miércoles, agosto 18, 2021

Viaje a Málaga VIII: Ronda

Puente Nuevo de Ronda

Y ya que estaba en Málaga pensé que sería buena idea visitar una de las ciudades más maravillosas que he visitado nunca: Ronda. Para mí fue mágico caminar por un lugar tan impresionante.

Vistas de la serranía de Ronda

Ronda hechiza al visitante, es una ciudad abrumadora, de éstas que quitan el hipo. La ciudad se eleva sobre una altísima meseta cortada como a pico y atravesada por lo que se conoce como "tajo" de 180m de profundidad, rodeada, de una parte, por una gran llanada en forma de valle y, de otro lado, por una cadena montañosa en el horizonte. Por el "tajo" corre sinuoso el río Guadalevín.

Durante mucho tiempo se pensó que el origen de la Ronda actual se encontraba en Acinipo, una ciudad romana cuyas ruinas se encuentran a 20km de Ronda. Los recientes descubrimientos han puesto de relieve la existencia de dos ciudades completamente distintas. Hoy se sabe que la espléndida meseta sobre la que se levanta la ciudad ha estado ocupada ininterrumpidamente desde hace más de 3.000 años. Fue un poblado ibero hasta el siglo VI a.C., en el que los celtas bástulos establecieron un puesto de vigilancia al que denominaron Arunda. La ciudad actual, sin embargo, es de origen romano y se remonta a la época de la sublevación de Viriato. Fue durante las campañas contra el pastor lusitano cuando en el año 139 a.C. Escipión Emiliano mandó construir el castillo de Laurus y fundó la Legio Arundensis, una orden ecuestre destinada a la pacificación del territorio. Arunda creció al amparo de este castillo. Cruce de caminos y atalaya privilegiada, se vio inmersa en la mayoría de los levantamientos iberos contra el poder de Roma. En el año 711, las tropas musulmanas que acababan de derrotar a don Rodrigo en la batalla de Guadalete, se apoderaron de Arunda, a la que denominaron Inz-Ran Onda, que significa "ciudad de los castillos", de donde procede su nombre actual. Ronda caería bajo el dominio del reino nazarí de Granada hasta su conquista por los Reyes Católicos. La conquista cristiana no trajo la paz, pero los Reyes Católicos concedieron los fueros. Durante los siglos siguientes la ciudad sufrió una profunda transformación, que alcanzaría su culmen en el siglo XVIII, cuando se convirtió en un emporio económico gracias a la ganadería, a la industria, a la minería y al comercio con el Campo de Gibraltar. En el siglo XIX sufrió la invasión napoleónica y el bandolerismo, que alteró gravemente los canales comerciales de la serranía. Se convirtió en la ciudad de moda de los románticos del siglo XIX, sobre todo con la llegada del poeta Rainer María Rilke, que vivió en ella varios meses, y más tarde el escritor Ernest Hemingway o el cineasta Orson Welles. La llegada del ferrocarril supuso un nuevo impulso para Ronda, recibiendo la visita del joven Alfonso XIII en 1909. Tras la guerra civil, la ciudad sufrirá la sangría de la emigración y no se recuperará hasta finales del siglo XX con la llegada del turismo.

Exterior de la plaza de toros de Ronda

Lo primero que visité fue la Plaza de Toros, el coso taurino más antiguo de España y, probablemente, el más bello. Se inauguró en la feria de mayo de 1785, con una corrida en la que participaron Pedro Romero y Pepe-Hillo. Construida en piedra, forma un perfecto círculo en el que se escalona el graderío mediante una doble hilera de arcos escarzanos sobre un total de 136 columnas toscanas, rematado con una cubierta de teja árabe.

Plaza de toros de Ronda por dentro

Ante la puerta se encuentran las estatuas de Cayetano Ordóñez y de su hijo Antonio Ordóñez. En su interior hay un apreciable museo con todo tipo de curiosidades del mundo taurino.

Museo de la plaza de toros de Ronda

En esta plaza se celebra en los primeros días de septiembre la corrida goyesca, festejo taurino al estilo de los que se celebraban a principios del siglo XIX.

Estatua a Hemingway, Ronda

Al salir de la plaza de toros, entré en una oficina de turismo que se encontraba enfrente y allí me indicaron cómo debía seguir. Justo donde comenzaba el parque con estatuas de Ernest Hemingway y Orson Welles llegas al mirador desde donde se ve toda la serranía de Ronda. Las vistas son tan magníficas como inquietantes (como es mi caso, que tengo vértigo). Pero eso no sería nada hasta llegar el Puente Nuevo.

Vista del tajo de Ronda desde el Puente Nuevo, al fondo el Puente Viejo

El Puente Nuevo une las dos orillas del abismo sobre el que se levanta la ciudad. Este puente es una soberbia obra de ingeniería que se construyó a finales del siglo XVIII bajo la dirección del arquitecto aragonés Martín de Aldehuela. También es el monumento más representativo de Ronda. En el petril se abren balcones de rejas rondeñas desde donde se obtienen unas vistas espectaculares y sobrecogedoras.

Calle de Ronda

Pasando el Puente Nuevo, sólo hay que dejarse llevar entre las callejuelas de la ciudad. Con el suelo adoquinado, calles estrechas, casas blancas con los bordes en color amarillo y las ventajas enrejadas, callejear por esta parte de la ciudad es un primor para los sentidos. Nunca te cansas de caminar y siempre llegas a lugares desconocidos.

Palacio de Mondragón, Ronda

En esta ocasión sabía que no podía visitar todos los lugares que me hubieran gustado, como el Museo del Bandolero, la Casa del Gigante o el Museo Lara, pero había un lugar que sí tenía que visitar, y ése era el Palacio de Mondragón, que alberga el Museo de Ronda (histórico y etnográfico). Se accede por lo que en el pasado eran las cuadras y se cruza un magnífico patio con un claustro con arquerías sobre columnas corintias al que sigue un sobrio patio castellano.

Patio mudéjar del Palacio de Mondragón, Ronda

Junto al patio castellano se ubica un tercer patio, éste en estilo mudéjar, típicamente rondeño, con sus arcos de medio punto, de ladrillos finamente moldurados, decoración de azulejos y galería de madera en la planta alta.

Reproducción de una antigua vivienda de la serranía de Ronda

El museo además alberga muestras etnográficas sobre la vida e historia de Ronda y hay una vivienda a escala de la antigua vivienda de la serranía de Ronda.

Balcón del Museo Lara, Ronda

Otro de los lugares por los que pasé, ya de vuelta al Puente Nuevo, fue el Museo Lara, que me hizo gracia porque tenía figuras a escala real en los balcones.

Parador de Ronda, Plaza de España

Finalmente y ya aquí me quedé sin batería, llegué a la Plaza de España, donde se ubica el imponente Parador de Ronda, y allí comí en una terraza a la sombra, mientras los coches de caballos y turistas ruidosos pasaban a mi lado.

Calle Espinel, Ronda

Regresé hasta la Carrera Espinel, una bellísima calle cuesta arriba llena de tiendas, cafés y soberbios edificios de corte modernista. Por supuesto, estaba llena de gente. Se conoce en Ronda a esta calle como la Calle de la Bola. 

Plaza del Socorro, Ronda

Finalmente tengo que hablar de la Plaza del Socorro, que ya había visitado por la mañana, donde una estatua de Hércules con dos hermosos leones domina la plaza.

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