El dolor sigue ahí, con cada recuerdo, con cada imagen, con cada palabra, cuando llega alguien que se enteró tarde y te da el pésame y te pregunta cómo estás.
El dolor sigue saliendo: cuando abro los ojos dos horas antes de que suene la alarma y comprendo que mi tío ya no está, cuando me siento frente al portátil y rebusco entre las fotos -como si verle hiciera que estuviera más cerca-, cuando me siento en el salón junto a mi tía y a mis primos y mire hacia donde mire hay fotos de mis tíos: del último viaje, de la boda de mi primo, de las últimas fiestas, de su propia boda.
Los recuerdos me saturan y sé que estoy aprendiendo a convivir con la pérdida, igual que mi padre, igual que mi tía, igual que mis primos...
A veces me da la sensación de que puede aparecer tras la puerta, preguntándome qué tal me va todo. Pero no, él ya no va a aparecer. Y esa sensación de pérdida se atenúa a medida que pasan los días.
Sin embargo, hoy he estado en su casa. Y me faltaba él. He recordado otras veces que estaba allí mismo, sentado junto a mí... Pero hoy no estaba. Ahora, cuando pienso en ello, dejo que el dolor fluya. Allí, cuando hace un rato estaba con su esposa e hijos no podía derrumbarme, porque su pérdida es mucho mayor. Sin embargo, su recuerdo es aún muy tangible. Él ya no está, pero en silencio estaba en todos nuestros recuerdos.
Cómo duele...
Sin embargo, hoy he estado en su casa. Y me faltaba él. He recordado otras veces que estaba allí mismo, sentado junto a mí... Pero hoy no estaba. Ahora, cuando pienso en ello, dejo que el dolor fluya. Allí, cuando hace un rato estaba con su esposa e hijos no podía derrumbarme, porque su pérdida es mucho mayor. Sin embargo, su recuerdo es aún muy tangible. Él ya no está, pero en silencio estaba en todos nuestros recuerdos.
Cómo duele...

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