Hoy he escuchado el sonido de un teléfono, un aparato de teléfono que estaba en todas las casas hace treinta años.
El teléfono sonaba con aquel "ring-ring" tan característico. Y me he sentido trasladada a otro tiempo y otro lugar.
Cuando los teléfonos tenían seis números, sin prefijo, y hacíamos nuestros primeros pinitos. A veces a escondidas y otras para preguntar algo sobre los deberes. Ese sonido que tenían casi todas las casas.
Un día llegaron los teléfonos móviles y eso supuso el principio del fin de los teléfonos de sobremesa. Mis padres lo quitaron de casa y hoy mi primer número de teléfono está asignado a la oficina de un abogado, pero ya no tiene seis cifras sino nueve.
Cuando llegué a mi casa necesité un número fijo para acceder a internet, ni siquiera me lo sé. Y ni se me ha pasado por la cabeza poner un aparato, aunque hoy llamar resulta gratis a casi todos los números.
El sonido de ese teléfono desde la casa de algún vecino me ha llevado a pensar en tantas cosas que hoy tienen los días contados.
Todo va más rápido en el siglo XXI.
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