Masca es un pequeño pueblo que se eleva a 750 metros sobre el nivel del mar y constituye un excelente mirador a los barrancos de la isla. Es complicado llegar a Masca por tierra y por mar, así que este pequeño reducto no presenta grandes construcciones y ha mantenido la más pura esencia tinerfeña.
Sin embargo, su ubicación en un valle entre acantilados es tan idílica como enrevesada.
La carretera de ida no fue mal, pero a la vuelta era una carretera infernal donde el autobús no podía cruzarse con un vehículo porque no cabíamos, una carretera en zigzag tan estrecha que te corta la respiración. Cuántas veces tuvieron que recular los coches que venían de frente para dejar pasar el autobús.
Es cierto que las vistas desde Masca son preciosas, pero yo no volvería.



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