Refugio de cazadores de Monte Real
El último libro que he leído me ha dejado con un sabor amargo, me ha hecho ser consciente de la nostalgia de los primeros amores y me he preguntado por una especie de noviete que tuve en la adolescencia. Más o menos como la pareja del libro.
Lo que más me llamó la atención de él fueron sus ojos azules, profundos, intensos. En realidad, nunca me hubiera fijado en él de no ser porque coincidimos en una acampada y nos dio por buscar la compañía mutua. Aunque los recuerdos son algo difusos. En realidad eso ocurrió en una segunda acampada. En la primera todo se fue al traste cuando todos los de mi curso compraron alcohol y se fueron a beber mientras yo, que no sé por qué motivo fui la nota discordante que supo decir "no" a tiempo, me quedaba con los de cursos superiores, mientras el director tocaba la guitarra y me miraba de reojo en un interrogante silencioso que más tarde diría en voz alta. Aquella vez fue cuando le conocí, haciendo un juego de imitación a los profesores donde nos echamos unas risas.
Luego nos veíamos en los pasillos y hablábamos. Y más tarde fuimos a otra acampada y no nos separamos en todo el fin de semana. Esa fue la acampada en la que aprendí a jugar al mus. No había alcohol pero ahí sí que hubiera sido preciso tener algo para calentar. Estábamos con lo justo: un refugio en medio de la montaña, todo nevado alrededor, con una piedra en el medio que quedaba encendida toda la noche mientras los alumnos dormíamos alrededor. No había ni servicio, que tenías que salir del refugio y alejarte entre la nieve y el frío.
Pese a las adversidades, aquélla es la acampada que recuerdo con mayor nostalgia. No sé si fue el frío, la nieve, él o aprender a jugar al mus. Lo cierto es que me enamoré. Cada vez que mis ojos se cruzaban con sus ojos sentía un cosquilleo. Y obviamente la confianza fue a más. Aún hoy recuerdo con nostalgia aquella acampada, y a él.
Después de casi 25 años le he buscado. Está cambiado. Su mirada sigue siendo intimidatoria, profunda. He descubierto varias cosas actuales de él que no me apetece escribir ni describir. Simplemente me agrada que esté bien y que todo le vaya genial.
A veces me pregunto qué ocurriría si nos encontráramos ahora. No buscándonos, sino que como el río que fluye coincidiéramos por casualidad. Da igual, 25 años son muchos años de distancia, seguro que no nos reconoceríamos.
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