Visita obligada a Málaga es el entorno de Picasso, encuadrando aquí no sólo el museo que lleva su nombre sino la casa que le vio nacer y que la familia abandonó cuando el genio tenía diez años. Es raro no visitar una pinacoteca en Málaga que no tenga una obra de Picasso.
Entre chaflanes y cubillos llegamos a la Plaza de la Merced. En ella, una estatua de Picasso nos invita a contarle nuestras cuitas. Lástima que Picasso nunca se sentara en esa plaza a la edad en que se le retrató. Y es que el artista siempre quiso regresar a su Málaga natal pero nunca llegó a hacerlo: primero por la Guerra Civil y, más tarde, por el franquismo.
En el número 15 de esta plaza nació Pablo Ruiz Picasso el 25 de octubre de 1881. Hoy esta casa alberga la Fundación Picasso.
Su padre, José Ruiz Blasco, también pintor, había establecido su domicilio en esta casa en 1880, cuando ya era profesor de la Escuela de Bellas Artes y restaurador en el Museo Municipal de Pintura. Durante la dictadura franquista, las autoridades malagueñas se encargaron de frustrar cualquier intento de acercamiento a la figura de Picasso por la filiación comunista del pintor. Hasta que en 1961 un grupo de intelectuales consiguió instalar en la casa una modesta placa que recordaba la fecha de nacimiento del artista. Esta placa fue sustituida después por una de bronce de mayor empaque. La casa fue adquirida por el Ayuntamiento y en 1988 se instaló en ella la Fundación Pablo Ruiz Picasso, que además de algunos recuerdos del pintor, conserva un importante fondo documental y bibliográfico, así como numerosas litografías de las obras del artista que figuran expuestas en diversas salas.
Si Picasso fue un artista fue porque en esta casa se vivía un ambiente artístico. Su padre se codeó con los grandes nombres de la cultura malagueña. Siempre atildado y elegante, Ruiz Blasco era un activo partícipe de la vida cultural, uno de cuyos focos principales era el vecino Teatro Cervantes.
La Málaga de Picasso es una ciudad en crisis, golpeada por la plaga de la filoxera que, al destruir los tradicionales cultivos de vid (el vino y las pasas de Málaga tenían fama mundial), trastornó la economía local, contribuyendo a que la familia Ruiz Picasso abandonara la ciudad en 1891.
Junto al declive agrícola y comercial, la industria experimentaba el inicio de una decadencia, llegada tras un inicial auge que trajo, como consecuencia, una importante agitación laboral y sindical en la ciudad que se dividía en dos mitades separadas por el río Guadalmedina: una orilla burguesa, en la que está la Plaza de la Merced, y una orilla proletaria. El terremoto del 25 de diciembre de 1884, que dejó en la ciudad 55 muertos y 59 heridos, fue otro gran acontecimiento de la década en Málaga.
El temor causado por el seísmo en los Ruiz Picasso los hizo refugiarse en el estudio del pintor Antonio Muñoz Degrain, en la vecina calle de la Victoria donde, tres días después, nacerá Lola, la hermana de Pablo, que era llamada por este motivo "la Terremotica".
Malagueño, andaluz, español, Picasso nunca olvidó sus orígenes. Cuando en 1966 le fue ofrecida la nacionalidad francesa, la rechazó, orgulloso de su pasado. Los toros y el flamenco, con los que tomó contacto ya en su infancia malagueña, se mantuvieron como aficiones principales durante toda su vida.
Una capa española regalada por el torero Luis Miguel Dominguín fue una prenda de su predilección hasta tal punto que, al fallecer el artista el 8 de abril de 1973, su viuda, Jacqueline Roque, decidió que le acompañara por siempre. No sólo en su vida, sino en su obra, se manifiesta la españolidad de Picasso: su condición de español del sur impregna de manera decisiva su obra literaria, cargada de imágenes, sabores y sensaciones de su infancia malagueña.
De allí, a tiro de piedra, en una pequeña callejuela llamada de San Agustín, aparece el magnífico palacio que alberga el Museo Picasso, inaugurado el 27 de octubre de 2003. Y si Málaga tiene su Museo dedicado a Picasso fue por la tenacidad de la Junta de Andalucía, así como por la generosidad de Christinne y Bernard Ruiz-Picasso, que han donado un buen número de obras del artista de su exclusiva propiedad y han dejado otras muchas en depósito. Por supuesto, a media mañana, en el Museo Picasso hay que esperar porque seguramente te encuentres una larga fila.
El palacio de los Condes de Buenavista fue hasta 2003 sede del Museo de Bellas Artes, declarado Monumento Nacional en 1939, y se adquirieron además las casas ruinosas de los alrededores, hasta completar un conjunto de 8.300 m2; todo ello fue restaurado a fondo. El edificio es uno de los pocos grandes edificios solariegos que hay en Málaga. Data del siglo XVI, época en que lo mandó construir don Diego de Cazalla, Regidor y Pagador de los Ejércitos y Armadas Reales, que había entrado en Málaga en 1487 formando parte de las tropas cristianas que se apoderaron de la ciudad. Su robusta fachada de piedra, sin apenas otro hueco que el de la puerta, da idea de su inicial carácter defensivo. El bloque principal de la construcción se levanta alrededor de un precioso patio porticado de dos pisos con galería de alfarje formadas por arcos rebajados sobre finas columnas corintias.
El área dedicada a la muestra de las obras picassianas se distribuye en las dos plantas que forman la edificación principal, y reúne más de doscientas cincuenta obras, entre pinturas, dibujos, esculturas y cerámicas, unas propiedad del Museo y otras cedidas por Christinne y Bernard Ruiz-Picasso, a tan largo plazo que, en la práctica, pueden considerarse como de exposición permanente. Después del existente en París, el museo de Málaga es, por el número de obras, el más importante del mundo dedicado al pintor y el único que ofrece una representación completa de las distintas etapas e inquietudes artísticas que jalonaron su dilatada trayectoria profesional.
Hasta la fecha, he visitado tres museos dedicados a Picasso: con dieciocho años el de Barcelona, con veinticinco visité el de París y ahora, el de Málaga. Sin duda, el de París es el más completo. Además he visto obras del autor en Nueva York y, siempre que me apetece que el corazón de revolucione, me planto en la segunda planta del Reina Sofía de Madrid para ver el Guernica. Claro que a Picasso hay que entenderle y, para ello, hay que estudiar su obra y su vida. No olvidemos que antes de crear el estilo pictórico del cubismo, ya era un genio como pintor y escultor.
No es cuestión de hablar de las obras del pintor, porque lo mejor de visitar un museo de un artista tan famoso y laureado, de un genio con un magnífico don, es estar allí y admirar su obra.
En el Museo Picasso, además, había una exposición temporal sobre la obra de Miquel Barceló, un artista mallorquín cuya obra parece estar en pleno cambio, en una perfecta metamorfosis. Ciertamente me gustó bastante, aunque alguna de sus obras causaban cierta inquietud.














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