miércoles, junio 08, 2011

Auckland War Memorial Museum


Auckland War Memorial Museum

El Museo Memorial de Auckland se encuentra ubicado en lo alto de un parque que ocupa hectáreas y hectáreas de hierba, flores, árboles y otras plantas. Se trata del Auckland Domain Park, a caballo entre el pintoresco barrio de Parnell y el centro de la ciudad.

Plano de la ciudad, donde se pueden contrastar los parques Auckland Domain, con el museo ubicado en su interior, y Albert Park

Auckland Domain y War Memorial Museum desde la Sky Tower

El Auckland Domain es el parque más antiguo de Auckland. Se levanta sobre uno de los volcanes cónicos inactivos de la ciudad, por lo que en sus extremos pueden verse los anillos de toba que se crearon por la actividad volcánica de hace varios cientos de años.
En el Auckland Domain se ubican, aparte del War Memorial Museum, un jardín con más de 100 variedades diferentes de helechos, los Jardines de Invierno (invernaderos que contienen un estanque con flores de loto), estatuas, un anfiteatro cuyas gradas se forman por los anillos volcánicos de toba, etc.

El War Memorial Museum se construyó en hormigón reforzado y la fachada está cubierta por piedra de Portland decorada con detalles de bronce. En la fachada se encuentran placas que describen las batallas de la Iª y IIª Guerras Mundiales.
El museo se construyó en 1929 para conmemorar el fin de la Iª Guerra Mundial. Su fachada neoclásica evoca los templos griegos que muchos soldados vieron desde las cubiertas de los barcos de guerra cuando servían en el Mediterráneo.

Cenotafio

El diseño del cenotafio que se encuentra frente a la puerta central del museo se inspiró en el de la tumba del soldado desconocido que existe en Londres, que se dio a conocer en los noticiarios de todo el mundo en la década de 1920.

Columnas del vestíbulo

El vestíbulo del museo se levanta sobre columnas clásicas que rememoran el Partenón de Atenas. La luz se filtra por el techo de cristal iluminando la estancia.

Waka maorí

La colección del museo se distribuye en tres plantas. La planta baja está dedicada a los pobladores de Nueva Zelanda, tanto a los descendientes de los maoríes, como de los europeos y de otros lugares del Pacífico. La galería de los taonga (tesoros) maoríes muestra una magnífica colección de utensilios maoríes, como un waka (canoa) o un templo tradicional tallado.

La primera planta ofrece información sobre la tierra y su historia natural. Origins muestra esqueletos de animales ya extinguidos como dinosaurios y moas, muchos de ellos encontrados en cuevas de todo el país.
Océanos descubre la vida marina neozelandesa a través de una piscina excavada en roca y con la réplica de la reserva marina de las Poor Knights Islands.

Casa usada para el simulacro de erupción volcánica

Las salas de los descubrimientos muestran exposiciones interactivas sobre lo fantástico y lo maravilloso, así como de tesoros y leyendas. Aquí nos encontramos en el interior de una casita como las que hay en Auckland y vivíamos los movimientos sísmicos de un terremoto, o más bien, del estallido de un volcán, pues los estudiosos dicen que se ha acabado el plazo para el volcán que se encuentra en la cercana isla de Rangitoto, que entrará en erupción y que la lava se arrastrará por el mar, creando otras islas volcánicas. Auckland no está preparada para soportar la erupción de este volcán, así como tampoco está preparada para un terremoto. Tanto uno como otra destruirían la ciudad.

La segunda planta está enfocada hacia la participación del país en las dos guerras mundiales y en cómo éstas han forjado la identidad nacional.

Avión de guerra

La Sala del Spitfire exhibe antiguos aviones de guerra. Durante la IIª Guerra Mundial, un alto porcentaje de pilotos de la Royal Air Force venía de Nueva Zelanda, entre ellos su jefe supremo, Keith Park.


Cartas escritas durante la IIª Guerra Mundial por soldados neozelandeses desaparecidos a sus seres queridos

Cicatrices en el corazón alberga exposiciones sobre las dos guerras mundiales, entre ellas la recreación de una trinchera de la Iª Guerra Mundial. Aquí me puso la piel de gallina la sala donde había cartas, fotos y maletas de personas que habían desaparecido en las contiendas.

El Santuario de la Iª Guerra Mundial se concibe junto al techo de cristal sobre la entrada del vestíbulo. Muestra el escudo de armas de los dominios británicos y las colonias durante la Iª Guerra Mundial. En la galería se encuentran divisas de unidades, regimientos y cuerpos neozelandeses.

Fui al Museo dos veces el mismo día. ¿Por qué? Quizás porque soy una entusiasta de las guerras mundiales, porque me fascinan ciertos misterios que rodean esos años. Por la mañana el guía nos explicó muchas cosas acerca de los maoríes y de las diferentes composiciones geológicas de los variadísimos paisajes neozelandeses. Pero yo también quería ver las salas por las que se erigió este museo, las de las Guerras Mundiales, así que con la entrada de la mañana volví al Museo.

La historia de Nueva Zelanda es muy moderna, porque apenas tiene una tradición histórica como la concebimos, por ejemplo, en Europa. Los primeros pueblos conocidos son los maoríes, que no eran originarios de estas tierras, sino que llegaron hacia 1300 y allí se asentaron.
Se cree que cuando los maoríes llegaron a Nueva Zelanda desde otras islas del Pacífico se encontraron con caníbales. Para asustarlos, los maoríes sacaban la lengua queriendo decir algo como: “antes de que me comas, te como yo a ti”. Ése saludo que servía para asustar a sus enemigos se ha convertido en su saludo de bienvenida.

Falda maorí

Los maoríes, a diferencia de otros climas de la Polinesia, son de climas fríos, mientras que el resto son de tierras más cálidas. Cuando los maoríes llegaron a Nueva Zelanda, en esta tierra no había nada: ni animales, ni comida. Hacían sus vestiduras dejando secar las hojas de la vid y haciendo cilindro con ellas, que iban uniendo hasta formas cadenas.

Los jefes maoríes se tatuaban el rostro. La nariz y la barbilla eran las partes más dolorosas.

Reina maorí

Cuando llegaron los colonos ingleses, al comprobar los maoríes que estaban regidos por una reina (mujer), también ellos eligieron una reina maorí. Hasta entonces todos los jefes habían sido hombres. A la reina maorí la tatuaron la barbilla y los labios. Los tatuajes se hacían levantando las tres capas de la piel para meter la tinta, por lo que el proceso se convertía en algo muy doloroso. Los motivos de estos tatuajes son dibujos muy simétricos.

Tikis de jade

Se repiten las espirales, que significan eternidad. Otro de sus símbolos es el tiki de jade, amuleto que significa vida o nacimiento, según la ocasión. También los anzuelos se repiten como objetos simbólicos, ya que cuando llegaron formaron parte de su supervivencia, al utilizarse para pescar.

Dioses maoríes

La madera era tallada con punzones de jade (por su dureza). Las figuras en madera representan a sus dioses, que suelen tener tres dedos, a veces cuatro. Los tres dedos representan el nacimiento, la muerte y la reencarnación. Se les incrustan los ojos de paua, piedra que es iridiscente, cualidad que sirve para asustar.
Para los maoríes, la descendencia tiene una importancia vital. Según su perspectiva, los aspectos espirituales y prácticos se determinan a través de la descendencia. La actividad económica y social se centra en la whanau, para referirse a una amplia familia, que generalmente se compone de varias generaciones. La palabra whanau se refiere al nacimiento.
Con cada generación ha ido aumentando el tamaño de la whanau, dando lugar al hapu, que se utiliza para designar a un grupo familiar más grande todavía. Hapu (embarazada) expresa además la importancia de nacimiento desde un antepasado común, y hace hincapié en el vínculo sanguíneo que une al grupo familiar. El término iwi se usa para incluir a todos los miembros que descienden de un antepasado común.
Hoy en día, los maoríes utilizan la estructura familiar de cooperación para mejorar la educación y la salud, así como para impulsar el desarrollo social y el bienestar económico de su pueblo.


Templo maorí

Los templos comunitarios maoríes y sus almacenes anexos se presentan con tejados a dos aguas que descansan sobre postes clavados en el suelo y están tallados de forma muy elaborada. El ángulo superior del pórtico simboliza los brazos de sus antepasados; el caballete, la columna vertebral de la tribu; y las vigas, las costillas de la estirpe familiar.
Para entrar a estos templos, hay que descalzarse. Quitarse los zapatos es un símbolo de respecto hacia la casa y sus antepasados.

Maqueta de un poblado maorí

Los maoríes formaban parte de una sociedad bastante avanzada para su tiempo. Cuando se asentaban en las montañas, el jefe siempre se ubicaba en la cima y el resto del poblado iba asentándose según el orden de importancia, siendo la parte superior la más relevante. Realmente es una pirámide social, como las hemos conocido nosotros en otros siglos. Los cementerios maoríes están distribuidos de la misma forma, sobre laderas de montañas, encontrándose las tumbas de los jefes en la parte superior. En estos cementerios sólo se entierran a maoríes.


Cocina maorí en la tierra

Cuando los maoríes llegaron a Nueva Zelanda se encontraron con una tierra volcánica, cuya tierra desprendía mucho calor. Ellos cocinaban productos como la batata o el boniato, colocándolos sobre enormes piedras calientes, para luego taparlo con tierra.


La historia natural es muy rica en Nueva Zelanda, ya que este país es un lugar extraordinario, único en la tierra. Jared Diamond declaró que el medioambiente natural de Nueva Zelanda es “la aproximación más cercana a la vida en otro planeta”.

Nueva Zelanda es una tierra de aves, unas que se extinguieron y otras que sobreviven, incluso aquellas que se encuentran protegidas (kiwi).
La moa es un animal originario de Nueva Zelanda que terminó desapareciendo. Pertenece a la familia del avestruz. Existieron en el país once especies de moa, algunas de las cuales llegaban a los tres metros de altura. La moa fue la más alta de las aves conocidas.

Gecko

De la familia de los lagartos, son originarios de Nueva Zelanda (y muy queridos por los neozelandeses) los geckos, de grandes ojos y piel suave y granular. En cada ojo tienen una membrana fija transparente que no les permite abrirlos ni cerrarlos.
En Nueva Zelanda existen alrededor de 40 especies de lagartijas.

Madera de kauri

El kauri es un árbol originario de Nueva Zelanda de madera muy dura y apreciada. Tanto los maoríes como los colonos ingleses comprobaron su resistencia y hace muchos siglos era casi la única madera que se utilizaba para la construcción de casas. Hoy en día quedan muy pocos árboles kauri en el país y pueden encontrarse protegidos en los parques y reservas naturales. En la actualidad está prohibido talarlos.

La guerra ha desempeñado un papel esencial en la formación de la identidad de Nueva Zelanda. La segunda planta del Museo narra estas historias bélicas. En las paredes de la Sala de la Memoria se inscriben todos los nombres de los neozelandeses de la provincia de Auckland que fallecieron en estos conflictos.

Registro de alistados de guerra

La Iª Guerra Mundial constituye un momento importante en la formación de Nueva Zelanda como nación. Los neozelandeses y los australianos se unieron para formar la Australian and New Zealand Army Corps (ANZAC). Enviados por los británicos para que atacasen las bien fortificadas y protegidas plazas de los turcos de la península de Gallipoli, cientos de ellos murieron durante los ocho meses que duró la acción. El 25 de abril (Día Anzac) es una fecha en la que se recuerda el sacrificio de estos soldados.
Nueva Zelanda sufrió terriblemente durante la guerra: de un total de 110.000 tropas, 16.697 de los combatientes murieron y 41.262 fueron heridos.
En la IIª Guerra Mundial, Nueva Zelanda volvió a verse envuelta en un conflicto sin quererlo ni desearlo. Tras el ataque de Pearl Harbour (1941), el conflicto se trasladó al Pacífico y Nueva Zelanda reforzó los lazos con EE.UU.

Rincón de Auckland 1866

Aquí se encuentra la exposición Auckland 1866, que muestra una reproducción de cómo debió de ser la ciudad colonial en ese año.

Niños dibujando una estatua maorí en el Museo

Un 'te quiero' a tiempo


Creo que me equivoqué en una cosa: nunca le dije que le quería. Se lo debería haber dicho, por mucho que me costara, aunque sólo fuera para que le constara que había alguien que le quería muchísimo. Pero es algo que cuesta decirlo. Desconozco cuántas veces lo habré dicho en el pasado, pero muy pocas. Una vez lo dije, tan sólo una vez. Y quería a esa persona. Hace ya... Y luego dejé de querer.
Entonces la cerilla se apagó. Pero ahora la llama sigue ardiendo, me gustaría que no ardiera cada vez más, que es la sensación que tengo últimamente. He intentado apagar la llama por mis propios medios y no ha sido posible. Es que nunca hasta ahora había conocido a un ángel. Creo que es su magia. Quizás es que nunca había querido tan profundamente a alguien. Me trae de cabeza y, aunque me cueste admitirlo, ya me ha hecho llorar.
Ya no le voy a decir que le quiero. Ya no. Es tiempo de silencio. Aunque la llama siga ardiendo en mí...

Lo más duro es querer a alguien en silencio. Debería habérselo dicho alguna vez, pero ya es tarde.

martes, junio 07, 2011

Zona de la Universidad, Auckland

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Una de las cosas que adoro cuando voy de viaje es callejear. A la zona de la universidad de Auckland llegué una tarde lluviosa, cuando había decidido buscar dos de los edificios emblemáticos que se encuentran en ese campus universitario que se ubica en el centro de Auckland. Los dos edificios a los que me refiero son la Old Government House y la Clock Tower.
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Cuando entré en el campus, me pareció un lugar diminuto y las facultades me resultaron edificios muy grises. El guía me dijo, unos días después, que había otros campus en Auckland con edificios modernos, ya que el recinto central de la Universidad se había quedado pequeño hace unos años.
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Old Government House

La Old Government House, ubicada junto a los edificios de la universidad, fue el lugar que acogió al Gobierno hasta 1865, año en que la capital se trasladó a Wellington. Este edificio fue residencia del Gobernador general de Nueva Zelanda hasta 1969. Además, la realeza solía alojarse aquí. La reina Isabel II retransmitió su discurso de Navidad de 1953 desde el último piso de esta casa.
Algo que quería dejar claro es que la reina de Inglaterra también es reina de Nueva Zelanda, con un peso mayor que el del Primer Ministro. El Gobierno neozelandés tiene dos cámaras similares a la Cámara de Lores y Cámara de Comunes de Inglaterra y funciona de forma paralela, siendo muchas normas y leyes ratificadas por la Reina de Inglaterra. Al ver la efigie de la Reina en sus billetes, pensaba que su papel sería algo simbólico, pero el que realmente tiene un papel simbólico en Nueva Zelanda es el Primer Ministro. Me sorprendió, porque en cierto modo me dio la sensación de que Nueva Zelanda no era un país independiente al 100% y que, bajo cuerda, funcionaba como una colonia. Por tanto, la Reina de Inglaterra tiene en Nueva Zelanda un Gobernador general que rige el país en su nombre (creo recordar que durante la época del colonialismo también existían estos gobernadores generales en las colonias).
De lejos, la Old Government House parece construida en piedra, sin embargo, no es así: está completamente construida en madera. Esta casa fue diseñada por William Mason y se terminó de construir en 1856.
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Señalización de las diferentes facultades y edificios universitarios

Muy cerca de esta casa tan antigua, se encuentra la Clock Tower, que personalmente me pareció un bellísimo edificio. La torre del reloj se inspira en la Tom Tower de Christ Church en Oxford (Inglaterra) y hoy en día se ha convertido en un símbolo de la universidad. El edificio fue diseñado por R. A. Lippincott y se construyó en 1926.
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Clock Tower

El interior octogonal del edificio está abovedado y recorrido por galerías con suelos de mosaico y sujeto por pilares. La piedra de basalto de este edificio fue extraída de las laderas del Monte Edén.

Como en cualquier otro recinto universitario, aquello rebosaba de vida, con un sinfín de estudiantes que iban de un lado a otro.
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Entrada a la Biblioteca de la Universidad

En Nueva Zelanda, la mayor parte de los edificios públicos tienen sus letreros en inglés y en maorí, como se puede comprobar en la fachada esta Biblioteca.

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High Court

Uno de los edificios que me sorprendió, que se encuentra junto a la entrada del campus de la universidad, es la Corte Suprema. Pasaba por allí cuando más llovía. Sólo que esa construcción en un país como Nueva Zelanda llama la atención, porque se encuentra junto a edificios de cristal, una basílica presbiteriana de paredes blancas, casitas residenciales y el parque de acceso al campus. No es habitual encontrar edificios como ése (palaciegos) en aquel país.
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Albert Park

Junto a la universidad y desembocando en Queen Street se encuentra uno de los numerosos parques de la ciudad, Albert Park, que en el plano aparece como diminuto, en comparación con otros como el Domain, que ocupa hectáreas y hectáreas.
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Escultura de piedra en la entrada de Albert Park

Lo sorprendente de los parques de Nueva Zelanda ya no es que sean inmensos, sino que impresionan sus frondosos árboles, casi como si nos encontráramos en un bosque. En la entrada del Albert Park sorprende una escultura de piedra, que tiene la forma de una puerta, que fue realizada por Chris Booth, artista que nació en la zona de Northland (la región más al norte de la isla Norte de Nueva Zelanda).

Sky Tower, Auckland


La Sky Tower es el icono característico de la ciudad de Auckland: se ve desde todos los rincones de la ciudad.

Fue inaugurada en agosto de 1997 y tiene 328 metros de altura. Se trata de un magnífico centro turístico de radiodifusión y telecomunicación que consiguió sobrepasar a la AMP Tower de Sydney, lo que convirtió a la Sky Tower de Auckland en la torre más alta del Hemisferio Sur.
La torre forma parte del Sky City Auckland, que es un complejo formado por cinco casinos, tres hoteles, restaurantes y tiendas de lujo, instalaciones para dar conferencias y un teatro con un aforo para 700 personas.

La Sky Tower es visitada por casi un millón de personas al año (quizás aquí el número de turistas nos parecería irrisorio, pero para un país como Nueva Zelanda este número es importante).
A 186 metros de altura

Desde el mirador principal había baldosas transparentes para ver la calle, fui incapaz de pasar por encima

La torre tiene varios miradores a 186 metros de altura, desde donde se puede obtener una vista panorámica de la ciudad, que abarca una distancia de unos 82 km. Desde allí mismo incluso de puede hacer puenting, en una actividad que se conoce como Sky Jump.

La entrada a los ascensores de la torre se encuentra en un piso subterráneo. Curiosamente no hay grandes masas de gente para subir en los ascensores (por contrastar con la Tokyo Tower, la Torre Eiffel o la Berliner Fernsehturm, que tenían innumerables filas de turistas esperando para subir a los diferentes niveles para ver las espléndidas panorámicas).

La estructura de la torre fue diseñada para aguantar vientos de 200 km/h y terremotos de magnitud 7.0 en la escala de Richter.

La Sky Tower es también un punto de referencia por la noche, en que se ilumina con llamativos colores que a veces la asemejan a un platillo volante.


Panorámicas de Auckland desde la Sky Tower:












Justo al lado de la puerta había un restaurante español llamado Bellota.

"Destino Oculto"


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No sabría muy bien en qué género encuadrar esta película, aunque podría ser ciencia ficción con un toque de romanticismo. Lo cierto es que me gustó bastante, quizás por el tema que toca: ¿estamos todos predestinados o no hay un guión escrito desde antes de que nazcamos?

David Norris (Matt Damon) es un ambicioso político deseoso de conseguir un asiento como senador en Estados Unidos. En una derrota catastrófica, debido a la información mediática en contra de sus excesos de juventud, conoce a Elise (Emily Blunt), una magnífica bailarina. A partir de este encuentro, surge el amor a primera vista.
Ellos quieren estar juntos, pero el destino les tiene reservados otros planes. Estos planes se llevan a cabo a través de unos misteriosos individuos que harán todo lo posible por tener separados a los jóvenes. El destino le tiene reservado a David la presidencia del país más poderoso del mundo, mientras que Elise terminará convirtiéndose en una célebre bailarina de éxito mundial.
Cuando a David se le muestra lo que está sucediendo, ha de decidir si acepta seguir el camino predestinado o si, por el contrario, desea enfrentarse a su destino para estar junto a Elise.
Harry (Anthony Mackie) es uno de esos agentes del Destino que se da cuenta de que quizás son ellos los que están equivocados y hace lo posible por ayudar a David, explicándole el significado de las puertas y de los sombreros. David y Elise lucharán por su amor y ganarán la batalla al Destino.

Museo Marítimo de Auckland


Siento debilidad por este tipo de museos, así que como el hotel se encontraba muy cerca, allí estuve uno de los primeros días.

Nada más entrar al museo, lo primero que me llamó la atención fue el olor a humo. Cuando me asomé entre las hélices y los yates a una especie de rada donde se encontraban anclados barcos de otros años, me encontré con un señor que arreglaba un barquito de época, de cuya chimenea salía una intensa humareda.

La introducción al Museo era un vídeo en 3D, proyectado sobre una pantalla semicircular, que contaba la historia de los primeros polinesios que llegaron a Aotearoa en una canoa doble. La grabación está tan bien que parece que estás viajando en ese mismo barco con ellos. Sirve de introducción porque la historia de aquellos polinesios que llegaron a la zona norte se reiteraría en los días siguientes a través de otras exposiciones u otros pueblos donde terminaron asentándose. El museo cuenta con reproducciones de sus canoas, así como de sus armas, arpones y otros instrumentos de pesca.

Canoa llegada desde las islas de la Polinesia hacia el siglo XIV

Otra de las exposiciones del museo trata sobre las ballenas. Ballenas que vivían antes muy cerca de las costas neozelandesas y que poco a poco se fueron alejando de la costa.

Una de las cosas que me llamó la atención fue la recreación de un Bach, que es una casa tradicional neozelandesa para pasar las vacaciones. Su nombre, Bach, deriva de ‘bachelor’ (soltero), ya que esta construcción, totalmente en madera, implica condiciones muy simples de vida: instalaciones rudimentarias, comidas ligeras y el mínimo trabajo doméstico.

Interior del Bach

La historia náutica neozelandesa continuaba con varias salas dedicadas al navegante inglés James Cook y de repente te encontrabas en algo parecido a como pudo haber sido su barco, la misma nave con la que llegó a Nueva Zelanda en el siglo XVIII.

También había otras salas dedicadas a los deportes náuticos. Y ¡cómo no! había salas enteras dedicadas a las naves utilizadas durante las guerras mundiales.
No quiero profundizar mucho en este museo, ya que unos días más tarde vi el Museo Memorial de Auckland, donde se volvía a reproducir mucho de lo que vi en el Museo Marítimo.


Al salir, como era la hora de comer, opté por quedarme en uno de los afamados restaurantes portuarios. Pasta con marisco y cerveza neozelandesa, que se llamaba algo así como Monmouth’s.

Los maoríes pusieron al Museo Náutico el siguiente nombre: "Te Huiteananui-a-Tangaroa", que significa "la casa legendaria que perteneció a Tangaroa (dios del mar)".