Ayer nos sorprendía la noticia del fallecimiento de una de las escritoras españolas más relevantes del siglo XX. En mi época universitaria, tenía a Carmen Martín Gaite y a Ana María Matute como dos de las autoras más admiradas de las letras hispanas y, de hecho, devoré algunos libros de ellas, en sus dos estilos. En uno de los retos, elegí uno de sus libros para leer, y no hace mucho que disfruté de su prosa.
Ana María Matute nació en Barcelona en 1925 y falleció el 25 de junio de
2014. Ocupó el asiento K en la Real Academia Española y en 2010 se le otorgó el
Premio Cervantes.
Se la considera una de las mejores novelistas de la posguerra española,
ya que en muchas de sus obras ha tratado los aspectos políticos, sociales y
morales de España del período de posguerra. En sus novelas, Matute incorpora
técnicas literarias asociadas con la novela modernista o surrealista, si bien
es considerada como escritora esencialmente realista. Muchos de sus libros
tratan del período de la vida que abarca desde la niñez y la adolescencia hasta
la vida adulta.
Matute utiliza, como fuente primaria, el pesimismo, lo que da a sus
novelas enorme sensatez. La enajenación, la hipocresía, la desmoralización y la
malicia son características fáciles de encontrar en la ficción de sus obras. Otra
de las peculiaridades de su obra es el uso de la trilogía: una obra literaria
que está compuesta por tres novelas o cuentos que no siempre tienen algo en
común. Algunos críticos consideran que su mejor obra es la trilogía Los mercaderes, conformada por Primera memoria, Los soldados lloran de noche y La
trampa. Sobre su obra se comenta que “aunque los argumentos de cada una de
sus novelas son independientes, las une el tema general de la Guerra Civil y el
retrato de una sociedad dominada por el materialismo y el interés propio”.
Ana María fue la segunda de cinco hijos de una familia perteneciente a la
pequeña burguesía catalana, conservadora y religiosa. Su padre era propietario
de una fábrica de paraguas llamada Matute, S.A. Durante su niñez vivió un
tiempo considerable en Madrid, pero pocas de sus historias hablan sobre sus
experiencias en la capital.

Mansilla de la Sierra
Cuando Ana María Matute tenía cuatro años cayó gravemente enferma. Por este motivo, su familia la llevó a vivir con sus abuelos a Mansilla de la Sierra, un pequeño pueblo en las montañas riojanas. Matute dice que la gente de aquel pueblo la influenció profundamente, influencia que se puede encontrar en Historias de la Artámila (1961), que trata de la gente que Ana María conoció en Mansilla.
Ana María Matute tenía once años cuando comenzó la Guerra Civil española.
La violencia, el odio, la muerte, la miseria, la angustia y la extrema pobreza
que siguieron a la guerra la marcaron profundamente, no sólo como persona, sino
en su propia narrativa. La de Matute es la infancia robada por el trauma de la
guerra y las consecuencias psicológicas del conflicto y la posguerra en la
mentalidad de una niña, y una juventud marcada por la guerra. Todo ello se
refleja en sus primeras obras literarias centradas en los niños asombrados que
veían y, muy a su pesar, tenían que entender los sinsentidos que les rodeaban. Estas
características neorrealistas pueden verse en obras como Los Abel (1948), Fiesta al
Noroeste (1953), Pequeño teatro
(1954), Los hijos muertos (1958) o Los soldados lloran de noche (1964). En todas
estas obras, que se inician con gran lirismo y, poco a poco, se sumergen en un
realismo exacerbado, la mirada protagonista infantil o adolescente es lo más
sobresaliente y marca un distanciamiento afectivo entre realidad y sentimiento
o entendimiento.
Mientras vivió en Madrid acudió a un colegio religioso. Escribió su
primera novela, Pequeño teatro, a los
17 años, pero no se publicaría hasta once años más tarde.
En 1949, Luciérnagas quedó
semifinalista del Premio Nadal, pero la censura del momento impidió su
publicación.
En 1952, Matute se casó con el escritor Ramón Eugenio de Goicoechea y dos
años más tarde nació su único hijo, Juan Pablo, a quien dedicó gran parte de
sus obras infantiles. Se separó de su marido en 1963. Según la ley vigente en
ese momento, Matute no tenía derecho a ver a su hijo después de la separación,
ya que su esposo había obtenido la tutela del niño. Esto le provocó numerosos
problemas emocionales.
Se enamoró años más tarde del empresario francés Julio Brocard, con el que
compartió la pasión por viajar. Brocard murió en 1990, el día del cumpleaños de
Matute. Ella sufría ya depresión y la pérdida de su gran amor la sumió aún más
en ella.
En 1976 fue propuesta para el Premio Nobel de Literatura. Después de unos
años de gran silencio narrativo, en 1984 obtuvo el Premio Nacional de
Literatura Infantil y Juvenil con la novela Sólo
un pie descalzo. En 1996 publicó Olvidado Rey Gudú y en 1998 se le otorgó el asiento K en la Real Academia Española,
convirtiéndose así en la tercera mujer que formaba parte de esta institución.
Matute era también miembro honorario de la Sociedad Hispánica de América.
Existe un premio literario que lleva su nombre y sus libros se han traducido a
23 idiomas. En 2007 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas por el
conjunto de su labor literaria. Y en noviembre de 2010 se le concedió el Premio
Cervantes, el galardón más prestigioso de la lengua castellana, que se le
entregó en Alcalá de Henares en abril de 2011.
Matute era profesora de la universidad y viajaba a muchas ciudades a dar
conferencias, sobre todo a Estados Unidos. En sus discursos hablaba sobre los
beneficios de los cambios emocionales, los cambios constantes del ser humano y
cómo la inocencia nunca se pierde completamente. Ella siempre decía que aunque
su cuerpo fuera viejo su corazón todavía era joven.
Ana María Matute frente al embalse de Mansilla y el pueblo que quedó bajo el embalse
Otras novelas de la autora, además de las ya mencionadas, son: Algunos muchachos (1964), La trampa (1969), La torre vigía (1971), El río (1973), Aranmanoth (2000) y Paraíso inhabitado (2009). De sus relatos cortos y cuentos para niños cabe destacar La pequeña vida (1953), Los niños tontos (1956), Vida nueva (1956), El país de la pizarra (1957), Paulina, el mundo y las estrellas (1960), El saltamontes y el aprendiz (1960), A la mitad del camino (1961), El libro de juegos para los niños de otros (1961), El arrepentido (1961), Tres y un sueño (1961), La rama seca (1961), Caballito loco y Carnavalito (1962), El polizón del “Ulises” (1965), El aprendiz (1972), El saltamontes verde (1986), La Virgen de Antioquía y otros relatos (1990), De ninguna parte (1993), La oveja negra (1994), El verdadero final de la Bella Durmiente (1995), El árbol de oro (1995), Casa de juegos prohibidos (1996), Los de la Tienda (1998), Todos mis cuentos (2000) y La puerta de la luna. Cuentos completos (2010).
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