jueves, marzo 06, 2025

Viaje a Santander: el Real Sitio de la Magdalena

Palacio de la Magdalena

Sin duda, cuando pensamos en Santander, tenemos en mente el Palacio de la Magdalena, uno de los símbolos de la ciudad. Y es que es un lugar precioso. Se ubica en la península de la Magdalena y como había algo de pendiente decidimos coger el tren turístico hasta la entrada del palacio. No llegamos a entrar en el palacio, aunque hay visitas guiadas a las horas en punto, pero nos quedaba más de media hora para la siguiente visita guiada, y preferíamos pasear y deleitarnos con el paraje y las vistas.

Palacio de la Magdalena (detalle del pórtico)

La península de la Magdalena es uno de esos lugares donde todo tiene interés (tiene 25 hectáreas de superficie). El paisaje excepcional, la acertada intervención humana y el disfrute público hace de este paraje un lugar privilegiado en cualquier época del año.

Antiguas Caballerizas Reales

Cogimos el tren y pasamos junto a la estatua de Félix Rodríguez de la Fuente para llegar a las Caballerizas Reales, hoy convertido en la sede de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. El edificio fue diseñado por el arquitecto Javier González de Riancho con un planteamiento de arquitectura inglesa, lo que recuerda a un cottage de  la campiña inglesa. También funciona como residencia de estudiantes para los cursos de verano.

Palacio de la Magdalena

Poco más adelante, en un promontorio que domina el mar, aparece majestuoso el Palacio de la Magdalena. Construido entre 1909 y 1911 por mecenazgo popular y el propio Ayuntamiento de Santander, se levantó para albergar a la familia real española. Fue obra de los arquitectos González de Riancho y Gonzalo Bringas y se levanto en el mismo lugar donde se encontraba el antiguo fortín de San Salvador de Hano, que protegía la entrada a la bahía.


Arquitectónicamente, el palacio presenta un estilo ecléctico, entre el gusto inglés de la reina Victoria Eugenia, que lo habitó en sus inicios en sus estancias veraniegas, y las influencias francesas que se decantan en las escalinatas y terminaciones exteriores.

A partir de 1913 pasó a ser residencia de verano del rey Alfonso XIII y su familia, que lo ocuparon regularmente hasta la proclamación de la Segunda República. El palacio y la península se convirtieron en el centro, entre 1913 y 1930, de la vida veraniega de la realeza y corte de España. 

Em 1977 Juan de Borbón vendió el edificio a la ciudad por 150 millones de pesetas. En 1982 fue declarado monumento histórico-artístico. Hoy pertenece al Ayuntamiento de Santander y es sede de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Además de los cursos de verano, en sus estancias se celebran exposiciones, conciertos, representaciones teatrales y otros actos culturales de diversa índole.

Es un edificio de una belleza impresionante.

Isla de Mouro

Si miramos al frente, hacia el mar, nos encontramos con la minúscula isla de Mouro, con su faro oteando el ir y venir de las embarcaciones de la bahía.

Carabelas de Vital Alsar

Seguimos descendiendo y nos encontramos con un museo al aire libre llamado "El Hombre y la Mar", donde se han instalado las carabelas y la balsa en las que navegó el marino santanderino Vital Alsar en sus viajes de expedición entre los años 60 y 80 del siglo XX. También se exhibe una curiosa burbuja de salvamento y un mapa con las rutas realizadas por Alsar.

Mascarón de proa de la Marigalante

Vital Alsar fue un aventurero y navegante santanderino que, en mayo de 1978, se puso al frente de una expedición que zarpó de México en dirección a Santander, navegando más de 7000 millas náuticas, en homenaje a las expediciones de Francisco de Orellana. Los tres galeones, llamados Cantabria, Quitus Amazonas y Ana de Ayala, arribaron a puerto en octubre de ese año. Se puede apreciar el bello mascarón de proa de la Marigalante, que es una sirena.

Réplica de la balda de Vital Alsar

La balsa es una réplica de la que utilizó Vital Alsar para navegar desde Ecuador hasta Australia, y la esfera salvavidas fue remolcada por uno de los tres galeones durante el viaje desde México.

Mini-zoológico, al fondo el islote y playa del Camello

Siguiendo la línea de la costa nos encontramos con el mini-zoológico, donde se pueden ver animales marinos como focas, leones marinos y pingüinos. 

Pingüinos africanos

Yo recordaba de cuando era pequeña haber estado riéndome con los pingüinos en Santander, pero también recuerdo que era todo muy diferente. Allá por los años 80, en los promontorios rocosos junto al mar y, por tanto, a varios metros por debajo del paseo y muy lejanos, se veían decenas de pingüinos. Mi padre y yo nos echamos a reír y no había manera de que nos fuéramos allí. Sí, nos reíamos porque los pingüinos son muy graciosos. Pero ya no están tan lejanos, sino que parece que los pudieras tocar con las manos, y ya no se ven decenas, nosotros sólo vimos dos. La suerte que tuvimos es que en ese momento les dieron de comer. 

Playa del Sardinero y el faro de Cabo Mayor al fondo

Desde aquí hay unas magníficas vistas de la playa del Sardinero. Y al fondo se ve el faro de Cabo Mayor.

Casa de los Guardeses

Antes de salir del Real Sitio se la Magdalena, nos encontramos con la Casa de los Guardeses, convertida hoy en oficina de turismo y centro de recepción de visitantes. Fue construida al estilo rural inglés en 1913 para albergar las viviendas permanentes del personal encargado del cuidado del recinto.

Monumento a las Víctimas del Terrorismo

En medio del césped está el Monumento a las Víctimas del Terrorismo, creado por Agustín Ibarrola en 2005.

Playa de Bikinis al fondo

Retomando el paseo marítimo hacia el centro de la ciudad, dejamos atrás las playas de la Magdalena y de Bikinis, esta última llamada así porque fue una de las primeras playas donde se empezó a utilizar el bikini por parte de las extranjeras que venían a los cursos de verano.


Y así nos despedimos del Real Sitio de la Magdalena, que ese día aún teníamos mucho paseo por delante.

miércoles, marzo 05, 2025

Viaje a Santander: el Gran Casino del Sardinero


Sin duda alguna, el edificio que alberga el Gran Casino del Sardinero llama mucho la atención, como muchos otros edificios en Santander. Es un edificio de una belleza sin igual.

Siguiendo la moda de otros países europeos, en 1916 se inauguró un edificio para proporcionar diversión y entretenimiento a los ilustres visitantes que llegaban a la ciudad en busca de las propiedades terapéuticas del mar, principalmente a la realeza y a la aristocracia.


Con esta idea nació el Gran Casino del Sardinero, proyectado por el arquitecto cántabro Eloy Martínez del Valle, quien siguió un estilo clasicista y se inspiró en construcciones francesas similares. El mismo arquitecto firmó otros edificios en la ciudad, como el Teatro Pereda, hoy desaparecido, que se inauguró pocos años después que el Gran Casino. Sin embargo, todavía se pueden observar otras obras particulares en el paseo Menéndez Pelayo o en el paseo Castelar.

Viaje a Santander: Monumento a José del Río Sainz


Allá donde termina la playa del Sardinero y llega el acceso a la Península de la Magdalena, hay una rotonda con una estatua gigante. Se trata del poeta José del Río Sainz.

José del Río Sainz (Santander, 1884 - Madrid, 1964) fue un ilustre montañés que se hacía llamar Pick. Fue navegante, periodista y gran poeta del mar. Fue nombrado socio de honor del Ateneo de Santander, recibió el Premio Fastenrath por su libro Versos del mar y otros poemas, y la Federación Nacional de Asociaciones de Prensa de España le eligió Periodista de Honor. 

Su poema más célebre es El soneto del capitán. Durante una época se le consideró el autor de los arreglos del Himno de Cantabria, pero en la actualidad se sabe que no es así, ya que fue el autor fue José del Río Gatoo (es comprensible el error al tener el mismo nombre).

La estatua de bronce es obra del escultor José Villalobos y Miñor.

Viaje a Santander: Monumento a Pereda


En pleno Paseo de Pereda, muy cerca del Centro Botín, se encuentra el conjunto escultórico dedicado a José María de Pereda. Es obra del escultor Lorenzo Coullaut-Valera, fue sufragado por suscripción popular y se inauguró en 1911 en un acto presidido por Marcelino Menéndez Pelayo, que ostentaba la representación del rey Alfonso XIII.

En la parte superior del monumento se encuentra la figura de José María de Pereda y en la parte baja, rodeando la roca, hay cinco altorrelieves en bronce que representan cinco de sus novelas más populares:

Sotileza, sobre la vida y costumbres de los pescadores.

La leva, sobre las penalidades del reclutamiento forzoso.

El sabor de la tierruca, sobre las costumbres de antaño.

La puchera, sobre las duras condiciones del medio rural.

Peñas arriba, que representa el paisaje de la montaña.

Es una verdadera obra de arte.

La discusión en torno a los valores literarios de la obra de Pereda se mantiene tan vigente como sus novelas, prácticamente desde el momento de su publicación.


Nacido a orillas del Saja, en la villa de Polanco, en 1833, y fallecido en Santander en 1906, José María de Pereda supo a sus 22 años que la Academia de Artillería en la que se encontraba no era su destino, sino el mundo de las letras.

La huella del escritor puede seguirse por diversos rincones de Cantabria: en su casa natal en Polanco (Cumbrales en su universo literario), llena de recuerdos y documentos; en la célebre casona de Tudanca (Tablanca en Peñas arriba), que le sirvió de inspiración; en el monumento, los jardines y el paseo que forman uno de los núcleos principales de Santander; en el premio literario convocado con su nombre por el Gobierno de Cantabria, y en tantos establecimientos e instituciones con nombres tomados de sus novelas.

Viaje a Santander: Estatua de Félix Rodríguez de la Fuente


Al inicio del trayecto hacia el Palacio de la Magdalena se encuentra la estatua dedicada a Félix Rodríguez de la Fuente, conocido por su programa de televisión El hombre y la Tierra, y que tanto hemos disfrutado cuando éramos unos niños (es que no había tantos canales que ver, pero seguimos escuchando su voz hablando del apareamiento del ornitorrinco). 

La estatua se inauguró en 1981, diez meses después de su muerte, y es una representación de Félix que apoya una pierna sobre un pedestal. Lleva unos prismáticos colgados en el cuello y hay un lobo a sus pies. La estatua es obra del médico y escultor Ramón Ruiz Lloreda.

Félix Rodríguez de la Fuente nació en Poza de la Sal (Burgos) el 14 de marzo de 1928. Veraneaba habitualmente en Santander, donde llegó a ejercer profesionalmente su padre. En 1957 se graduó en Estomatología en Madrid y durante dos años ejerció como odontólogo en Madrid. Tras el fallecimiento de su padre, abandonó el oficio de dentista para dedicarse a la cetrería y a la divulgación científica. En 1964, gracias a sus contactos internacionales con científicos de toda Europa, presentó en el Congreso Internacional para la Protección de las Aves de Presa un estudio sobre la situación del halcón peregrino en España. Y ahí publicó su primer libro, El arte de la cetrería.

Empezó en la televisión hablando de los halcones. Después se embarcaría de lleno en el programa de TVE El hombre y la Tierra. Era un gran defensor del libro y también escribía en la revista Blanco y Negro. Falleció en 1980 en un accidente de avioneta, cuando iba a filmar la carrera de trineo con perros más importante del mundo.

Viaje a Santander: Estatua de Gerardo Diego


No es la primera estatua de Gerardo Diego que nos encontramos, porque también en Soria se encuentra en la céntrica calle del Collado. 

También sería extraño que siendo Santander la ciudad donde nació no hubiera una estatua del poeta de la Generación del 27. 

La estatua se encuentra en la bella avenida Reina Victoria, y digo bella porque es un paseo franqueado por chalets de lujo y edificios de gente acomodada, con cristaleras enormes que miran al mar, como Gerardo Diego. 


En 1991 el Ayuntamiento de Santander encargó al escultor Ramón Muriedas realizar una figura del ilustre escritor santanderino. Muriedas pensó mucho en la importancia del enclave de la estatua, así que decidió colocar la escultura en el Paseo de Reina Victoria, en un banco frente al mar, ensimismado en sus pensamientos y contemplando, al fondo, la hermosa bahía. Algo que solía hacer Gerardo Diego en sus paseos por la ciudad cántabra.

Gran amante de la bahía y de su espíritu, su afilado rostro parece recitar los versos que le dedicó en su poema Bahía natal:

"Cristal feliz de mi niñez huraña

mi clásica y romántica bahía

consuelo de hermosura geografía

bella entre bellas del harén de España".

Viaje a Santander: Librería Gil


¡Qué sería de mí si fuera a un viaje y no entrara en una librería...! Santander no iba a ser una excepción, así que cuando estábamos tomando un vermout en Puerto Chico, estando junto al centro de la ciudad, me puse a buscar una librería cercana. Y justo al lado, en la Plaza de Pombo, entramos en la Librería Gil.


Me pareció una librería preciosa, de ésas que llevan toda una vida abierta y que se reinventan con el paso del tiempo, sobre todo en los tiempos modernos con las nuevas tecnologías. Después he sabido que la librería ganó en 2013 el Premio Nacional como Librería Cultural.


También he husmeado en la historia de la librería. Todo empezó en 1967, cuando el matrimonio formado por Ángel Gil y Tinuca Soto fundó una pequeña librería en Santander. Ese día nació GIL, un espacio que hoy cuenta con un fondo editorial de más de 30.000 títulos y cuyo papel cultural se evidencia en sus dos principales funciones; por un lado atender a los lectores, y por otro, servir de escenario para la comunidad literaria que se genera en torno a las actividades que programa cada semana en sus dos sedes.


Desde aquel primer local, en la actualidad Gil mantiene abiertas dos librerías en la ciudad que atienden cuatro de los hijos del matrimonio fundador: Ángel, Maleni, Paz y Jesús. Ellos velan por que siga vivo el compromiso cultural que tenían sus padres con la ciudad y lo hacen desde los dos espacios: en la calle San Fernando, que abrió en 1998 y donde comenzaron a convocarse los primeros encuentros que transformaron la librería en un espacio cultural, y la Plaza de Pombo, donde desde 2005 se da continuidad a la ingente actividad cultural que con el tiempo se ha ido generando en torno a las siglas GIL. Porque es ahí, en Pombo, en sus dos plantas y su espacio abierto a una gran plaza pública, donde, desde entonces, se realizan proyectos relacionados con el mundo del libro del ámbito local y nacional, como presentaciones de libros, encuentros con autores, debates, muestras bibliográficas, conciertos o exposiciones de arte y fotografía, actividades para niños, talleres y lecturas públicas.


Entramos veinte minutos antes de las dos y cerramos la librería. En ningún momento nos llamaron la atención para decirnos que era la hora del cierre, y por supuesto... compré libros. Merece la pena entrar y pasear entre sus estanterías porque es un lugar muy agradable. Me hubiera quedado horas allí.

Página web de la librería.


Viaje a Santander: el dique de Gamazo

Dique de Gamazo

Santander es una ciudad que ha mantenido partes de su arqueología naval, ya en desuso, pero como monumentos dedicados a su pasado histórico, lo que hace que caminar por su paseo marítimo sea un descubrimiento continuo.

El dique de Gamazo es uno de estos monumentos al aire libro, un ejemplo de la antigua arqueología naval que se puede admirar in situ. Situado frente a la entrada inferior del Palacio de Festivales, el dique de Gamazo brinda la oportunidad de conocer un magnífico legado de la arqueología naval, que sorprende por sus dimensiones y por la importante calidad de trabajo y de piedra, utilizada en su construcción. 

Realizado entre 1884 y 1908, es un imponente dique de piedra, cuyo vaso tiene 132 metros de eslora por 15,20 metros de manga y desciende hasta los 8,75 metros de profundidad, formando escalones en el interior.

En esta enorme zanja, que parece seguir esperando la llegada de alguna nave que reparar, se inspeccionaron, construyeron y repararon cientos de buques, hasta finales del siglo XX. 


Desde 2014, el dique de Gamazo, una vez restaurado, se encuentra libremente abierto al público. Entre el propio dique y el mar se ha instalado una zona escalonada que se denomina La Duna de Zaera por la intencionalidad de su diseño y por el apellido del arquitecto que la diseñó, que durante los días de buen tiempo constituye un solárium privilegiado, que desciende escalonadamente hacia el mar, para disfrutar de la bahía y observar el paso de las embarcaciones que la surcan. 

En el año 2001 el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte declaró Bien de interés cultural (BIC), con categoría de monumento, al dique de Gamazo.

Caseta de Bombas

Junto al dique se encuentra la Caseta de Bombas, que recoge una interesante exposición sobre la historia del dique. Hoy convertido en cafetería y restaurante, la Caseta mantiene su estructura original. 

El dique de Gamazo y la Caseta de Bombas constituyeron durante 81 años el astillero más importante de la zona norte, donde trabajaron 800 personas. Por aquí han pasado más de 1500 buques para ser reparados. 

En 2014 la zona fue rehabilitada con motivo del Mundial de Vela que se celebró en Santander.

Caseta de Bombas por dentro


Viaje a Santander: Los Raqueros


Cualquier persona que me conoce sabe que adoro las estatuas realistas de bronce, y si veo una por la calle tengo que detenerme para mirarla, rodearla y fotografiarla. Incluso aunque las haya visto miles de veces.

Así que cuando leí la historia de Los Raqueros tenía que ver las estatuas, que se encuentran en Puerto Chico, es decir, en plena bahía de Santander y cerca de una de las zonas de tapeo más concurridas (de hecho, muy cerca de la Vermutería Solórzano).

Según el diccionario de la RAE, "raquero" es aquella persona que recoge objetos perdidos en las costas por naufragio o echazón, o el ratero que hurta en puertos y costas. La definición se queda corta cuando nos situamos en Santander, junto al grupo escultórico de Los Raqueros (José Cobo, 2007).


Los raqueros, mayormente niños o adolescentes, fueron, según recogen las crónicas, personajes característicos que frecuentaban las zonas portuarias de muchos pueblos y ciudades "buscándose la vida", pero los de Santander en particular entraron en la historia de la mano de José María de Pereda, quien les inmortalizó en una de sus Escenas montañesas. Aunque Pereda no lo recoge en su relato, una de sus actividades más celebradas era bucear en las aguas de la bahía para recoger con la boca las monedas que los turistas o navegantes les lanzaban. Así lo escenifican las cuatro figuras esculpidas por Cobo, situadas junto a uno de los lugares desde los que se lanzaban al agua.

Lo cierto es que a finales del siglo XIX corrían tiempos difíciles para los más desamparados y los raqueros de Santander existían como tribu marginal, forjada por las estrecheces económicas de su entorno, las carencias educativas y brechas sociales de la época y la falta de horizontes en su futuro, lo que viene a situarles en la tradición picaresca española, con la zona portuaria como escenario de sus correrías. Y como pícaros suscitan, si evocamos sus vidas, una sensación agridulce, de tristeza por la existencia tan dura e injusta que hubieron de afrontar, y de cierta admiración por su espontaneidad y pericia fruto de la escuela portuaria, y tal vez por la libertad de que hacían gala, sin más control que el ocasional de la policía y sin otra obligación que buscar algo con que saciar el hambre y, si la jornada cundía, sacar para unos cigarrillos o un café con aguardiente.

Puerto Chico

El término "raquero" ha pervivido como localismo lingüístico, muy utilizado en la ciudad y en el resto de Cantabria, que se adjudica a personas o comportamientos supuestamente groseros, maleducados, desvergonzados, lenguaraces y de habla soez. También es el nombre de un tipo de embarcación utilizada para el aprendizaje de la navegación a vela, y el de un conocido restaurante de Santander.

De aquellos originales raqueros, salvajes y harapientos, a medio camino entre el Lazarillo y ciertos personajes de Dickens, sólo queda el retrato literario que trazó Pereda y el grupo escultórico de Cobo.

Viaje a Santander: A rasgos generales

Casino de Santander

Tengo una fotografía mía jugando en la arena del Sardinero cuando tendría dos años. Sé que tiene que ser por ahí porque mi hermano no estaba en la playa, por lo que o aún no había nacido o se había quedado con los abuelos. Sé que es la playa del Sardinero porque sale el inconfundible edificio del Casino detrás.

Unos años después volvimos a Santander, pero no nos quedamos en la capital, sino que visitamos Altamira, Santillana del Mar y San Vicente de la Barquera, así que yo recuerde. Entonces nuestro hermano pequeño era un personajillo que no levantaba muchos palmos del suelo. Lo curioso es que mi madre llevó estas fotos a revelar y nos olvidamos totalmente, hasta que los fotógrafos, varios años después, le dijeron que había unas fotografías nuestras que nunca habíamos recogido. Ver unas fotos de cuando teníamos diez u once años cuando ya habían pasado al menos cinco años fue algo épico.

Playa del Sardinero I

La siguiente vez que volvimos a Santander éramos adolescentes, porque mi hermano y yo nos fuimos a tomar algo los dos solos. Y no lo recordaba hasta que mi madre me dijo el otro día que ya éramos lo suficientemente independientes como para cruzar la calle del hotel y marchar a tomar algo. 

En los años siguientes he estado más veces en Cantabria, tanto de excursión como con amigos, pero en pueblos de la provincia, sin llegar a pisar Santander. 

Así que cuando hace unos meses mi novio y yo decidimos marchar un fin de semana a Santander no lo dudamos. Cogimos un hotel en el Sardinero, justo detrás del Casino, que estaba muy bien. Y lo cierto es que todos los autobuses urbanos que pasaban por allí nos llevaban al centro, como muy amablemente nos explicó un señor en la parada. 1,30€ cuesta un viaje en autobús por persona (seguro que cuando volvamos ya habrá subido).

Para que nos hagamos una idea, el Sardinero está dividido en dos playas, denominadas Sardinero I y Sardinero II. El Casino, y por descontado nuestro hotel, estaban en el Sardinero I. A la vuelta de la pequeña península que hay detrás, en la playa del Sardinero II se encuentra el estadio del Racing de Santander. 

La capital de Cantabria se asoma a una amplia y bella ensenada, la única en el norte de España que está orientada al sur, perteneciente de hecho y por derecho al selecto Club de las Bahías más Bellas del Mundo. Con semejante carta de presentación se documenta la fascinación, siempre sorprendente, siempre cambiante, que produce el intemporal romance que vive la ciudad con el mar; relación que también ha conocido momentos oscuros a lo largo de la historia, con las sucesivas epidemias o el pavoroso incendio de 1893, que del mar llegaron. Esto no ha impedido que la ciudad asuma con naturalidad el regalo que la naturaleza le depara en su litoral. 

Bahía de Santander y Centro Botín

Muchas de las plazas, avenidas, calles y callejas de la urbe interior conservan un especial encanto, capaz de magnetizar al visitante que gusta de mirar la ciudad con los ojos de sus habitantes y compartir sus costumbres. Posee una intensa vida urbana, con numerosos espacios para el ocio y el disfrute, así como una intensa actividad cultural, ligada a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y reforzada por nuevas dotaciones como el Centro Botín, las que conforman el Anillo Cultural o el Escenario Santander. La ciudad, moderna y elegante durante todo el año, descubre su faceta más bulliciosa y cosmopolita en verano y otoño. El paseo marítimo que se extiende desde la Grúa de Piedra, colindante con el Centro Botín, hasta Cabo Menor, es uno de los más hermosos del litoral español.

Mi novio y yo decidimos recorrer todo el paseo marítimo, pasando por la península de la Magdalena. Es precioso, pero ese día acabamos reventados. Creemos que nos hicimos unos ocho o nueve kilómetros, pero ya dice el refrán que "sarna con gusto no pica".


A vista de pájaro, Santander se asienta sobre una península, cuyas orillas sur y este acotan la celebrada bahía. Con esta orientación, y a resguardo de los crudos vientos de componente norte, se asienta el puerto pesquero, el muelle de Calderón, Puerto Chico, el dique de Gamazo, frente al Palacio de Festivales, el muelle de San Martín, con el Museo Marítimo del Cantábrico, las playas de los Peligros, La Magdalena, Bikinis, El Camello, y con orientación este, y las dos del Sardinero. Se puede acceder a todos estos lugares caminando por un frente marítimos cuidadosamente urbanizado para mantener el equilibrio entre la intervención humana y los valores naturales y paisajísticos.

Eso sí, tuvimos mucha suerte con el tiempo. 

martes, marzo 04, 2025

Tarde de lectura

Últimamente me están cundiendo mucho las lecturas. Suelo pillar lecturas muy agradables y que me impulsan a leer mucho más.
Hoy ha sido una buena tarde de lectura.

La asistenta te vigila

Mi novio y yo teníamos pendiente terminar la trilogía de La asistenta, así que este fin de semana lo hemos pillado con ganas. En esta ocasión, la novela vuelve a atraparnos sin que podamos evitarlo.
Millie y Enzo llevan unos años casados y tienen dos hijos, Ada y Nico, de once y nueve años respectivamente. Acaban de trasladarse a una casa en Long Island que está por encima de sus posibilidades, pero es su sueño.
Muy pronto conocen a los vecinos.
En una de las casas más grandes viven Suzette y Jonathan Lowell, que enseguida intentan congeniar con ellos y les invitan a cenar y a la playa. Ella flirtea descaradamente con Enzo ante la imposibilidad de su marido, y Enzo la sigue la corriente porque Suzette es agente inmobiliaria y le puede presentar a posibles clientes para que les mantenga el jardín.
Enfrente se encuentra Janice, que tiene un hijo pequeño de la misma edad que Nico. Spencer y él parecen llevarse bien hasta que Nico comienza a dar muestras de agresividad. Janice se pasa el día vigilando a los vecinos, incluso haciendo fotos, y se sabe todos los cotilleos del barrio.
Mientras, Suzette convence a Millie para que contrate a Martha, una limpiadora sesentona que se la queda mirando fijamente, pero Millie la pilla robando…
Y entonces una noche Jonathan aparece asesinado en su casa con un objeto punzante. Millie entra en la casa y se encuentra el cadáver, y la primera sospecha es para Enzo, que se encuentra en el jardín trasero de los Lowell…

Y hasta aquí puedo leer. Sólo que es lo que parece...

LA AUTORA



Freida McFadden es médica en ejercicio y está especializada en lesiones cerebrales. Ha escrito varios thrillers psicológicos best-sellers que han llegado al número uno de Amazon. Vive con su familia y su gato negro en una casa centenaria de tres pisos que mira hacia el océano con escaleras que crujen y gimen a cada paso y donde nadie podría oírte gritar. A menos que grites muy fuerte…, tal vez.


EL LIBRO:

Título original: The Housemaid is Watching
Autora: Frieda McFadden
Traductor: Carlos Abreu
Editorial: Penguin Random House (1ª edición, en julio de 2024)
Número de páginas: 453
ISBN: 9788410257191

Valoración: 9/10

RETOS:

* Reto Genérico: Misterio.
* Reto "Thriller Holics": Bestseller de 2024.
* PopSugar Reading Challenge: Un libro que un chatbot de IA recomienda como libro favorito.
* Reto "Todos Locos": Libro de género true crime.
* Reto "Pecera 50": De cinco estrellas.
* Reto "Oca Literaria": Thriller o terror.

lunes, marzo 03, 2025

Viaje a Santander: Vermutería Solórzano



Un amigo nos recomendó ir a la vermutería Solórzano en Puerto Chico. Fuimos el sábado al mediodía pero fue imposible entrar, así que volvimos a tomar un vermout el domingo y ese día sí que entramos. 


Con una decoración de taberna modernizada, las paredes cubiertas con imágenes de la ciudad y mesas por todo el local, nos tomamos una octavilla de anchoas. Y es que este fin de semana hemos probado las mejores anchoas del mundo. En Santander se deshacen en la boca y no están tan saladas como las que nos llegan aquí...


Mi novio hubiera pedido un vermout casero que hacían allí, y yo preferí la cerveza porque el vermout me da dolor de cabeza. Pero la gente tomaba vermouts.

Hay que decir que es un sitio totalmente recomendable para tomar algo, aunque tiene bastante afluencia de gente.

domingo, marzo 02, 2025

"La infiltrada "


Mi novio y yo teníamos muchas ganas de ver La infiltrada, pero se nos ha hecho quizás un poco larga. Es cierto que Carolina Yuste lo borda, pero la película como tal no es tan sobresaliente.
Corren los años 90 cuando la joven policía Mónica Marín (Carolina Yuste) es entrevistada por uno de los inspectores más importantes de la Policía Nacional, Ángel Salcedo (Luis Tosar). Son los años terribles del terrorismo vasco y la policía quiere sumarse méritos en la lucha contra el terrorismo, frente a la Guardia Civil.
Mónica es de Logroño, se entrena para ser etarra y pensar como ellos. A los dos años está preparada para meterse en una herrikotaberna del Casco Viejo de San Sebastián. Atrás deja a su familia, su vida actual, su mundo para adentrarse en un camino arduo donde cada día puede recibir un tiro en la nuca.
Tendrá que convivir con Kepa Etxeberria (Íñigo Gastesi) y con Sergio Polo (Diego Anido) hasta conseguir detener varios objetivos del Comando Donosti y que los dos etarras entren en prisión. 

La infiltrada real se llama Elena Tejada y vive en el extranjero. Kepa Etxeberria ya salió de la cárcel y es dibujante de cómics infantiles. Sergio Polo saldrá de la cárcel en 2029. 

Despedida de Santander

Nos hemos despedido de Santander con un día radiante. Se agradecía el sol.
El fin de semana ha pasado muy rápido.

sábado, marzo 01, 2025

Playa del Sardinero

Tenemos el hotel al lado del Casino de Santander, junto a la playa del Sardinero I. Está muy bien conectado con el centro, pero hoy hemos caminado muchísimo.

Amanece en Santander

Se ve el mar desde la habitación. Hacía años que no estábamos en Santander. Y hacía falta cambiar de aires.