No suelo leer simultáneamente novelas, pero en estos momentos lo estoy haciendo. Como el libro de mesilla es una novela que sobrepasa las mil páginas y no la quiero llevar por ahí -ni siquiera me cabe en el bolso- tengo que llevar un libro de bolsillo.
Así que me encuentro leyendo por las noches a Chufo Lloréns y durante el día -generalmente cuando estoy en el hospital- a Raymond Chandler.
Son argumentos que difieren mucho y ahora recuerdo por qué no me gusta leer varios libros a la vez: es que cuando estoy leyendo uno estoy deseando saber qué ocurre en el otro. Pero hay veces en la vida que tenemos que hacer excepciones.
Ahora toca Chufo Lloréns. Y pesa lo suyo.
Ahora toca Chufo Lloréns. Y pesa lo suyo.
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