miércoles, julio 06, 2022
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martes, julio 05, 2022
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domingo, julio 03, 2022
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sábado, julio 02, 2022
Ya sí, vacaciones
viernes, julio 01, 2022
Gastronomía mallorquina
Cualquiera que vaya a Mallorca sabe que se va a encontrar con sobrasada de todos los tipos y con ensaimadas de todos los tamaños. Lo mejor es cuando llegas a Madrid y se nos reconoce a los que veníamos de Mallorca por las cajas de ensaimadas.
Hay muchos platos típicos mallorquines, pero muchas veces yo iba a lo habitual, por no buscar ni preguntar lo que era.
Es cierto que un día probé un trampó, que es una especie de ensalada típica de allí, con más sabor a vinagreta que al aliño de por aquí.
También probé un quiché de puerros y bacon que estaba espectacular. Ni que decir tiene que allí se comen muchas verduras cocinadas de mil formas diferentes.
No suelo comer postres, pero sí llegué a probar el típico gató con helado. Se parecía mucho en sabor a la tarta de Santiago. Esto que parece bizcocho y los tiramisús son los pocos postres que como. Desde muy pequeña tengo dentera a las texturas de los flanes, gelatinas, cremas pasteleras... así que miro mucho un postre cuando lo pido y, habitualmente, ni siquiera suelo tomar postre. Pero había que probar algo típico de allí.
Finalmente, comentar que la pizza que comí en Porto Cristo estaba espectacular, tanto que cuando recuerdo lo buena que estaba se me sigue haciendo la boca agua.
A veces conviene también recordar algunos lugares donde nos hemos sentado a repostar. Comer enfrente del mar en Palma y junto al magnífico edificio de la Lonja me trae buenas sensaciones.
Palma Aquarium
Sería raro que no visitara el acuario de una ciudad, aunque esté en la otra punta de la isla. Así que me subí a un autobús urbano, crucé todo Palma, la playa del Arenal y en las cercanías del aeropuerto se encontraba Palma Aquarium.
La cuestión es que me encantan los acuarios, y aunque todavía no he encontrado ninguno que supere al Oceanográfico de Valencia, siempre es un placer ver animales acuáticos y, sobre todo, disfrutar de los tiburones.
Siempre me han gustado los animales, pero mi atracción por el mar se incrementó con la lectura, hace ya unos años, de El Quinto Día, cuando el autor amplió mis horizontes, de tal forma que siento que hay tantos seres en el mar ocultos para el hombre...
El Paseo Marítimo de Palma
Pasear junto al mar siempre es un placer. Después de visitar el castillo de Bellver, decidí "perderme" por las calles de Palma. Sabía que sólo tenía que ir hacia abajo y que llegaría al mar.
Paseé junto al puerto, que está -obviamente- lleno de yates y barcos de recreo. Hacía calor, pero se agradecía la brisa del mar.
Entré en Hard Rock Café Mallorca, que está junto al puerto y me traje una camiseta. Todavía aguanta la de Nueva York.
Y seguí caminando hasta dar con una especie de mercadillo gastronómico donde una jauría de alemanes bebía sangría como si no hubiera un mañana. Era una especie de mercadillo tradicional de productos de España (aunque de La Rioja no había ningún puesto).
Terminé en Sa Riera, una especie de arroyo artificial que se encuentra junto a la Almudaina.
Porto Cristo
Muy cerca de Manacor y en el este de la isla se encuentra Porto Cristo, un pequeño pueblo marítimo donde hay atracados yates de todos los tamaños. Aunque, sin duda alguna, el que más destaca entre todos ellos es el catamarán de Rafa Nadal.
Porque Porto Cristo es el pueblo donde vive Rafa Nadal.
Alrededor del puerto y la playa hay muchísimos restaurantes y tiendas. Allí me hice con unos vestidos mallorquines para mis sobrinas y una toalla de playa "made in Mallorca" que seguramente estrenaré la próxima semana en Dubrovnik.
Es un pueblo muy pintoresco. Cerca de las cuevas del Drach, allí paramos a comer. Enseguida elegí una terraza frente al puerto, mientras el matrimonio argentino buscaba un lugar donde hubiera paellas, que dio la casualidad de que ese día estaba cerrado. Terminaron en el mismo restaurante que yo, pero como todas las mesas de la terraza estaban ocupadas entraron dentro. Me explicó el señor que su mujer adoraba la paella y siempre buscaban un lugar donde comer paella.
Allí comí una de las mejores pizzas que he comido nunca (dejando fuera las que hace ya unos años comí en Italia).
Llenar la maleta
El castillo de Bellver
Desde abajo se ve una torre redonda. Y subir es todo una odisea, sobre todo si le pega el sol.
El castillo de Bellver fue mandado construir en el siglo XIV por el rey Jaime II, en medio de un bosque de pinos. De estilo gótico civil, es un castillo militar que nunca sufrió ningún ataque.
Tiene planta circular, unas vistas espectaculares y muchas exposiciones en sus salas. Desde la azotea se ve todo Palma.
Callejeando por Palma
Una de las cosas que me encantó de Palma de Mallorca es que es una ciudad idónea para callejear. Y caminando te encuentras verdaderos tesoros.
Así, caminando por el centro, llegué a la Plaza Mayor, que destaca por sus fachadas amarillas que contrastan con las contraventanas de color verde. Ni que decir tiene que la plaza es un centro neurálgico, con muchas terrazas y mucha gente, y en las calles de alrededor hay una cantidad inabarcable de comercios de todo tipo.
La Rambla, como muchas ciudades del Levante español, es un paseo lleno de árboles, y me apeé de un autobús al final de ésta, cuando vi una librería. Concretamente me senté en una terraza en la Plaza Weyler. La librería estaba cerraba, la terraza correspondía a un hotel de lujo y vi cómo los camareros del hotel acompañaban a la calle a un extranjero borracho que decía que había perdido el móvil.
Y frente a mí, en una de las fachadas más espectaculares de la ciudad, un par de músicos callejeros se ponían a cantar junto a una de las fachadas más interesantes de Palma, el Forn des Teatre, que es la entrada de una pastelería.
Por supuesto, en el centro de Palma tenía que entrar a probar una de las famosas ensaimadas, en el más tradicional y antiguo Horno, el del Santo Cristo.
Al salir me encontré con una de las fachadas más espectaculares, que se encontraba junto al Museo de la Perla.
Las perlas de Mallorca
En Mallorca hay varias fábricas de perlas, quizás de las mejores fábricas de perlas a nivel mundial.
Uno de los primeros días en Palma entré, sin querer, en un museo dedicado a la perla, desde que se obtiene, hasta que llega a la tienda. Es todo un delicado proceso donde se pulen para crear perlas que no son asiduas a todos los bolsillos.
Cuando terminé de ver el pequeño museo dedicado a la perla desemboqué en una joyería dedicada exclusivamente a cualquier joya con incrustaciones de perlas.
Unos días después visité, en una de las excursiones, una de las fábricas Majorica en Manacor. Lo cierto es que paramos allí a ver quién compraba perlas, pero a mí lo que me interesaba de verdad era la fábrica en el nivel superior, que estaba cerrada al público.
Había joyas de perlas asequibles, pero por lo general tenían precios exorbitantes.






























