viernes, agosto 12, 2011

Al sentir la magia

"No duermas para descansar, duerme para soñar. Porque los sueños están para cumplirse".

Este fin de semana me gustaría compartirlo con un ángel. En todos los sentidos. Me gustaría compartir las risas, los momentos de preparativos, el baile después de cenar y el abrazo antes de que despierte el domingo. Incluso los nervios incipientes que empiezo a sentir. Es cierto que apenas tengo nervios, pero algo casi invisible sí que siento. Y me encuentro feliz por la felicidad que veo en los ojos de mi hermano y de su novia.
Hoy quiero ir a soñar antes de que den las dos. Últimamente me cuesta dormir ante la perspectiva del fin de semana, pero cuando pienso en él, en su mirada perfecta, en su sonrisa misteriosa, en esa voz tan sensual, en ese rostro angelical me quedo dormida plácidamente. Pienso en él y me encuentro en paz, feliz.
Podría revivir el momento en que le he visto esta mañana, cuando nuestras miradas se han cruzado durante un instante, podría escuchar de nuevo su saludo y lo guapo que estaba. Y podría recordar con facilidad lo que ha pasado por mi mente en ese momento: cuando he sentido el profundo deseo de acariciar ese rostro tan querido, de tocarle el pelo, de mirarle a los ojos y de susurrarle palabras que sólo sus oídos son dignos de escuchar. Entonces he sentido que me ruborizaba.
Después me he marchado y, al regresar, cuando iba caminando por la calle, le he vuelto a ver. Entre la multitud de gente que sale a las calles en el mes de agosto, caminaba él, con ese aura mágica que le rodea. Guapísimo.
Estoy muy enamorada. Cuando releo mis palabras me doy cuenta de todo lo que le quiero, de todo lo que no me atrevería a susurrarle y de cómo mi corazón palpita tan fuerte con la mera mención a esos instantes de él.
Ahora es un buen momento para ir a soñar con esa persona que tanto me da cada día, que hace que sueñe por las noches, que consigue que me sienta viva con su magia...

jueves, agosto 11, 2011

La Tapiada

Ya hemos probado el Power Point. Ha quedado genial. Me ha dado la enhorabuena por lo bien hecho que está. Una cosa menos. Ahora toca cervecita en las piscinas.

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Un minuto de perfección

Me hubiera gustado haber tenido un poco de tiempo para escribir esta mañana, a eso de las doce y media o al mediodía, pero ha sido potencialmente imposible.
He vuelto a cruzarme con él. Estaba guapísimo. He comprobado que cuando le veo me entran unas ganas terribles de cubrirle de besos, de abrazarle, de susurrarle que está guapísimo.
Me tenía que ir, pero cuando caminaba por la calle he vuelto a verle. Es tan adorable...

Tengo que ir esta tarde al restaurante. Al menos veré cómo es la Tapiada, que nunca he estado allí.

Dos campanadas

Al final me van a dar las dos de la mañana despierta y mañana me costará abrir los ojos, sobre todo si sueño con ese ángel de mirada perfecta.
Mañana tengo que llevarme el portátil, porque lo necesitaré a última hora de la tarde. Y también tengo que llevar el tocado a la peluquería, ya que me lo pidieron hace unas semanas.
También he estado haciendo cambios de última hora en el Power Point, es decir, he añadido dos diapositivas para que el final del documento coincidiera con el final de la canción de Evanescence. Ya es definitivo.

Ahora sí que sí: me voy a soñar con alguien adorable. Tantas cosas me gustaría compartir ahora con él...

Antes de cerrar los ojos seguramente escucharé las dos campanadas en el reloj de la iglesia. Dos... es un buen número. Quisiera verle mañana, y pasado, y todos los días. Quisiera susurrarle las palabras de amor que se ocultan bajo mis sentidos. Quisiera perderme en su mirada profunda antes de cerrar los ojos esta noche, no sin antes decirle en voz baja que le quiero inmensamente.

miércoles, agosto 10, 2011

Veinte minutos

Tengo veinte minutos para escribir. Luego la obligación se impone hasta... espero que no se alargue.
Estaba pensando en un ángel. Vaya si estaba guapo hoy. Estaba pensando en que si estuviera en mis manos le regalaría la mayor parte de mis sueños, si supiera que eso le haría sonreír. En la mayoría de esos sueños aparece él y, por tanto, están cargados de magia.
Hoy es una tarde de esas que el sol invita a dar una vuelta con él. Me ha parecido verle pasar a las cuatro, aunque como estaba entrando tampoco me he puesto a mirar a ver si era él o no.
Me gustaría decirle tantas cosas...

Instantes perfectos

Cuando he salido de la oficina a media mañana era muy consciente de la hora y tenía claro que iba a permanecer fuera no más de cinco minutos. Pero a veces los planetas se alinean, de tal forma que ocurra algo que quizás si hubiera ido a buscarlo no lo hubiera encontrado. Lo que ha ocurrido es que me he encontrado con alguien con quien me llevo bien y hemos empezado a hablar. Ha sido entonces cuando ha aparecido él. Estaba guapísimo. De vez en cuando miraba de reojo, porque podía ver sus ojos perfectos de frente, pero me estaba obligando a no mirar más allá. Sólo que sentía una especie de imán que, de vez en cuando, desviaba mis ojos hacia él.
Estaba guapísimo. Hacía mucho que no le veía, si mucho es decir que no le veía desde el viernes.
He vuelto a sentir el gusanillo interior, el tembleque, el sonido del corazón. Adoro esos momentos, aunque sienta nervios, que él esté ahí me hace sonreír y, sobre todo, me da fuerza.

Le quiero más...

Noches frías de agosto

Por las noches ya empieza a hacer frío. Me apetece taparme hasta la nariz y espero quedarme dormida en cuestión de minutos. Hoy necesito dormir, pensar en un ángel, que él siempre hace que me brote una sonrisa de los labios, y desconectar de todo.

Hoy ha sido un día duro. Mejores días llegarán. Necesito descansar y soñar con él...

martes, agosto 09, 2011

Futbito en el frontón

A las ocho y media ha empezado el futbito. Aún recuerdo hace dos años cuando me puse a arbitrar y conseguí que ganaran los de mi pueblo anulando goles del equipo contrario. Los otros se cabrearon, eran de Santo Domingo y casi me canean aquella tarde.

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Café con Baileys

Estoy tomando un café a ver si me despejo un poco, que aún no me he despertado por completo. Hay gente, la que se podría esperar de un día normal en el mes de agosto, aunque tira un aire...
En las piscinas, dónde si no?

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Tarde de sol

Estoy suspirando de amor al aire. No hace ni diez minutos que he abierto los ojos y el primer pensamiento ha sido él. Hoy no le he visto, aunque seguro que está guapísimo. Al pensar en él sonrío inevitablemente. Amo y él es una persona que me brinda una felicidad enorme, hace que se me ensanche el corazón.
Una tarde soleada como esta sería digna para darle la mano y pasear con él por ahí, mirarle a esos ojos perfectos y perderme en ellos, escuchar tantas historias para conocer algo más de él.

Y ahora... me voy a tomar algo a las piscinas, a seguir leyendo allí. Había quedado para nadar un poco, pero creo que hace algo de frío para entrar y el tiempo se me ha echado encima. Como voy con el perro me quedaré fuera.

Amo. Y los días soleados siempre me recuerdan a él y a lo que siento por él.

El sueño de África

Anoche soñé que me iba a África de voluntaria, que me tomaba un año para ir al cuerno de África en ayuda humanitaria.
Poca gente lo sabe, pero hace ya unos años, cuando estaba ultimando la carrera de periodismo ya estuve planteándome ir allí. No quería que fuera una experiencia más, que en sí misma lo hubiera sido, sé que es algo que tiene que marcar. Y creo que la formación de todo ser humano tiene que pasar por una etapa de carencias que nos hagan valorar todo lo demás. Creo que en el mundo occidental no valoramos todo lo que tenemos.
Sin embargo, no me marché. No era miedo, pues sé que tengo el suficiente coraje para hacerlo, aunque desconozco si sería capaz de pasar allí un año entero. Creo que para ir al rincón más pobre del planeta hay que protegerse con una coraza muy fuerte. Mi sensibilidad estaría revoloteando alrededor de mí y creo que me entristecería ver en cada jornada tanta miseria. Creo que me sentiría impotente, ser consciente de que por más que pongas tu granito de arena esa pobreza no termina nunca.
Sé que no echaría de menos ni el ordenador ni el teléfono móvil. Echaría de menos a mi familia, a mis amigos y, por supuesto, a él. Y él también aparecía en el sueño. Él aparecía en África con un salacot cubriéndole el pelo y con una sonrisa inmensa. Y recuerdo que me fundía en su enorme abrazo, tocándole por si era un espejismo.
Últimamente pienso mucho en ese viaje que nunca hice. Me he convertido en una sibarita que realiza viajes de placer, culturales, que disfruta de cada momento fuera de casa. Pero aquel viaje nunca realizado sigue haciéndome pensar en cómo hubiera sido de haberlo llegado a hacer. Quizás algún día lo haga: nunca es tarde. Sé que me marcaría para toda la vida. Sólo que no es un viaje tan fácil como coger un avión y plantarse en Mogadiscio.
Las dos veces que he soñado con África (ayer con Somalia, hace unos días con Kenia) aparecía alguien más. Aparecía él. Siento como si algo dentro de mí me impulsara a compartir todo esto con él.

África me llama. Es como si todo el continente tuviera cierto magnetismo sobre mí, que no podría explicar ahora.

Es tarde. Hacía mucho que no pensaba en África como entonces.

lunes, agosto 08, 2011

La voz más dulce

Me apetecía tanto escuchar su voz, que he hablado con él hasta en dos ocasiones. Lo cierto es que llevaba unos días retrasando hablar con él, sólo que buscaba el mejor momento. Después del mediodía, no he podido esperar.
Ya no disimulo para preguntar con él. Directamente hablo en cuanto reconozco su voz. Me he puesto nerviosa, tan nerviosa que al principio no sabía muy bien lo que le estaba contando.
Me pasaría horas escuchándole. En cinco minutos aparece su aura de sabiduría. Hoy me ha vuelto a recordar que es un sabio, ya que me ha dejado pensativa por lo que me ha dicho. He desconectado mientras me perdía en su voz. Es decir, le escuchaba y pensaba en lo bien que suena su voz, perdiendo la concentración en el contenido de sus palabras. Para mí era más importante el ritmo, la cadencia suave de esa voz angelical. Hasta que a los pocos segundos me he obligado a concentrarme en lo que me estaba diciendo.
Adoro esa dulzura que emana de él. ¿Y por qué le he llamado a él? No para escuchar su voz, no para preguntarle por el fin de semana, que sí, pero no era el motivo primordial. Le he llamado porque es el mejor. En su terreno (y no únicamente en su terreno) es siempre el mejor, hoy lo he vuelto a comprobar.

domingo, agosto 07, 2011

Quizás haya nervios


Ya ha empezado la cuenta atrás. No es que yo esté tan nerviosa, sólo tengo nervios de cara a que el sábado salga todo bien, que seguramente así será.
Me gustaría hablar cada noche con un ángel y mirarle a los ojos, sabiendo que su compañía me reconforta, que si hay nervios desaparecen y siempre llega una inmensa tranquilidad. Me gustaría cogerle de la mano y sentir la suavidad de esos dedos de pianista y sentir que el corazón se me alboroza.

Una de las frases de amor que he utilizado para el sábado y que le diría a él es: "No sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser junto a ti todo lo que soy". Es simplemente perfecta.

¿Nervios? No son tanto. Es más esa ansiedad por que llegue ya el sábado.

Estos días, al seleccionar las imágenes de mi hermano y su novia, me he dado cuenta de lo rápido que pasa todo. De lo rápido que pasa la vida. Al ver la trayectoria de los dos, me doy cuenta de lo unidos que hemos estado mi hermano y yo siempre, de todas las cosas que pueden hacerse en tres décadas de vida (y las que nos quedan por hacer). Estoy nostálgica.

Perdiendo la noción del tiempo


En verdad que este fin de semana está resultando un tanto extraño. Anoche me puse a leer sobre la cama y he amanecido a las nueve habiendo perdido la página donde iba y con la ropa puesta.
Lo primero que he hecho ha sido ir a ver si mi hermano pequeño dormía y ¡cuál ha sido mi sorpresa al comprobar que no estaba y ni siquiera había deshecho la cama!
He recordado que el perro se escapó anoche y que ya debería estar rondando cerca de mi casa, y así ha sido cuando he bajado a desayunar: el perrito "donjuan" estaba esperándome.
Entonces he recordado que tenía que adecentar el sótano, de cara al domingo que viene. No por los libros que están bien ordenados, sino por el resto de cachivaches que van dejando unos y otros a lo largo de los meses. El caso es que me he perdido entre tickets japoneses, tarjetas de visita de Malta, aeropuertos internacionales y un sinfín de folletos de algunas ciudades europeas. Ahí he estado hasta las cinco, que he salido al jardín. Por la posición del sol he comprobado que serían las cinco. Se me ha pasado la hora de comer y sólo me apetecía fruta.
Regreso al jardín y al sótano, esperando que mis padres no tarden mucho en venir. Un fin de semana sin ellos es un tanto extraño.

sábado, agosto 06, 2011

Dónde estaremos en una semana


Dentro de una semana, a estas horas, mi hermano ya estará casado y nos encontraremos en el restaurante. Ya esta tarde había en el puente sobre la carretera un cartel que anuncia la boda.

Estoy por no salir hoy. Me encuentro algo cansada, como si de repente me hubiera entrado un cansancio enorme, aunque lo que en realidad me da pereza es arreglarme para salir.

El Power Point lo he terminado esta tarde. Tuve ciertos problemas con la música, ya que si bien tenía claro lo que quería poner, es difícil encontrar música en formato wav en internet, así que terminé bajándome un convertidor de formatos y, a partir de ese momento, todos los mp3 los convertía en wav. A última hora he terminado cambiando la última canción para poner My immortal de Evanescence, canción que personalmente me pone la piel de gallina.

Por otro lado, me gustaría mucho mostrárselo a él, pero sé que no lo haré. También me gustaría verle esta noche, pero con las pocas ganas que tengo de salir y la creciente posibilidad de quedarme en casa... Tengo tantas cosas que decirle que creo que prefiero no decirle nada.

Fiesta de la sidra

Creo que hay fiesta de la sidra en el Studio. Se ve gente por la calle, pero dentro está casi vacío.

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viernes, agosto 05, 2011

Esos momentos de él


Estaba guapo. Ese color le sienta maravillosamente bien. No esperaba verle, ni siquiera lo he pensado. Una de mis compañeras, que no se encontraba muy bien, me ha preguntado si iba con ella a tomar algo. Y la he acompañado.
Sentía los nervios, algo que me subía por el esófago. Sentía el calor. Sé que es más sencillo no coincidir con él, pero incluso con esos nervios, siendo consciente de que él está a tan sólo un par de metros, prefiero encontrarme con él, aunque mis piernas parezcan de mantequilla. Porque en esos momentos siento la fuerza, siento la vida, siento el amor.
Entonces ha pasado junto a nosotras. Estaba guapísimo.

Adoro esos momentos de él. ¿No es acaso el día más perfecto ahora?

Valquirias


Resultado de imagen de valquirias paulo coelho libro
"Los bellos caballos dieron vueltas y más vueltas en la gasolinera, peligrosamente cerca unos de otros, los látigos estallaban en el aire, las manos enguatadas jugaban con la habilidad y el peligro. Ellas gritaban como los vaqueros dirigiendo el ganado, querían despertar al desierto, decir que estaban alegres y vivas a causa de la mañana.
De repente, obedeciendo una señal invisible, los animales pararon.
Las Valquirias bajaron. Las ropas eran de cuero, los pañuelos de colores tapaban parte del rostro, dejando sólo los ojos al descubierto, para no respirar polvo.
Se quitaron los pañuelos, y frotaron con ellos sus ropas negras, sacudiendo el desierto de sus cuerpos. Después se los pusieron en el cuello, y entraron en la cafetería.
Eran ocho mujeres".

Es posible que este libro esté basado en una experiencia personal del autor, pues el protagonista se llama Paulo. Decide ir al desierto de Mojave con su esposa Chris para encontrar a sus respectivos ángeles. Allí conocerán a las Valquirias, unas mujeres del desierto que ya han encontrado a sus ángeles y que están recorriendo el desierto en círculos.
Paulo necesita de su esposa, porque él ya tiene un guía y no puede elegir en el desierto a uno que le ayude a comunicarse con su ángel. Pese a que Paulo es mago, será Chris la primera en encontrar y comunicarse con su ángel, aunque no se lo diga a su marido.

Lo cierto es que no me ha gustado mucho este libro. Es diferente y quizás un tanto místico para mi gusto.

El fulgor de la estrella más potente


Esta noche también he elegido una estrella. La más brillante. Como él, que siempre brilla como el que más. Me gustaría decirle tantas cosas en este preciso instante... Me gustaría preguntarle tantísimas más. Y sé que si estuviera junto a él preferiría el silencio, su agradable compañía, robarle esas miradas perfectas y cubrirle toda la piel de caricias y besos.
Es su magia. Echo de menos el instante mágico de él.

Anoche soñé que íbamos caminando por un monte, de la mano, bajo un sol abrasador. Y estábamos solos en un mundo que sólo era nuestro. Caminábamos durante horas, disfrutando únicamente de la compañía del otro. Al menos yo estaba disfrutando. Sus ojos brillaban al sol del atardecer y su sonrisa era perfecta. Caía la noche y nos tumbábamos abrazados mirando a las estrellas. Recuerdo que, antes de cerrar los ojos, le preguntaba cuántas estrellas conocía. Y su respuesta era un misterio, porque no la recuerdo. Si fuera posible, le regalaría el firmamento entero. Para que siempre tenga una buena estrella que le guíe, para que siempre tenga buena estrella en lo que haga. No es posible, pero basta con pensarlo. Yo sé que el firmamento ya es suyo, porque yo misma le regalo silenciosamente una estrella cada noche.

Es tarde.

jueves, agosto 04, 2011

El atardecer en las piscinas

Cuando me marchaba deseaba ver su coche. Lo que de verdad me apetecía hace media hora era tomar algo con él. Con el día que estaba no es difícil imaginar dónde podía estar. Así que estoy tomando una cerveza en las piscinas, que se está muy bien aquí.
No llevaba gafas de sol, el otro día tampoco.

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