Nunca viene bien ni estamos preparados. La única certeza que tenemos es el vacío que sentimos cuando una persona se va.
Ese vacío que nadie podrá llenar nunca.
Yo creo que no era aún la hora de mi tío. Simplemente le dejaron de suministrar sangre, pero él estaba entero. Y no tenía dolor.
La habitación 505 del hospital se ha sumido en el silencio hoy a las siete de la tarde. Recuerdo su mirada verde hace tan sólo una semana, que yo no sabía si se estaba despidiendo de mí. Me llegan ráfagas de recuerdos de él y entonces no puedo contenerme y dejo salir todo el dolor.
No, nunca estamos preparados. Yo sabía que se iba y, cuando he recibido la llamada, esa llamada, me he desmoronado.
La esperanza es lo último que se pierde, aunque necesitáramos un milagro; no estamos preparados para el desenlace.
Mi padrino se ha ido, luchando hasta el final. Y algún día nos encontraremos en las estrellas.
Tío, descansa en paz.

3 comentarios:
Mis más sinceras condolencias, K.
Lo siento, K.
Un abrazo
Gracias.
Son cosas de la vida, pero no estamos preparados, nunca se está.
Asimilar la pérdida de alguien tan cercano, tan querido... cuesta mucho. Aunque éramos conscientes de que hace días que se iba la pérdida es como si nos arrebataran un trozo del corazón. Ahora tiene que pasar tiempo para aprender a vivir con esa pérdida de esa persona. O con su ausencia...
Gracias por los ánimos.
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