martes, febrero 25, 2025

El fino arte de crear monstruos

Éste es el segundo libro del mes que me llegó mediante Bookish. Es muy corto y está muy bien escrito. Viene a contarnos la transición de la infancia a la adultez de una manera extraordinaria. Casi todo el libro transcurre durante la infancia y nos entregamos a la imaginación desbordante de la protagonista. Es un libro de realismo mágico.
Vidria es una niña que vive en Morteros, una ciudad de la Pampa argentina donde ocurren numerosas catástrofes. Pero todos aprenden a vivir con ello.
Durante una inundación donde el agua creció tanto que los niños hacían batallas navales sobre los ataúdes que habían salido flotando, Vidria aprende a adorar a los muertos.
Durante una exposición de paracaidistas, varios se cayeron y murieron porque el paracaídas no se les abrió, ante una multitud que señalaba horrorizada.
Durante una gran tormenta un cristal se rompe sobre Vidria que recibe miles de cristalitos incrustados en su cara.
Se sube al viejo molino harinero con su amigo Martín, donde observan el pueblo. Y aspira a ver entrar en el pueblo la Harley Davidson que les describió el Rafa Capellino.
Pero un día se van a la gran ciudad y Vidria en una gasolinera ve la moto. Harley Davidson intenta aprovecharse de ella mientras sus padres y su hermano están comprando, pero ella tiene el tenedor con el pato que pensaban que Nicasio Gigena, la cocinera, había tirado al basural.
El coche arranca y Vidria ya no es la misma niña que ha dejado Morteros atrás.

Morteros, Argentina


Hay autores que son tan escritores como reposteros. Nos dan un ingrediente aquí, otra pizca por allá y nos miran divertidos desde la distancia, obligándonos a cubrirnos de paciencia mientras ellos cocinan a fuego lento la historia final. Es lo que pasa cuando la trama se esconde en historias y enfoques distintos que requieren ser conectados para que podamos ver, por fin, la imagen al completo. ¡Y nada de adelantarse, porque cada ingrediente tiene sus tiempos! Igual que sólo los mejores pasteleros consiguen los postres más sabrosos, son los escritores más capaces los que inventan las historias que mejor sabor de boca dejan.

Quizá lo peor de hacerse adulto sea dejar de jugar. Por prisas, por vergüenza o por olvido, abandonamos la libertad pura del juego como si jamás nos hubiera importado. Por eso encontrar un libro como éste, que anuncia con desvergüenza que no pretende seguir las reglas de la adultez, es todo un golpe de suerte. No se puede leer a Silvana Vogt sin percibir que la literatura lo es todo para ella, y en ese todo caben también la risa, el placer y la diversión. Volvamos a pedir a los libros ese placer en su sentido más básico, volvamos a sonreír por cada historia y por cada palabra elegida para transmitir esa pasión. Porque, a veces, las reglas están para saltárselas y los libros para sonreír.

Hay muchos libros en el que los protagonistas deben enfrentarse a un terrible desastre. Es habitual que, ante algo así, su escenario se reduzca, se encierren en sí mismos y nos ofrezcan un relato minimalista del duelo o el dolor. Aquí, en cambio, las catástrofes que asolan Morteros actúan de ventana al mundo y a todo lo que aparece cuando se rompe la rutina. A través de la voz de Vidria, que actúa como filtro para que, como lectores, sintamos su mismo asombro, conocemos anécdotas peculiares pero divertidas, inquietantes y surrealistas. Con cada historia, volvemos a sentirnos niños ante la atracción más terrorífica de la feria: no importa cómo sea el viaje, nada más bajar queremos volver a subir. La vida, sin esos momentos, sería demasiado aburrida.

Hay muchas declaraciones de amor en la literatura, pero hay que reconocer que El fino arte de crear monstruos es una que nos ha llegado al corazón. Cuando Vidria está a punto de marcharse, Martín Mattioli esconde las lágrimas y le pide que le escriba, pero que no lo haga a diario. Por más que la vaya a extrañar, Martín sabe que no es justo obligar a su amiga a vivir con un pie allá donde vaya y otro pendiente de Morteros, y es él mismo quien la libera de esa atadura con los que deja atrás. "No me cuentes el mundo", dice Martín, sabiendo que así se lo está regalando, "pero sí cuando el mundo se mueva en tu interior". Y es que frases así remueven el corazón.

Martín Mattioli está basado en un amigo de la infancia de Silvana Vogt, de nombre Martín Burgos, que ahora es pintor. Desde el primer instante en que la autora comenzó la escritura de esta historia, la pintura de la cubierta apareció en su cabeza y la fue guiando durante todo el proceso, así que es natural que formara parte del libro.

LA AUTORA:



Silvana Vogt (Morteros, 1969) vivió en diversas ciudades de Argentina hasta radicarse en Buenos Aires, donde estudió Filosofía, Psicología y Producción radiofónica. En 2002 emigró a Barcelona. Es autora de La mecànica de l'aigua (Edicions de 1984), escrita en catalán. En 2018 recibió una Beca de Escritura Montserrat Roig (Barcelona/Unesco) y retomó la escritura en lengua materna. Tiene una librería, Cal Llibreter, en Sant Just Desvern. El fino arte de crear monstruos es su segunda novela.

EL LIBRO:

Título original: El fino arte de crear monstruos
Autora: Silvana Vogt
Editorial: H&O (1ª edición, en febrero de 2025)
Número de páginas: 132
ISBN: 9788412884890

Valoración: 8/10

RETOS:

* Reto Genérico: Narrativa contemporánea.
* Reto "Todos Locos": Autor cuyo nombre o apellido contenga una L.
* Reto "Pecera 50": Libro publicado en 2025.
* Reto "Oca Literaria": Libro de un autor latinoamericano.

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