Hacía tiempo que no leía un libro sobre abogados que me enganchara de tal manera. Ya había leído críticas óptimas sobre la novela, así que sentía cierta curiosidad, amén del tiempo récord en que he leído sus más de 800 páginas. El resultado es un novelón en mayúscula, algo exquisito, algo que se disfruta página a página. El autor ha sabido compaginar una materia tan espesa, aburrida para algunos, como es el Derecho con la intriga y unas sorpresas que nos hacen saltar de la silla, y por supuesto con una protagonista, alguien que nos cuenta la historia de primera mano, que es magistral. Así que no es de sorprender que la novela lleve su nombre, un título muy acorde con su contenido.
Esta novela tiene que dar mucho que hablar en este 2017, porque es una magnífica novela. Para empezar, no hay en nuestro país mucha literatura de corte legalista, es decir, que desde la ficción se toque de manera exhaustiva el sistema judicial de nuestro país. Con esto quiero decir que, entre líneas, hay una magnífica crítica a ese susodicho sistema judicial. Entre líneas descubrimos que nuestra justicia es corrupta, que se mueve al hilo del dinero y el poder, que es lenta. En realidad, aquí no vemos esa lentitud, ya que la vista oral en la que se ven inmersos los personajes no tarda mucho en citar a todas las partes. La realidad es más triste, y puede tardarse años. Y en medio de esta estructura judicial corrompida por el dinero aparece Ana, una mujer que lucha -y no siempre dentro de las esferas de lo legalmente permisible- por lo que considera más correcto, más justo, y como bien he comentado, muchas veces traspasando los límites de lo lícito o cometiendo ilegalidades, corriendo sus riesgos sin pensar casi nunca en las consecuencias, aunque puedan acarrearle problemas insospechados.
Ana Tramel es una abogada de 43 años que trabaja en un bufete quitando multas. Unos años antes había sido una brillante abogada que se disputaban los mejores despachos, pero un hecho que le marcó la vida le apartó de su brillante carrera. Tanto como para convertirse en una adicta de las pastillas, que necesita para sobrevivir en el día a día. Se ha apartado de los tribunales y su vida es una sombra de lo que fue. Fue su íntima amiga Concha quien la salvó de la situación en la que se encontraba y ahora trabajan juntas. Ana está divorciada de Ramiro Sare, quien la traicionó y la ha convertido en la persona que es ahora. Desde que se separó de él, Ana es también una adicta al sexo, una mujer que busca jóvenes que satisfagan sus deseos sexuales una y otra vez.

Un día recibe una llamada. O veinte. La persona que le esta llamando es su hermano Alejandro, con el que no habla desde hace cinco años. Cuando decide responder a la llamada, su hermano le dice que se encuentra en el calabozo de Robredo (ciudad inventada por el autor y que sitúa a unos 30 kilómetros de Madrid) acusado de asesinar al director del casino Gran Castilla, Bernardo Martínez Pons. Ana se traslada a Robredo donde tiene una pequeña entrevista con su hermano. En el cuartel conoce al teniente que lleva el caso, Santiago Moncada, que parece ser que tiene una estrecha relación con Ale.
Unos días después, Ana recibe una llamada en la que se le informa de que su hermano se ha suicidado en el calabozo. En ese espacio de tiempo aparece en escena Helena, la mujer de Ale, y su hijo de dos años, Martín, que se quedan en la casa de Ana. La abogada se hunde en una profunda depresión tras la muerte de su hermano y serán Helena y Concha quien la ayuden a salir adelante. Helena ha sido demandada a pagar la deuda de su difunto esposo al casino Gran Castilla, al aceptar la herencia de su marido. Entonces a Ana se le ocurre: en vez de preparar la defensa tienen que preparar una querella criminal contra Emiliano Santonja, el director de la empresa que gestiona varios casinos, y contra el casino Gran Castilla de Robredo. Son conscientes de que se enfrentan contra Goliat, sobre todo porque la industria del juego mueve mucho dinero: no sólo para el casino sino también para las arcas del Estado, amén de todos los que se encuentran relacionados (o son sobornados) con todo lo que rodea el juego.
Ana jugará todas sus cartas: conocerá a Alfredo Friman, alias el Argentino, un hombre que regenta una mansión donde se hacen timbas ilegales de cartas y a las que acudía asiduamente Ale (cuando necesite dinero, Ana no dudará en pedírselo a Alfredo); se intentará acercar a la asociación Alma contra la ludopatía, en la que le consta que su hermano iba; descubrirá gracias a Moncada que su hermano grababa las conversaciones telefónicas de los allegados al casino que le llamaban para que fuera a jugar (la mayor parte de esas conversaciones están llenas de amenazas), buscará a su investigador privado Eme (que muchas veces la sacará las castañas del fuego), robará documentos del depósito de Alma (donde será pillada por el propio director, Gabriel, que piensa en denunciarla por allanamiento de morada, pero finalmente no lo hace), será apaleada hasta quedar al borde de la muerte e incluso intentarán asesinarla para, de alguna forma, apartarla del caso, y finalmente hará una especie de "pacto con el diablo".
Además de la querella principal por amenazas, inducción al suicidio (algo que casi nunca se utiliza en España porque es complicado probarlo), cabe destacar que ayudará a su amiga Concha cuando ésta y su marido se separen, para que ella consiga la custodia de sus tres hijas, por lo que la novela también toca, aunque someramente, la situación de los malos tratos; y ayudará al joven ludópata Andrés para que vuelva al redil y para que comprenda que están dándole créditos en el casino que nunca podrá pagar.
No puedo decir más, pues entonces estaría contando mucho. Merece la pena leerlo. Yo ya lo he recomendado incluso cuando estaba empezando.
Esta novela tiene que dar mucho que hablar en este 2017, porque es una magnífica novela. Para empezar, no hay en nuestro país mucha literatura de corte legalista, es decir, que desde la ficción se toque de manera exhaustiva el sistema judicial de nuestro país. Con esto quiero decir que, entre líneas, hay una magnífica crítica a ese susodicho sistema judicial. Entre líneas descubrimos que nuestra justicia es corrupta, que se mueve al hilo del dinero y el poder, que es lenta. En realidad, aquí no vemos esa lentitud, ya que la vista oral en la que se ven inmersos los personajes no tarda mucho en citar a todas las partes. La realidad es más triste, y puede tardarse años. Y en medio de esta estructura judicial corrompida por el dinero aparece Ana, una mujer que lucha -y no siempre dentro de las esferas de lo legalmente permisible- por lo que considera más correcto, más justo, y como bien he comentado, muchas veces traspasando los límites de lo lícito o cometiendo ilegalidades, corriendo sus riesgos sin pensar casi nunca en las consecuencias, aunque puedan acarrearle problemas insospechados.
Ana Tramel es una abogada de 43 años que trabaja en un bufete quitando multas. Unos años antes había sido una brillante abogada que se disputaban los mejores despachos, pero un hecho que le marcó la vida le apartó de su brillante carrera. Tanto como para convertirse en una adicta de las pastillas, que necesita para sobrevivir en el día a día. Se ha apartado de los tribunales y su vida es una sombra de lo que fue. Fue su íntima amiga Concha quien la salvó de la situación en la que se encontraba y ahora trabajan juntas. Ana está divorciada de Ramiro Sare, quien la traicionó y la ha convertido en la persona que es ahora. Desde que se separó de él, Ana es también una adicta al sexo, una mujer que busca jóvenes que satisfagan sus deseos sexuales una y otra vez.
Un día recibe una llamada. O veinte. La persona que le esta llamando es su hermano Alejandro, con el que no habla desde hace cinco años. Cuando decide responder a la llamada, su hermano le dice que se encuentra en el calabozo de Robredo (ciudad inventada por el autor y que sitúa a unos 30 kilómetros de Madrid) acusado de asesinar al director del casino Gran Castilla, Bernardo Martínez Pons. Ana se traslada a Robredo donde tiene una pequeña entrevista con su hermano. En el cuartel conoce al teniente que lleva el caso, Santiago Moncada, que parece ser que tiene una estrecha relación con Ale.
Unos días después, Ana recibe una llamada en la que se le informa de que su hermano se ha suicidado en el calabozo. En ese espacio de tiempo aparece en escena Helena, la mujer de Ale, y su hijo de dos años, Martín, que se quedan en la casa de Ana. La abogada se hunde en una profunda depresión tras la muerte de su hermano y serán Helena y Concha quien la ayuden a salir adelante. Helena ha sido demandada a pagar la deuda de su difunto esposo al casino Gran Castilla, al aceptar la herencia de su marido. Entonces a Ana se le ocurre: en vez de preparar la defensa tienen que preparar una querella criminal contra Emiliano Santonja, el director de la empresa que gestiona varios casinos, y contra el casino Gran Castilla de Robredo. Son conscientes de que se enfrentan contra Goliat, sobre todo porque la industria del juego mueve mucho dinero: no sólo para el casino sino también para las arcas del Estado, amén de todos los que se encuentran relacionados (o son sobornados) con todo lo que rodea el juego.
Ana jugará todas sus cartas: conocerá a Alfredo Friman, alias el Argentino, un hombre que regenta una mansión donde se hacen timbas ilegales de cartas y a las que acudía asiduamente Ale (cuando necesite dinero, Ana no dudará en pedírselo a Alfredo); se intentará acercar a la asociación Alma contra la ludopatía, en la que le consta que su hermano iba; descubrirá gracias a Moncada que su hermano grababa las conversaciones telefónicas de los allegados al casino que le llamaban para que fuera a jugar (la mayor parte de esas conversaciones están llenas de amenazas), buscará a su investigador privado Eme (que muchas veces la sacará las castañas del fuego), robará documentos del depósito de Alma (donde será pillada por el propio director, Gabriel, que piensa en denunciarla por allanamiento de morada, pero finalmente no lo hace), será apaleada hasta quedar al borde de la muerte e incluso intentarán asesinarla para, de alguna forma, apartarla del caso, y finalmente hará una especie de "pacto con el diablo".
Además de la querella principal por amenazas, inducción al suicidio (algo que casi nunca se utiliza en España porque es complicado probarlo), cabe destacar que ayudará a su amiga Concha cuando ésta y su marido se separen, para que ella consiga la custodia de sus tres hijas, por lo que la novela también toca, aunque someramente, la situación de los malos tratos; y ayudará al joven ludópata Andrés para que vuelva al redil y para que comprenda que están dándole créditos en el casino que nunca podrá pagar.
No puedo decir más, pues entonces estaría contando mucho. Merece la pena leerlo. Yo ya lo he recomendado incluso cuando estaba empezando.
EL AUTOR:
Roberto Santiago es escritor, dramaturgo, guionista y director de cine. Ha escrito varias novelas infantiles y juveniles de éxito, de las cuales se han vendido más de un millón de ejemplares en nuestro país, y han sido traducidas a varios idiomas.
Ana es su primera novela para adultos.
EL LIBRO:
Título original: Ana
Autor: Roberto Santiago
Editorial: Planeta (1ª edición, febrero de 2017)
Número de páginas: 861
ISBN: 978-84-08-16658-0
Valoración: 10/10
RETOS:
- Yincana Criminal: Uno de los personajes es un abogado.
- Desafío "Millennials".
- Cluedo: Peón rojo.
- Desafío "Libros de colores": Rojo.
- Reto 100 libros.
- Reto Genérico: Misterio.
- Reto 25 españoles.
- 2017 Reading Challenge: Un libro que tenga más de 800 páginas.
- Reto "Libros con química": Sodio (Na).
- Libropoly: Librería Roja.
2 comentarios:
Coincido contigo en las impresiones que te ha generado la novela. O novelón, porque lo es por derecho propio. No solo se trata de una trama muy bien urdida, sino que la protagonista de esta historia es una mujer de armas tomar, que espero que no se quede aquí y que tenga continuidad, porque disfrutaremos mucho en el futuro de ella.
Un beso.
Me queda claro por tu reseña y por todos los comentarios que he visto en las redes sociales que este libro lo tengo que leer.
Besotes!!!
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