Terminando el mes de junio podría hacer un balance general de los seis primeros meses del año, pero no lo voy a hacer. Únicamente voy a decir que llevo 36 libros leídos y reseñados hasta el momento, que podrían ser más, pero las lecturas han ido decayendo hasta encontrarme con que en junio he leído dos novelas, una tengo casi terminada y otra a medias.
La situación es que el 1 de junio ingresaron a mi madre en el hospital porque se había quedado en 9.000 plaquetas (para quien lo desconozca, el mínimo de plaquetas que ha de tener todo ser humano es de 150.000). Desde entonces están mirando el origen de que tenga tan pocas plaquetas. Esta situación conlleva a que cuando llego a casa no tenga mucho tiempo para hacer otras cosas que me encantaría hacer. Así que después de la oficina me toca hacer la compra, lavar ropa, planchar, limpiar, cocinar y un largo etcétera. Que lo he hecho en mi época de estudiante, y que lo haré para mí sola dentro de unos meses. El día que tengo reunión, como ayer, me faltan horas.
Lo único que me he permitido ha sido meterme en la piscina cada vez que llego a casa, generalmente sofocada con estos calores, en horas que, de ser de otra manera, jamás me hubiera sumergido. Sobre las nueve de la noche.
Me hubiera gustado estar más tiempo aquí. Pero no ha podido ser. Las prioridades son prioritarias, valga la redundancia.
Sólo espero que el mes de julio mejore la cosa. Que a mi madre se le arregle todo este asunto de las plaquetas y que la manden a casa ya.

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