Anoche me fui a dormir con una desazón muy grande. De repente recordé en qué circunstancias había creado este blog. De hecho, he vuelto a los orígenes. Lo comencé porque quería escribir un poquito cada día. Porque quería convertir lo cotidiano en algo especial. En un principio, incluso escribí palabras de aliento para una persona.
Y con la marea de pensamientos volví a pensar en esa persona en concreto. En realidad no es alguien a quien conozca personalmente, sino que es una persona virtual.
Digamos que le conocí hace diez u once años en un foro cuyo nombre no viene al caso. Por lo que fuera y trasteando por el maremágnum de historias de internet llegué a ese foro e hice algo que nunca había hecho. Porque de repente me puse a leer una historia y vi dos comentarios -únicamente dos comentarios- de alguien que, por lo que fuera, me llamaron la atención. Quizás por la sensatez que desprendían. Esa persona, o más bien ese nick, tenía opción de poder enviarle un correo electrónico. Y así lo hice.
Desde entonces creamos una relación de complicidad que no recuerdo por qué motivo no siguió adelante. Estuvimos a punto de conocernos, pero un día él desapareció durante unos meses. Luego regresó y ya no fue lo mismo, aunque me explicó claramente por qué ese silencio.
Llegamos a hablar por teléfono. Me fui a Roma y le escribí una postal. Sí, tengo nombre, apellidos y dirección. Y, sin embargo, no nos conocemos. También intercambiamos fotos.
La última vez que supe de él era el año 2008 e intercambiamos un par de mensajes. Luego yo me fui. Abandoné el foro, el messenger y anulé mi cuenta de hotmail.
Hace unos días me acordé de él. No sé por qué fue. Simplemente sentí añoranza, porque a veces quedan personas por el camino que nos han dejado una huella y los recordamos con cariño, con nostalgia. Así que le escribí. Parafraseé algo de la canción de Celtas Cortos, "lo mismo hasta tienes críos". La de 20 de Abril.
No sé por qué, después de ocho años sin saber de él me apetecía contarle cosas y saber qué tal le va la vida.
Posiblemente no reciba respuesta. Ni siquiera tengo su email. Hubiera sido más fácil. Pero leyendo a Murakami creo que ésta es una de las cosas que el autor hubiera adorado -está en la línea de sus relatos-. Por extraño. El tiempo hace que perdamos muchas cosas. Llegué a tener su número de teléfono y sé que lo tendré en alguna agenda. Lo relevante de todo lo que he dicho es no recurrir al camino fácil, que sería buscar el teléfono.
He de decir que él también dejó de entrar en ese foro hace unos años, pero igual que el mío, su nick sigue intacto.
No paro de dar vueltas a estas pequeñas extrañezas que nos brinda la vida. ¿Por qué no seguí en contacto con él? Quizás es que tenían que pasar unos años para llegar a hoy y comprender que es alguien a quien me hubiera gustado contarle ciertas cosas que he hecho en los últimos años y me hubiera gustado que él me contara también. Supongo que, llegada a este término, puedo decir que es un viejo amigo. Como el roble del jardín que lleva allí desde que tengo uso de razón.
Es curioso, todo empezó en un correo electrónico que se fue alargando. Lo que más pesa es no haberle conocido en persona.
Le gustaban los ángeles negros. A veces él mismo era como un ángel caído. No era gótico ni nada de eso. Lo había pasado mal, sin más.
Le gustaban los ángeles negros. A veces él mismo era como un ángel caído. No era gótico ni nada de eso. Lo había pasado mal, sin más.
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