la convence de unos ideales justos, pero sobre todo le quita sus miedos.
Ella era la última pieza.
¡Cómo me ha gustado que saltara por los aires el Big Ben! Joder, joder. Casi como cuando la Casa Blanca es atacada por un O.V.N.I. en "Independence Day".
La gente no debe estar temerosa de sus gobiernos.
Los gobiernos deben ser temerosos de su gente.
No quiero destripar la película, como he hecho con otras. Buscaré el cómic de V.
Mi libro preferido es El conde de Montecristo de Alejandro Dumas. Algún día hablaré de este libro. Siempre lo aconsejo. Es la historia de una venganza, más o menos como la de Vendetta. He visto algunas de las películas que se hicieron. Pero no se pueden equiparar al libro. Edmundo Dantés, injustamente encarcelado en la isla de If, pasó muchos años maquillando su venganza. Un día logró escapar y encontró un tesoro que alguien que tenían por loco le había legado.
Cuando vuelve a Marsella y a París sólo la que durante unas horas fuera su esposa antes de que le hicieran prisionero le reconoce: Mercedes. Con sangre fría, el conde de Montecristo, un acaudalado caballero cuyo nombre no sonaba antes, comienza a aparecer en todas las fiestas de sociedad. Y se venga de todos aquellos que le enterraron durante tantos años en la cárcel de If, de donde se decía que nadie conseguía escapar. La venganza puede ser terrible, nunca mejor dicho. Pero otro día, que el libro es amplio.

No nos damos cuenta de lo que tenemos hasta que lo perdemos

Un día te das cuenta que ya no duele el dolor. Un día te das cuenta de que puedes volver a sonreír. Un día te das cuenta de que eres capaz de volver a volar.
Y eso es motivo de felicidad, no una felicidad plena. Pero te dibuja una sonrisa que alegra tu rostro, ennegrecido por el sufrimiento interior.
Hace un tiempo sentí el vacío y la pérdida. Fue desgarrador. Pasé momentos muy tristes, un día dejé de llorar porque se me habían acabado las lágrimas. Pero recompuse todo lo que alguien hizo trizas.
Ya no necesito a aquella persona que me hacía sonreír hace unos meses porque han aparecido otras personas que la eclipsan, que no sólo me han devuelto la sonrisa sino que me han hecho reír a carcajadas.
Ya no siento nada. El encoñamiento se fue, como se difuminaron las palabras, hoy en el olvido ya.
Llega un momento en que te das cuenta de que todo tiene un punto final, comienzan nuevas historias, conoces a gente nueva, disfrutas con otras cosas.
Ya no te preguntas: ¿Qué estará haciendo? ¿En qué pensará? Ahora no te importan las respuestas sino que sigues tu camino, mirando hacia el horizonte. Prefieres no mirar atrás, y lo consigues, vaya que sí.
No quiero que me adoren, prefiero que me insulten, -dije a alguien hace poco. Y se reía. No, no quiero palabras que embellezcan mi mundo, pues las palabras dichas crean ilusiones erróneas que con el tiempo se terminan esfumando.
No puedo creer. Ahora sonrío, me es todo indiferente. Expando mis alas hacia otros horizontes cargados de esperanza. Pero sonrío. Yo misma lo decidí así.
Hace tiempo que me di cuenta de la pérdida y el vacío. Cuando la asumes dejas de sentirte mal. Sí, me daba cuenta de lo que perdía, pero un día levanté la cabeza y miré al cielo. Después de la oscuridad, la luz del sol era una dosis de energía que resplandecía en mí.
Estoy cargada de energía positiva. Un día el dolor deja de doler y ya te da igual porque no quieres mirar atrás. Si miras atrás te entra la nostalgia, pero ya no quiero mirar atrás.
Lo más importante es que ahora sonrío.

sábado, agosto 05, 2006

Ya lo sabía

Sabía que en días como en el de hoy volvería a caer en el vacío.

Y de repente el silencio.
Es demasiado doloroso ya. Si me quiero marchar es por algo, nadie lo sabe mejor que yo.
El dolor es demasiado destructivo.

viernes, agosto 04, 2006

Descubriendo otros mundos

En mi vida hay muchos mundos. Puedo presumir de ser una persona sociable y extrovertida. Soy muy amiga de mis amigos. Mis colegas, los de verdad, los de mi tierra, me adoran sin excepciones, me quieren y me protegen.
En mi familia soy la única hija de varias generaciones patriarcales y varoniles, por lo tanto en el nido familiar un abrazo mío es deseado y esperado, ya por el simple hecho de pasarme fuera durante tanto tiempo seguido.
Mi gente, la gente que conocí y conozco tanto en Salamanca como en otras ciudades, me admira. No sé, no hago nada para caer bien, pero noto a mi alrededor que me aprecian.
Esa es la vida real.
Hay otro mundo, donde he hecho muy buenas migas con ciertas personas. Un día alguien te hace llorar, quizás roza la decepción o simplemente te produce amargura. Sí, a veces el tacto es importante a la hora de decir las cosas. A veces no nos damos cuenta de que para sonreír hacemos llorar a otras personas. Quizás es sin darnos cuenta, pero es así. Un día me cansé de preocuparme por los mundos de internet. Yo nunca debí conocer PutaLocura ni otros antros de perdición. Igual es que me he cansado, como me he cansado de todo.
Es posible que mañana no escriba aquí porque no quiero dar más de mí. Hay gente que me ha demostrado que no se merece nada de mí. Creo simplemente que peco de muchas cosas, sobre todo de tener un gran corazón. Debería ser una arpía, pero no sale de mí.
Un día mueres porque la daga es demasiado profunda como para recuperarte del golpe. Y un día dices adiós a todo. Siempre hay un final. Yo no pertenezco a este mundo.
Mi mundo, el que nadie conoce, es demasiado bello y mágico para describirlo por aquí. Quizás algún día lo haga. De momento me quedo con éste porque ahí nada puede producir llagas ni manchas que perdurarán para siempre. Lástima que este mundo tan perfecto no pueda compartirlo con nadie.
Estoy harta, pero sobre todo estoy demasiado cansada para seguir.

jueves, agosto 03, 2006

Cerrando los ojos


Me estoy meciendo entre las olas. Debería haber nacido al lado del mar, en una isla paradisíaca donde los brazos del turismo no lleguen nunca. Me gustaría estar rodeada de palmeras, arena, sol y agua.
Me estoy meciendo y nadie puede alterarme en estos instantes. Me balanceo sin pensar en nada más.
Quiero dormir y, aunque cierro los ojos a menudo, no consigo atravesar la barrera hacia ese mundo de los sueños. Por las noches me cuesta dormir tanto que me temo.
No tengo ganas de escribir. Sólo quiero cerrar los ojos mientras al fondo suena esa balada al piano.

miércoles, agosto 02, 2006

Detalles...


A veces hay detalles capaces de dejarte sin respiración.
Otras son demasiado sorprendentes para sacarte una lagrimilla.
Y hay veces donde los detalles son tan imprevisibles e inesperados que ansías que vuelvan a ocurrir.
Hay detalles pequeños que suponen un mundo entero.
Y hay grandes detalles que te sacan grandes sonrisas.
Pero los detalles más importantes... ésos son los que nunca llegan, por mucho que los esperes. Y esos detalles... son los que más adentro llegan.
Sí, los detalles hay que valorarlos, pero no tanto como para esperar aquellos que jamás llegan y te hacen que los eches de menos.

Ana se va de compras

Llevo una mañana en la que no he parado quieta ni un momento -bueno, ahora sí-. No es bueno ir con mucho dinero en el bolsillo por el peligro de fundirlo en cuestión de minutos. Yo llevaba bastante pero por ser principio de mes ese dinero estaba destinado a pagar el piso. Cuando me ha visto Raúl, el casero, me ha hecho una caricia en el brazo. Yo no sé por qué se toma tantas confianzas, pues nunca se las he dado. Llevaba unas inmensas gafas oscuras que le tapaban los ojos así que no estoy segura de que haya mirado mi escote o no. Yo creo que sí.
Es que todo el mundo últimamente me mira el escote. Es verano y hace calor. Lógicamente no voy a ir tapada con recatos y remilgos. Se me veía el canalillo, que tengo morenote, pero que se vea un poco en esta época es algo normal.
La primera tienda donde me he parado frente al escaparate era una óptica. Me han encantado unas gafas de sol inmensas. Pero no he querido entrar porque, conociéndome, hubiera sido capaz de decir que me miraran los ojos a ver si me ha crecido el número de dioptrías. Y me hubieran comido la cabeza para comprarme otras gafas que usaré en contadas ocasiones. Es lo que tiene contar con miopía sólo en el ojo derecho mientras el izquierdo ve a la perfección.
Enfrente había una tienda de televisores. Me he quedado anonadada con las grandes pantallas de plasma, las grabadoras de dvd´s, los iPod y toda la parafernalia que allí se exhibía. Y he visto algo que quiero desde hace mucho tiempo y que realmente no necesito: un reproductor de dvd´s y divX, pero lo he pensado bien y seguiré viendo las películas en el ordenador.
Bien, he decidido volver a casa tras las tentaciones de muchas boutiques en segundas rebajas (Saldi ponía en Roma), pero ha llegado un momento en que no he aguantado. Me he comprado la tostadora que me dio pereza comprar hace unas semanas. Cuando me ha empezado a enseñar la más barata que haría carambola en mi cocina y mientras hablaba la señora explicándome el funcionamiento, le he señalado la que yo quería: "Quiero ésta". Una tostadora plateada que brillará en la encimera de mármol como los chorros del oro. No he ido a por la más cara, simplemente a aquélla que va más con mi estilo. Cuando me iba a marchar le he preguntado dónde podía encontrar un determinado objeto y me ha empezado a hacer un plano para llegar a una ferretería que no estaba muy lejos. Le he dejado la tostadora allí para volver a recogerla después y he ido a buscar tan ansiado objeto.
Con la cantidad inagotable de bolsos y cinturones que tengo he pensado que lo mejor para tenerlos ordenados y como motivo de decoración en mi casa era un perchero de pie, de estos que tienen forma de árbol. Así que me he dirigido a la ferretería. Estaba llena de gente con canas. Pensaba que no me iban a atender pues los personajes que estaban tras los mostradores tenían también muchas arrugas. De repente, un morenazo que bien podría tener mi edad se ha fijado en mí. Tras las cristaleras había otro joven que no me quitaba ojo. El morenazo, encantador por cierto, ha dirigido su mirada hacia mi escote. Y he bajado los ojos a ver si tenía algo raro, pero no, estaban bien colocadas.
El joven me ha cedido el paso para salir de la tienda. Al lado de la ferretería tenían una exposición de muebles de oficina. Allí seguía mirándome más la camiseta, negra y ¿lisa?, mientras me mostraba los percheros. Le he dicho que lo quería rojo, pero no lo había en ese color, así que he elegido el azul. Pero después de pagarle y darle mi dirección inconscientemente para que esta tarde me lo trajera a casa, le he dicho que también quería una silla de ruedas (el pouf me está matando, sobre todo a la hora de levantarme). He escogido la negra. Como no tenía dinero en metálico para pagar le he dicho que me iba a Caja Duero y que volvería en breves.
Al regresar a la tienda no estaba el morenazo, pero ha salido el otro joven a atenderme. Le he pedido que apuntara bien la dirección, y de paso el teléfono, porque no estaba segura de haberla dado bien anteriormente; puesto que me he cambiado de piso hace poco tiempo y se la he dado inconscientemente es posible que le haya dicho 2ºA en vez de 2ºB. El joven ha sido muy amable. También me miraba el escote a la vez que hablaba conmigo.
Salía de la tienda cuando me he quedado mirando mi camiseta. Dejaba entrever algo del canalillo, pero cosa normal, no voy por ahí provocando. Sé que cualquiera que me mire puede imaginarse lo que hay debajo. El caso es que a mí me parece de mala educación hablar con una persona y que desvíe su mirada hacia otra parte. Les hubiera arrancado los ojos a todos...
Al final me he dado media vuelta y he empezado a caminar hacia mi casa, pasando primero a recoger mi tostadora nueva. He pasado por la que fuera casa de Unamuno, por el palacio de Monterrey -propiedad de la duquesa de Alba-... He pensado en que debía comprar el pan, así que he entrado en una confitería de la Rúa Mayor donde hacen un pan exquisito. Delante de mí había una chica joven, me he fijado en su cabello liso que tenía una gran cantidad de canas. Cuando llegue a los 30 tendrá el pelo casi blanco.
Tras coger mi barra de pan de leña me he acordado de que tenía que comprarme también una tarrina de cd´s, me he acordado porque he pasado junto a una tienda de informática. Tras comprarla le he empezado a explicar a la chica, muy simpática por cierto, al menos ella me miraba a la cara: "Me gustaría que me enseñaras una tableta de estas para dibujar y que van conectadas al pc por usb, es que no recuerdo cómo se llama". Ella me ha entendido perfectamente, pero no tenía ninguna en ese momento ni un catálogo para enseñarme, aunque sí me ha dicho el precio y que para la próxima semana tendrían. Así que le he dicho que en unos días volvería a pasarme.
Creo que después sólo tenía ganas de llegar a casa.
Esta tarde vienen los chicos de la ferretería. Soy capaz de atenderles en sujetador o algo, al menos para que tengan una excusa para mirar. Pero mejor será que no me descontrole.

No hay tregua

Barricada: No hay tregua



Y no sé por qué me he levantado con tantas ganas de escuchar esta canción. Supongo que por esa estrofa que tanto me gustaba y que dice:

Anónimo luchador
Nunca tendrán las armas la razón
Pero cuando se aprende a llorar por algo
También se aprende a defenderlo.


Hace mucho que no la escucho. Recuerdo momentos inolvidables de otras veces que la he escuchado, que se me quedaron grabados para siempre. Recuerdo que sonaba en el coche de un amigo mientras volvíamos de fiestas de un pueblo, y que íbamos comiendo unas manzanas que acabábamos de coger de un árbol. Recuerdo estar tomándome unas cervezas kilométricas en un bar heavy de Lleida mientras me fijaba en los dibujos de las paredes. Recuerdo mirar a una persona en el Bataclán mientras esa persona, a lo lejos, cruzaba sus ojos con los míos. Recuerdo aquellos años en el Aldo donde éste la ponía todos los días. Recuerdo liarme un peta sentada en una pared con varios amigos... Recuerdo que era la canción que sonaba en aquel local donde estábamos sentados mientras una litrona cayó por encima de nuestras cabezas... explotando... Para habernos abierto la cabeza. Recuerdo el apodo que se le quedó para siempre al "Litronas", su cara de miedo y acojono mientras nos ofrecía bocatas para reparar el daño. Ya no fumo petas. Ya no robo manzanas. Ya no voy al Aldo. Ya no cruzo miradas con esa persona. Ya no voy a bares jevis.

Pero de vez en cuando escucho aquellas canciones de entonces.

Una palabra de agradecimiento


A veces es necesario escuchar ciertas cosas, sobre todo cuando no las esperamos. Quizás esos detalles son los que hacen imprevisible a una persona. Y eso es lo que nos hace mirarles de otra forma.
Ayer me dijeron "Gracias". No me lo esperaba, pero esa única palabra me hizo sonreír. Quizás se refería a cosas materiales nada más, pero para mí esa palabra implicaba algo más. Me dio a entender que había un trasfondo oculto, aunque yo pueda ver lo que hay detrás.
Lo puedo ver porque yo a esa persona también le debo mucho. Quizás también debería agradecerle muchas cosas. Gracias por estar ahí, gracias por escucharme, gracias por animarme, gracias por tus palabras, por lo que me das, por... tantas cosas. Es una lista innumerable.
Hay pocas personas a las que se le puedan dar las gracias desde dentro. Yo a él se las doy desde el interior. Ni siquiera necesitaría decirle esto para que él supiera el porqué.
Sí, a veces es necesario decirle a la otra persona "Gracias", así como también a veces viene bien escucharlo.