La torre de la Catedral, dedicada a Nuestra Señora de la Encarnación y apodada "la Manquita", asoma sobre los tejados y chaflanes del centro de Málaga. Es una mole imponente y digna de visitar, así como los alrededores.
Mi primer intento para visitar la Catedral de Málaga fue un domingo y me dijeron en la puerta que iba a empezar la santa misa y no podría visitarla hasta las dos de la tarde. Así que lo dejé para un día entre semana.
La Catedral se levanta en el mismo lugar donde se encontraba la aljama de Málaga en tiempos de los musulmanes y en el mismo lugar donde existieron templos iberos, fenicios, cartagineses y romanos, circunstancia interesante que revela una continuidad de culto a dioses diferentes. Las únicas noticias históricas que se tienen de la mezquita malagueña las proporcionan el tunecino Ibn Battuta, que visitó Málaga en el siglo XIV, y el alemán Jerónimo Münzer, que lo hizo en 1494. El primero afirma que tenía una amplitud enorme y que era famosa por su baraca, el carisma que ejercía entre los musulmanes, y destacaba los enormes naranjos del patio. Münzer afirma que se trataba de un espacioso oratorio muy adornado, alzado sobre 113 columnas con capiteles de mármol. El arqueólogo Torres Balbás sostiene que el templo se orientaba al sur y tenía once naves, un gran edificio del que sólo quedan restos insignificantes en la iglesia del Sagrario.
El problema principal de la Catedral cristiana siempre ha sido el económico. La historia de su construcción es la historia del allegamiento de fondos para proseguir las obras, que se agotó hasta el día de hoy, en junio de 1782, cuando una comisión del cabildo catedralicio-Estado comprobó que se habían superado largamente los últimos fondos presupuestados. A partir de entonces sólo se han hecho algunas obras de mantenimiento. Pero el edificio quedó inconcluso. Una de sus torres, la del lado sur, se levantó sólo hasta la altura de la fachada, motivo por el que la Catedral recibe de los malagueños el compasivo apodo de "la Manquita".
A causa de la larga duración, en la edificación se reúnen distintos estilos. Hubo un primer proyecto gótico, que aparece en la portada de la iglesia del Sagrario (pensada en su origen para la Catedral). El templo actual se levantó según un segundo proyecto de carácter renacentista. Finalmente, el barroco quedaría recogido en la fachada principal.
Del mismo modo, fueron numerosos los arquitectos que participaron, entre los que cabe destacar Diego de Siloé, Enrique Egas, Andrés Vandelvira, Hernán Ruiz I, José Bada Navajas y Vicente Acero.
Se accede a la Catedral por un pequeño jardín que nos lleva a la Puerta de las Cadenas. Por ella entran al templo las procesiones de Semana Santa que hacen en la Catedral estación de penitencia. La puerta sur se denomina Puerta del Sol. Ambas se levantaron en el siglo XVI y están formadas por un arco de medio punto gigantesco bajo el que se cobija el acceso. A los lados se levantan los cubillos, enormes estructuras a modo de torreón formado por un descomunal fuste que se asienta sobre una poderosa basa y a partir del cual se elevan otros dos cuerpos, también circulares, y calados por un buen número de ventanas.
Sin duda, la zona más importante es la fachada principal, concebida a modo de retablo gigante, con dos cuerpos separados por una cornisa mixtilínea y tres calles organizadas por pares de columnas corintias. En el cuerpo bajo se abren tres puertas de acceso de medio punto, la central mayor que las laterales, ubicadas bajo un gran arco ciego de medio punto, enmarcadas por columnas de mármol rojo y con tres grandes relieves que decoran los tímpanos. En el segundo cuerpo se suceden tríos de vanos de medio punto y, separados por una barandilla a modo de balconada, parejas de óculos que enmarcan un nuevo vano de medio punto.
Esta monumental fachada se encuentra retranqueada con respecto al plano de las torres, sitas en los extremos, lo que, junto a la elevación de cota debida a la pendiente del terreno, da lugar a un espacioso atrio acotado por una balaustrada de piedra y una espléndida verja de hierro fundida en el siglo XVIII por Luis Gómez. De las dos torres, sólo se construyó la del extremo norte, subiendo la otra únicamente hasta la altura de la fachada, donde el arranque de las columnas muestra el momento en que se interrumpieron los trabajos. La torre norte se eleva limpiamente hacia el cielo, a pesar de su robustez, ofreciendo la única perspectiva vertical del conjunto. Tiene planta cuadrada y cuatro cuerpos: los dos inferiores siguen el juego arquitectónico de la fachada, en el tercero se alojan las campanas y el último, de planta octogonal, tiene arcos de medio punto ciegos enmarcados por columnas que se sitúan en los chaflanes, cubierto por una cúpula sobre la que cabalga un pináculo rematado por una cruz.
El acceso al templo, por la Puerta de las Cadenas, nos lleva a un interior que impresiona por la exuberancia de sus dimensiones y la labor de labra de la piedra. Tiene planta basilical con tres naves y girola, con poderosos pilares con medias columnas corintias adosadas que suben hasta un ancho entablamento.
La catedral tiene magníficas capillas dedicadas a San José, San Rafael, a la Virgen del Carmen, a San Sebastián, a Nuestra Señora del Rosario, a la Inmaculada Concepción, a la Virgen de los Reyes, a San Francisco de Asís, a Santa Bárbara, a la Encarnación, a la Virgen del Pilar, al Cristo del Amparo.
Y, sin duda alguna, lo más impresionante del interior es el coro. La sillería de este espacio es la obra cumbre de la Catedral. En su ejecución intervinieron varios artistas. Luis Ortiz de Vargas (1588-1649) llevó a cabo la carpintería del conjunto, así como la talla de la sillería baja y la mayor parte de los relieves laterales de los brazales, todo ello en estilo manierista de la escuela sevillana. Tras la intervención más o menos fugaz de José Micael Alfaro, que talló diez apóstoles, los bustos de santos de la crestería y algunos relieves decorativos, en 1568 se hace cargo del programa iconográfico Pedro de Mena, quien habría de realizar las cuarenta y dos figuras restantes que aparecen en la sillería, la mayoría de ellas magníficas, de un barroco delicado y sutil, en el que se pone de manifiesto la impresionante habilidad del artista para entrar en el mundo interior de sus personajes. Además de las grandiosas figuras, completan el espacio del coro los dos magníficos órganos construidos por Julián de la Orden en el siglo XVIII con más de 4.000 tubos de sonido.
Finalmente hay un patio donde se exponen antiguas campanas de la catedral. También es el acceso a la torre.











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