Anoche volvió a tocar una película y vimos La librería. Me pareció una película un tanto triste, pero que refleja a la perfección el poder de unos pocos ricos, una especie de caciques locales, que mandan hacer y si el resto de la gente no hace lo que ellos quieren les relegan al ostracismo social, tanto como para que nadie sea capaz de hacerles frente.
La directora es Isabel Coixet y la película transcurre en los años 50 en un pequeño pueblo costero de la campiña inglesa.
Florence Green (Emily Mortimer) es una joven viuda que se ha trasladado a un pequeño pueblo costero. Un día, mirando a las olas, decide montar una librería en una casa del centro del pueblo que lleva mucho tiempo deshabitada. Aunque tiene goteras y mucho que subsanar, ya se ha trasladado a vivir, y mientras, Violet Gamart (Patricia Clarkson) la invita a una fiesta donde acuden los más acomodados de la región. Allí Violet le dice que su idea es montar un centro de arte en la casa donde Florence quiere poner una librería. Pero es el sueño de Florence y agiliza los papeles con el banco para poder abrir cuanto antes.
Florence abre su librería, que es un éxito pese a que en el pueblo no hay muchos lectores. Y entonces recibe una carta de Edmund Brundish (Bill Nighy), un hombre que no sale de casa y tiene una enorme biblioteca. En la misiva le pide que le envíe las novedades e incluso la invita a su casa a tomar el té. El señor Brundish le explica que tenga cuidado con Violet, porque es una arpía que siempre se sale con la suya, y adora a Florence porque es una mujer con mucho coraje que persigue un sueño.
Cuando Florence empieza a ser acosada por contratar a Christine (Honor Kneafsey), menor de edad, para ayudarla, por el banco, por el ayuntamiento que le dice que la casa se asienta sobre goteras y se la van a quitar, el señor Brundish termina acudiendo a la mansión Gamart para hablar con Violet y decirle que deje de acosar a Florence. Pero al señor Brundish le da un ataque al corazón y muere, por lo que Florence se queda sola, condenada al ostracismo, y se tiene que terminar marchando.
Sólo Christine se va a despedir de ella, mientras en el horizonte la casa que le han quitado se quema, en honor a la novela Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.

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