
Cuando era pequeña vino un circo a mi pueblo. No hacía mucho que habíamos leído algo al respecto, recuerdo que el texto hablaba de un niño que escuchaba música y salía a la calle para ver el pasacalles anunciador de que había llegado el circo. Entonces era su tarjeta de visita. En mi pueblo no hicieron ningún pasacalles pero se les escuchaba con toda su parafernalia. Recuerdo que no era muy grande y que, por la noche, todos los niños estábamos pagando nuestras entradas para ver trapecistas, payasos y algunos personajes un tanto extraordinarios. De animales no hablamos, porque si no recuerdo mal sólo había caballos.
En dos horas todo había acabado, aunque al día siguiente la carpa aún seguía junto al descampado de la escuela. Nunca más volvió el circo a mi pueblo.
Y es que, pensándolo bien, el circo ha decaído mucho en las últimas décadas. Para nosotros que crecimos al hilo de lo que nos contaban los payasos más famosos de la tele ("¿Cómo están Ustedeeeeeees?") el circo era una de esas actividades que nos sacaban de la rutina, así que estábamos todos deseando ver un circo de verdad.
Supongo que tener un circo no sale rentable hoy en día. Cuando viene el circo vemos las banderolas decorando las calles, con los horarios y algunos de los números que nos podemos encontrar. Hace siglos que no entro en una carpa de circo, y soy consciente de que cada vez se ven menos circos. Supongo que una de las cosas que más me echa para atrás es el hecho de que tengan animales. Aunque supongo que en este sentido también los circos van en detrimento: las asociaciones pronaturalistas seguro que tienen mucho que decir sobre las actuaciones de los animales en el circo.
La última vez que fui a un circo vi unos caballos que se les veían los huesos. Entonces supe que no quería ir más a un circo. Hasta hoy. Lo que ocurre hoy es que he vuelto a sentir la magia del circo al encontrarme leyendo una novela que habla del mundo del circo desde dentro. Y algo de nostalgia sí que me ha entrado.
2 comentarios:
Los circos siempre me han dado depresión.
De hecho, nunca he ido al circo ni he llevado a mis hijos.
No me gusta nada el circo, pobres animales, y las acrobacias...buf
los único buenos los de la tele, que no criticaban a nadie
una abrazo
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