Para mí leer a Paco Roca siempre es un placer. Sus libros de cómics me hacen disfrutar, así que no pararé de leer cómics hasta que, por lo menos, haya leído todo de este autor. Me fascina.
En este libro hay varios guiños a novelas clásicas de todos los tiempos, y la idea de la evasión de la realidad y cambiarse a un mundo de ficción me resulta interesante, aunque ya lo haya leído en otros autores como Lovecraft.
Un hombre se encuentra comprando una figura literaria a tamaño real en una librería cuando le llama su pareja para recordarle que tienen cita en el banco dentro de una hora para firmar la hipoteca. El protagonista sin nombre no llega a tiempo, así que decide atajar por el Barrio Viejo, un lugar lleno de estrechas callejuelas donde siempre se pierde, y lo que parece real se convierte en irreal, porque, sin darse cuenta, acaba de pasar a un universo paralelo, un mundo de ficción que nada de lo que ve es lo que parece. Como se le hace de noche llega al Hotel La Torre, donde la recepcionista Esther siempre está quejándose de que no puede disfrutar de los domingos, que es su día libre, porque siempre se estropea la caldera. Para ello, siempre está el señor Rueda, intentando arreglar la caldera. Y cuando ella no puede ir a ver al inquilino que dibuja mapas, Rosendo de los Vientos, siempre manda que le suban un plato de pastas. Esther está enamorada de él aunque nunca le ha visto.
La habitación asignada tiene otro inquilino, el señor Ignacio, que lleva treinta años allí, haciendo la maleta para poder escapar del barrio... pero siempre se deja algo. Cuando el hombre sin nombre se levanta, el señor Ignacio se echa a dormir. Parece como si todo estuviera al revés.
La segunda noche, portando la figura a tamaño real, se queda dormido en una calle hasta que una sombra le despierta: se lleva su chaqueta y la figura. Es la Döppelganger, que le ha robado la identidad y tiene que intentar salir del barrio antes que la sombra, porque entonces nunca podrá salir. Le ayuda una extraña joven que reparte cartas escritas por ella, donde habla de sus sentimientos, sobre todo de la soledad. El joven cree que es muda. Y en el hotel nuevamente descubre que las chicas tienen el mismo rostro que la cartera. Esto es porque el señor Francisco Piedra se casó de una joven que se llamaba Eva, que falleció muy pronto y, desde entonces, a partir de su ADN, clona jóvenes y tienen todas el mismo rostro que la Eva original, pero ninguna se enamoró nunca del señor Piedra.
Para conseguir el mapa, nuestro joven necesita dinero y por ello va a pedir trabajo al conde Diógenes indicando que sabe hacer retratos. Y es que Diógenes, un hombre inmortal, tiene la casa llena de recuerdos y retratos suyos, porque no se puede reflejar en los espejos.
Sin embargo, cuando quiere salir del barrio y todo se desbarata cambiándose el destino de todos los habitantes del barrio, nuestro protagonista prefiere quedarse con la joven cartera...


1 comentario:
No me termino de animar con este género, pero me dejas claro que si en algún momento lo hago, buscaré algún cómic de este autor. Este tiene muy buena pinta.
Besotes!!!
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