miércoles, junio 12, 2019

Viaje a Valencia (Cuarta y última parte: la Ciudad de las Artes y las Ciencias)

Digamos que he dejado para el final una de las partes de Valencia más innovadoras: la Ciudad de las Artes y las Ciencias, un museo al aire libre que combina estructuras modernas junto al mar Mediterráneo, con la ciencia, la fauna y algo de historia. Concretamente cuando estuve acababa de inaugurarse la "Harry Potter Exhibition", que va recorriendo diferentes ciudades del mundo, y para la cual había que llevar entrada comprada con antelación. La exposición de Harry Potter estará en Valencia hasta el 11 de agosto.
Relativamente moderna, la Ciudad de las Artes y las Ciencias se ha convertido en icono de la ciudad que ha terminando eclipsando a otros edificios históricos e ilustres de la ciudad. Personalmente, yo prefiero el centro monumental, sus tradiciones y su historia, que no es poca. 
Estuve dos días en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, pero sólo el segundo día pude aprovecharme de sus instalaciones, ya que el primer día hacía un temporal de viento y agua tan intenso que preferí marcharme. Lo que no entendía era que hubiera familias con niños pequeños haciendo fila para coger entradas al Oceanogràfic, sobre todo porque al día siguiente comprendí que con la que caía ese sábado no era el mejor día para verlo. Me alegro de haberme marchado, porque cuando lo visité no llovía y es que hay gran parte para pasear y ver las instalaciones desde el exterior.

Donde hoy se encuentra la Ciudad de las Artes y las Ciencias antes se extendía un área industrial bastante degradada, hoy es la Valencia del siglo XXI, una nueva ciudad con grandes espacios públicos y arquitectura vanguardista que se inspira en el Mediterráneo.
Desde el año 1990 y con la construcción del Hemisférico, se inició el proyecto de crear el "mayor complejo lúdico y cultural de Europa". Esta ciudad de ocio y cultura ha tenido la habilidad de combinar contenidos científicos con propuestas de ocio y diversión orientadas a todos los públicos. Este complejo erigido como hito de la modernidad atrae multitudes, necesarias para amortizar el coste astronómico de la inversión. Multitudes que demandan un producto atractivo y digerible, de buena factura y popular.
Centro Comercial El Saler, frente a la Ciudad de las Artes y las Ciencias

La Ciudad de las Artes y las Ciencias culmina una serie de actuaciones urbanísticas y arquitectónicas que se inician en el parque de Cabecera y se prolongan a lo largo de los doce kilómetros que mide el antiguo cauce del Turia hasta la desembocadura.
El complejo ocupa un total de 350.000 metros cuadrados y se halla estructurado por un eje central de dos kilómetros de longitud. Arte, naturaleza y ciencia (unida a la tecnología) son los tres grandes conceptos que han servido para configurar este universo de colores blancos y formas envolventes que articulan un lenguaje de vanguardia y han situado Valencia entre las grandes ciudades europeas. Menos el Oceanográfico, todos los edificios han sido diseñados por Santiago Calatrava, arquitecto nacido en Benimànet. Se han utilizado como materiales hormigón blanco, acero, vidrio, granito y trencadís de color blanco y azul.
Componen el conjunto los siguientes edificios: el Hemisférico, el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, el Umbráculo, el palacio de las Artes Reina Sofía, el puente Azud de Oro, el Ágora y el Oceanográfico.

Hemisfèric

El Hemisférico (L'Hemisfèric) fue el primero en ser inaugurado, en el año 1998. Visto de frente, parece un cetáceo gigante de líneas vanguardistas que se sumerge hacia el futuro.
Pero caben otras interpretaciones. Con un gran párpado compuesto por los parasoles móviles, una pupila formada por el domo semiesférico de la sala de proyecciones y unas pestañas integradas por los elementos acristalados, también se asemeja a un gran ojo humano abierto al mundo. Como nota curiosa, el párpado tarda 19 minutos en abrirse y lo hace de manera tal que los paneles de vidrio giran para no chocar entre sí.
Contiene una gran sala de proyecciones con pases para diferentes horas, pero al que no accedí en mi estancia en Valencia (porque las horas me pillaban a desmano).

Umbracle

El Umbráculo (L'Umbracle) se sitúa en uno de los bordes de esta ciudad de agua y arquitectura. Un total de 55 arcos fijos, que alcanzan 18 metros de altura, configura una sólida estructura que da soporte a una sutil urdimbre de varillas metálicas tendida como una celosía para filtrar la luz. Una luz necesaria para revitalizar el jardín de palmeras, naranjos amargos y plantas aromáticas que crece bajo la techumbre.
Trepan enredaderas por los arcos para crear un microclima favorecedor de las especies autóctonas plantadas en la terraza. Madera de teka, arena batida y adoquines de granito integran los espacios libres de vegetación, zonas por donde se puede pasear y donde florecen estatuas.

Museo de las Ciencias 

El Museo de las Ciencias Príncipe Felipe es un museo vanguardista cuya estructura ha sido comparada con la osamenta de un dinosaurio y también con las vértebras de una ballena varada en la arena. Aunque también puede compararse con la columna vertebral de un ser humano.
El gran esqueleto de hierro y cristal se tiende majestuoso y futurista a la orilla de un amplísimo estanque que proporciona frescor y fondo suficiente como para reflejar su imagen invertida. La fachada norte, más diáfana que la sur, que suma 20.000 m2 de superficie acristalada, se inspira en las formas de una cascada. Cinco grandes columnas que parecen árboles sujetan la estructura.
La planta baja del museo se concibe como una zona de servicios donde se ubican los laboratorios en los que se hacen experimentos en directo con diferentes sustancias que actúan entre sí. Allí se encuentra el primer ordenador que hubo en España, un IBM modelo 650 fabricado entre 1953 y 1962.
En esta planta es donde tenía lugar la "Harry Potter Exhibition", además cuando salí había una fila inmensa para entrar en un simulador espacial.
Estructura de ADN

En la planta primera, planteada como el escaparate de la ciencia, se representa en su calle mayor la estructura del ADN y del péndulo de Foucault. Con sus 32 metros de altura, este último es uno de los más grandes del mundo. 
Aquí habían adaptado cuentos famosos a experimentos científicos, claramente enfocado a un público infantil.
Péndulo de Foucault

La segunda planta, presidida por el lema "El legado de la ciencia", gira en torno a la trayectoria biográfica de tres premios Nobel: Severo Ochoa, Ramón y Cajal y Jean Dausset. Esta planta se adentra en los misterios de la vida y la biología para dibujar un bosque de cromosomas y reunir una exposición dedicada a la genética.

Palacio de las Artes

En octubre de 2006 se inauguró el Palacio de las Artes Reina Sofía (Palau de les Arts). Es un edificio dedicado a la promoción de las artes escénicas. Barco o casco de guerrero, ofrece una imagen de audacia transgresora. Mide 210 metros de largo, 80 de ancho y 75 de alto. Las láminas exteriores están hechas de trencadís
A manera de pluma o visera envolvente, una gran sobrecubierta metálica, que se apoya en un extremo y en la zona central y deja en voladizo la zona este, arropa las dos láminas exteriores de acero laminado que configuran la piel del edificio.

Puente del Azud del Oro y Ágora

Entre el Ágora y el Museo de las Ciencias se tiende el Puente del Azud del Oro (L'Assut de l'Or), que fue inaugurado en diciembre de 2008.
Es un puente lírico, grácil e imposible, de una sutileza tal que parece no ser capaz de sostenerse en pie.
Se llama así porque en el lugar había un azud (presa islámica) que permitía elevar el nivel de las aguas del Turia y canalizar las acequias. Este puente típicamente calattraveño alcanza una altura de 125 metros en el mástil (el punto más elevado de Valencia) mientras que los 29 cables atirantados sostienen la estructura y los 4 traseros se anclan en el mástil central. El puente pesa más de 5.000 kg.

Ágora

El Ágora es una sala polivalente, o espacio multiusos, concebida como una plaza pública cubierta con capacidad para 5.000 espectadores. En ella se celebran encuentros, conciertos, acontecimientos deportivos (como partidos de tenis) o eventos relevantes. Es posible abrir o cerrar la parte superior de la cubierta para facilitar la iluminación o la ventilación. Una capa de trencadís de color azul recubre las paredes exteriores.

El coche volador de los Weasley

La Exhibición de Harry Potter se ubicaba en el Museo de las Ciencias. A mí me decepcionó y, de hecho, me pareció tan breve que al llegar a la tienda volví sobre mis pasos pensando que no la había visto entera. Lo que se exhibe en la exposición son decorados de las películas, trajes, se han adaptado lugares, objetos de las películas, y en la tienda, que simula la tienda de varitas de la serie, hay apiladas cientos de cajas vacías que puedes comprar sin saber qué varita es. La broma de la varita cuenta 40€. 
Sombrero seleccionador

Mandrágoras

Recreación de la cabaña de Hagrid

Recreación del despacho de la profesora Umbridge

Tienda de varitas mágicas

Por toda la ciudad había objetos de Harry Potter donde la gente se iba haciendo fotos.
Nimbus 2000, escoba de Harry Potter, junto a la Plaza de Toros

Entrada al Oceanográfico

Dejo para el final una de las visitas obligadas y más espectaculares de Valencia: el Oceanográfico (L'Oceanogràfic). Regresé encantada y no sólo por la visita típica sino porque tuve ocasión de ir en un grupo para ver "El otro lado del acuario", una visita fascinante donde se descubre el trabajo de los que están detrás de lo que se ve a simple vista.
Inaugurado en 2003, se ha convertido en la mayor atracción turística de la ciudad, con 1.400.000 visitantes al año. Es el único edificio de la Ciudad de las Artes y las Ciencias no diseñado por Santiago Calatrava. Fue el arquitecto Félix Candela el autor de las cubiertas parabólicas que recuerdan los nenúfares flotando en la superficie de un lago. Precisamente alrededor de un lago central se distribuyen las nueve torres que organizan las áreas geográficas y las zonas submarinas.
El Oceanográfico de Valencia se considera el mayor centro marino de Europa: utiliza un total de 42 millones de litros de agua, que se toma de la playa de la Malvarrosa y se calienta a la temperatura deseada utilizando métodos diversos; posee más de 25 kilómetros de tuberías, necesarias para depurar el agua en cuatro horas; ocupa más de 110.000 m2, espacio que habitan 45.000 animales de 500 especies diferentes; sus torres submarinas están comunicadas por túneles transparentes hechos de acrílico.
En cuanto entré visité el Delfinario, aprovechando que iba a comenzar una actuación de delfines en unos minutos. Lo cierto es que los delfines son tan graciosos que se disfruta de sus actuaciones. 
En el área de Océanos se pueden ver los tiburones, y como en muchos acuarios, pasé por un túnel de acrílico donde se apelotonaba la gente a hacerse fotos. En la visita guiada nos explicaron que en realidad el acrílico hace que veamos los tiburones más pequeños de lo que en realidad son.
Aviario

En el área de Humedales se encuentra un Aviario donde no pude acceder, porque cada vez que me acercaba siempre había filas larguísimas. Tampoco me importó mucho porque al ser como una especie de bola de red se podían ver muchas aves desde la parte exterior.
Espectaculares son las medusas. También se pueden ver flamencos, cocodrilos, tortugas gigantes, morsas, pingüinos y toda una serie de animales relacionados con el agua. Personalmente me gustó mucho la visita de varias horas, que se me pasó sin darme cuenta. 
Mención especial tengo que hacer a esa visita guiada "al otro lado". En esa visita recorrimos partes del acuario que no se visitan habitualmente. La guía nos explicó que tienen una infinidad de tuberías que separan el agua según la necesidad de los animales (clorada o no clorada, con nutrientes, con más sal o menos sal, potable o no potable), lo que hace que en su interior el Oceanográfico transporte más agua que la que ve el visitante. Nos explicaron que cuando un animal llega al acuario lo tienen en cuarentena y le observan durante semanas, de tal forma que le acostumbran a la siguiente adaptación.
En el caso de los tiburones, que los hay de diferentes tipos, les acostumbran a comer siempre a la misma hora. Subimos al tanque de los tiburones, con unos endebles pasadizos de hierro desde donde se ve el balcón donde les dan de comer, pero también las gigantes aletas sobresaliendo. Recorriendo las pasarelas no está de más imaginar qué ocurriría si una de estas pasarelas se cayera, porque caemos en el tanque de los tiburones, que impresiona de verdad. Desde arriba se ve de otra manera. En ese momento me sonó el teléfono, y lo que nos habían dejado claro es que no podíamos tener ningún objeto que pudiera caerse en el tanque, así que lo tuve que dejar sonar.
Otro de los animales que enamora es la tortuga gigante. En las playas valencianas aparecen muchas tortugas gigantes heridas (por anzuelos, por el hombre, por la contaminación); generalmente las encuentran pescadores que llaman al 112. Los biólogos más cercanos suelen ser los del Oceanográfico, que las rescatan, las curan y las vuelven a echar al mar. Me enamoré de las tortugas, sobre todo porque me dio mucha pena verlas heridas o con miembros amputados...
Cuando salí del Oceanográfico me encontraba íntimamente concienciada con la naturaleza. 

1 comentario:

Dyhego dijo...

Bonita ciudad.