lunes, junio 10, 2019

Viaje a Valencia (Tercera Parte: la ciudad civil)

Tiovivo junto a la Estación del Norte

Antes de que me marche nuevamente de viaje, es preciso que termine de hablar sobre mi viaje a Valencia en Semana Santa, que entre unas cosas y otras nunca encuentro el tiempo suficiente para sentarme frente al ordenador.
Aunque ya hablé hace unas semanas de algunos edificios civiles de Valencia, me han quedado zonas por describir. A veces es difícil separar la historia de muchos de los lugares que vemos, así que hoy me limitaré a describir otra parte de Valencia, llena de edificios oficiales, y el centro neurálgico de la ciudad.

Edificio de Correos, Plaza del Ayuntamiento

La Plaza del Ayuntamiento es el centro neurálgico de la ciudad, llena de comercios, edificios señoriales, conectada con el resto de plazas principales, que en realidad se encuentran a unos pasos. Para ir de comprar, para comer, para pasear -a pesar de la lluvia- la Plaza del Ayuntamiento es el lugar ideal.
Constituye el corazón de la ciudad, y además es un escenario de representación social que se plasma en la arquitectura, una arquitectura que levantó sus edificios más representativos en el primer tercio del siglo XX.
En esta plaza se ubica el centro del poder municipal y se dan cita muchos de los actos colectivos: mascletás, protestas sindicales, reivindicaciones diversas, aclamaciones políticas, concentraciones festivas y espectáculos lúdicos. En la plaza se coloca la falla del Ayuntamiento, que es la más importante y la última en sucumbir bajo el fuego.
Además de los edificios que dibujan el perímetro, contribuyen a acentuar el atractivo de la plaza los puestos de flores, la fuente circular (construida por Carlos Buigues e inaugurada en marzo de 1862) que con sus cambios de colores organiza por la noche un espectáculo visual, y la estatua levantada en honor de Francesc de Vinatea, magistrado que en el siglo XIV obligó al rey Alfonso II de Valencia y IV de Aragón a restaurar la integridad territorial del Reino de Valencia revocando las donaciones que había hecho al hijo tenido en su segundo matrimonio.
Ayuntamiento de Valencia

En uno de los lados de la plaza se yergue el Ayuntamiento, conjunto monumental surgido de la fusión entre la Casa de la Enseñanza, que se localiza en la parte posterior y fue levantada en el siglo XVIII, y un nuevo edificio municipal erigido entre 1906 y 1930 según el proyecto realizado por los arquitectos Francisco Mora y Carlos Carbonell.
La antigua Casa de Enseñanza, promovida por el arzobispo Mayoral como centro educativo de niñas pobres y pudientes, se construyó a mediados del siglo XVIII. Conserva de la época parte de la capilla de Santa Rosa de Lima, decorada en su bóveda con frescos de José Vergara que recrean escenas de la vida de la santa. Fue en el año 1854 cuando el Ayuntamiento abandonó la Casa de la Ciudad ubicada en los actuales jardines del palacio de la Generalitat y se trasladó a este inmueble que ya no habría de abandonar. A partir de 1906 se acometió la integración de la Casa de Enseñanza -y de otras anejas- en un nuevo edificio que habría de configurar una manzana de 5.600 m2.
El Ayuntamiento presenta una monumental fachada clasicista adornada con elementos de inspiración renacentista y barroca. Surge en el centro de la misma una elegante torre que alberga un reloj con carillón mientras sobresalen en los extremos dos cúpulas elípticas cubiertas con teja vidriada. Entre cuatro columnas se enmarca la portada, que sitúa en su coronación cuatro estatuas alegóricas representativas de las virtudes cardinales (Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza). Ocupa un destacado lugar el balcón principal de piedra, realizado en 1970 por los arquitectos Román Jiménez y Emilio Rieta. Este balcón desempeña un gran protagonismo dos veces al año: cuando las autoridades presencian las mascletás de las Fallas y en la ceremonia del descenso de la Señera, bandera de la ciudad y del antiguo Reino de Valencia.
Otro edificio impresionante es el edificio de Correos y Telégrafos, inmueble academicista cuya construcción se terminó en 1922, siendo el responsable del proyecto el arquitecto Miguel Ángel Navarro. Ilustran la fachada diversos grupos escultóricos que aluden a las comunicaciones susceptibles de ser establecidas por tierra y mar entre los cinco continentes.
Otros edificios interesantes en la Plaza del Ayuntamiento son el Banco Vitalicio, el Ateneo Mercantil, el Edificio Rialto, el edificio Noguera I, el edificio Suay y el edificio de la Telefónica. 

Falla de exposición en una tienda de regalos

Durante la quincena que precede al día de las Fallas, todos los días a las 14 horas y en la Plaza del Ayuntamiento, tiene lugar la original celebración pirotécnica y acústica de la mascletá. Según los datos técnicos, se suelen gastar en cada mascletá unos 125 kg de pólvora, alcanzándose los 130 decibelios de intensidad sonora.
La amplia avenida Marqués de Sotelo une la Plaza del Ayuntamiento con la Estación del Norte
Estación del Norte

La Estación del Norte me enamoró, como cualquier edificio de estilo modernista. Se alza como uno de los iconos arquitectónicos que mejor definen la pujanza industrial y comercial alcanzada por la urbe en las primeras décadas del siglo XX. Y, al mismo tiempo, como uno de los ejemplos más interesantes del modernismo valenciano. Por si lo anterior fuera poco, se sitúa en pleno centro urbano, contribuyendo, con sus casi 100.000 viajeros diarios, a generar un gran dinamismo en la ciudad.
El edificio que impulsa tanto movimiento fue proyectado y construido por el arquitecto Demetrio Ribes entre 1906 y 1917, en la nueva zona de expansión surgida tras el derribo de las murallas medievales. Desde el punto de vista artístico representa un modernismo local con influencias vienesas que reviste importancia no sólo por la obra en sí, sino por el gran número de artesanos que logró aglutinar durante la ejecución del proyecto y por el impulso que proporcionó a las artes decorativas de su tiempo.
En la fachada principal se articula una sucesión horizontal de tres cuerpos que levanta dos torreones en los extremos y sitúa el acceso en el centro. Caracterizan la fachada la abundancia de detalles decorativos (mosaicos, vidrieras o piezas de cerámica que reproducen escudos y motivos geométricos o florales) y la presencia de marquesinas de hierro y cristal.
Plaza de Toros y torreón de la Estación del Norte

Junto a la Estación del Norte se encuentra la Plaza de Toros. Ya que en Valencia no había coso taurino como tal, pues las corridas de toros se celebraban en la Plaza del Mercado y en otros lugares públicos, se tomó la decisión de construir una plaza de toros en una de las nuevas zonas de expansión urbana. Antes de que se hubieran derribado las murallas cristianas, se eligió un lugar extramuros situado frente a la antigua puerta de Ruzafa.
La Plaza de Toros de Valencia fue levantada en la década de 1850, en pleno reinado isabelino, inaugurándose oficialmente en junio de 1859. Tenía una capacidad cercana a los 17.000 espectadores. Las obras se ajustaron al proyecto diseñado por el arquitecto Sebastián Monleón Estellés, quien se pudo inspirar en el anfiteatro romano de Nimes, en el Coliseo de Roma o en el teatro Marcelo de la misma ciudad. 
Se articula en forma de anillo circular que mide 108 metros de diámetro exterios y 52 de diámetro interior. Despliega en el perímetro exterior cuatro galerías porticadas, todas de ladrillo, que conforman una orquestada sinfonía de ritmos y equilibrios. Muy cerca de la plaza se encuentra el Museo Taurino, el primero construido en España.

Entrando en el Barrio del Carmen

Otro lugar digno de conocer es el Barrio del Carmen. Es un área urbana que creció entre dos murallas: la musulmana (del siglo XI, construida por Abd-al-Aziz), que la limitaba por el este; y la nueva cerca cristiana levantada en el siglo XIV, que la protegía por el oeste. En los tiempos islámicos señalaba el límite de la ciudad y el comienzo de los arrabales. En la geografía de calles y callejas a veces aparecen, como si fueran los muros de las casas, restos aislados de la muralla árabe.
Balcón en el Barrio del Carmen

En el transcurso de los siglos, el barrio ha sido huerta feraz, arrabal islámico, mancebía famosa, lugar de asentamiento de gremios, residencia de la nobleza medieval, zona de conventos, foco proletario en los años de la revolución industrial y, en las últimas décadas del siglo XX, centro de diversión nocturna frecuentado por jóvenes.
Plaza Redonda

De allí llegué, sin quererlo, a la Plaza Redonda. Se la conoce como el clot (agujero) y es el resultado del entramado medieval de raíces islámicas con callejuelas estrechas que desembocaban en este recinto para agrupar los puestos de venta callejera que abundaban en el barrio. Se levantó en el solar que quedó tras el derribo del antiguo matadero y de la pescadería, que suministraban género en las tiendas cercanas.
Puerta del Mar

Después de traspasar la Puerta del Mar, nos encontramos con el antiguo cauce del Turia. Y aquí sí que me mosqueé yo el primer día cuando vi los puentes desde las Torres de Serranos y crucé la calle para asomarme al río: no había río. 
En los jardines de la Glorieta de la Puerta del Mar podemos encontrarnos con ficus milenarios que exhiben sus raíces como si fueran grandes cuadros abstractos donde se ponen de manifiesto la exuberancia y el color.
Jardines del Turia

El río Turia fue desviado de su cauce original, pero este cauce se mantiene y hay una infinidad de jardines que invitan al paseo. Los Jardines del Turia se prolongan a lo largo de casi once kilómetros formando una gran arteria vegetal en la ciudad y abriendo un pulmón urbanizado que se ha convertido en paraíso de deportistas y amantes del paseo urbano.
Entrada al Museo Fallero

Hay un lugar al que no pude acceder porque el temporal de viento y agua había hecho reventar una de las puertas de cristal. Ese lugar fue el Museo Fallero. Por seguridad de los visitantes lo habían cerrado durante toda la Semana Santa, así que tendré que regresar a Valencia para ir a verlo.

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