martes, octubre 25, 2011

Haciendo crujir las hojas del suelo

Soy adicta al sol. Me cuesta superar el fin del verano. Odio los días lluviosos. No me gusta conducir con las carreteras llenas de nieve. Así que cualquier momento de sol me impulsa a salir a la calle para absorber todos esos rayos de sol.
Me gustan los colores del otoño, esos tones ocres y pardos que se mezclan con los verdes de los árboles perennes y de las zarzamoras que aún no han perdido las hojas.
Hacía mucho tiempo que no caminaba hasta la ermita y, en realidad, hacia ningún sitio. Había olvidado la agradable sensación de ver el mundo mucho más despacio, como a cámara lenta. Había olvidado lo que me agrada caminar y pensar en otras cosas. Pensar en él.

De repente los árboles formaban un paraguas sobre mí. La naturaleza es espectacular en todas las estaciones. Esta tarde había algo de mágico y puro en lo que me rodeaba. Yo seguía el camino de asfalto rojo, que apenas suelo utilizar.
Adoro tener el bosque tan cerca. Cada día soy más consciente de que no podría vivir en una ciudad cuando siempre he tenido bosque casi al lado de casa.
Debería ir de paseo más a menudo. En esos momentos suelo sentirme liberada de muchas cargas y también le siento a él más cercano. Quizás porque al sentir la magia de la naturaleza la mente me lleva a pensar en la magia que me brinda él.

Hacia el Este


Entonces mi mirada se ha dirigido hacia el este y he pensado: "Detrás de aquel monte se encuentra él...".

El paseo de la tarde


Al mirar por la ventana y ver la tarde tan soleada, apetece salir a la calle. Es posible que vaya a la ermita caminando. Una de las buenas cosas de pasear es que el mundo pasa más despacio ante nuestros ojos y al pasar más despacio también se saborean mejor los pensamientos.
Iré caminando porque a cada paso pensaré en él, en la dulzura que emana de él, en la magia que provoca su presencia. 

Y luego ha pasado un ángel

Hoy sí que he tenido en cuenta la hora, buscando otro encuentro con él, uno de esos encuentros mágicos. Sin embargo, hoy no nos hemos cruzado, al menos no en ese momento.
Un rato más tarde volvía a estar en la calle con alguien. Entonces he mirado al frente y le he visto pasar con el coche. Entonces no podía dejar de mirar en esa dirección. Le he visto saludar, pero no he llegado a vislumbrar más que un poco de él. Seguro que estaba guapo.

Los pasos que me llevan a él

Nunca recuerdo cómo mis pasos me llevan a él. De repente, me encuentro junto a él, escuchando sus palabras, mirando a esos ojos que contienen todo lo mejor del mundo y, durante un segundo, soy consciente de que ese momento es especial, de que él está ahí, guapísimo, adorable. Tan noble, tan dulce, tan sublime... Y busco palabras que no suenen estúpidas, busco la manera de que se alargue la conversación, deseando que el instante no llegue al final. Saboreo ese instante y comprendo que le amo, que esa persona que se encuentra frente a mí es única.

En unos minutos me iré a dormir. No en vano me estaba quedando dormida sobre la cama. He empezado un libro que, pese a tener buena crítica, me parece soporífero, así que no me cuesta mucho dejarlo abierto sobre el pecho para que mi mente rememore ese instante de la tarde en que le he visto aparecer. Tan guapo...
Intento recordar cada palabra, cada gesto de ese momento único... pero no lo recuerdo íntegramente. Me voy a soñar, posiblemente con él. Siento la magia...

lunes, octubre 24, 2011

Tan dulce...


Lo que no esperaba es encontrarme con él. Pero de repente ha aparecido guapísimo ante mis ojos. Tan dulce como siempre. Adorable. El azar ha hecho que yo estuviera ahí en ese momento preciso. 

Hoy tenía dos cosas pendientes que comprar. Por un lado, colecciono postales en archivadores. Postales que me envían, postales que traigo de los viajes, postales que me regalan. Nunca tuve intención de coleccionar postales. Más bien, me gustaba coger una grapadora y taladrar las paredes de mi habitación, hasta que ya no me quedó un hueco libre y tuve que empezar a guardarlas. Recuerdo que hace más de una década, elegía una postal al azar con la mirada y echaba mano de los recuerdos (si era algún sitio donde yo había estado) o rememoraba todo lo que rodeaba la imagen, quién me la había enviado (si me había llegado por otra persona). Tenía todo un mundo alrededor mío. Pero entonces tuve una fuga que vino a estallar encima de mi cama, hace ya bastante tiempo. Tuve que quitar todas las postales y el seguro se encargó del resto. Pintaron las paredes de lila y ¿quién osaría volver a llenar de grapas todas las paredes? Así que cogí las postales y empecé a archivarlas. Hoy sigo archivándolas, pero ya no disfruto de aquellos momentos. Y tengo las postales de Pamplona en un montón pendiente de guardar. Así que esta tarde tenía que comprar, entre otras cosas, un archivador.
Y luego estaba el perro. Como ya tiene casi todos los muñecos mordidos y apenas hacen ruido, tenía que llevarle más. No es tanto que muerda los muñecos o que no siga jugando con los que no suenan, es que me gusta verle feliz cuando le traigo juguetes nuevos.
Así estaba, esperando a mi compañera de trabajo, pues hemos salido juntas, cuando ha aparecido él. No podía quitarle los ojos de encima. No quería que me pasara por alto ningún detalle de él. Estaba guapísimo. Adoro esa sonrisa que ilumina su rostro aun cuando sea de noche. Adoro esa voz tan sensual que hace que me pierda en los rincones más recónditos de la imaginación. Y, cuando le tenía delante, demoraba el momento de marchar, sentía la magia que proviene de él y los pensamientos se acumulaban atolondrados en mi mente, imaginando sus caricias, imaginando los besos que le brindaría cada día y cada noche, imaginando que mis dedos se enredaban en su pelo. He sentido el deseo y... la magia. Le he mirado a los ojos y he recordado por qué el mundo es perfecto cuando él está tan cerca. Y le miraba y pensaba en lo mucho que le amo, y entonces he recordado que debía ignorar esos pensamientos estando él a tan sólo unos palmos de mí, pues quizás él pudiera 'ver', de alguna manera, todo lo que estaba pensando. Estaba guapísimo.
Nos hemos despedido, aunque si me dejara llevar por el corazón me hubiera ido con él, fuera donde fuera, hubiera prolongado más ese momento, aunque es cierto que me encontraba bastante saturada (al menos, hasta que me he encontrado con él). Regresaba al coche, estaba a punto de cruzar la calle y un coche ha parado. Él... de nuevo. Aunque no conseguía ver su rostro dentro de la oscuridad del coche, he saludado. Y, cuando he cruzado la calle, me he dado cuenta de que estaba sonriendo... de felicidad.

No hay mejor manera de terminar el día que encontrarme con él. Esos momentos son siempre mágicos. De repente, no existe nadie más que él. Adoro todo de él.

En verdad que esos instantes de él me "brindan" algo especial.

Antes de marchar


Anochece ya. No queda mucho para que cambien la hora y entonces nos veremos de lleno metidos en el invierno. No me gusta venir de noche a trabajar, ni me gusta levantarme y que aún esté oscuro. Esta mañana el día no quería amanecer. Esta mañana me hubiera gustado remolonear un rato más... junto a él.

Creo que es hora de marchar a casa. Siento como que me encuentro en babia. Me da la sensación de que tengo la mente tan saturada que ya no me entra nada más.

Me pregunto dónde estará ese ángel de mirada perfecta.

Antes de las cuatro

Esta mañana han concurrido hechos que se escapaban de mis manos. He salido justo para tomar un café con mi padre, mucho antes de lo que esperaba. Cuando he mirado el reloj ya era tarde para declinar ese café.

No tengo mucho tiempo, que ya es hora de marchar. Cerraré los ojos y desearé encontrarme con él ahora.

Algo más de la una

Lentamente se va haciendo tarde. Pasan quince minutos de la una en el reloj. Hace demasiado calor aquí y el calor me lleva a una ligera somnolencia. No empezaré a leer esta noche, porque esta noche quiero pensar en él, quiero que mi mente se funda con su imagen angelical, quiero repetir en susurros mi deseo de encontrarme con él mañana (quizás ocurra si lo repito muchas veces) y quiero abrazar a la almohada, imaginar que le surco ese rostro amado con besos y caricias.
Es un buen momento para ir a soñar con él. 

domingo, octubre 23, 2011

Banu Qasi. Los Hijos de Casio


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El final de una novela histórica siempre me deja una sensación extraña, sobre todo si la personalidad del protagonista es tan sublime como la que cuenta esta novela en sus páginas. Tenía este libro en la estantería desde hace más de un año y, si no lo había cogido aún, era porque veía su grosor y sabía que me encontraría con indudables batallas. Al terminar un libro como éste comprendo por qué me gusta tanto la novela histórica. Al final, esos personajes existieron. Musa ibn Musa dejó su impronta en una ciudad a la que llamó ‘la fortaleza de Musa’, que en árabe sería Qala’t Musa (Calamocha).
Lo que no esperaba de esta novela es que su acción transcurriera tan cercana: Al Faru (Alfaro), Arnit (Arnedo), Vareia (Varea), Al Bayda (Albelda). Tienen los mapas históricos cierta atracción sobre mí que me paso horas sobre ellos, aprendiéndome los lugares, las fronteras (o mugas), los nombres antiguos de cada rincón. Para mí, un mapa en una novela histórica tiene mucho significado, porque no me limito a pasar página, sino que compruebo su ubicación a medida que van citándose ciertas ubicaciones geográficas. No hago lo mismo con el glosario, a no ser que sea una palabra en la que no encuentro el sentido, y este libro tiene varias páginas de glosario en árabe, amén de todos los lugares que aparecen en el libro con su transcripción fonética del árabe (pero fácilmente reconocibles en nuestro castellano actual, sobre todo si esa zona se encuentra tan próxima en el mapa).
Otra razón de peso por las que me ha gustado esta novela es por las palabras que han llegado hasta nuestros días y que han variado un poco con el paso de los siglos. Estos cambios en el léxico llegan a nuestros días y no es sorprendente comprobar cómo algunas palabras apenas han variado: Uadi Ibru (río Ebro), Uadi Al Kabir (Guadalquivir), Qala’t Ayub (Calatayud), Tulaytula (Toledo), Ishbiliya (Sevilla), Qurtuba (Córdoba), etc. Podría pasarme horas haciendo un listado de toda esta herencia musulmana en la Península.
Antes de hablar del protagonista principal, Musa ibn Musa, he de escribir un preámbulo sobre la época histórica que le vio nacer y sobre sus antepasados directos, dos apuntes importantes que forjaron su personalidad.

En los siglos VIII y IX, la Península Ibérica está ocupada en sus tres cuartas partes por la población musulmana (a excepción de Galicia, Asturias y el País Vasco, así como las zonas fronterizas de los Pirineos, ocupadas por cristianos francos). Todo ese territorio es Al Andalus, dependiente del emirato situado en la ciudad de Qurtuba (Córdoba), dividido en kurah (coras), que vienen a ser las divisiones administrativas del emirato, similares a provincias. En esta Hispania conviven juntas varias religiones y las principales ciudades guardan en el interior de sus muros templos de las tres religiones monoteístas. Pero ya entonces los hombres luchaban a causa de la religión y ya entonces existía la yihad (guerra santa).

Musa era nieto del conde Casio. Su familia es muladí (descendientes de cristianos que, con la llegada de los árabes a la Península, se sometieron espontáneamente, pagando unos tributos especiales al emir). El conde Casio (Qasi) fue un cristiano que se convirtió al Islam con la llegada de los musulmanes a la Península. Sus hijos ya nacieron escuchando los sonidos de la llamada del muecín. Sin embargo, se mantuvo en tierra de vascones protegiendo las fronteras de Al Andalus. Su hijo Fortún ibn Qasi tuvo dos hijos: Musa ibn Fortún y Zahir ibn Fortún. Para estrechar alianzas con los vascones, Musa ibn Fortún contrae matrimonio con Onneca, una vascona viuda, madre de dos hijos, Enneco y Fortuño Íñiguez. Onneca se traslada a tierras de la Marca Superior con su flamante marido, con el que ampliará la familia: Mutarrif, Fortún y Musa ibn Musa. Es importante esta apreciación genealógica, porque, por un lado, Musa tiene antepasados cristianos y, por otra parte, su parentesco con vascones le mantendrá muy unido a ellos. Y esto es relevante, porque a lo largo de su vida estas relaciones van a dirigir sus pasos.
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Estatua de Musa ibn Musa en Tudela

Musa nace, según la novela, en el año 788 en Arnit (Arnedo). Es el tercero en sucesión. No llegará a conocer a su padre, que muere en Saraqusta (Zaragoza), defendiendo la Marca Superior a las órdenes del emir Al Hakam I. El joven Musa se moverá siempre en ciudades que se encuentran en la cuenca del Ebro. Cuando es niño, pasa muchos veranos en los fértiles valles donde viven sus hermanastros Enneco y Fortuño, donde aprenderá a hablar vasco. Las relaciones que mantiene con sus hermanastros son buenas, lo que forjará alianzas muy fuertes, debido precisamente a esos fuertes lazos de sangre. Siendo un niño, Musa se traslada junto a su familia a Tutila (Tudela), la ciudad donde crecerá y en la que se convertirá en wali (líder local). Allí es acogido por su tío Zahir, que protegerá a toda su familia, incluso cuando sus hermanos Mutarrif y Fortún pierdan la vida en cruentas batallas. Cuando ellos mueren, Zahir se encargará de educarle conforme a los preceptos de un gobernador.
De su infancia, cabe destacar un incidente en el Ebro, donde retado por dos chicos cruzan el Ebro a nado. A punto está de perder la vida, cuando el hijo del carpintero, Ziyab, le saca del río, lo que les convertirá en amigos leales hasta la muerte. Los otros dos chicos perecen entre las traicioneras aguas del caudaloso río. Este incidente le marcará para siempre.
El wali Musa, a la muerte de Zahir, será un buen gobernante para la ciudad de Tutila. Sin embargo, es la suya una vida de guerrero, que tiene que luchar por las fronteras de Al Andalus o unirse a las aceifas del emir, así como acudir con su ejército en ayuda de su hermanastro Enneco Arista, proclamado por los vascones primer rey de Banbaluna.
Tutila será una ciudad próspera bajo el mando de Musa. También es uno de los favoritos del emir e incluso visitará Qurtuba (Córdoba) en varias ocasiones, lo que suscitará envidias entre los generales del emirato, que le ven como un advenedizo muladí. Su amigo Ziyab se convierte en uno de los hombres más allegados del emir, cuando su leal amigo decide dejar la carpintería e ir a estudiar a Qurtuba, lo que les separará durante años.
Musa contraerá matrimonio con Assona, la hija mayor de su hermanastro Enneco, con la que tendrá una nutrida descendencia. Destaca la fuerte personalidad, como calcada de Musa, que tiene Fortún ibn Musa.
El nuevo emir Muhammad I colocará a Musa ibn Musa en el puesto de gobernador de la Marca Superior y Musa se tiene que trasladar a Saraqusta (Zaragoza), donde hará y deshará a su antojo, lo que terminará provocando las iras del emir, además de una derrota contra los cristianos que se producirá en los alrededores del Monte Laturce (donde está enclavado Clavijo). Para entonces, a Musa se le conocía como el Tercer Rey de Isbaniya (después del emir Muhammad I y de Ordoño I, rey de Asturias), aunque Musa, salvo ciertas situaciones de rebeldía justificada, fue un súbdito fiel al emirato de Córdoba.
En el año 862 muere Musa, debido a una herida de espada que le provoca el marido de su nieta. Pide que le lleven a Tutila, porque quiere ver las aguas del Ebro por última vez y a su esposa Assona. Le sustituirá su hijo Fortún al mando de la ciudad de Tutila.

Me ha encantado. En 2011 se ha publicado la segunda parte (que seguramente describirá la Reconquista).
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Mapa de la Península Ibérica en el año 814, época histórica de la novela.

Día de luto en Moto GP

Homenaje a Marco Simoncelli

Anoche perdí la pista de mi gente, y finalmente me quedé dormida. Podía haber salido, pero no tenía ganas de ponerme a llamar a todo el mundo por teléfono. Así que me quedé leyendo, con la ropa puesta, y finalmente el sueño pudo conmigo.
Hoy me faltan menos de un centenar de páginas para terminarme un libro que me tiene totalmente subyugada. Y lo acabaré esta tarde, si las manos no se me congelan antes.

Hace unos dos años que no veo el motociclismo. Así que la noticia del fallecimiento de Simoncelli me ha pillado desprevenida. Al escuchar las noticias, se me ha puesto la piel de gallina.

¿No es acaso amor?

No hace ni cinco minutos que he abierto los ojos sobre la cama, con la luz de la mesilla encendida y con un libro abierto en la página que no es. Y ahora me cuesta volver a dormir. Pienso en él, en su magnífica sonrisa y en su mirada perfecta. 
No hace ni tres horas se me ha pasado por la cabeza preguntarle dónde estaba. Nunca termino llevando a la práctica esos pequeños impulsos que llegan desde el corazón. Antes sí, antes no me paraba a pensarlo, pero ahora me cuesta mucho decirle algo.
Sólo tengo que cerrar los ojos para rememorar el momento en que nos encontramos ayer por la tarde. Recuerdo perfectamente su voz, la dulzura que emanaba y el poder que esa mirada tiene sobre mí. Me resulta hechizante. Le quiero muchísimo. Debería intentar dormir, abrazar a la almohada, imaginar cómo sería una noche con él y embarcarme en el mundo de los sueños con su imagen angelical en la memoria.

sábado, octubre 22, 2011

Todo se verá

Mis amigos están en Haro. Si se quedan allí de fiesta me quedo, si vuelven a SD salgo. Es que no me apetece conducir hasta Haro, pero es que quiero ver a mi amor, que en realidad no es mi amor, así que hablaré con propiedad, quiero ver al ángel que consigue que todos los días sean un sueño, que siempre esté rodeada de magia y que sienta algo especial cada día al abrir los ojos y cada noche al cerrarlos, la persona que hace que sienta tanto amor.
Seguro que está guapísimo. 

Sábado por la mañana


Anoche me quedé dormida leyendo. No me di cuenta de lo cansada que estaba hasta que me puse a leer y la mente se me iba lejos, a ese momento de la tarde en que me encontré con él. Y entonces decidí apagar la luz. Desconozco la hora que era. Simplemente sentía que mi corazón estaba alborozado.

Siento amor, mucho amor. Me pregunto si le veré esta noche. 

Cuidando los pies

No sé cómo lo hago, que cuando voy a comprar algo en concreto termino o bien comprando el doble de cosas de lo que tenía intención o comprándome otra cosa diferente. Iba a por unas botas, cuando me he encontrado con ese ángel de mirada perfecta, que me ha puesto contenta ya para el resto del día, pero he venido con dos pares de zapatos y sin botas. También he aprovechado para comprar unas zapatillas de casa.
Y sigo estando contenta. Me pregunto dónde estará. 

viernes, octubre 21, 2011

Hoy he visto al sol


Hoy he visto al sol. No esperaba verlo y entonces ha aparecido. Sé que he sonreído en cuanto me he cruzado con él. Estaba guapísimo. 
La cuestión es que iba pensando en él. Me iba de compras, pero por el camino pensaba en si sería buena idea decirle que fuéramos a tomar algo. Entonces le he visto y me he olvidado de todo. Hemos caminado juntos durante un rato. Le miraba y sentía la magia. Me perdía en sus ojos y ya no recuerdo todas las cosas que me gustaría decirle y en las que siempre pienso cuando él no está delante. Y es que en esos momentos sólo está él.
Llevaba un jersey que me gusta mucho, y estaba guapísimo. Adoro esa dulzura que emana de él, su voz (que ya recuerdo cómo suena), que es la misma voz sensual que hace poco no recordaba bien. Adoro su sonrisa. Y cuando sonríe sé que está bien, lo que me alegra.
Estaba muy guapo y, como siempre, estaba adorable. Cuando me he despedido he vuelto a recordar la cerveza que me tomaría con él, pero entonces era tarde. Y me he sentido feliz. Después de haberme encontrado con él me sentía completamente feliz. Y enamorada.

Instantes únicos

Algo me decía que nos íbamos a cruzar hoy. Y aunque me he adelantado a salir a la calle, ha aparecido guapísimo. Adorable.
Sigo pensando que la magia siempre existe cuando aparece él. Desde ese momento me siento contenta, he sonreído inevitablemente. 
Mi imaginación me ha recordado lo mucho que me apetece abrazarle.

Le he echado tanto de menos...

11.30 h

El deseo se encuentra aquí, latente, inamovible. Me pregunto si le veré hoy: en veinte o treinta minutos. Espero que sí. Aunque depende de si los planetas se han alineado para que nos crucemos.
Habitualmente no suelo entrar en el blog a esta hora, pero hoy necesitaba hacer un descanso de unos minutos. Además llevo un rato pensando en él. Seguro que está guapísimo.

Casi en sueños

Hace un rato leía en la cama. No hace ni dos minutos que me he despertado. Al sentir frío he tenido que levantarme. Es un buen momento para ir a soñar con ese ángel de mirada perfecta, a desear verle mañana... quizás, a imaginar que me quedo dormida en sus brazos.
Y seguir sintiendo cada día...

No es tarde, pero esta noche me encuentro cansada. El sueño ya me ha invadido hace un rato y algo me llama a dormir, a buscar sueños perfectos en los que aparece él.

jueves, octubre 20, 2011

¿Dónde está la magia...?

Le echo de menos. Llevo varios días sin encontrarme con él, sin saber de él, sin ser consciente de su magia. Hace días que no me cruzo con él, que no le miro a los ojos y veo en ellos tanta perfección. Hace mucho tiempo que no escucho el dulce sonido de su voz.
Me pregunto dónde estará, si habrá cambiado sus rutinas, si se habrá ido de viaje. Algún día creo haber visto su coche, pero últimamente apenas veo nada de él. A veces, como hoy, sí que me he encontrado con personas cercanas a él. 
Creo que puede estar cerca, pero no lo sé. 

Añoro cada recuerdo de él. Anhelo cada mirada, cada sonrisa, cada palabra que llega con él. Echo de menos esa magia tan especial que sólo aparece con su presencia.